"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas".

Michel Foucault-Las palabras y las cosas


viernes, 28 de febrero de 2025

LA AGACHONA CHICA (Thinocorus rumicivorus): El AVE QUE FASCINÓ A DARWIN

 

Alex Mouchard

 

 

Salas y Gómez, calvo peñasco,

salta en la marea del Pacífico de pronto,

sin una hierba, sin siquiera musgo,

zócalo duro por el sol roído,

del pueblo de los pájaros reposo

en el henchido seno que respira.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

mas yo escalé de frente

aquel peldaño de roca pura.

Las aves, al peligro inocentes, se apartaban apenas,

estiraban el cuello, se asombraban.

 

Adelbert von Chamisso – “Salas y Gómez” (1823)

 

 

En parte chorlo, en parte perdiz y en parte paloma, la agachona chica (Thinocorus rumicivorus), con su modesto aspecto, fue capaz de fascinar al mismísimo Charles Darwin durante su viaje por Sudamérica.

 

 


  Thinocorus rumicivorus. El macho de lado y a la hembra de frente.

Dibujo de E. Bomer (Eschscholtz, 1829-1833)

Sven Nilsson (1830) opinaba que las imágenes del Zoologischer Atlas “dejan mucho que desear en comparación con las mejores obras de la época: parece demasiado evidente que las figuras están hechas a partir de animales y aves mal disecados”.


 

UN AVE NUEVA PARA LA CIENCIA

 

A mediados de enero de 1824 atracó en el puerto de Talcahuano (Chile) la fragata rusa Predpriatie (“Empresa”) al mando del capitán Otto Von Kotzebue. Estaba cumpliendo la orden del zar Alejandro I de realizar una circunnavegación alrededor del mundo con carácter científico, pero también de protección de la Compañía Ruso Americana que operaba comercialmente en Alaska, por entonces perteneciente al imperio Ruso.

Este era el segundo viaje alrededor del mundo realizado por este experimentado marino y en esta ocasión llevaba a bordo como naturalista al profesor Johann Friedrich von Eschscholtz (ver recuadro) y como mineralogista a Heinrich Friedrich Emil Lenz. Eschscholtz ya había participado en el primer viaje de circunnavegación (1815-1818) de Kotzebue.

Una vez desembarcados, el capitán y el Dr. Eschscholtz se dirigieron cabalgando a la nueva ciudad de Concepción para entrevistarse con el presidente Ramón Saturnino Andrés Freire. Le solicitaron permiso para que los naturalistas hicieran un viaje a la Cordillera para colectar especímenes. Freire, preocupado por las últimas operaciones de la guerra de la Independencia, se negó y a cambio les otorgó una autorización para realizar excursiones bajo vigilancia por los alrededores de Talcahuano y la bahía de Concepción. Fue así que hicieron una excursión desde el puerto hasta Penco, sede de la antigua ciudad de Concepción, destruída por el terremoto de 1751.

Las montañas que rodean este valle se elevan suavemente hasta una altura moderada y deleitan la vista por el verdor de los arbustos de los que están cubiertas. Mientras perseguíamos muchas clases de aves e insectos para mejorar nuestra colección, los marineros lanzaron una gran red y capturaron una cantidad de conchas y otros peces con los que abunda el mar en esta zona” (Kotzebue, 1830).

Después de la comida, todo el grupo salió a cazar y en el transcurso de unas pocas horas había matado varios cientos de aves acuáticas de diversas especies. Las bandadas en las que vuelan a veces son tan numerosas que oscurecen el cielo” (Kotzebue, 1830).



Penco, a principios del s. XVIII

(Frézier, 1716)


Entre las aves capturadas, le llamó la atención a Eschscholtz una pequeña ave de plumaje muy críptico que correteaba por la costa. Comprendió que se trataba de algo novedoso dentro de los Grallatores (antiguo orden, hoy Charadriiformes, que incluye chorlos, playeros y gaviotas) ya  que se distinguía por el pico corto y de base gruesa, y por sus dedos completamente libres, sin membranas (Eschscholtz, 1829-1833). La ubicó en un nuevo género: Thinocorus, “alondra de las playas”, del griego this, thinos: montón de arena, médano, playa, y korys, la alondra (Alauda arvensis).  En efecto, estas agachonas se asemejan a las alondras por tener dorso y pecho aperdizados y el vientre blanco, además frecuentan como ellas estepas semidesérticas (Mouchard, 2019).

Titian Peale , coincidía con esta comparación: “Su vuelo es rápido y esquivo. En tierra, tienen un aspecto muy parecido al de las alondras pardas o los gorriones” (Cassin, 1858).

Por otra parte, Eschscholtz (1829-1833) agregaba: “La tierra natal de esta ave es Chile, donde se la ha encontrado en las tierras bajas arenosas y con vegetación cerca de la costa del mar en la Bahía de Concepción. Su canto es similar al del chorlito común.  En su estómago se encontraron semillas de un Polygonum y un Rumex.” Por eso le aplicó el nombre específico rumicivorus, “comedor de romaza”, del latín rumex: romaza, y voro: devorar, comer. Rumex es un género cosmopolita de hierbas poligonáceas con alrededor de cien especies, alguna de las cuales se encontraba en esa playa de Chile.

 

 


Tinochore d’Eschscholtz

Dibujo de Prêtre (Lesson, 1830-1832)



 

DARWIN Y LA AGACHONA CHICA

 

Una década después, el famoso naturalista Charles Darwin, envió una carta a su amigo y profesor de botánica,  John Stevens Henslow, escrita desde las cercanías de Montevideo el 24 de noviembre de 1832. Decía: “Hay un pobre ejemplar de ave, que a mis ojos no ornitológicos, parece ser una feliz mezcla de paloma, alondra y becasina. El propio Sr. Mac Leay nunca imaginó una criatura tan intermedia. Supongo que resultará ser algún ave bien conocida, aunque me ha desconcertado bastante” (Darwin, 1832).

Se refería a la agachona chica y al entomólogo William Sharp Mac Leay, creador de un extravagante sistema de clasificación zoológica, denominado quinarianismo.

Durante su segunda estadía en Maldonado (Uruguay), en mayo/junio de 1833,  Darwin logró cazar una de estas aves a las que denominó provisoriamente Scolopax-Perdrix. Más tarde, el 7 de septiembre de 1835, cuando el Beagle partió de Lima, escribió una reseña sobre la especie (Barlow, 1963):

Esta ave se encuentra en todo el sur de Sudamérica, dondequiera que haya llanuras estériles áridas o pastizales abiertos y secos. En Maldonado, en la costa norte del Plata, no es infrecuente; pero en las grandes llanuras, cerca de Sierra Ventana, es abundante. La vimos en las llanuras interiores de la Patagonia meridional en Santa Cruz en Latitud 50°. En el lado occidental de las Cordilleras, en la parte más austral, donde cesan los bosques y comienza el campo abierto, en Concepción, encontramos esta ave. Se encuentra en todo Chile; y en Copiapó, frecuenta los lugares más desolados, donde difícilmente pueda existir otra criatura viviente. En sus hábitos y estructura parece emparentada con los dos géneros Scolopax y Perdrix. Se las encuentra en parejas o en pequeñas bandadas de cinco o seis; pero en las grandes llanuras cerca de [la Sierra de la] Ventana, vi hasta 30 y 40 en una bandada. Cuando se les acerca, se acuclillan cerca del suelo y es difícil distinguirlas. Cuando se alimentan, caminan bastante lentamente, con las patas bien abiertas, como las codornices. Se espolvorean en los caminos o en lugares arenosos”.

Frecuentan lugares particulares (secos) y día tras día se las puede encontrar allí. Observé este hecho tanto en Maldonado como en Chile. Por sus hábitos de acuclillarse, a menudo se elevan inesperadamente cerca de una persona. Cuando una pareja está junta, se puede disparar a uno sin que el otro se levante. Toda la bandada siempre se eleva junta y cada ave emite un chillido como una becasina. Debido a sus largas escapulares, cuando están en vuelo, vuelan como becasinas. De ahí que todos los cazadores del Beagle las llamaran «becasinas de pico corto». Una vez que están en vuelo, la bandada generalmente vuela a cierta distancia, con un vuelo alto e irregular. Ocasionalmente las he visto remontarse, como una bandada de perdices”.

En Maldonado abrí los estómagos de muchos ejemplares y no encontré nada más que materia vegetal; ésta consistía principalmente de trozos de una hierba gruesa como un junco; trozos de hojas de alguna otra planta y granos de cuarzo. El contenido de los intestinos y las heces son de un color verde muy brillante. En otra época del año y en otro lugar, encontré el buche lleno de pequeñas semillas y una sola hormiga. Las aves (a las que abrí) eran excesivamente gordas y con un fuerte olor desagradable a salvajina. Sin embargo, se dice que son excelentes para comer. Los perros pointer las señalan. En las llanuras al sur del Plata, me dijeron que hacen sus nidos cerca de las orillas de los lagos y ponen cinco o seis huevos blancos con manchas rojas. La cubierta de las fosas nasales es suave. Algunos de los ejemplares tienen una marca negra como una horquilla en el pecho; creo que estos son los machos. ¿La horquilla negra es como la herradura roja de la perdiz inglesa? En La Plata los españoles las llaman «avecasina»” (Darwin, 1913).

 

Darwin, que no era muy buen ornitólogo, afirmó que durante el viaje del Beagle “sólo he colectado un ave que me ha interesado mucho” (Steinheimer, 2004). Obviamente, mientras se iba desarrollando en su mente la idea de las variaciones naturales de las especies, su mayor interés era saber cómo habrían surgido estas aves que exteriormente se parecían a otras no emparentadas con ellas.

Y analizaba:

En todos estos aspectos, en la molleja muscular adaptada a la alimentación vegetal, en el pico arqueado y las fosas nasales carnosas, las patas cortas y en la forma del pie, el Thinocorus tiene una estrecha afinidad con las codornices. Pero en cuanto se ve al ave volar, la opinión cambia: las alas largas y puntiagudas, tan diferentes de las del orden de las gallináceas, el vuelo alto e irregular y el grito lastimero que emite en el momento de elevarse, recuerdan a una becasina” (Darwin, 1838).

Con más bagaje ornitológico, John Gould, le informó que “a este género [Scolopax], o más bien al de los playeros [Familia Scolopacidae], se aproxima … por la forma de sus alas, la longitud de las escapulares, la forma de la cola, que se parece mucho a la del Actitis hypoleucos, y en el color general del plumaje” (Darwin, 1838).

Más adelante, ya bien establecida su teoría de la evolución, así opinaba Darwin del ave que tanto lo había preocupado:

El Thinocorus está estrechamente relacionado con otras aves sudamericanas. Dos especies del género Attagis [la agachona grande y la patagónica] son en casi todos los aspectos como los tarmiganes [Lagopus] en sus hábitos: una vive en Tierra del Fuego, por encima del límite de las tierras boscosas, y la otra justo debajo de la línea de nieve en la Cordillera de Chile central ... Esta pequeña familia de aves es una de las que, por sus variadas relaciones con otras familias, aunque en la actualidad sólo ofrece dificultades al naturalista sistemático, en última instancia puede ayudar a revelar el gran esquema común a las épocas presentes y pasadas, sobre el cual se han creado los seres organizados” (Darwin, 1913).

 

 

The Seed Snipe. Thinocorus rumicivorus

Dibujo de Roland Green

(Astley, 1913)


 

AGACHONAS EN PATAGONIA

 

William Hudson, gran observador del comportamiento de los animales, relataba: “Al posarse, la agachona común deja caer su cuerpo directamente al suelo y se posa contra éste como un atajacaminos; al elevarse, se aleja de repente con un vuelo salvaje y apresurado y el agudo grito de alarma de una becasina. Se alimenta exclusivamente de vegetales. He abierto las mollejas de muchas decenas para asegurarme de que nunca comen insectos, y no he encontrado nada en ellas excepto semillas (generalmente semillas de trébol) y brotes tiernos y hojas mezcladas con diminutas partículas de grava. Estas aves habitan la Patagonia, migrando al norte a las pampas en invierno, donde llegan en abril. Por lo general, van en bandadas de unos cuarenta o cincuenta individuos y vuelan rápidamente, manteniéndose muy cerca unos de otros. Sin embargo, en el suelo, siempre están muy dispersos y son tan reacios a elevarse que permiten que una persona camine o cabalgue a través de la bandada sin levantar vuelo, y cada ave se desliza hasta un pequeño hueco en la superficie o detrás de una mata de hierba para escapar a la observación” (Sclater & Hudson, 1889).

En el oeste de Rio Negro la agachona chica es residente estival y es posible observar sus cortejos y nidos:

A diferencia de su pariente mayor, [la agachona de collar] T. orbignyanus, no frecuenta quebradas rocosas y arroyos, sino que se encuentra en llanuras pedregosas y valles arenosos. Es muy mansa y nada desconfiada, nunca busca escapar volando, a menos que casi se la pise, y entonces vuela sólo una corta distancia, y sigue comiendo. Su alimento consiste enteramente de materia vegetal; casi todos las aves que cacé tenían los picos cubiertos de alguna sustancia pegajosa y el buche frecuentemente lleno de semillas”.

Su llamada de vuelo es un sonido característico en los mallines desde agosto a diciembre ... El ave asciende gradualmente una corta distancia en el aire y luego desciende lentamente con las alas extendidas, emitiendo durante la primera parte del descenso unas pocas notas dulces y burbujeantes. Este despliegue lo realiza ocasionalmente en noches de luna llena”.

El nido es simplemente un hueco rascado en la arena cerca de alguna hierba de no más de 8 cm de alto ... La hembra pasa un tiempo considerable fuera del nido, ocupada no solo en cubrir cuidadosamente los huevos con pequeñas ramitas y trozos de pasto seco, sino que además llena el espacio entre los huevos con el mismo material, de modo que aun conociendo la posición exacta del nido, era imposible notar algo, ya que la parte superior de esta cubierta se confundía totalmente con el suelo” (Peters, 1923).

En un paisaje similar Alexander Wetmore nos decía:

 En Zapala, Neuquén, el 8 y 9 de diciembre, me encontré con la agachona chica en sus zonas de cría en las laderas de un valle abierto, muy pastoreadas, en el que había un pequeño arroyo y ocasionalmente pequeños rezumaderos o manantiales. Cuando llegué de repente a la cima de un alto barranco sobre el pequeño arroyo que drenaba el valle, un polluelo a medio crecer, que reconocí al instante como una agachona, salió corriendo con las alas abiertas y chillando bajo ... La madre se levantó a sólo unos pocos centímetros de distancia. Más adelante en el valle, los adultos eran bastante comunes, aunque eran ariscos ... El lugar tenía un suelo alcalino que mantenía escaso pasto en el cual había dispersos montículos de unos pocos centímetros de altura. Los machos de agachona descansaban tranquilamente en las cimas de estos, pareciendo a la distancia alguna rara alondra o gorrión. Cuando me acerqué, huyeron rápidamente o se agacharon y se escondieron. Cuando se les hacía levantar vuelo de repente, se elevaban con rapidez y se alejaban con rápidos zigzags, emitiendo un grito bajo y áspero. Las marcas de sus alas y su aspecto en esos momentos tenían un parecido sorprendente con los de una pequeña becasina o playero. Los machos, cuando estaban en reposo, emitían ocasionalmente un silbido lastimero con la garganta ligeramente dilatada y palpitante. Para escapar de la persecución, corrían rápidamente, con la cabeza ligeramente hacia delante como un chorlito, y cuando se alejaban de mi camino se agachaban con la cabeza y el cuello extendidos en el suelo. Cuando no se alarmaban, caminaban lentamente, con pasos cortos, a menudo cabeceando como una paloma. De vez en cuando, los machos se lanzaban hacia lo alto para dar vueltas sobre el valle. A su regreso, desplegaban las alas y descendían rápidamente, deteniendo su descenso cada pocos metros de modo que bajaban en una serie de «pasos». La actuación iba acompañada de una curiosa nota doble como risas” (Wetmore, 1926).

El ornitólogo Henry Durnford encontró su nido y pichones en el valle del río Chubut: “El nido es una ligera depresión en el suelo, a veces revestida con unas cuantas briznas de hierba; y antes de abandonarlo, el pájaro adulto cubre los huevos con pequeños palitos. Los huevos son de color gris pálido, muy densamente moteados con manchas de color chocolate claro y oscuro; tienen un aspecto pulido. El polluelo está finamente moteado por todas partes de marrón claro y oscuro” (Durnford, 1878).

En Tierra del Fuego, Robert Crawshay encontró que “esta ave es bastante común y se la encuentra en parejas aquí y allá. Su hábitat habitual es el terreno abierto, a baja altura, en lugares donde la hierba es corta y delicada. Se eleva como una alondra, con un gorjeo, se aleja de manera errática por una corta distancia, quizás 25 metros, y sin ningún intento de ocultarse, vuelve a alimentarse o permanece inmóvil, indiferente a la presencia de alguien …  quedaban alimentándose despreocupadamente a 35 metros de mí, con mi caballo pateando, moviéndose y resoplando con impaciencia” (Crawshay, 1907).

 

 


Cabeza y pata de Thinocorus rumicivorus. (Le Maout, 1853)


 

AGACHONAS EN INVIERNO

 

Durante su estancia invernal en las pampas, la bandada siempre elige como lugar de alimentación un trozo de tierra arcillosa blancuzca, con escasa vegetación seca; y allí, cuando estas aves se agazapan inmóviles en el suelo, al que su plumaje gris se asemeja tanto en color, es muy difícil detectarlas. Si una persona se detiene cerca o en medio de la bandada, las aves delatan su presencia respondiéndose unas a otras con una variedad de notas extrañas, parecidas al arrullo de las palomas, fuertes golpeteos huecos en el suelo y otros sonidos misteriosos, que parecen venir de debajo de la tierra” (Sclater, & Hudson, 1889).

 

A fines de abril, en la laguna de Puán, al oeste de la provincia de Buenos Aires, los naturalistas de la tristemente célebre expedición a la Patagonia del general Julio Roca ya encontraban bandadas de agachonas invernando:

El Thinocorus rumicivorus que casi parece, por la configuración de su pico y de sus patas, intermedio entre la paloma y la perdiz, se llalla siempre en sociedades de 5 a 50 individuos, durante la estación hiemal, particularmente en los lugares donde abundan yuyos
con semillas y una gramilla corta en vez de paja larga. Son animalitos mansos y confiados, que corren por la alfombra del suelo, completamente con las costumbres de la paloma. Nos acercamos y el individuo más próximo deja oír un suave silbido de alarma. Al instante todos los compañeros vecinos se dan por avisados, agazapándose momentá­neamente entre la paja; el primero se levanta emitiendo un grito particular y toda la bandada le sigue al instante, mostrando luego en el vuelo su figura particular, completamente parecida a la de los chorlitos. Generalmente no vuelan lejos; sólo dan unas cuantas vueltas y descienden otra vez a la playa vecina
” (Doering, 1881).

 

Más cerca de Buenos Aires, Henry Durnford las encontró “comunes de mayo a septiembre, y siempre en bandadas. Parece que les gustan tanto los bañados como los campos secos. Cuando se les molesta, vuelan en círculos, emitiendo un silbido bajo, y siempre se posan de cara al viento. Me recuerdan a las bandadas de Calidris arenaria [Calidris alba] cuando permanecen inmóviles en el suelo” (Durnford, 1876).

Ernesto Gibson señalaba que en los pagos de Ajó (Buenos Aires) “esta ave patagónica nos visita en invierno, llegando alrededor del 20 de marzo y partiendo a principios de septiembre. Las bandadas varían en tamaño desde media docena hasta quince o veinte; ocasionalmente incluso se pueden encontrar parejas separadas. Una curiosa combinación de las características de, digamos, un tarmigán en miniatura y un pequeño chorlo, la agachona común es muy interesante en muchos aspectos … recuerdo particularmente, en una ocasión, cuando había dejado el caballo en un sector de terreno accidentado y caminé por casualidad por el medio de un grupo. Al detenerme por completo y mirar hacia abajo, vi un ave anidando un poco más cerca en su refugio o el ojo negro de otra mirándome de reojo. Mientras tanto, extrañas notas de advertencia y excitación contenida parecían emanar de la nada y llenar el aire a mi alrededor; por lo demás, la bandada era completamente indistinguible de su entorno. El contraste entre la confiada quietud en un momento y el agudo grito de alarma y el vuelo salvaje, cuando las aves decidieron de repente emprender el vuelo, fue de lo más sorprendente” (Gibson, 1920). 

A Hermann Burmeister (1858) le resultó simpática la agachona: “Cuando ya estaba anocheciendo, escuchamos el peculiar canto de un pájaro que aún no conocíamos; sonaba como «tul-co». Los arrieros llamaban al pájaro «Gaucho» … era el Thinocorus rumicivorus, que me alegra y que es común en esa zona tan solitaria de toda la región cordillerana”.

En la alta montaña de Mendoza, en las vecindades del Aconcagua, el ave es bastante común e incluso parece criar allí según lo refiere Phillip Gosse: “Estas aves viven únicamente en terrenos húmedos y pantanosos … a menudo oía al ave volar en círculos alrededor del campamento (al menos eso me parecía a mí) en mitad de la noche y emitir un ruido parecido al croar de una rana, sólo que sin las notas ásperas. Cuando estas aves cantan, es muy difícil determinar dónde están, aunque quizás estén bastante cerca de uno todo el tiempo. Cerca del lago sobre [Puente del] Inca, encontré dos pájaros adultos, con tres pequeños, todos posados en aproximadamente un centímetro de agua” (Fitz Gerald, 1899).

 

 

 

AGACHONAS EN CHILE

 

En Chile, la perdicita se encuentra en los llanos pedregosos, pero también en los prados y en las colinas. En el verano pasan más al sur y en el invierno se acercan al norte; entonces se reúnen en bandadas de 40 a 50 individuos para hacer el viaje en compañía. Una vez que pasó la migración se reparten en pares y sólo se ven pocos individuos en el mismo punto ... corren ligero, vuelan por distancias cortas, gritan seguido cuando se elevan, se agachan para esconderse, y se alimentan de pastos y semillas” (Albert, 1900).

Anidan entre las piedras o en el pasto frondoso tapizando una hendidura con pastos sueltos. La hembra pone de tres a cuatro huevos de color arena con manchitas pálidas y brunas oscuras. .. Los padres se entregan por completo al cuidado de los hijuelos"(Albert, 1900).

Ambrose Lane, que colectó aves para el Museo Británico, halló agachonas en la zona desértica próxima a Tarapacá (Chile). En esa región se las conocía como “echadero (del verbo español echarse, estirarse en toda su longitud), por su hábito de tumbarse en la arena en algún pequeño hueco cuando se acerca un intruso. Una o dos veces, en las pocas ocasiones en que me encontré con ellos en Tarapacá, nos apeamos y caminamos hacia donde corrían la última vez que los vimos (aunque nunca pude ubicarlos con precisión en la arena brillante a la que tanto se parecen), pero después de caminar con cuidado y mirar de cerca, no pudimos encontrar más rastros de ellos” (Lane, 1897). Otro nombre que escuchó  fue el de “pollo de mar”, pero este era un nombre genérico que los pobladores daban a chorlos y otras aves limícolas pequeñas. Observó que “al alzar el vuelo, estas aves emiten un chillido sibilante, muy parecido al de una becasina. Cuando se alimentan, emiten sonidos burbujeantes o arrullos, como los que se pueden oír a las palomas” (Lane, 1897).

En ocasión de sus cacerías una de las agachonas quedó herida. “La curé con una pequeña operación y la guardé en una caja, parcialmente abierta y alambrada por un lado, para estudiar sus hábitos. Como estaba mudando en ese momento, cayó en tan mal estado que casi murió, pero al ser liberada de vez en cuando durante unos diez minutos en un campo se recuperó. Primero la llevé a la playa, para tratar de descubrir su comida en la arena desnuda; pero aunque la vi picotear, nunca pude decir exactamente qué picoteaba. En un jardín o campo comía pasto y varias hierbas con voracidad, pero tenía que vigilarlo con cuidado porque corría muy rápido y siempre trataba de esconderse aplastándose en algún hueco. De esta manera casi lo perdí una o dos veces, y a menudo estuve a punto de pisarlo. Poco a poco lo acostumbré a comer pan y alpiste, pero no lo hizo hasta después de algún tiempo … lo mantuve durante aproximadamente una semana en un hoyo en el jardín. Durante este tiempo, generalmente lo traía de noche y permanecía tranquilo todo el día porque no podía salir, y afortunadamente no lo robaron; mientras que como tenía un buen lugar para correr y una abundante provisión de comida, prosperó extraordinariamente bien. Nunca pareció arisco o asustado, incluso cuando lo enjaularon por primera vez, aunque constantemente picoteaba y golpeaba con su pico como para salir. Continuó más o menos con este hábito y nunca se volvió mucho más manso, ni quiso comer de la mano. Sin embargo, resultó tan interesante y se mantuvo tan fácil de cuidar que lo llevé conmigo cuando me mudé al sur, y realizó una cantidad de viajes más maravillosos de lo que jamás hubiera imaginado que le hubiera tocado a un pájaro. Aunque se las arregló bastante bien en los barcos de vapor, su posición ocasional en el traqueteante carro tirado por bueyes fue, me temo, poco envidiable; y, finalmente, me pareció aconsejable llevarlo en una pequeña caja en mi alforja hasta Río Bueno; pero ni siquiera esto lo afectó, y continuó prosperando hasta que tontamente lo confié en una jaula con un espécimen de [caburé] Glaucidium nanum, que parecía demasiado pequeño para ser peligroso. Pero el caburé se comió la cabeza de la agachona común, tras seis meses en que lo mantuve a salvo” (Lane, 1897).

 

 

Johann Friedrich von Eschscholtz, antes de 1829.

Autor desconocido.  (Eschscholtz, 1829-1833).




 

LA AGACHONA CHICA Y LAS CULTURAS

 

Con su pequeño tamaño y su coloración críptica la agachona chica no ha dejado casi huellas en las culturas indígenas ni en las criollas. Además su coloración la asimila a otras aves más conspicuas como los inambúes (martineta copetona, quiula patagónica). Hay algunas pocas referencias de sus nombres en lenguas indígenas y son palabras de origen tehuelche, algunas de las cuales han sido adoptadas por los mapuches (Malvestitti, 2009). Probablemente en la estepa patagónica la etnia tehuelche es la que tuvo mucho más contacto con esta ave.

Una de las pocas referencias la encontramos en la zona norte de Chubut, adonde las agachonas llegan en julio, en pleno invierno, y se cree que su canto anuncia el buen tiempo (Ministerio de Educación de la Provincia del Chubut, 2023).

 

 

Nombres que se le aplican en distintas regiones:

 

Chile: Perdicita o petaquita de la Cordillera, perdigón, echadero.

Argentina: Agachona chica, chorlo agachón.

Buenos Aires: Dormilona, gachita.

Córdoba: Chorlito.

Mendoza: Gaucho.

Río Negro: Corralero.

Santa Cruz: Corralera, porotera.

Mapudungun: chikok, kotriko, choküm, chikom, tüpok

Tehuelche (aonek'o ajen): t'ok'e, tepac-tepac.

 

 

 

 

LA BREVE VIDA DE JOHANN ESCHSCHOLTZ

 


Vista de Tartu, 1800. Autor desconocido.

https://www.meisterdrucke.ie/kunstwerke/1000px/Unbekannt_-_View_of_Tartu_1800_-_%28MeisterDrucke-708253%29.jpg



A fines del siglo XVIII la ciudad de Derpt o Dorpat (Imperio Ruso), actualmente Tartu (Estonia), se encontraba en plena reconstrucción tras un gran incendio que había destruido sus principales edificios, construidos en madera.  En ese lugar, rodeado de extensos bosques y numerosos lagos, nació en 1793 Johann Friedrich Gustav von Eschscholtz. Su familia de apellido original Escholtz, integraba la comunidad alemana que había recuperado su prestigio tras los años de dominación sueca.  De manera que Johann, seguramente atraído hacia las ciencias naturales por la geografía del país, pudo estudiar medicina en la Universidad Imperial, fundada por los suecos en 1632. 

Su profesor de botánica, Karl Friedrich von Ledebour, había explorado los montes Altai, en el centro de Asia, y probablemente lo habrá estimulado a realizar viajes de estudio. El caso es que ante la mala salud del profesor, a Johann le fue ofrecido el puesto de médico y naturalista en un viaje de circunnavegación a bordo de la nave Rurick, comandada por el capitán Otto von Kotzebue. Entre 1815 y 1818, realizaron un viaje para buscar un paso entre el Océano Pacífico y el Atlántico, a través del Ártico. Pasaron por Brasil, Argentina y Chile,  cruzaron el Pacífico hacia Kamchatka, y de allí a Alaska. Luego fueron a San Francisco, donde permanecieron un mes explorando los alrededores. Johann, que coleccionaba mayormente insectos,  viajaba con su gran amigo, el poeta y botánico Adelbert von Chamisso, quien le dedicó el género de la amapola de California,  Eschscholzia californica, designada como flor estatal en 1890 (Jepson, 1929).  Desde allí pasando por Hawái y otras islas del Pacífico, regresaron a San Petersburgo (Essig, 1931).

A la vuelta del viaje Johann fue designado en 1822 director del Museo de Zoología.

Desde 1823 a 1826 Eschscholtz hizo un segundo viaje con Kotzebue, a bordo del buque Predpriatie. En un recorrido similar al primer viaje llegaron por el Cabo de Hornos hasta la Bahía de Concepción en Chile, donde capturaron a la agachona chica. Después navegaron hacia el oeste, visitando la isla Otaheiti, las islas Navigator, y la isla Otdia. Llegaron a Kamchatka en la primavera de 1824 y de allí cruzaron a Sitka (Alaska) que en esa época formaba parte del Imperio Ruso y era sede de la Compañía de Comercio Ruso-Americana. Pasaron el invierno en San Francisco (California) y finalmente retornaron a Rusia, completando la vuelta al mundo (Eschscholtz, 1829-1833).

En el viaje se colectaron 28 especies de mamíferos, 165 aves, 33 anfibios, 90 peces y más de 2000 especies de vertebrados, mayormente coleópteros.   Kotzebue publicó un relato del viaje que incluía los trabajos de Chamisso y Eschscholtz. Además éste publicó Zoologischer Atlas (1829-1833), donde describió “las especies más sobresalientes”, y entre ellas, la agachona chica.

En 1830 Eschscholtz fue nombrado profesor titular de anatomía y medicina forense en la Universidad, pero al año siguiente falleció víctima del tifus, a la temprana edad de 38 años. Sus materiales fueron descriptos mayormente por otros naturalistas por lo que su nombre quedó relegado en la nomenclatura zoológica, aunque no en el caso de la agachona. Sus colecciones entomológicas se conservan en el Museo Zoológico de Moscú, y en los museos de Tartu y Helsinki (Dolezal, 1959).

 

 

 

 


 

Albert, Federico. 1900. Contribuciones al estudio de las aves chilenas: (continuación): familia thynocorythidae. Revista de la Universidad de Chile 106 (ene-jun).

Astley, Hubert D. 1913. The Seed Snipe. Thinocorus rumicivorus. The Journal of the
Avicultural Society. Third Series.—Vol. IV (11), Sept. 1913.

Barlow, Nora (ed.). 1963. Darwin's ornithological notes. Bulletin of the British Museum (Natural History). Historical Series Vol. 2, No. 7, pp. 201-278.

Belcher, Charles F. 1936. Nota sobre la agachona, Thinocorys rumicivorus. El Hornero 6:313-314.

Burmeister, Hermann. 1858. Geognostische Skizze des Erzgebirges von Uspallata. Zeitschrift fur Allgemeine Erdkunde, 4.

Cassin, John. 1858. United States Exploring Expedition. During the year 1838, 1839, 1840, 1841, 1842. Mammalogy & Ornithology. Vol. 8. Philadelphia, C. Sherman.

Crawshay, R. 1907. The Birds of Tierra del Fuego. London.

Darwin, C. R. 1832. Letter to J. S. Henslow,  24 November 1832.

https://www.darwinproject.ac.uk/letter/?docId=letters/DCP-LETT-192.xml&query=Darwin

Darwin, C. R. ed. 1838. Birds. The zoology of the voyage of H.M.S. Beagle. by John Gould. London: Smith Elder and Co.

Darwin, C. R. 1913. A Naturalist's Voyage Round the World. Journal of Researches into the Natural History and Geology of the countries visited during the voyage round the world of H.M.S. Beagle under the command of Captain Fitz Roy. London, John Murray.

Essig, E. O.  1931. A History of Entomology. New York, The Macmillan Company.

Doering, Adolfo. 1881. Zoologia. Informe Oficial de la Comision Científica agregada al Estado Mayor General de la Expedicion al Rio Negro (Patagonia), realizada en los meses de abril, mayo y junio de 1870, bajo las órdenes del General D. Julio A. Roca. Buenos Aires, Imprenta de Ostwald y Martínez.

Dolezal, Helmut, "Eschscholtz, Johann Friedrich von" en: Neue Deutsche Biographie 4 (1959), pp. 650-651 [versión en línea]; URL: https://www.deutsche-biographie.de/pnd116569514. html#ndbcontent.

Durnford, Henry. 1876. Ornithological Notes from the Neighbourhood of Buenos Ayres. The Ibis 1876:164.

Durnford, H -1878- Notes on the Birds of Central Patagonia. Ibis 8:289.

Eschscholtz, Johann Friedrich. 1829-1833. Zoologischer Atlas : enthaltend Abbildungen und Beschreibungen neuer Thierarten, während des Flottcapitains v. Kotzebue zweiter Reise um die Welt, auf der russisch-kaiserlichen Kriegsschlupp Predpriaetië in den Jahren 1823-1826. Heft1 p.2 pl.2. Berlin, G. Reimer.

Fernández Garay, Ana.  2004. Diccionario Tehuelche-Español/Español-Tehuelche.  Escuela de Investigación de Estudios Asiáticos, Africanos y Amerindios (CNWS). Universidad de Leiden, Países Bajos.

Fitz Gerald, E. A. 1899. The Highest Andes. Methuen & Co.,London.

Fraser, Louis. 1843. Proceedings of the Zoological Society of London 11:116-

Frézier, Amédée François  .1716. Relation du Voyage de la Mer du Sud aux côtes du Chily et du Perou, fait pendant les années 1712, 1713 & 1714. Paris.

Gibson, Ernest. 1920.  Further Ornithological Notes from the Neighbourhood of Cape San Antonio, Province of Buenos Ayres. Part III. Phoenicopteridae - Rheidae. The Ibis, Eleventh Series, Vol. II, No. 1, January 1920.

https://www.biodiversitylibrary.org.

Jepson, Willis Linn. 1929. Johann Friederich Eschscholtz. Madroño; a West American journal of Botany, 1:252.

Kotzebue, Otto von. 1830. A new Voyage round the World, in the Years 1823, 24, 25, and 26.
Two Volumes. London: Henry Colburn & Richard Bentley.

Lane, Ambrose A. 1897. Field-Notes on the Birds of Chili. Ibis, Seventh Series, july 1897.
Lesson, René Primevère. 1830-1832. Centurie zoologique, ou, Choix d'animaux rares, nouveaux ou imparfaitement connus. Bruxelles, F.G. Levrault.

Le Maout, Emmanuel. 1853.  Histoire naturelle des oiseaux : suivant a classification de M. Isidore Geoffroy-Saint-Hilaire, avec l'indication de leurs moeurs et de leurs rapports avec les arts, le commerce et l'agriculture. Paris, L. Curmer, 1853

Malvestitti, Marisa. 2009. Capítulo III -  Patagonia - Argentina Patagónica; en: Sichra, Inge (Ed.) Atlas Sociolingüístico de Pueblos Indígenas en América Latina. Primera edición. UNICEF y FUNPROEIB Andes.

Ministerio de Educación de la Provincia del Chubut - Voces : Relatos del Chubut Diverso : Las señales de las aves en la Cultura Mapuche-Tehuelche / contribuciones de Paulina Cual ; Ramón Barrera. - 1a ed. - Rawson : Ministerio de Educación de la Provincia del Chubut. Modalidad Educación Intercultural y Bilingüe , 2023.

Nicoll, M. J. 1908. Three Voyages of a Naturalist, being an Account of many little-known Islands in three Oceans visited by the "Valhalla". Witherby & Co., London.

Nilsson, Sven. 1830. Årsberättelser om nyare zoologiska arbeten och upptäckter: till Kongl. Vetenskaps-Academien afgifne den 31 mars 1820. Stockholm, P. A. Norstedt & Söner.

Peters, James L. 1923. Notes on some Summer Birds of Northern Patagonia. Bulletin of the Musuem of Comparative Zoology, 45(9): 293.

Sclater, P. L. & Hudson, W. H. 1889. Argentine Ornithology. Descriptive Catalogue of the Birds of the Argentine Republic. Volume II. London:  H. Porter.

Steinheimer, Frank D.. 2004. Charles Darwin’s bird collection and ornithological knowledge during the voyage of H.M.S. ‘‘Beagle’’, 1831–1836. J Ornithol 145: 300–320.

Wetmore, Alexander. 1926. Observations on the Birds of Argentina, Paraguay, Uruguay,  and Chile. Bulletin 133, Smithsonian Institution, Washington.

miércoles, 8 de enero de 2025

“MORCIEGALOS” VAMPIROS (Desmodus rotundus): UNA MALA SABANDIJA

 

"Habita cerca de las viviendas, y a menudo muerde a los niños dormidos”

Alcide d’Orbigny, 1836.

 

Edostoma cinerea o Desmodus rufus, según la nomenclatura de d’Orbigny.

Dibujo de Jean-Charles Werner (d’Orbigny, 1835-1847)

 


En el pantanal, en el límite entre Bolivia y Brasil, se encuentra la laguna La Gayba, que conecta con el río Paraguay. A sus orillas llegó el 6 de enero de 1543 el conquistador español Domingo Martínez de Irala, al sitio llamado Puerto de los Orejones, que denominó de Los Reyes. El lugar estaba habitado por la etnia chané. A continuación el relato de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que a la sazón era gobernador de Asunción y que pasó por ese lugar en noviembre del mismo año:


“Los indios deste puerto de los Reyes son labradores; siembran maiz y mandioca (que es el caçabi de las Indias); siembran mandubíes (que son como auellanas) y desta fruta ay gran abundancia y siembran dos vezes en el año; es tierra fértil y abundosa, assi de mantenimientos de caça y pesquerías; crian los indios muchos patos en gran cantidad para defenderse de los grillos (como tengo dicho); crian gallinas, las quales encierran de noche por miedo de los morciegalos que les cortan las crestas, y cortadas, las gallinas se mueren luego.

Estos morciegalos son vna mala sauandija y ay muchos por el rio que son tamaños y mayores que tórtolas desta tierra y cortan tan dulcemente con los dientes que al que muerde no lo siente, y nunca muerden al hombre si no es en las lumbres [puntas] de los dedos de los pies, o de las manos, o en el pico de la nariz, y al que vna vez muerde aunque aya otros muchos no morderá sino al que començo a morder, y estos muerden de noche y no parescen de dia; tenemos que hazer en defenderles las orejas de los cauallos; son muy amigos de yr a morder en ellas y en entrando vn morciegalo donde estan los cauallos se desasossiegan tanto que despiertan a toda la gente que ay en la casa y hasta que los matan o hechan de la caualleriza nunca se sossiegan, y al gouernador le mordio vn morciegalo estando durmiendo en vn vergantin, que tenia vn pie descubierto, y le mordio en la lumbre de vn dedo del pie y toda la noche estaua corriendo sangre hasta la mañana, que recordo con el frió que sintió en la pierna y la cama vañada en sangre, que creyó que le auian herido, y buscando donde tenia la herida, los que estauan en el vergantin se reyan dello porque conoscian y tenían experiencia de que era mordedura de morciegalo y el gouernador halló que le auia lleuado una rebanada de la lumbre del dedo del pie. Estos morciegalos no muerden sino adonde ay vena, y estos hizieron vna muy mala obra y fue que lleuauamos a la entrada seys cochinas preñadas para que con ellas hiziessemos casta, y quando vinieron a parir los cochinos que parieron, quando fueron a tomar las tetas no hallaron peçones, que se los auian comido todos los morciegalos y por esta causa se murieron los cochinos y nos comimos las puercas por no poder criar lo que pariessen.”

 

Núñez Cabeza de Vaca, Alvar. [1555] 1906. Relación de los Naufragios y Comentarios. 2 tomos. Madrid, Librería General de Victoriano Suárez.

ෛd'Orbigny, Alcide Dessalines. 1835-1847.  Voyage dans l'Amérique méridionale : (le Brésil, la république orientale de l'Uruguay, la République argentine, la Patagonie, la république du Chili, la république de Bolivia, la république du Pérou), exécuté pendant les années 1826, 1827, 1828, 1829, 1830, 1831, 1832, et 1833. Paris, Chez Pitois-Levrault et cie.


 

 

 


 

“Además encontramos en este lugar [Las Juntas, San Buenaventura, Ecuador] un murciélago mucho más grande y temible que los que conocemos en Francia. Los habitantes toman las máximas precauciones para protegerse contra él; se ven obligados a dormir bajo tiendas de lona de algodón. Este animal nocturno se alimenta la mayor parte del tiempo de la sangre de los pobladores, que succiona con tal habilidad que uno no lo siente cuando duerme.

Los negros y mulatos pretenden que si a alguien se le hace comer el corazón de este animal, asado y reducido a polvo, es un verdadero milagro que viva más de 48 horas”.

 

M[ellet], Jullien. 1823. Voyage dans l'Amérique Méridionale, a l'intérieur de la Cote-Ferme, et aux iles de Cuba et de la Jamaïque, depuis 1808 jusqu'en 1819. Agen , Imprimerie de Prosper Noubel.

 

Imagen: Elliot, Daniel Giraud. 1907. A catalogue of the collection of mammals in the Field Columbian Museum. Chicago, Field Columbian Museum, 1907

 

 

lunes, 16 de diciembre de 2024

LA YACUTINGA (Pipile jacutinga) Y LOS ESPÍRITUS DE LA NOCHE

Alex Mouchard

 

Lejos gritó una yacutinga y la selva dibujaba formas fantásticas

 contra el cielo admirablemente azul”.

Alfredo Varela (1985)



Cumana jacutinga – Spix’s White Headed Guan

Dibujo de Henrik Grönvold

(Knatchbull-Hugessen & Chubb, 1917)






En abril de 1818 el naturalista Johann Baptist von Spix y su compañero el botánico Carl Friedrich Philipp von Martius llegaban al sudeste del estado de Minas Geraes (Brasil) en su viaje desde Sao Paulo a Bahía. En esa época esta zona estaba cubierta de Selva Atlántica, hoy prácticamente desaparecida. “Estos bosques intrincados, en cuyo interior reina una oscuridad casi eterna, están hechos para llenar el alma de asombro y terror; nunca nos aventuramos a penetrar en ellos sin estar acompañados por soldados, o al menos estar bien armados y mantenernos cerca unos de otros” (Spix & Martius, 1824). Era el territorio de los indios puris o coroados, que eran bastante pacíficos con los europeos, pero sufrían los ataques de los violentos botocudos o engerakmung.


Bosque de araucarias, hábitat de la yacutinga en Minas Geraes.

Dibujo de Johann Moritz Rugendas (Martius & Eichler, 1840-1906)  




Los viajeros alemanes pasaron una semana en la Fazenda Guidowald (actual Guidoval, la «selva de Guido»), de Guido Thomaz Marlière, un militar francés al servicio de la corona portuguesa. “Esta hacienda fue construida por el comandante cerca de algunas aldeas de indios que debían ser civilizados, para tenerlos siempre bajo su vigilancia. Está situada en un territorio confinado y densamente arbolado, en la ladera occidental de la Serra da Onça, parte de la Serra do Mar” (Spix & Martius, 1824).

 “Una selva oscura nos cubría y a lo lejos se oían las voces más singulares de varios animales. La soledad mágica y la maravillosa exuberancia del bosque mantenían nuestra mente en  equilibrio, por así decirlo, entre los sentimientos de miedo y de alegría. Contemplamos con asombro, en el dosel de los árboles, numerosos pájaros del plumaje de lo más alegre, y brillantes guirnaldas de las más hermosas plantas trepadoras y parásitas" (Spix & Martius, 1824).

Podemos suponer que fue en esa zona que Spix obtuvo, probablemente por trueque con los indios coroados, dos ejemplares, macho y hembra,  de un ave similar a una pava, que describió y publicó con el nombre Penelope jacutinga (Spix, 1824-1825), pero sin especificar la localidad exacta.  Sólo consignó: “Habita en las selvas entre Río de Janeiro y Bahía”. Hellmayr (1906) consideraba que el ejemplar tipo, que se encuentra en el Museo de Munich, provenía del «sur de Brasil».


Aldea de indios Coroados en el bosque cerca de la hacienda de Guidowald, en el río Xipoto.

En un lugar así probablemente Spix obtuvo sus yacutingas (Spix & Martius, 1823–1831) 




Así relataba Spix la transacción: “Varias especies de «gallinas de selva», en particular la hermosa Jacu (Penelope Marail, leucoptera), tortugas y monos, que corrían en libertad, parecían ser considerados parte de la familia. Nuestro deseo de poseer las más raras de estas aves, que nuestro soldado secundó con gestiones urgentes, quedó insatisfecho hasta que atrapó a los animales y se los mostró a su dueño en una mano, y un tentador regalo en la otra. Después de una larga vacilación, el indio se apoderó del regalo y así, por una especie de acuerdo tácito, quedamos en posesión de nuestro premio” (Spix & Martius, 1824).

En su relato, Spix colocó entre paréntesis esos nombres científicos que ya habían sido usados por otro viajero alemán, Alexander Philipp Maximilian von Wied-Neuwied, quien había recorrido la zona pocos años antes, entre 1815 y 1817. Los nombres Penelope marail y [Penelope] leucoptera, son respectivamente los de la yacupeba o yacú-poi (actualmente Penelope superciliaris) y de la yacutinga (Pipile jacutinga). Wied publicó la descripción de la yacutinga después que Spix, y por eso el nombre leucoptera quedó en sinonimia de jacutinga (Wied-Neuwied, 1832).

Nuestra suposición se ve avalada por lo que refería Wied sobre las flechas que usaban los indios botocudos: “La parte inferior de la flecha, que presiona la cuerda del arco, está provista de las anchas plumas de la cola del mutum (crax alector L.), jacutinga (penelope leucoptera), jacupemba (penelope marail, L.), arara, etc”. (Wied-Neuwied, 1821).  Es decir que los indígenas efectivamente capturaban estas aves, las mantenían en domesticidad y utilizaban sus plumas y su carne.

 

 

El caballero Johann Baptist von Spix

Dibujo de Joseph Anton Rhomberg

(Martius & Agassiz, 1829)  


 

FUENTE DE PROTEINAS

La yacutinga, antes de ser descripta por los científicos, ya era conocida por los viajeros que pasaron por Brasil. Jean de Lery (1578), que estuvo en los alrededores  de la actual Rio de Janeiro, comentaba que los indígenas capturaban en el bosque unas aves “grandes como pollos capones, y de tres clases, que llaman los brasileños iacoutin, iacoupen, & iacou-ouassou, que todos tienen plumaje negro y gris, pero en cuanto a su sabor, como creo que son especies de faisanes también puedo asegurar que no se pueden comer mejores carnes que la de estos iacous”. 

Coincidía con Lery el colono e historiador Gabriel Soares De Sousa: “Los yacúes son aves que los portugueses llaman gallinas de la selva, y son del tamaño de gallinas y de color negro; pero tienen patas más largas, cabeza y pies como de gallina, pico negro, cloquean como perdices, crían en el suelo, y su vuelo es muy corto; comen frutas, los indios las matan a flechazos; su carne es muy buena, y sus pechugas llenas de partes sabrosas como perdices del mismo color, y muy tiernas; la mayor parte de la carne es dura para asar y, cocida, muy buena” (Soares De Sousa, 1587).

Pero volvamos a Wied (1832) para ver que nos contaba sobre esta interesante especie: “Esta hermosa ave vive mayormente sola o en parejas en el interior de los bosques … y sólo se encuentra en selvas cerradas y extensas. Tiene el mismo estilo de vida que el Nº 1 [Penelope superciliaris], pero una voz corta y algo aguda y, hasta donde recuerdo, una estructura traqueal no muy buena. Cuando se doméstica se convierte en un animal doméstico útil. Nunca lo he visto cerca de las costas del mar como el Jacupemba [Penelope superciliaris]. En su estómago encontré restos de frutas e insectos. En el mes de febrero mis cazadores encontraron en un árbol el nido de esta ave, que estaba formado por ramas y contenía dos o tres huevos, tan grandes como los del Meleagris gallopavo [pavo doméstico]. La carne de la Jacutinga es un buen alimento; matamos muchas de estas aves en los grandes bosques interiores, es una presa invalorable. … Spix la ha representado bastante bien, pero algunas características de esta figura son criticables, especialmente la cabeza y el pico no están coloreados del todo correctamente”.


Penelope jacutinga

Dibujo de Matthias Schmidt (Spix, 1824-1825)




Durante mucho tiempo ese fue el único nido conocido de la yacutinga. Más tarde, Hermann von Ihering (Berlepsch & Ihering, 1885) aportó más datos obtenidos del profesor Theodor Bischoff, de Arroio Grande (Rio Grande do Sul): “Las yacutingas son aves migratorias que generalmente llegan aquí en mayo y junio en bandadas de 4 a 16 y anidan aquí. Por lo general, colocan sus nidos en árboles en la parte superior, donde el tronco se divide en 3 o 4 ramas,  y ponen los huevos en la cavidad resultante, sin ningún lecho. Sus huevos, como máximo 2 o 3 por nido, son de un blanco puro, casi tan grandes como los del ganso. Sólo pude observar a la Jacutinga reproduciéndose una  sola vez y me pareció como si estuvieran incubando alternativamente, porque ya el macho  ya la hembra, salían volando. A finales de noviembre los pequeños salieron y siguieron a sus padres, no sólo caminando sino también aleteando. Se van en diciembre. Estos animales no se pueden mantener domesticados aquí en la colonia porque matan a las gallinas y los gallos”..

Sin embargo Sánchez Labrador (1767) decía que “estas aves, aunque se cojan grandes, se amansan luego sin dificultad y viven entre las gallinas y otras aves domésticas, entrando como ellas por todas partes”. Y Bertoni (1901) comentaba que “los pollos se crían y domestican como los de Djakú-po-í [Penelope superciliaris]. He mantenido varios individuos cogidos adultos durante muchos años, y se acostumbraron pronto a la esclavitud, llegando hasta comer de mi mano. Comían maíz, aunque necesitaban otras cosas para digerirlo bien, y comían de todo lo que el hombre, sobre todo frutas y verduras, como coles y hojas de batata. En tiempo de amor los machos perseguían a las hembras hasta hacerlas morir de hambre, pero estas nunca se dejaron cubrir y tuvieron que cruzarse con un Djakú-po-í que había junto. No ofenden ni a las aves más pequeñas, viviendo en armonía con todas; pero esto no es por cobardía, pues un día en que había yo dejado abierta la puerta de una jaula, separada sólo por el enrejado, se introdujo por ella un Accipiter (Esparvero) de los más sanguinarios, y mientras las otras aves se alborotaban asustadísimas, los Djakúapetí [Pipile jacutinga] fueron contra el enemigo, manifestando mucho enojo en ademán de batirse y dando saltos contra el alambre que los separaba".

Azara (1805) señalaba que con respecto a otros yacúes “es más estúpido y mansejón, y quizás por esto le habrán exterminado en los parajes poblados … Va a pares y en pequeñas familias … no sé que tenga más voz que el «pi» común a todos”. En efecto, a medida que se iba colonizando su zona de distribución, la cacería llevó a ésta y otras especies similares al borde de la extinción, de modo que la UICN la considera actualmente “en peligro”. Ya a fines del siglo XIX Emílio  Goeldi (1894) se lamentaba: “La yacutinga es un ave lindísima, éxtasis de los bosques. Su retirada gradual del Estado de Río de Janeiro, su completa extinción, de hecho muy cercana,  son fatalidades dignas de lástima”. Poco después, el naturalista polaco Tadeusz Chrostowski coincidía: “Estas aves son bastante numerosas a orillas del río Ubazinho [Paraná, Brasil], pero están condenadas a un exterminio completo siendo poco ariscas. Comúnmente se posan en las ramas a baja altura" (Sztolcman, 1926).

La caza para obtener su apetitosa carne y la alteración de su hábitat selvático condujeron a la triste situación actual, donde la ecorregión que habita, el Bosque Atlántico, perdió entre un 89 a 93% de su masa forestal desde que se inició la colonización europea.

 

 

“Se acuerda de muchos pueblos y arroyos que llevan su nombre, pero hace rato no anda por allí y le duele especialmente que en Andresito … hayan canonizado el viejo arroyo Yacutinga con el nombre de San Francisco … La yacutinga aguanta pese a todo, pero le duele el olvido”

 

(Chebez, 2008)

 

 

 


Sellos postales con yacutingas


La yacutinga y sus parientes constituyeron una excelente fuente de proteínas para los indígenas. En Minas-Geraes, “la cocina de los Macunis no siempre es tan bárbara como cabría esperar de hombres acostumbrados a vivir en el bosque. así, cuando quieren comer un yacú (Penelope), lo ponen en una olla, lo rodean con harina de yuca y lo cocinan a fuego lento" (Saint-Hilaire, 1850).

Incluso algunas etnias como los mbya-guaraníes, consideraban que su carne tenía valor medicinal como remedio para la tuberculosis. Es muy probable que los guaraníes, como los puris que trató Spix,  tuvieran en domesticidad o semidomesticidad a las yacutingas entre otros miembros de la familia. Al menos el siguiente relato de Sánchez Labrador hace pensar eso. Tras describir con bastante exactitud al ave que a falta de otro nombre denominó faisán o yacú III, señalaba: “Levanta y abate el penacho cuando gusta, y camina erguida con notable garbo. Habita en los más altos árboles de las selvas, y de las frutas que en ellos se crían, se alimenta. Su graznido es ronco y muy alto. Amánsase mucho, y pasa a molestar su mansedumbre, porque con gran satisfacción entra y sale en todas partes, y con un silbo bajito sabe pedir de comer si tiene hambre. La delicadeza de su carne de cualquier modo preparada a ninguna cede de las aves europeas y americanas, según los inteligentes" (Sánchez Labrador, 1910).

Más tarde las aprovecharon también exploradores y colonos. Los comentarios de Lery, Soares de Souza y Wied sobre el valor de la yacutinga como alimento se repiten en los relatos de muchos otros viajeros que sobrevivieron en la selva cazando estas apreciadas aves. Si bien su caza era relativamente fácil, no siempre era exitosa, como le ocurrió a Juan Bautista Ambrosetti en el Salto Alsina, en las Cataratas del Iguazú. “Del otro lado de la playa se elevaba otra isla mayor, también cubierta de magnífica  vegetación, de la que se destacaba una magnífica palmera inclinada sobre el agua del modo más gracioso. Allí se posó una Jacutinga o Faisán que matamos creyendo que vendría  a aumentar nuestra  cena, pero que al caer herida, el agua la arrebató arrastrándola en su carrera vertiginosa hacia el abismo" (Ambrosetti, 1894).

Pero en cuanto a auxilio de exploradores nada tan sorprendente como lo que le ocurrió al explorador inglés Thomas Bigg-Wither (1878) en el río Ivaí (Paraná, Brasil) cuando sufrió un ataque agudo de nefritis: “Acostado boca arriba, vi varias jacutingas o pavas salvajes en los árboles de encima y le dije a Jaca, que me estaba lavando la cara con agua, que matara a una y me diera de beber su sangre. Mató a dos y su sangre me llegó caliente, la que tragué con avidez. Creo firmemente que esta sangre me salvó la vida, pues me dio fuerzas suficientes para aguantar las dos horas siguientes, tiempo que me llevó bajar en canoa al sitio del hijo de Maruca, al alcance del médico”.

El mismo autor aportaba esta extraña creencia popular: “Mis compañeros me dijeron que el surucuá siempre se encontraba en los lugares frecuentados por las jacutingas, y que, de hecho, era el gran enemigo de esta última ave, y que el objetivo por el que se posaba, observando tan pacientemente, hora tras hora, era para poder abalanzarse sobre cualquier jacutinga que pasara y, habiendo asegurado una posición bajo el ala de su presa, se aferraba allí y le arrancaba sus órganos vitales con placer. Muchos brasileños que creen en la verdad de la historia dicen que éste es el uso que el surucuá hace de su pico afilado y su boca anormalmente grande” (Bigg-Wither, 1878).

 

 

 

 

El gran tapir, el pecarí, la paca

la yacutinga de plumaje bello

los venados, tucanes, urracas,

la paloma que en la selva arrulla

y tú, que por nosotros y por ellos

emprendiste, la última patrulla.

 

La Ultima Patrulla - Homenaje al Guardaparque Bernabé Méndez

                          (fragmento)

Alfonso Oscar Ricciutto -  Vuelo de Vencejo

 

 

 

 

Yacutinga

Dibujo de Jorge Rodriguez Mata

https://sib.gob.ar/especies/pipile-jacutinga


 

¿CÓMO SE LLAMA?  ¿QUÉ COME?

Jacutinga, el nombre de especie que le dio Spix, es el nombre común de esta ave en Brasil, y en esa forma apareció por primera vez escrito en 1583 por el padre José de Anchieta. Según Rodolpho García (1913),   el nombre es de origen tupí  y se compone de j: esa; a: grano, fruto; cu: comer; tinga: blanca. Sería “esa [de cabeza o  ala] blanca [que] come frutos”. Esto coincide con el comportamiento del ave que suele seguir una ruta de árboles con frutos maduros, de los que se alimenta varios días antes de pasar al siguiente. Es una importante dispersora de semillas de palmito (Euterpe edulis), cocú (Allophylus edulis), alecrín (Holocalyx balansae), pindó (Syagrus romanzoffiana) y otros. En la Serra Dos Orgãos (Rio de Janeiro), “las distintas especies de laurel crecen como hermosos árboles; florecen en los meses de abril y mayo, época en la que la atmósfera se impregna del rico perfume de sus pequeñas flores blancas. Cuando su fruto está maduro, constituye el alimento principal de la jacutinga (Penelope Jacutinga, Spix), una hermosa ave (Gardner, 1849)”. Aunque Marcgrave (1648) decía que las aves de este grupo “reciben su nombre por su grito, pues gritan: iacu, iacu, iacu”.

Como vimos, Arnoldo de Winkelried Bertoni (1901) utilizó otra denominación común en Paraguay, djakü-apetí o  yacú-apetí, nombre que registró Azara (1805), y que proviene de djakü: yacú; apé: lomo, superficie; y ti: blanco, aludiendo al color del ala. Bertoni también menciona el nombre guaraní djakü-pará (“yacú pintado”). Bertoni, que vivió de chico en el Alto Paraná, conocía bien a la jacutinga: “Habita los bosques frondosos y de mucha fruta, buscando menos embrollos que los Djakúpo-í y prefiriendo la mitad más alta, porque come las frutas en los árboles, baja menos al suelo y cuando baja es para comer semillas y barro. En el alto Mondá-ih y otros lugares desiertos y lejos del hombre hay barreros o sitios donde baja a comer barro, por lo común bajo la barranca del río, donde frecuentan también los Mborebí (Tapirus); en esos sitios bajan todos los días de mañana y de tarde grandes bandadas que se juntan allí poco a poco, pues vienen de lejos de á dos o cuatro; con los años hacen cuevas profundas. ... Hasta una o más horas antes del amanecer, ya se dirige al sitio donde quiere pasar el día y al volar hace un ruido muy extraño algo parecido al que hacen los caballos cuando soplan para arrojar algo de la nariz; algunos dicen que lo hace rasguñando la base de las rémiges con las uñas, pero no es cierto” (Bertoni, 1901).


Pone hasta cuatro huevos en un nido, que según dicen es análogo al de Djakú-po-í. Los pollos nacen con plumón como los de Criptúridos [inambúes] …  Desde el primer día ya se vuelan del nido al suelo, que puede ser la altura de 5 a 6 metros, y cuando se les halla, huyen ayudándose con las alas y pies, ocultándose como los Djakú-po-í …” (Bertoni, 1901).


Para Eurico Santos (1938) la yacutinga es “uno de los yacús mayores, más bellos y elegantes” y así interpretaba la vida  de este grupo de aves: “Viven en el bosque en pequeños grupos, excepto durante el período de incubación, cuando cada pareja se ocupa de sus serios problemas familiares. Viven sus vidas de manera muy metódica. Por la mañana, después de hacer un caprichoso «toilette», alineando sus plumas con el pico, esperan que lleguen los primeros rayos de sol, y mientras tanto conversan entre ellos, en lenguaje de gargarismos. Después de ser animados por la luz solar, corren a los lugares que ya conocen, y allí se llenan de toda clase de granos y bayas, descendiendo a tierra, cuando es necesario, y siempre que un arroyo claro los invíte a beber. Durante las horas soleadas del mediodía, se dejan llevar por la pereza y, como personas ociosas, se echan a la siesta entre las enredaderas sombrías, dormitando entre las matas de gramíneas, tumbados en la arena, de un modo eminentemente gallináceo. A veces sucede que uno de ellos, aturdido por el susto, se acerca gritando al perseguidor, agachándose, desplegando las alas, corriendo por una rama en diferentes direcciones y haciendo demostraciones de la más estúpida perplejidad. Así también se comporta el yacú al acercarse alguien a su nido”.

Cuando sienten que el día ya es largo y que pronto llegarán las sombras de la noche, se apresuran a cenar con el mismo apetito que en el almuerzo. Al empezar a oscurecer, buscan su percha favorita, siempre en el árbol más alto, y llegan allí, no sin serias discusiones, duros altercados y estallando en carcajadas llenas de ira, todo a causa de conseguir un lugar más cómodo, más propicio para el descanso nocturno. Los cazadores que conocen sus rutas, sus gustos, sus verdaderos posaderos adecuados, allí van a buscarlos. Como son tímidos, confiados y poco inteligentes, caen en todas las trampas y se dejan matar estúpidamente, a veces mirando con curiosidad al cazador que les pone el rifle en la cara. Cuando se las sorprende inesperadamente, les agarra un terror pánico” (Eurico Santos, 1938).

 

 

La Provincia de Misiones (Argentina) declaró a la Yacutinga como Monumento Natural Provincial, por ley XVI 143 del 19 de agosto de 2021 .

Foto Alex Mouchard




UN AVE DE LEYENDA

A pesar de la importancia de la jacutinga en la vida de muchos pueblos originarios no encontramos muchos mitos relativos a esta ave. Al haber varias especies similares que se van reemplazando en los distintos ambientes, aunque pudieran distinguirlas hasta cierto punto, quizás las consideraban en forma genérica en relación a los mitos.

En la zona amazónica colombiana la etnia yucuna-matapi (Arango, 1986) considera a estas aves como mágicas especialmente porque muchas cantan de noche, observan que se alimentan de escamas de pescado en la orilla de los ríos y por eso hay cuentos que la relacionan con el lobón o nutria gigante (Pteronura brasiliensis).

Los yanomami de Venezuela y Brasil tienen una rica mitología relativa al origen de la noche en la que intervienen estas aves cuyo canto, dicen, anuncia la llegada de la noche. En uno de esos relatos el pueblo Mono Blanco vivía en un día eterno y estaban disgustados por tener que copular de día. Uno de los hombres, Ocelote, fue un día a cazar pavas entre ellas las manashis (del mismo género que la yacutinga).  Al dispararle flechas hirió a los espíritus de la noche que se escondían entre ellas, e inmediatamente cayó la noche. Al principio ésta era muy corta, pero los espíritus permanecieron y crecieron, siempre ocultos entre las pavas, y así la noche adquirió la extensión igual a la actual (Wilbert & Simoneau, 1990).

En otros relatos la situación es inversa, en medio de la oscuridad la gente comenzó a arrojar sus pertenencias entre las que estaban las cajas donde guardaban las plumas, al estar éstas en el aire, se transformaron en manashis y se hizo la luz (Wilbert & Simoneau, 1990). Otros informantes aclaran que según el tipo de pluma del paujil o pavón (Crax alector), que se arrojaba al aire, se generaban distintas especies, así por ejemplo las manashis salían de las remeras primarias del ala. En diferentes mitos la muerte de una zarigüeya permitía que las pavas se tiñeran sus patas y garganta con su sangre (Wilbert & Simoneau, 1990).

Esa característica de tener la garganta con piel desnuda roja y en algunas especies el pico rojo relaciona a estas aves con las leyendas del fuego, por ejemplo entre los arawaks de Guayana y los apiaká de Brasil. Estos últimos relataban que en un tiempo el fuego pertenecía a los yaguaretés, los indios fueron a robárselo y con ayuda de las aves lo transportaron a sus aldeas. Algunas aves se quemaron las patas y otras los picos, pero el yacú además se tragó una brasa y quedó con la garganta roja (Moya, 1958).

En cambio los arekunas de la Guayana Venezolana creen que las pavas rajadoras  (Pipile cumanensis) obtuvieron sus colores tras matar a la gran boa arcoíris, al sacarle la piel y  colocársela sobre la propia cabeza. Y los anambé del Bajo Tocantins (Brasil) relataban que  la hija de la gran serpiente creó a la cujubi (Pipile cujubi) enrollando un hilo, y pintándole la cabeza de blanco con arcilla, y las patas, de rojo, con urucú (Lehmann-Nitsche, 1926).

La vinculación con la noche originó la creencia, en Tolima (Colombia), de que las brujas se trasladan bajo la forma de una pisca o pava de monte. Un animal enorme que sacude los  techos y las ramas de los grandes árboles al posarse en ellos.  Produce un estruendo y un violento viento al volar, mientras se escucha su carcajada. El conjuro para librarse de ellas es invitarlas a que el día siguiente vengan a buscar sal, lo cual hacen bajo forma humana y así pueden ser capturadas. Atacan a los borrachos y a los enamorados, roban bebés, y a los que duermen les chupan la sangre en las piernas o en el cuello (Villa Posse, 1993). Vemos aquí algunas características de estas aves: el canto nocturno, el vuelo pesado y la búsqueda de la sal, tan escasa en la selva.

 

 

 

LOS NOMBRES

Jacutinga = tupi (Brasil oriental).

Jaku-eté, Jakuchî, Jakupetî  = guaraní.

Yacú-apetí. Yacú-pará = Paraguay.

Pocori, Po-coling=  botocudos.

Schanensœ, chanenseu = canacan (Sur de Bahía).

Macatä = macunis (Nordeste de Minas Gerais).

Pignä = malalis (Alto Jequitinhonha, Minas Gerais).

Gotiguinigi, nayinigi = Mbyá.

 

 


EL CABALLERO SPIX

 

Exploró las zonas del nuevo mundo como ningún otro y describió,  reunidas y ordenadas, las maravillosas creaciones de la región cálida del cielo...

(Epitafio de la tumba de Spix en el Alter Südfriedhof de Munich)

 

 

 

Johann Baptist von Spix nació en 1781 en Höchstadt-an-der-Aisch, Baviera, una pequeña ciudad medieval rodeada de bosques y estanques. Huérfano a temprana edad de un padre cirujano, muy inteligente pero poco hábil para las manualidades, optó por la carrera eclesiástica para complacer a su devota madre italiana. Se doctoró en filosofía en la Universidad de Bamberg y luego estudió teología en Würzburg, Ésta era una universidad bastante progresista convocando docentes como el joven filósofo Friedrich William Josef Schelling que lo interesó a Spix en las ciencias naturales (especialmente anatomía y  fisiología). Su cercanía a éste y otros representantes de la Naturphilosophie como Lorenz Oken, llevaron a su expulsión del seminario, pasando entonces a la carrera de medicina, en la que se doctoró en 1807. Tras trabajar poco tiempo como médico, ingresó a la Academia de Ciencias y Humanidades de Baviera y obtuvo una beca para estudiar anatomía en París con  Georges Cuvier y  Jean-Baptiste de Lamarck. Realizó viajes para estudiar los invertebrados marinos por Normandía, el sur de Francia e Italia, donde solía leer a Dante al pie del Vesubio. De regreso en Munich fue curador de la Colección Estatal Zoológica. Su ascendencia italiana le daba un carácter vehemente, por lo que fue resistido por los académicos, pero con apoyo del rey pudo ampliar las colecciones con criterio sistemático, completándolas con preparaciones anatómicas.  La excelencia de su trabajo y su búsqueda de un sistema natural en embriología y zoología le otorgó finalmente un asiento en la Academia.


Casa natal de Spix en Höchstadt an der Aisch, actualmente Museo Spix. 

Foto de Michael F. Schönitzer (https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/0c/Geburtshaus_von_Spix.jpg)


En 1815 el rey Maximilian Joseph I de Baviera le encargó a la Academia un plan de viaje de estudios por Sudamérica. La idea original era comenzar por Buenos Aires, pasar a Chile, Perú y Quito, y regresar vía Caracas a Europa. Pero el viaje no se pudo realizar hasta que la archiduquesa de Austria, Caroline Josepha Leopoldina, emprendió un viaje a Brasil para casarse con el futuro emperador de Brasil Pedro I. Dentro de su comitiva  se incluyó un grupo de científicos austríacos como el zoólogo Johann Natterer, y los botánicos Heinrich Wilhelm Schott y Johann Christian Mikan. Por pedido de Maximilian, se agregaron el zoólogo Spix y el botánico Carl Friedrich Philipp von Martius.

En 1817 se embarcaron en Trieste hacia Río de Janeiro.  Desde esta ciudad se dirigieron al estado de Sao Paulo, luego a Minas Geraes. En esta parte del viaje fue cuando encontraron a la yacutinga. Luego se internaron hacia Goias y volvieron a la costa, a Salvador, atravesando después el nordeste brasileño hasta Belem. La travesía de la desértica caatinga fue especialmente penosa y casi mueren de sed.  Al llegar al río Amazonas lo remontaron y más adelante se separaron, yendo von Martius por el río Yupurá, mientras que Spix se dirigió a Tabatinga, en la frontera con Perú y exploró también el río Negro.

En el viaje colectaron alrededor de 6500 ejemplares de plantas, 85 mamíferos, 150 anfibios, 350 aves, anfibios, reptiles, peces y 2700 insectos. Además obtuvieron numerosas piezas etnográficas.

Al regresar a Europa Spix recibió numerosos honores (título nobiliario, renta vitalicia, nombramiento como consejero ). Enseguida comenzó a redactar la parte descriptiva y zoológica del viaje (mamíferos, aves, anfibios y reptiles).  Spix tenía una salud débil desde su juventud, por eso sufrió mucho durante el viaje a Brasil y fue una enfermedad contraída allí, el pian o quizás la enfermedad de Chagas, la que lo llevó a la muerte en 1826. Utilizando las notas de Spix,  Von Martius pudo terminar el relato del viaje, mientras que otros especialistas redactaron las monografías sobre los demás grupos de animales. Los materiales recolectados por Spix se conservan hoy mayormente en el Museo de Historia Natural de Múnich. Sus obras más importantes son Cephalogenesis (1815),  Simiarum et Vespertilionum Brasiliensium Species Novae [Especies nuevas de simios y murciélagos de Brasil] (1823), Reise in Brasilien in den Jahren 1817 bis 1820 [Viaje al Brasil entre los años 1817 a 1820] (1823-1831) y Avium species novae, quas in itinere per Brasiliam annis MDCCCXVII-MDCCCXX… [Nuevas especies de aves en el viaje por Brasil  años 1817-1820] (1825).

 

 

 



Ambrosetti, Juan B. 1894. Segundo Viaje a Misiones por el Alto Paraná e Iguazú. Boletín del Instituto Geográfico Argentino 15. Buenos Aires.

Arango, Gonzalo. 1986. Apuntes de etnozoología: observaciones sobre la organización del conocimiento ornitológico en el complejo cultural Yucuna-Matapi del río Mirití (Amazonas, Colombia). Maguaré, Número 3, 1986.

Azara, Félix de. 1805. Apuntamientos para la historia natural de los páxaros del Paraguay y Rio de la Plata. Tres tomos. Madrid, Imprenta de la hija de Ibarra.

Berlepsch, Hans von & Ihering, Hermann von. 1885. Die Vögel der Umgegend von Taquara do Mundo Novo, Prov. Rio Grande do Sul. Zeitschrift für die Gesammte Ornithologie 1885. Budapest

Bertoni, A. de Winkelried. 1901. Aves Nuevas del Paraguay.  Asunción: Talleres Nacionales de H. Kraus.

Bigg-Wither, Thomas P. 1878. Pioneering in South Brazil. 2 vols. lonson: John Murray.

Chebez, Juan Carlos. 2008. Losque se van: aves. 1ª ed. Buenos Aires: Albatros.

Garcia, Rodolpho. 1913. Nomes de aves em lingua tupi. Ministerio de Agricultura, Industria e Commercio, Rio de Janeiro.

Gardner, George. 1849.  Travels in the Interior of Brazil, principally through the Northern Provinces, and the Gold and Diamond Districts, during the Years 1836-1841. Second Edition. London: Reeve, Benham, And Reeve.

Goeldi, EA. 1894. As aves do Brasil. Primeira parte. Livraria Classica de Alves & C., Rio de Janeiro, S. Paulo.

Hellmayr, C. E. 1906. Revision der Spix'schen Typen brasilianische Vogel.  Abhandl. der K. B. Akademie der Wissenschaften, II Kl., XXII Bd., III Abt., pp. 563-726, Taf. 1, 2.

https://www.biodiversitylibrary.org/

https://www.birdtheme.org/mainlyimages/index.php?spec=20

Knatchbull-Hugessen, Wyndham (Baron Brabourne) & Chubb, Charles. 1917. The birds of South America. London, R. H. Porter.

Lehmann-Nitsche, R. 1926. “Las Aves En El Folklore Sudamericano”. El Hornero 3 (4): 373-85.

Léry, Jean de. 1578. Histoire d'un Voyage fait en la Terre du Bresil, autrement dite Amérique. La Rochelle, Antoine Chuppin.

Marcgraf, G. 1648. Georgi Marcgravi (...) historiæ rervm natvarlivm Brasiliæ, libri octo … Lvgdvni Batavorvm (Leiden), Amstelodami (Amsterdam).

Martius, Karl Friedrich Philipp von & Agassiz, Louis. 1829. Selecta genera et specie piscium quos in itinere per Brasiliam annis 1817-1820 jussu et auspiciis Maximiliani Josephi I Bavariae Regis Augustissimi peracto collegit et pingendos curavit Dr. JB v. Spix, Múnich, C. Wolf.

Martius, Karl Friedrich Philipp von & Eichler, August Wilhelm. 1840-1906. Flora Brasiliensis, enumeratio plantarum in Brasilia hactenus detectarum :quas suis aliorumque botanicorum studiis descriptas et methodo naturali digestas partim icone illustratas. Vol I, part I. Monachii et Lipsiae, R. Oldenbourg.

Moya, Ismael -1958- Aves mágicas. Ministerio de Educación de la Pcia. de Buenos Aires, La Plata.

Ricciutto, Alfonso Oscar. Vuelo de Vencejo. https://www.facebook.com/encuentroescritoresmercosur/posts/la-ultima-patrullahomenaje-al-guardaparque-bernabe-mendezhay-un-himno-que-el-agu/679820128775811/

Saint-Hilaire, Auguste de. 1850. Voyage dans les Provinces de Rio de Janeiro et de Minas Geraes. Tome Second. Paris, Grimbert et Dorez.

Sánchez Labrador, José - [1767]- Peces y aves del Paraguay Natural Ilustrado.  Fabril Editora, Bs As. 1968.

Sánchez Labrador. 1910. El Paraguay Católico. Tomo I. Buenos Aires.

Santos, Eurico. 1938. Da Ema ao Beija-Flor (Vida e costumes das aves do Brasil). F. Briguiet & Cia. Editores. Rio de Janeiro.

Soares De Sousa, Gabriel. [1587] 1851. Tratado Descritivo do Brasil em 1587. E Primeira edição, organizada e revisada por Francisco Adolpho de Varnhagen. Rio de Janeiro : Typographia Universal de Laemmert. xi, 422 p.

Spix, Joh. Bapt. von & Martius,  C. F. Phil. von. 1823–1831. Reise in Brasilien auf Befehl Sr. Majestät Maximilian Joseph I. König von Baiern in den Jahren 1817–1820 gemacht und beschrieben. 3 Volumes and one Atlas - Verlag M. Lindauer, München.

Spix, Joh. Bapt. von & Martius,  C. F. Phil. von. 1824. Travels in Brazil, in the Years 1817—18, undertaken by Command of his Majesty the King of Bavaria. 2 vols. London; printed for Longman, Hurst, Rees, Orme, Brown, and Green.

Spix, JB. 1824-1825. Avium species novae, quas in itinere per Brasiliam annis MDCCCXVII-MDCCCXX jussu et auspiciis Maximiliani Josephi I Bavariae Regis suscepto collegit et descripsit.. Monachii :Typis Francisci Seraphi Hübschmanni. I, pp. 1-90, 91 Taf.; tom. II, pp. 1-85, 109 Taf

Sztolcman, Jan. 1926. Ptaki zebrane w Paranie. Étude des collections ornithologiques de Parana. Z wyników naukowych Polskiej Wyprawy Zoologicznej do Brazylij w latach 1921-1924. Annales Zoologici Musei Polonici Historia Naturalis 5(3):107-196.

Varela, Alfredo. 1985. El río oscuro. Madrid, Hyspamérica Ediciones.

Villa Posse, Eugenia. 1993. Mitos y Leyendas de Colombia. Editorial IADAP. Quito, Ecuador.

von Ihering, Hermann. 1899.  As aves do estado do Rio Grande do Sul. Porto Alegre : Gundlach & Krahe, 42 p.

Wied-Neuwied, A. P. Maximilien, Prince de. 1821. Voyage au Brésil, dans les Années 1815, 1816 et 1817. Tome Second. Paris, Arthus Bertrand.

Wied-Neuwied, Alexander Philipp Maximilian Prinzen zu. 1832. Beiträge zur Naturgeschichte von Brasilien. IV Band. Weimar, Im Verlage des Landes-Industrie-Comptoirs.

Wilbert, Johannes & Simoneau, Karin. 1990. Folk Literature of the Yanomami Indians. UCLA Latin American Center Publications. University of Califomia. 

EL RARO Y MELANCÓLICO GAVILAN DE LAS PATAS LARGAS (Geranospiza caerulescens)

                            Alex Mouchard                              Con el silencio violento de tu penacho azulejo hincas y ejerces un ...