"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas".

Michel Foucault-Las palabras y las cosas


lunes, 5 de octubre de 2026

YETAPÁ GRANDE (Gubernetes yetapa): CON LA COLA AL VIENTO

 

Alex Mouchard

 

“La cola de esta especie es extremadamente alargada y profundamente bifurcada, siendo las dos plumas exteriores las más largas y las otras disminuyendo rápidamente en longitud. Incluso cuando el pájaro está quieto, esta larga cola lo hace muy llamativo, pero cuando está vivo y en movimiento, hace de la cola un apéndice muy ornamental, levantándola para que caiga como las plumas de la cola de un gallo, y permitiendo que los largos penachos se agiten con gracia en la brisa”.

(Wood, 1885)

 


Scissor Tail -  Gubernetes forficatus

 Dibujo de William Swainson. (Jardine, 1833)



Las isla Apipé Grande es un enclave argentino en aguas paraguayas del río Paraná. Con sus  27.700 ha ofrece una variedad de ambientes isleños interesantes como selva ribereña, pajonales, depresiones con cañaverales, madrejones con vegetación palustre y lomadas arenosas cubiertas de isletas de bosque. Recorriendo el camino entre San Antonio y Colonia Uriburu pasé por un pastizal inundable donde crecían aislados algunos arbustos y a unos 500 m lo rodeaban formaciones de bosque ribereño, ya scontra la costa del río Paraná . Desde lejos ví que se acercaba volando una pareja de notables pájaros con sus largas colas flameando al viento. Se posaron cerca, en cables del tendido eléctrico,  e inicaron una extraña danza en medio de ásperas y estridentes vocalizaciones. Uno de ellos ejecutaba reverencias sacudiendo las alas mientras que el otro elevaba las alas extendidas hacia arriba. Parecía una proclamación territorial ejecutada con decisión y arrogancia, sin tomar en cuenta lo arriesgado que resultaba exponerse ante posibles depredadores. Se trataba de una pareja de yetapá grande, un ave de la familia de los tiránidos, la misma a la que pertenecen sus más famosos parientes: benteveos y tijeretas.

 

Pero a 10.000 km y 210 años de distancia se desarrollaban otros sucesos que habrían de involucrar a esta misma especie.

 

LA EXPEDICION

El 1º de abril de 1816 partía de Brest (Francia) la fragata L’Hermione con destino a Rio de Janeiro. A bordo se encontraba Charles Emmanuel de Montmorency, Duque de Luxemburgo,  embajador extraordinario francés ante la corte imperial portuguesa, radicada  en Brasil, tras huir de la invasión napoleónica. Este duque tenía la misión de recibir de los neerlandeses la devolución de la colonia de Guyana, de acuerdo con el tratado franco-portugués firmado en  Viena el año anterior (Straube, 2012).



      Charles Emmanuel Sigismond de Montmorency-Luxembourg, duc de Piney-Luxembourg.

Litografía por François Le Villain, circa 1800-1825. National Portrait Gallery, London. https://www.npg.org.uk/collections/search/portrait/mw73109/Charles-Emmanuel-Sigismond-de-Montmorency-Luxembourg-duc-de-Piney-Luxembourg



Como solía ocurrir en esa época, se aprovechaban estos viajes oficiales para enviar naturalistas para que, además de incrementar el conocimiento científico, investigaran los variados productos minerales, vegetales y animales de América, a fin de evaluar su posible explotación comercial.  En esta ocasión el botánico del Museo Real de Historia Natural de París, Auguste de Saint-Hilaire, solicitó al Duque de Luxemburgo, amigo de su familia,  permiso para participar del viaje, lo que le fue concedido porque además iba avalado por los profesores del Museo, quienes habrían de recibir el material obtenido durante la expedición.  Lo acompañaba el zoólogo Pierre Antoine Delalande, naturalista de 29 años de edad,  ayudante préparador en el Museo,  persona considerada y modesta, y  un colector hábil, metodico y dedicado que siempre realizaba una detallada inspección de sus ejemplares y, de ser posible,  los acompañaba de los correspondientes esqueletos.

Durante el viaje hicieron tres paradas: en Lisboa, Madeira y Tenerife, aunque resultaron demasiado cortas como para estudiar la naturaleza circundante. El 1º de junio de 1816 llegaron a destino y enseguida comenzaron a colectar juntos en Río de Janeiro y en sus alrededores (Papavero, 1971). Al poco tiempo Delalande debió regresar a Francia, acompañando nuevamente al embajador, según estaba previsto desde un principio. En cambio,  Saint Hilaire decidió permanecer en Brasil y se quedó durante seis años realizando varios viajes, especialmente por Minas Gerais y alcanzando el Río de la Plata. 

Delalande “no había podido extender sus investigaciones más allá del área alrededor de Río de Janeiro” (Saint-Hilaire, 1830).  Al parecer coleccionó en las selvas del Corcovado y llegó hasta la Serra dos Orgãos. Pese a que Saint Hilaire señalaba: “En los alrededores de Río de Janeiro, los cazadores, y probablemente también los coleccionistas, han reducido significativamente el número de aves y cuadrúpedos: ya no se encuentran monos, y hay muy pocos loros y tucanes” (Saint-Hilaire, 1830), Delalande logró llevar a Francia una nutrida e interesante colección, incluyendo aves, mamíferos, peces  e invertebrados (Varley, 1956; Papavero, 1971).


Casa que habitó el Duque de Luxemburgo durante su estadía en Río de Janeiro

 y que quizás también albergó a los naturalistas de la expedición

 (Saint-Hilaire, 1830).



Sant Hilaire así se expresó sobre la partida de Delalande y sobre las dificultades que enfrentaban los colectores: “Me entristeció ver partir a Europa al Sr. Delalande, mi compañero de viaje; este incansable naturalista era prácticamente irremplazable. Sin embargo, deseando que su partida de Brasil pasara más desapercibida para los zoólogos, durante mi estancia en Ubá comencé a recolectar insectos, aves y pequeños cuadrúpedos. Hasta mi regreso a Francia, dediqué a ampliar mis colecciones de animales todo el tiempo que me quedaba libre de mis observaciones botánicas. Desafortunadamente, me vi obstaculizado por las dificultades del transporte, la extrema humedad y un sinfín de otros problemas, cuyos detalles excederían el alcance de esta introducción” (Saint-Hilaire, 1824).

No quedan claros los motivos por los cuales Delalande no se quedó con Saint Hilaire. Quizás no gozaba de buena salud porque durante sus viajes “tanta fatiga y trabajo habían dañado su salud” (Saint-Hilaire, 1830).  Quizás quería asegurarse la  custodia de sus colecciones hasta Paris. De todas formas Saint Hilaire lo reemplazó por el preparador Yves Prégent, quien habría de enfermar y morir durante el viaje,  en São João del Rei (Minas Gerais).


Selva virgen en Río Bonito (Río de Janeiro) hacia 1816/1818.

Dibujo de Charles Othon Frédéric Jean-Baptiste, conde de Clarac, quien acompañó  en el viaje al Duque de Luxemburgo.

(Musée du Louvre / Thierry Le Mage) https://collections.louvre.fr/en/ark:/53355/cl020513320



 La notable variedad de aves recolectadas por Delalande, una vez llegadas al Museo, fueron estudiadas por  Louis Pierre Vieillot (Azevedo, 1955). El grupo que más  parece haber interesado a Delalande fue el de los picaflores, y de sus ejemplares Vieillot describió una docena de especies, incluyendo el picaflor negro (Florisuga fusca), el hermoso colibrí de copete rojo (Stephanoxis lalandi), nombrado en honor de nuestro personaje,  y la espectacular coqueta magnífica (Lophornis magnificus) (Oliveira Pinto, 1979). Otros ornitólogos describieron más aves nuevas, ellos fueron Charles Henri Frédéric Dumont de Sainte-Croix, Barón Nöel Frédéric Armand André de Lafresnaye, Coenraad Jacob Temminck y René Primevère Lesson.

 


Gubernetes Cunninghami

Dibujo de James De Carle Sowerby (Such, 1825-1826)


 

EL YETAPA

En su breve estadía en Brasil Delalande llegó en sus recorridas hasta Sumidouro (Serra dos Orgãos), y al atravesar la región que se extiende entre la bahía de Guanabara y dicha sierra,  probablemente  capturó allí al extraordinario tiránido que motiva nuestra nota. Aún hoy en día se lo puede encontrar en esa zona, incluso cerca de lugares muy poblados como los alrededores de Saracuruna (https://ebird.org). Lo cierto es que su colección de ejemplares incluido el yetapa grande arribaron junto con él a París y fueron estudiados por Vieillot (Vieillot, 1819) que describió al yetapá con el nombre de Tyran Bellot, y en latín, Tyrannus bellulus, es decir “tirano lindo”). No advirtió Vieillot (1818) que ya había descripto a esta misma especie en base a la obra del ineludible Félix de Azara (1802),  quién lo llamó Yiperú porque “así le llaman algunos Guaranís, y otros Yetapá (Tixera), aludiendo a que para suspender el vuelo abre mucho y cierra la cola, que es muy larga”.  Azara señalaba que habita “las albercas y sus inmediaciones en familias”, que se posa “en los juncos y arbolitos” y que baja “al suelo por lombrices e insectos, que también pilla al vuelo si le pasan inmediatos”.  También indicó que canta con fecuencia con silbidos poco variados y que suelen pelear por las presas que atrapan.

En su manuscrito Azara comentaba: “Siempre he visto esta avecilla en número de dos, 3, o 4 a lo más, en los juncos o pajas de los bañados. Vuela poco y vive de insectos volantes, según infiero de haberla visto hacer sus salidas y caracoles cortos para coger su presa, que vio anticipadamente. Aunque en todas partes se hallan insectos, no sale esta ave a buscarlos fuera del bañado. Jamás he visto que esta ave pare en árbol, ni en el suelo, ni en el agua, es común, aunque no abundante” (Scavone Yegros, 2022).

Al verlos en grupos los consideró sociable como los Tordos (ictéridos) y lo incluyó entre éstos y no entre los Colas Raras donde agrupaba a los otros yetapáes.

Comos  veremos a continuación  no es mucha la información que aportaron los distintos naturalistas de fines del siglo XIX y principios del XX  sobre el comportamiento de esta especie.  Así Ernest White (1882) encontró una pareja en un gran estero en Itapuá (Misiones) y observó que “vuelan en pareja cerca del suelo con un movimiento ondulante, posándose en una gramínea alta”. Sólo les escuchó una única nota en vuelo o poco antes de lanzarse a volar, y determinó que sólo comían hormigas.



Muscicapa longicauda

Dibujo de Matthias Schmidt (Spix, 1824-1825)



William Foster (Chubb, 1910) lo colectó en Sapucay (Paraguay) entre 1902 y 1904: “Su hábitat favorito son los terrenos pantanosos rodeados de bosques, donde haya bundante vida insectil … la percha usual es algunos de los árboles bajos del bañado. Generalmente se lo encuentra en parejas todo el año, y nunca lo vi en grandes números. Su alimento consiste en insectos, capturados en vuelo … El nido es construido en una mata densa y apretada de gramíneas palustres, y la puesta completa es de tres huevos”. Foster consideraba que éste era el veradero güira yetapa de los guaraníes, ya que la tijereta (Tyrannus savana) es migratoria y no se la encuentra todo el año.

En Las Palmas (Chaco) Alexander Wetmore (1926) vio un grupo de tres pasando sobre la sabana abierta “con vuelo recto, algo inclinado y las colas ondulando. Su llamada era una nota áspera que puede representarse como un rut rut”.

Hans Krieg (1959) observó el extraño comportamiento defensivo de dejarse caer desde su percha en el tetapá grande:  “en vuelo, siempre se dejaba caer en picado desde el arbusto alto en el que suele posarse en las estepas húmedas y herbáceas,  y luego permanecía inmóvil y muy difícil de encontrar, con la cabeza hacia abajo y las largas plumas de la cola, parecidas a pastos, apuntando verticalmente hacia arriba. Este comportamiento también puede interpretarse como un caso especial de ocultarse, como encontramos como último recurso en otras aves. Ofrece mejor protección contra las aves rapaces que huir volando”.

 

Con respto al despliegue que observé y que parece ser una proclamación territorial, Ricardo Belmonte-Lopes lo describe así: “Entonces, los individuos balanceaban el cuerpo y la cola longitudinalmente, batiendo las alas y emitiendo una vocalización propia de esta exhibición; mantenían la cabeza erguida para luego bajar súbitamente el cuerpo, acompañando el movimiento con un chasquido del pico y un aleteo. Junto con estos movimientos corporales, tanto el macho como la hembra batían las alas a frecuencias diferentes: el macho lo hacía con mayor rapidez, sin extenderlas siempre por completo, mientras que la hembra realizaba aleteos más lentos, extendiendo las alas totalmente” (Belmonte-Lopes, 2008).

 


 

TIJERAS Y LEYENDAS

 

Como relató Azara los guaraníes llamaban a todo pájaro de cola larga güira-yetapá, de güira, ave, y yetapa, tijera. Obviamente antes de la conquista española los indígenas desconocían las tijeras pero adaptaron a ellas una palabra que ya existía. La raíz etáb, cortar, y su reflexivo yeetá, cortarse, dieron yeetapáb = tijeras (Fernandes de Mello, 1879).

En el portugués brasileño otros nombres que se le dan al yetapá grande se refieren a su larga cola de tijera: tesoura do campo (tijera del campo) y tesoura do brejo (tijera del pantano).

Con respecto a yiperú, el nombre que le dio Azara, parece derivar de ye pe ru =  esquinado o desviado,  y podría referirse a  su forma de volar en diagonal, debido a la acción del viento sobre su cola larga (Fernandes de Mello, 1879, y ver más arriba la observación de Wetmore).

Los guaraníes no tenían una leyenda que se aplicara especialmente al yetapá grande, pero sí a los yetapáes en forma genérica. En  una leyenda, recogida por Fernando Laprovitta, el dios Tupã determinó que al morir una persona las almas subieran al cielo mediante unas alas invisibles que el dios les enviaba con unos mensajeros. Una vez que el ñeʼã  o alma llegaba al cielo, Tupã con esas alas creaba un ave que tenía las mismas costumbres que el finado.

En un campo rodeado de montes y altos pastos, cerca de un río, hábitat propicio para el yetapá grande, vivía una chica junto a su madre enferma. La joven trabajaba como costurera a la vez que cuidaba a su madre, pero ésta, a pesar de la atención, finalmente murió y la hija cayó  en la depresión y la tristeza y también falleció. Entonces Tupâ condujo su alma al cielo y creó con ella un ave de colores modestos, como el yetapá, para concordar con la sencillez de la chica. Sólo una cosa le pidió ella, que le diera una tijera para recordar su anterior vida de costurera, y el dios le dio una tijera de plumas, en forma de larga cola. En este relato se destaca la falta de contención social, concepto que provendría de fuentes europeas a través de la influencia jesuita. Esta contención, que sí tenían los guaraníes, se daba en el ámbito de la tekohá, el espacio sagrado donde se desarrollaba la vida social y se conservaba la lengua, el folklore y  la memoria de los antepasados (Laprovitta, 2016).

 

 

 

Retrato de Pierre Antoine Delalande, hacia 1821.

Bibliothèques d'Université Paris Cité.
https://www.biusante.parisdescartes.fr/histmed/image?impharma_fi010x039




SU VIAJE MÁS FAMOSO

Pierre Antoine (François en su partida de nacimiento) Delalande nació en Versalles (Francia) el 27 de marzo de 1787. Era hijo de Michel Adrien Alexis Delalande, taxidermista del Museo de Historia Natural de París, y desde muy joven aprendió el oficio junto a sus padre en esa institución. Se formó también como pintor de animales con Jean-Baptiste Berré en el Jardín des Plantes. Fue asistente del zoólogo Geoffroy Saint-Hilaire lo acompañó en 1808 a Portugal, donde a impulos de la invasión napoleónica realizaron una criticada apropiación de los materiales llevados al Museu d’Ajuda (Lisboa, Portugal) por el naturalista brasileño Alexandre Rodrigues Ferreira a fines del siglo XVIII. En honor a la verdad esos ejemplares, además de estar mal conservados, nunca habían sido estudiados por los naturalistas portugueses. El botín llevado al Museo de París incluía 1507 mamíferos, aves e insectos, 2855 plantas secas y 25 cajas con otros especímenes vegetales (Lamy  et al., 2016).

 El viaje más famosos de Delalande fue el que realizó al sur de África donde, junto al hijo de su hermana Joséphine, Jules Verraux, de apenas 12 años (!), realizaron tres expediciones entre noviembre de 1818 y septiembre de 1820, recorriendo buena parte de las costas de la actual Sudáfrica. De regreso llevó al Museo 13.405 especímenes zoológicos, entre ellos un esqueleto completo de ballena, jirafas, 2205 aves (de 280 especies) y restos humanos. También llevó una colección de minerales, insectos y un gran herbario (Prevost & Balteau, 1933). En el proceso de conseguir el esqueleto de un rinoceronte, Delalande  cayó de su caballo y sufrió una grave lesión en la cabeza y una fractura de clavícula, pero sin embargo obtuvo el ejemplar, lo que habla de su tenacidad (McCleland, 2024). Al regreso publicó un diario de su viaje (Précis d'un voyage au Cap de Bonne-Espérance, 1822).

Delalande falleció el 27 de julio de 1823, con apenas 36 años de edad, debido a “la cruel enfermedad que había contraído bajo cielos abrasadores y en la atmósfera fétida que se vio obligado a respirar al diseccionar una ballena de veinticuatro metros y medio varada en la costa del Cabo, un hipopótamo enorme en las marismas del río Berg y un rinoceronte de dos cuernos a orillas del río Great Fish” (de Berneaud, 1825).



Le Plumet Bleu ou L'oiseau-Mouche Delalande [Stephanoxis lalandi]

 (Lesson, 1832).



Entre otras especies que se le han dedicado podemos mencionar al mosquitero (Corythopis delalandi) y al colibrí de copete rojo (Stephanoxis lalandi). Al dedicarle esta última especie Vieillot escribió estas palabras: “Nuestro agradecimiento al Sr. Delalande hijo, un sentimiento que los ornitólogos compartirán, nos ha llevado a dedicarle de alguna manera la magnífica ave que nos ocupa, dándole el nombre de este estimable y celoso naturalista, a quien debemos el conocimiento de esta especie, así como de muchas otras que ha traído recientemente de Brasil y que eran desconocidas hasta entonces”( Vieillot, 1818b) .

 



-Azara, Félix de. 1802. Apuntamientos para la Historia Natural de los Páxaros del Paraguay y Río de la Plata. 3 tomos. Madrid, Imprenta de la Viuda de Ibarra.

-Azevedo, Fernando de. 1955. As ciências no Brasil. 2 volúmenes. Edições Melhoramentos, 811 páginas.

-Belmonte-Lopes, Ricardo. 2008.  Biologia e Comportamento da Tesoura-Do-Brejo (Gubernetes Yetapa, Aves: Tyrannidae) em uma área aberta antropizada.  Monografia de conclusão de curso para a disciplina Estágio em Zoologia - Curso de Ciências Biológicas da Universidade Federal do Paraná, Curitiba.

-de Berneaud, Thiébaut. 1825. Antoîne-Pierre Delalande. Mémoires de la Société Linnéene de Paris, Tome Troisième. Paris, Secrétariat de la Société Linnéenne.

-Chubb, Charles. 1910. On the Birds of Paraguay. —Part IV. The Ibis. Ninth Series. Nº 16. October 1910.
-Delalande, P. 1822. Précis d’un Voyage au Cap De Bonne-Espérance, fait par ordre du Gouvernement; lu à l’Académie Royale des Sciences en sa séance du 16 juillet 1821.
 Suivi des Rapports de Mm. les Professeurs Administrateurs du Jardin du Roi, et à l’Académie Royale des Sciences. Paris: Imprimerie de A. Belin.

-Fernandes de Mello, Tancredo. 1879. Vocabulário das Palavras Guaranis usadas pelo Traductor da «Conquista Espiritual» do Padre A. Ruiz de Montoya. En Annaes da Bibliothéca Nacional  do Rio de Janero. Volume VII. Rio de Janeiro, Typographia Nacional.

-https://www.biodiversitylibrary.org/

-Krieg, Hans. 1959. Tierpsychologische Beobachtungen in Sudamerika. Veröffentlichungen der Zoologischen Staatssammlung München, 1:1959.

-Jardine, William. 1838. The naturalist's library. Vol. 13. Edinburgh, W. H. Lizars.

-Lamy, Denis; Pignal, Marc; Sarthou, v & Romaniuc-Neto, Sergio. 2016. Auguste De Saint-Hilaire (1779-1853) (Un botaniste français au Brésil (Auguste de Saint-Hilaire (1779-1853): um botânico francês no Brasil). Publications scientifiques du Muséum, Muséum National d'Histoire Naturelle, Paris.

-Laprovitta, Fernando. 2016. Guyra: Reminiscencias míticas desde la fauna guaraní. Primera Edición. Corrientes: El Argos.

-Lesson, René-Primevère. 1832. Les trochilidées ou, Les colibris et les oiseaux-mouches. Paris, A. Bertrand.

-McCleland,  Dean. 2024.   Port Elizabeth of Yore: Delalande – the Naturalist versus Hudson, the Diarist. https://thecasualobserver.co.za/port-elizabeth-of-yore-delalande-the-naturalist-versus-hudson-the-diarist/

-Oliveira Pinto, Olivério Mário de. 1979. A ornitologia do Brasil através das idades (século XVI a século XIX). Brasiliensia Docuemnta XIII. Sao Paulo.

-Papavero, Nelson. 1971. Essays on the History of Neotropical Dipterology. Vo. I. Museu de Zoologia. Universidade de Sao Paulo,  Sao Paulo.

-Prevost, M. & Balteau, J. 1933. Dictionnaire de Biographie Française.  Paris : Letouzey et Ané.

-Saint-Hilaire, Auguste de. 1824. Histoire des Plantes les plus remarquables du Brésil et du Paraguay comprenant leur description, et des dissertations sur leurs rapports, leurs usages, etc. Tome premier. Paris, A. Belin.

-Saint-Hilaire, Auguste de. 1830. Voyage dans les provinces de Rio de Janeiro et de Minas Geraes. Première Partie. Tome Premier. Paris: Grimhert et Dorez.

-Scavone Yegros, Sebastián. 2022. Jiperu. Editorial AZETA S.A. https://www.abc.com.py/ciencia/2022/09/15/jiperu/

-Spix, J.B. 1824-1825.  Avium species novae, quas in itinere per Brasiliam annis MDCCCXVII-MDCCCXX jussu et auspiciis Maximiliani Josephi I Bavariae Regis suscepto collegit et descripsit.. Monachii :Typis Francisci Seraphi Hübschmanni.

-Straube, Fernando C. 2012. Ruínas e urubus: história da ornitologia no Paraná. Período de Natterer, 1 (1820 a 1834). Curitiba, Pr: Hori Consultoria Ambiental.

-Such, George. 1825-1826. Descriptions of some hitherto uncharacterized Brazilian Birds. The Zoological journal, 2(5-8)

-Varley, D. H. 1956. Pierre-Antoine Delalande, naturalist, and his Cape visit, 1818-1820. Quarterly Bulletin of the South African Library,  Vol. 11(1): 6-10.

-Vieillot,L. P. 1818. Nouveau dictionnaire d'histoire naturelle, appliquée aux arts, à l'agriculture, à l'économie rurale et domestique, à la médecine, etc. Tome 21. Paris, Chez Deterville.

-Vieillot,L. P. 1818b. Nouveau dictionnaire d'histoire naturelle, appliquée aux arts, à l'agriculture, à l'économie rurale et domestique, à la médecine, etc. Tome 23. Paris, Chez Deterville.

-Vieillot,L. P. 1819. Nouveau dictionnaire d'histoire naturelle, appliquée aux arts, à l'agriculture, à l'économie rurale et domestique, à la médecine, etc. Tome 35. Paris, Chez Deterville.

-Wetmore, A. 1926. Observations on the Birds of Argentina, Paraguay, Uruguay,  and Chile. Bulletin 133. Smithsonian Institution. Washington,

-White, E. W. 1882. Notes on Birds collected in the Argentine Republic. Proceedings of the Zoological Society of London, 1882.

-Wood, John George. 1885. Animate creation; popular edition of "Our living world" a natural history. Vol II. New York, S. Hess.


domingo, 6 de septiembre de 2026

EL PARASITISMO DEL CRESPÍN (Tapera naevia) Y LAS INSOSPECHADAS CONSECUENCIAS DE LA LEPRA.

 

Investigación, redacción y traducciones: Alex Mouchard

 

Mece el sueño su levísimo consuelo.
Y de pronto, suave y triste

siempre llevando una congoja sin fin,
echa a cantar su quejumbre
el lastimero crispín:
¡Crispín!... ¡crispín!...-, y el dulcísimo lamento
hace gemir las encarnadas raíces
y las vivencias del cuento…

 

Noche en el Poncho Verde - Franklin Rúveda (1952)

 


Crespín

Dibujo de Evaristo Méndez

Agradecemos la gentileza de su autor por permitir su publicación.

https://www.facebook.com/evaristo.mendez.5648/posts/cresp%C3%ADn-tapera-naevia-otro-dibujo-de-otra-ave-nativa-de-uruguay-esta-especie-lle/1521215479156414/




EL PARÁSITO

    El crespín (Tapera naevia) es un ave de la familia de los cucos (Cuculidae) que tiene una gran distribución en América, desde el sur de México hasta el centro de Argentina. Como su famoso pariente europeo, el cuco (Cuculus canorus), se reproduce como parásito, poniendo sus huevos en nidos de otras aves a las que deja el trabajo de incubación y crianza de los pichones. Sus huéspedes son una veintena de especies mayormente de la familia Furnaridae (horneros y sus parientes) y sobre todo del género Synallaxis (pijuíes).

    Los primeros informes científicos ignoraban este aspecto de su biología. Así por ejemplo Linneo  lo denominó  Cuculus naevius, basándose en la descripción de Brisson que lo nombró Le Coucou tacheté de Cayenne o  Cuculus cayanensis naevius (del latín naevius: manchada, naevus: peca, lunar). Este autor habría visto un ejemplar en el gabinete de historia natural del abate Jean-Thomas d'Aubry (1714- 1785), un coleccionista que recibía aves de Cayenne (Guayana Francesa).



Coucou tacheté de Cayenne

Dibujo de François Nicolas Martinet (Daubenton, 1765-1783)



    Es interesante destacar que transcurriendo el siglo XIX numerosos naturalistas, buenos observadores y recolectores de información sobre las aves neotropicales, ninguno haya sospechado o recibido información sobre los hábitos parásitos del crespín. Así por ejemplo podemos mencionar a Félix de Azara en Paraguay, Jan Sztolcman en Perú, Alexander Maximilian zu Wied-Neuwied y Hermann Burmeister en Brasil, Antoine Léotaud en Trinidad, Robert Schomburgk en Guyana, Walter Barrows en Entre Ríos (Argentina), Charles Cleveland Nutting en Nicaragua, y George Cherrie en Costa Rica. Ninguno de ellos pudo dar noticia sobre la reproducción del ave, a pesar de que su nido fue buscado con interés, aunque infructuosamente:

     “No encontré el nido; probablemente lo construye en un matorral denso, pues a menudo he oído a machos y hembras en esos lugares durante días enteros sin que la búsqueda dé resultado” (Wied, 1832).

    “Aún se desconoce dónde anida” (Burmeister, 1856).

    “Nunca he encontrado su nido” (Schomburgk, 1848).

    Salvin y Godman confiesan: “No tenemos conocimiento de ningún registro respecto de los hábitos de nidificación o los huevos de esta especie” (Salvin, & Godman, 1888-1904).

 

 

 

¿Dónde hay un nido de crispín, siquiera…?

 

Vuelve a tu aldea - Adán Quiroga (1904)

 

 

 

    Es recién en el siglo XX que este comportamiento fue conocido gracias a los hermanos Penard, protagonistas de nuestra historia (Payne, 2005).

    Los hermanos Frederik Paul y  Arthur Philip Penard publicaron De Vogels van Guyana en dos volúmenes (1908-1910), un detallado estudio de las aves de Surinam, la colonia holandesa en las Guayanas.  En realidad Frederik fue el redactor y Arthur el que se encargó de las técnicas ornitológicas.

    En el segundo volumen (Penard & Penard, 1910) los Penard informaron por primera vez a la ciencia sobre el parasitismo de cría de los crespines, a los que en neerlandés llamaban gestreepte koekoek, o sea “cuclillo rayado” y que en Surinam se conocían como kees o dreetins:

    “D. n. [Diplopterus naevius, antiguo nombre científico de los crespines] se reproduce principalmente durante la primera mitad del año. La hembra deposita sus huevos en los nidos de otras aves y, por lo tanto, al igual que el cuco europeo y nuestros tordos gigantes [Molothrus oryzivorus], deja el cuidado de sus crías en manos de otros. Busca especialmente los nidos cerrados de los pijuíes Synallaxis. Por lo general, solo se encuentra un huevo parásito en cada nido, junto a los huevos de los legítimos dueños, y todos en la misma etapa de incubación. Sin embargo, los huevos parásitos suelen depositarse antes que los de las víctimas; esto se dificulta posteriormente, ya que los pijuíes, al ser buenos incubadores, rara vez abandonan sus huevos”.

    “Una vez me trajeron un nido de S[ynallaxis] cinnamomea [pijuí de pecho estriado] con nueve huevos, cuatro de los cuales eran parásitos. No obstante, nunca se observa más de un crespín siguiendo a los padres adoptivos, lo que justifica la suposición de que los polluelos parásitos, de rápido crecimiento, asfixian a los pequeños pijuíes en el nido o los expulsan. Para comprobarlo, coloqué un huevo de crespín a punto de eclosionar en el nido de un canario doméstico común, que acababa de tener dos polluelos. Al día siguiente, el huevo de crespín también eclosionó, y al mediodía encontré a los dos canarios jóvenes muertos en el fondo de la jaula y al pequeño parásito desnudo ocupando el nido. La canaria ya había criado con éxito varias nidadas, y si no hubiera colocado el huevo de crespín en el nido, habría cumplido fielmente con sus deberes maternales también esta vez. El joven crespín murió a los dos días, probablemente porque su estómago no toleró la comida de los canarios, las semillas, etc.”.


Sassi. Coucou Vieillard. Coccyzus vetulus.

Dibujo de Jean Théodore Descourtilz (Descourtilz, 1854-1856)




    “Los huevos del crespín son de un azul claro apagado, casi sin brillo, generalmente elípticos, rara vez ovalados o redondeados. El tono azul varía enormemente, desde un azul verdoso oscuro, casi como los huevos de Leucophoyx candidissima [Egretta thula, la garcita blanca chica], hasta un color casi blanco, a menudo con manchas irregulares, como nubes o tiza. Los huevos incubados tienen un tono mucho más claro que los frescos. Una vez me trajeron un nido de S[ynallaxis] gujanensis [pijuí de corona parda] con cuatro huevos pertenecientes a sus legítimos dueños y un huevo de crespín, todos parcialmente incubados, y solo después de prepararlos pude distinguir los huevos de ambas especies”.

    “… Los huevos varían mucho de tamaño. Muchos de los huevos también se depositan en el suelo, probablemente procedentes de aves jóvenes con poca experiencia. Según mi experiencia, los huevos de Diplopterinae [subfamilia del crespín, actualmente subfamilia Neomorphinae] se encuentran únicamente en nidos cerrados o en huecos de árboles; y específicamente de aves insectívoras, que también ponen huevos sin manchas, aunque se afirma que las ratonas comunes, Troglodytes furvus [Troglodytes musculus]  también podrían estar entre las víctimas. Aunque esto no es del todo seguro, estas pequeñas aves, al igual que sus parientes europeos, poseen un fuerte instinto maternal que las impulsa con frecuencia a cuidar de las crías de otras aves. Ninguno de los Diplopterinae perfora los huevos de las aves cuyos nidos utilizan” (Penard & Penard, 1910).

    “Los polluelos, diminutos, ciegos y sin plumas, crecen con extrema rapidez, y el número de pijuíes que perecen anualmente en esta lucha por la supervivencia es realmente asombroso. No es de extrañar, además, que estas pequeñas aves marrones sean tan silenciosas y prefieran los lugares más oscuros y con vegetación más densa. Por desgracia, aunque la red de ramas caídas sea impenetrable incluso para  la sapakara [la iguana overa, Tupinambis teguixin], los crespines, sigilosos y acechantes, consiguen descubrir los nidos más recónditos; y entonces el destino de los jóvenes pijuíes queda sellado irrevocablemente”.

    “Cabe señalar también que, aunque lo he intentado, no he logrado descubrir ninguna diferencia entre los huevos del cuclillo azul [pájaro báquiro, Neomorphus rufipennis] procedentes de los nidos de las distintas especies de Synallaxis. Esto probablemente se deba a que los pijuíes se diferencian tan poco entre sí en plumaje, estilo de vida, nidos y huevos que no se han formado grupos de individuos entre los parásitos, como ocurre con el tordo gigante…  y el cuco europeo. Los huevos de los Diplopterinae son muy pequeños en proporción al tamaño del ave, lo que no sucede con los demás cucos no parásitos; sin embargo, las cáscaras no son más gruesas ni duras que las de los huevos de los pijuíes”.

    “Por lo que he podido observar, ambos cuclillos [se refiere al crespín Tapera naevia y al yasiyateré chico Dromococcyx pavoninus], al igual que los cucos típicos, ponen sus huevos con intervalos de uno o más días; al menos en los nidos de las víctimas, ocasionalmente se encuentra un huevo parásito y, solo después de dos o más días, otro, siendo ambos huevos, sin duda, procedentes de la misma ave por su forma y color. Durante el tiempo que la hembra de crespín debe poner sus huevos, merodea por los alrededores del nido del pijuí e incluso duerme en los arbustos cercanos. Esto suele durar más de una semana, ya que los pijuíes necesitan tiempo para construir sus grandes nidos. En mi opinión, la hembra de crespín puede llevar en su vientre a su antojo durante uno o dos días el huevo que pretende poner, esperando una oportunidad favorable para depositarlo; sin embargo, con frecuencia irrumpe en el nido del pijuí, expulsa a los dueños, pone su huevo e inmediatamente se marcha para buscar otro nido donde pueda poner su segundo huevo, aunque, como se mencionó anteriormente, hay muchos individuos que utilizan un solo nido para toda su nidada”.

    “De lo anterior se desprende que, si bien el instinto de nuestro diplopterino es perfecto en ciertos aspectos, es inferior al del Cuculus europeo. Como Darwin ya señaló, podemos suponer con casi total certeza que, debido a la ovoposición anómala de las distintas especies de cucos, estas aves desarrollaron el instinto de depositar sus huevos en nidos ajenos; es decir, que antiguamente los cucos europeos, al igual que las especies americanas, ponían sus huevos en nidos construidos por ellos mismos, aunque con un lapso de uno o más días, y criaban a sus polluelos. Darwin desconocía la existencia de cucúlidos americanos con un instinto casi idéntico al del Cuculus canorus europeo” (Penard & Penard, 1910).


Tapera brasiliensis

(Thunberg, 1819)



 

OTROS OBSERVADORES

    En realidad la  primicia la tuvo Santiago Venturi que en Argentina ya había observado sobre el crespín que “esta ave pone uno o dos huevos en el nido de Synallaxis cinnamomea russeola [Certhiaxis cinnamonea russeolus, el curutié rojizo] y probablemente en los de otras aves: los huevos de Synallaxis perecen y el polluelo se desarrolla. Es muy agresivo incluso cuando es muy pequeño y sin plumas, pues pica la mano de cualquiera que se le acerque. Cuando lo encontré por primera vez, el 8 de noviembre de 1905, no pude explicar el fenómeno: me llevé el polluelo a casa para criarlo. Los dos primeros días no conseguí que comiera, pero luego se volvió más dócil y, con mucha paciencia, logré criarlo. El 28 de diciembre de 1905 encontré otro nido de Synallaxis cinnamomea russeola, pero contenía dos polluelos ya bastante grandes: también allí se encontraron los huevos del dueño en el fondo del nido” (Hartert & Venturi, 1909).

    Venturi reconocía que “el Sr. Dinelli hizo algunas observaciones interesantes sobre este cucúlido. Recogió dos polluelos de nidos de Synallaxis superciliosa (Synallaxis azarae superciliosa, el pijuí ceja canela] uno en Tucumán y el otro en Santiago del Estero. Crió a uno alimentándolo exclusivamente con insectos; el ave parecía preferir las orugas. Observó que en el lugar donde canta el 'Crispín', debe haber una pareja de Synallaxis superciliosa construyendo sus nidos cerca” (Hartert & Venturi, 1909).

    Obviamente los Penard no tenían noticias de esto, aislados como estaban  a causa de su enfermedad y siendo las publicaciones casi simultáneas. Poco después otras observaciones confirmaban lo que los hermanos habían informado. Así von Ihering (1914)  decía que “Hace unos años encontramos un polluelo de Tapera naevia en un nido de Synallaxis spixi Sclater. Desde entonces, sospecho que el Sacy puso su huevo en el nido de dicha ave”.

    Y detallaba con precisión este hallazgo: “El preparador del museo, el Sr. João Lima, encontró el 21 de octubre de 1913 tres huevos de Synallaxis y otro ligeramente más grande, de aspecto diferente, ya que era blanco, muy liso y carecía del tono blanco verdoso característico de los huevos de Synallaxis. Al preparar los huevos, se observó que estaban bien incubados, y el examen de los embriones reveló características en la estructura del pie, el tarso y la cabeza que no dejan lugar a dudas sobre la identidad de este huevo. El embrión de Tapera es fácil de reconocer no solo por su tamaño, ojos grandes y tarsos cortos y gruesos, sino especialmente por la formación del pie, que es muy similar al de un cuculino. El cuarto dedo está dirigido hacia atrás, aunque no tanto como en el ave adulta” (von Ihering, 1914).

    Al preguntarse sobre las aberturas accesorias que se observan muchas veces en los nidos de los pijuíes especulaba lo siguiente: “Al indagar sobre la forma en que la hembra del Sacy pone su huevo en el nido del Synallaxis, no se puede asumir que esta ave, relativamente grande y con su larga cola, pueda acomodarse dentro del nido, entrar por la estrecha abertura, depositar el huevo y salir por el mismo camino. El diámetro de la abertura es insuficiente para ello. Para lograrlo, el Sacy debe retirar parte de la pared del nido, creando así una nueva abertura por la que introduce el huevo recién puesto en la cámara del nido, sujetándolo con el pico”. Posteriormente los pijuíes taparían el agujero dejando el nido reparado.

    Más tarde Jan Mogensen contaba que “hace poco, tuve oportunidad de revisar un nido de leñatero (Ph[acellodomus] rufifrons) en el que encontré un pichón de crespín. Estaba solo en el nido que tal vez había sido abandonado por los pichones del leñatero ya criados, aunque el joven crespín, muy voraz, suele acaparar para sí todo el alimento que traen los padres adoptivos. Comen insectos, sobre todo langostas, pequeñas pero enteras, y otros restos que no pude identificar”.

“… Es probable que el crespín, criado por leñateros, vuelva al año siguiente para depositar sus huevos en el mismo nido, recordando el camino y la morada nativa. Los leñateros demuestran agitación cuando el crespín se acerca al nido, pero no huyen, a pesar de que es indudable que el crespín come también huevos y pichones de otros pájaros. Otra especie de leñatero (Ph[acelodomus] ruber) suele ser también padre adoptivo del crespín. He visto a una pareja que alimentaba a ·un pichón recién salido del nido, pero que ya volaba. El nido vacío estaba próximo a un cerco vivo. Esta especie no construye su nido con tanto esmero como Ph. rufifrons y trata de ocultarlo en arbustos bajos. A mi parecer, el crespín vuelve al mismo lugar cada año, en la época de la reproducción y elige también los mismos padres adoptivos”. (Mogensen, 1927)

    De allí en más muchas observaciones confirmaron este parasitismo aunque aún no tenemos un estudio minucioso del mismo, como si lo hay de otras especies.

 

 

 

“No es solamente durante el día que se escucha al naevius; sino también de noche, a toda hora. El silencio, la calma y la oscuridad que reinan entonces, dan a su canto algo de triste y lastimero; el ave parece haber perdido su compañera para siempre; la llama, gimiendo, como para exhalar su dolor” (Léotaud, 1866).

 

  

                             

LOS HERMANOS CONFINADOS

    Los hermanos Penard pertenecía a una familia francesa que probablemente por ser protestantes tuvieron que emigrar a Holanda, desde donde,  en el siglo XVII, se trasladaron a la colonia holandesa de Surinam. Además de poseer varias grandes plantaciones el padre, Frederik Paul era un comerciante poderoso. Se casó con Philippina Salomons y tuvieron cuatro hijos de los cuales los tres primeros se vieron atraídos por el estudio de la naturaleza, especialmente por las aves. Surinam es un país que cuenta con una gran biodiversidad, ya que con una superficie similar a la de la provincia argentina de Córdoba, cuenta con 745 especies de aves, más del doble de las que tiene dicha provincia (Haverschmidt, 1949).

    Los tres naturalistas eran Frederik Paul “Frits” (nacido en  Paramaribo en 1876), Thomas Edward (ídem, 1878) y Arthur Philip (ídem, 1880). Frederik y Arthur comenzaron su afición desde niños. Según cuenta Frederik: “Desde muy joven siempre tuve una cierta preferencia por el coleccionismo. Mi madre cuenta que a los cuatro años ya coleccionaba todo tipo de objetos y también buscaba la almendra más pequeña del mundo. Esta tendencia a la investigación la he mantenido durante los años escolares y posteriormente” (Penard & Penard, 1908).

    Cuando Frederik tenía 13 años y Arthur 9,  mostraron ambos síntomas de lepra por lo cual tuvieron que abandonar la escuela primaria y vivieron recluidos en la casa familiar por el resto de sus vidas. Thomas y William, el hermano menor, fueron enviados a Estados Unidos para evitar contagiarse con la enfermedad. Semejante desgracia habrá implicado un duro impacto en la madre a quien dedicaron su obra magna con estas palabras: “Dios te bendiga, Madre, por tu amor incondicional y abnegado. Pocos han soportado lo que tú has tenido que soportar en esta vida, pero nunca flaqueaste…” (Penard & Penard,  1908).  A su vez la madre destacó cómo “sin ninguna ayuda y con incansable energía Frederik no sólo se desarrolló él mismo sino que además enseñó a su hermano menor (Arthur) permitiéndole así educarse y transformarse en su colaborador  en el posterior trabajo científico” (Haverschmidt, 1949).

    Iniciaron una colección de pieles y huevos en 1896 y, como ellos estaban impedidos de hacer trabajo de campo, debieron recurrir a numerosos colectores a quienes supieron agradecer en el prólogo de su obra ya que informaron que la misma fue “recopilada a partir de las colecciones y descripciones locales de numerosos cazadores profesionales, pescadores, indígenas, etc., es decir, personas que se ganan la vida en el bosque y los arroyos” (Haverschmidt, 1949). Los principales colectores fueron indígenas caribes y arawaks: Sasamali Johannes Baptist Karwafodi, Saka, Pishot, y Maipuli; y los cazadores Eduard Charmes, J. van Gene, Adriaan Park, Chunkoo  y los hermanos Graanoogst (Bangs & Penard, 1918; Penard, 1924/1925; Rybka, 2023).

    Como vimos, el trabajo fue repartido: Arthur contactaba con los colectores, obtenía información de parte de ellos que volcaba en notas,  y controlaba la preparación de los especímenes, que estaba a cargo de Charlotte Rijhiner, Georgetina Lennep, y Anna Maria Hunsel. Esta actividad le permitió aprender la lengua de los colectores indígenas lo que le sería útil para obtener información sobre las aves y sobre el folklore de las distintas etnias. En tanto Frederik,  con todo ese material, redactó la obra. Toda su actividad ornitológica y su colección se realizaron en el piso superior de la casa familiar ubicada en Paramaribo sobre la costa del río Surinam. Dicha casa fue luego la casa de huéspedes de la empresa Surinaamsche Bauxite Maatschappij, que inició la explotación de bauxita en la colonia. 


Casa familiar de los hermanos Penard en Paramaribo

donde desarrollaron su actividad

( Google Maps – https://acortar.link/uA191L)



    Los Penard enviaron ejemplares e intercambiaron información con Philip Lutley Sclater, del Museo Británico, y con Adolph Nehrkorn, especialista alemán en oología. También enviaron pieles al Guyana National Museum, en Georgetown. Una vez redactada la obra, para poder publicar el primer volumen, tuvieron que vender su colección  al museo de Lord Rothschild en Tring (Inglaterra) donde fue recibida por Ernst Hartert. La colección de 875 pieles fue posteriormente vendida con otras colecciones al American Museum of Natural History, en New York (U.S.A.). Con respecto al segundo volumen, y por medio de gestiones hechas por Philippina ante el Dr. Fredericus Anna Jentink, director del Museo Nacional de Historia Natural de Leiden (Países Bajos), actual Naturalis Biodiversity Center, este profesional logró reunir fondos en el país para la publicación recibiendo a cambio para el museo la colección de 15.000 huevos de los hermanos Penard (Haverschmidt, 1949). Ambas obras tienen una cantidad de fotografías de las que no se da crédito y se supone que fueron tomadas por alguno de los hermanos o algún fotógrafo contratado por ellos.


Cabeza de Diplopterus naevius

(Penard. & Penard,  1910)


    Además de su obra ornitológica, los hermanos Penard publicaron 57 artículos sobre mamíferos de Surinam en el  periódico De Surinamer de Paramaribo, en 1905 y 1906. A éstos le siguieron notas sobre reptiles y sobre ecología del país (Husson, 1978). Nuevamente Philippina con la ayuda de Thomas gestionaron ayuda del museo de Leiden, a través de Eduard Daniël van Oort, su curador de aves, con el objeto de intentar la publicación en forma de libro de estos artículos, pero no pudo concretarse. Asimismo escribieron una obra en 3 volúmenes sobre los antropófagos adoradores de la Serpiente del Sol (De menschetende aanbidders der Zonneslang, 1907-1908), un estudio sobre psicología social de los indios caribes (Kari'na) de Surinam. Gracias al frecuente contacto con los indígenas que les suministraban aves para sus estudios, fueron adquiriendo conocimientos sobre sus leyendas,  su lengua y su mundo espiritual.  Muchos de sus textos se publicaron en la revista De Surinamer entre 1906 y  1909. Los hermanos se esforzaron por documentar esa cultura antes que desapareciera, y para ello redactaron un extenso manuscrito destinado a publicarse en forma de  enciclopedia sobre los caribes. Dicho material se conserva aún inédito en el Museo de Etnología de Leiden, donde también se guarda su colección etnográfica (Haverschmidt, 1949).

 

 

 

LOS FLAMENCOS

    Como muestra de la tarea de recopilación de relatos indígenas kari’na realizada por los hermanos Penard, transcribimos la siguiente leyenda sobre el origen de los flamencos (Penard & Penard, 1909):

 

“¿Por qué el flamenco o tokoko tiene el cuello y las patas largas?

 

    Incluso en la época en que los animales aún eran mitad humanos, los flamencos o gansos marinos (Phoenicopterus ruber) vivían juntos en bandadas, tal como lo hacen hoy. Pero en aquel entonces todavía tenían cuellos y patas normales. Solo se caracterizaban por su gran naturaleza ladrona. Mientras que otros indígenas cultivaban, ellos simplemente vivían de la yuca ajena. Esto disgustaba a los que habían sido robados, quienes decidieron vigilar y darles una buena paliza a los ladrones. Dicho y hecho. Pronto los flamencos llegaron sigilosamente y comenzaron a arrancar las raíces de yuca de la tierra. Los indígenas, que estaban al acecho, se levantaron y atacaron a los flamencos. Éstos se defendieron valientemente, pero aun así fueron atrapados, tironeados y estirados tan brutalmente que, cuando finalmente lograron huir, sus patas y cuellos se habían vuelto al menos tres veces más largos que antes. Y hasta el día de hoy, estas aves caminan contoneándose por el suelo y, para alimentarse, deben llevar sus largos picos entre las patas y bajo la cola. Ahí reside la razón de su constitución física, y no a causa del equipo que necesitan para pescar”.

 

 

 

 

    A causa de la lepra Frederik quedó mudo y falleció en 1909, con apenas 33 años. Arthur siguió preparando una nueva colección de aves que llegó a unos 2000 ejemplares (1912-1914), la cual envió a su hermano Thomas. Junto a éste, Arthur siguió reuniendo publicando sobre ornitología y sobre los indios caribes y los esclavos africanos. Habiendo quedado ciego,  se trasladó a una propiedad en el campo donde dictaba sus escritos a un ayudante (Husson,  1978). Arthur falleció en 1932 y fue sepultado junto a Frederik y a sus padres en el cementerio protestante de Paramaribo (Haverschmidt, 1949).

    Thomas, que se radicó en Arlington, Massachusetts (U.S.A.),  trabajó como ingeniero de la Compañía Edison. A partir de 1918 comenzó a actuar en ornitología, publicando con Outram Bangs, del Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard (U.S.A.),  el estudio de la colección que le había enviado Arthur, además de una treintena de trabajos, incluyendo el material obtenido en un viaje a Surinam en 1921. En 1930 debido a su trabajo de ingeniero y a su mala salud, dejó la ornitología y vendió su colección al mencionado museo,  falleciendo en 1936 tras una breve enfermedad.

    Si bien el libro de los Penard sobre las aves de Surinam fue pionero y muy extenso, abarcando unas mil especies,  se les critica el hecho de haber tenido que confiar en la información que les brindaban sus colectores, perdiendo así precisión científica, especialmente sobre la distribución a nivel local y  las fechas de reproducción de las aves. Por otro lado resulta asombroso lo logrado por ellos siendo que trabajaban recluidos, sin posibilidad de revisar material para comparar ni la literatura más reciente. En 1909, los hermanos Penard fueron premiados con una medalla de plata del Museo Colonial de Haarlem (Países Bajos) por sus aportes al conocimiento de la naturaleza y el folclore de Surinam (Habraken,  2012).

 

  

 

 

Al cantar el crespín,

en la tarde ardida,

cobriza y azul,

llorará, la zamba,

librando en el aire,

palomas  de música y luz

                            

       Zamba de un triste -  Jaime Dávalos y Eduardo Falú

 

 


Sacy (Tapera naevia)

( von Ihering, 1917)



 

LAS LEYENDAS

    El crespín o crispín presenta algunas particularidades que han dado origen a varias leyendas que tienen algunos rasgos comunes. Su canto monótono e inubicable y sus costumbres solitarias, sigilosas y ocultas dan pie para el desarrollo de los relatos y las creencias. El núcleo de las leyendas del crespín proviene del centro norte de Argentina (quizás de Santiago del Estero) y trata de una pareja, hermano-hermana o marido-esposa, en la cual por algún motivo como buscar una hierba medicinal, o castigar alguna infidelidad, descuido o maldad de la mujer, el varón se va y se pierde. Desconsolada, la mujer, transformada en ave, deambula llamándolo infructuosamente con ese canto persistente y triste que repite el nombre de su amado: ¡Crespín, Crespín!,  regresando todos los años para el mes de difuntos (noviembre), o  para las cosechas, cuando comienza a llorar y a lamentarse amargamente hasta convertirse en gusano (Cadogan, 1948).

 

 

 

Cres -pín! - y Cres-pín!- gritando,

va por las selvas buscando

su perdido compañero.

Pájaro inquieto y errante,

que saltas de rama en rama,

 yo sé a quién tu pico llama

al piar fiel y constante;

sé tus dolores de amante

y el misterio de tu canto;

 sé que padeces de encanto

porque al hado lo pediste;

 sé que por ser ave triste

has renunciado a tu llanto.

 

El crespín – Adán Quiroga (1904)

 

 

 

El crispín

Dibujo de Manuel Juan Laval (Lehman Nitsche, 1928)




 

    A pesar de que el etnólogo Roberto Lehmann-Nitsche y el botánico Alberto Castellanos decían que  estas leyendas provenían de pobladores de distintas localidades, el experto naturalista Andrés Giai afirmaba que nunca había escuchado estas leyendas en el campo y que podría tratarse de cuentos librescos.  Como sea, no serían leyendas de origen indígena sino criollo donde incluso se perciben algunos ingredientes europeos. Por otro lado, ninguna de estas leyendas se refiere a su forma parásita de reproducción, lo cual indica que este rasgo recién fue conocido cuando ornitólogos más dedicados, como los hermanos Penard, lograron desentrañarlo.

    En el nordeste brasileño creen que esta ave anuncia lluvias: “Cuando el Saci cambia su silbido, significa que el tiempo está a punto de cambiar” (Santos, 1938). Pero en el sur de ese país, un capítulo aparte es su asociación  con el mito del Sacy-pereré. Este Sacy o Çacy es un personaje mitológico bien conocido. Habitante de la selva con el aspecto de un niño o un enano, caboclo (mestizo de indio y negro), especie de duende de la selva con un solo pie y mano agujereada, que continuamente hace travesuras molestas pero inocentes como echar harina en los ojos de la molinera,  extraviar a los viajantes y montar en un cerdo para espantar a la piara. Sólo cuando se transforma en ave es temido ya que entonces hace infeliz a quien persigue y se dice que es un espíritu o una especie de demonio capaz de producir un encantamiento en sus víctimas.

 

 

 

Niña, mi niña

¿Quién te puso así tan triste?,

Seguro fue el Çacy

Que te hizo flor de su jardín.

Los amores del Çacy

Traen la muerte a su amada;

Reza a nuestra Señora

Para que te libre del mal, amén.

                                                                                      

                                              (Barbosa Rodrigues,  1890)

 

 

 

    A estas creencias contribuye su andar escondido y su engañoso canto: “Desde lejos, uno puede oír el mismo silbido característico durante horas, pero siguiendo ese sonido, uno siempre está o muy lejos o muy cerca, o muy a la derecha o muy a la izquierda; en resumen, cien veces el pájaro está o muy cerca o muy lejos” (Goeldi, 1894).

 

 

 

Tambores de demonios, girando.

De curupiras y sacis en celebración.

Entre risitas y silbidos siniestros.

                                                             

Pesadelo - Olavo Bilac (1919)

 

 

 

    Probablemente esta creencia proviene de los pueblos indígenas de Brasil para los que el Saci se relaciona con lo mágico y sus plumas se conservan como amuletos.  “Entre los indios goytacas vive un ave sagrada, ya que recibe en sí las almas de los hombres muertos” (Martius, 1863). También entre los indígenas mundurucúes, el saci era portador de las almas de sus antepasados que venían de visita (Câmara Cascudo, 1947).  De allí que algunos derivan el nombre brasileño saci de h-ã-cy = madre de las almas, aunque el nombre también parece ser onomatopéyico.


Diplopterus naevius - Adulto y juvenil

(Goeldi, 1900-1906)




    Sobre este tema una leyenda del rio Solimões (Amazonas) recopilada por Barbosa Rodrigues  (1890) cuenta lo siguiente:

    Un cacique tenía dos hijos  a los que su tío  les pide ayuda para desmontar un sector para sembrar. Al llegar al bosque, el tío que los odiaba los emborracha y los mata.  Después, uno de los asesinados le preguntó al otro: "¿Qué soñaste?". Y el hermano le respondió que había soñado que se pintaban con carayurú (pigmento vegetal), aunque en realidad el color rojo que llevaban en sus ojos era sangre, y esto explica el color de los ojos del ave y cierto tono de su plumaje.  Más tarde los hermanos vuelven a la casa de su abuela y le dicen: "Abuela, ya no somos personas, solo espíritus, te dejamos, y cuando nos oigas cantar '¡Tincuan! ¡Tincuan!' huye  a tu casa, y cuando cantemos 'Ti... ti... ti' entonces nos reconocerás". Entonces, se transformaron en un  ave de mal presagio: el Matim-taperera.

    Debe tenerse en cuenta que la asociación de estos personajes míticos con las aves no es precisa. El Matim-taperera puede referirse según Barbosa Rodrigues al uirá-payé, alma de gato o tingazú (Piaya cayana), ya que esta ave tiene iris rojos y la piel desnuda que rodea el ojo también es roja como refiere la leyenda. Mientras que el Sacy correspondería más con al crespín.

    Sobre este personaje también conocido en el Amazonas brasileño como Matim-taperé y Matinta-pereira se ha generado en pescadores de Itapuá (Pará, Brasil) un complejo ciclo psicopatológico donde a través de la acción de un hechicero o payé el ave se introduce en el cuerpo de una mujer (a veces un hombre), precisamente por entre los omóplatos, donde le ocasiona fuertes dolores y la persona se pone demacrada y de un feo color amarillo. Esta enfermedad llamada paruá probablemente sea malaria o alguna otra parasitosis y los afectados son discriminados por los demás pobladores. El ave, denominada entonces papagaio, no permanece allí sino que también por influjo del payé, desarrolla alas y la víctima adquiere la capacidad de volar transformándose en un nuevo Matim-taperera que a su vez vuelve a infectar nuevas víctimas originándose un ciclo sin fin (Marques, 2010).

 

 

 

Matintaperera viene a la tardecita a buscar

El tabaco que le prometí anoche:

Que Dios me libre de que me traiga mala suerte…

¡Ah! Matinta, Vieja Negra, Madre Loca, Pata de Pato,

Que Dios me libre de que me traiga mala suerte…

Matintaperera llegó al claro e inmediatamente silbó…

Al fondo de la habitación, Manduca Torquato se quedó paralizado de miedo.

 

Canción de Antônio Tavernard y Waldemar Henrique (1933)

 

 

 

EXTRAÑOS NOMBRES

    En Surinam, al crespín se le dice jorka-fowroe (Pájaro fantasma), al igual que a los atajacaminos, debido a que por su pico corto, su plumaje moteado y el hecho de que permanecen principalmente en el suelo en lugares oscuros se asemejan al estilo de vida de éstos (Penard & Penard, 1910).

    Otro nombre que registran los Penard es wife-sick que parece ser onomatopéyico, aunque a partir de su significado de “esposa enferma” algunos dicen que las melancólicas notas que lanza desde la espesura recuerdan a una mujer afligida llamando a su marido. Como ya vimos hay varias leyendas en argentina que desarrollan esta interpretación.

    En  Trinidad se les llama cuatro alas porque en determinadas circunstancias extiende las plumas negras del  álula. “En una ocasión, mientras observaba una de estas aves caminando sobre tierra recientemente quemada, me sorprendió observar una acción muy singular. El ave caminó rápido unos pocos metros, luego, deteniéndose, levantó y bajo la cresta, y extendió las plumas negras del álula hasta que apuntaron hacia el pecho. Esto fue repetido varias veces” (Chapman, 1894). Por atribuirle cuatro alas dicen los campesinos que es muy veloz y es «casi imposible cazarlo” (Lehman Nitsche,  1928).

    El nombre quichua en Perú es aya-pischcou (aya = muerto; pischcou = ave),  probablemente porque “al escucharlo, se experimenta una sensación singular, y resulta imposible calcular la distancia a la que el ave canta; a veces parece estar muy cerca del observador, cuando en realidad se encuentra a treinta pasos. A esta extraña voz se le atribuye la creencia entre los nativos de que el pájaro trae consigo un presagio de muerte” (Taczanowski, 1884). Otro nombre quichua es chickín o chitquina, voz que proviene de chiqui = desgracia, infortunio.

    En el noreste de Brasil se denomina peitica, porque es un ave que irrita y molesta, ya que esa palabra significa molestia, persistencia e importunidad (da Câmara Cascudo,  1968).

    En Minas Geraes (Brasil) tenemos roceiro-planta, o sea “agricultor ¡siembra!” porque dicen que cuando grita así es porque llegó la época de sembrar maíz.  En el sur de Brasil, mandrião, que sería vago, por andar sólo y escondiéndose. Alma de caboclo, es otro nombre brasileño que también podría atribuirse al tingazú (Piaya cayana). En Pará es  matintaperera y sus variantes que, según Barbosa Rodrigues, provienen de sacy, madre de las almas, tape pe, en el camino y cê/rê, salir. Es decir “la portadora de almas que sale al camino” (para extraviar a los viajeros).

    Rey de las brevas le decían en Catamarca y La Rioja porque llegaba en la época de maduración de esa fruta.

    Finalmente hay una gran variedad de nombres onomatopéyicos como fin-fin (Panamá), tres-poies  (Colombia), saucé (Venezuela), pin-pin (Perú), saci, matim y sem-fim (Brasil), peixe-frito y sede-sede (Bahía, Brasil), peixe​-frito y peito​-ferido (Minas Geraes), fem-fem (Amazonas),  chochi (Paraguay), chesy (= mi madre, en guaraní), crispín y crespín  (Argentina), siendo la primera la original y la segunda más literaria; chic-kin (Santiago del Estero, Argentina), suytin  (wichi).

    Como bien dice Luis Franco estas aves son “onomatopeyas volantes”.

 

 


Bangs, Outram
   & Thomas E. Penard. 1918-1919.  Notes on a collection of Surinam Birds.

Bulletin of the Museum of Comparative Zoology at Harvard College Cambridge 62 (1918-1919).

Barbosa Rodrigues, J. 1890. Poranduba amazonense ou Kochiyma-Uara Porandub. Rio de Janeiro, G. Leuzinger & Filhos.

Bilac, Olavo Brás Martins dos Guimarães. 1919. Tarde.  Rio de Janeiro: Livraria Francisco.

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  Alex Mouchard   “La cola de esta especie es extremadamente alargada y profundamente bifurcada, siendo las dos plumas exteriores las má...