"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas".

Michel Foucault-Las palabras y las cosas


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lunes, 5 de octubre de 2026

YETAPÁ GRANDE (Gubernetes yetapa): CON LA COLA AL VIENTO

 

Alex Mouchard

 

“La cola de esta especie es extremadamente alargada y profundamente bifurcada, siendo las dos plumas exteriores las más largas y las otras disminuyendo rápidamente en longitud. Incluso cuando el pájaro está quieto, esta larga cola lo hace muy llamativo, pero cuando está vivo y en movimiento, hace de la cola un apéndice muy ornamental, levantándola para que caiga como las plumas de la cola de un gallo, y permitiendo que los largos penachos se agiten con gracia en la brisa”.

(Wood, 1885)

 


Scissor Tail -  Gubernetes forficatus

 Dibujo de William Swainson. (Jardine, 1833)



Las isla Apipé Grande es un enclave argentino en aguas paraguayas del río Paraná. Con sus  27.700 ha ofrece una variedad de ambientes isleños interesantes como selva ribereña, pajonales, depresiones con cañaverales, madrejones con vegetación palustre y lomadas arenosas cubiertas de isletas de bosque. Recorriendo el camino entre San Antonio y Colonia Uriburu pasé por un pastizal inundable donde crecían aislados algunos arbustos y a unos 500 m lo rodeaban formaciones de bosque ribereño, ya scontra la costa del río Paraná . Desde lejos ví que se acercaba volando una pareja de notables pájaros con sus largas colas flameando al viento. Se posaron cerca, en cables del tendido eléctrico,  e inicaron una extraña danza en medio de ásperas y estridentes vocalizaciones. Uno de ellos ejecutaba reverencias sacudiendo las alas mientras que el otro elevaba las alas extendidas hacia arriba. Parecía una proclamación territorial ejecutada con decisión y arrogancia, sin tomar en cuenta lo arriesgado que resultaba exponerse ante posibles depredadores. Se trataba de una pareja de yetapá grande, un ave de la familia de los tiránidos, la misma a la que pertenecen sus más famosos parientes: benteveos y tijeretas.

 

Pero a 10.000 km y 210 años de distancia se desarrollaban otros sucesos que habrían de involucrar a esta misma especie.

 

LA EXPEDICION

El 1º de abril de 1816 partía de Brest (Francia) la fragata L’Hermione con destino a Rio de Janeiro. A bordo se encontraba Charles Emmanuel de Montmorency, Duque de Luxemburgo,  embajador extraordinario francés ante la corte imperial portuguesa, radicada  en Brasil, tras huir de la invasión napoleónica. Este duque tenía la misión de recibir de los neerlandeses la devolución de la colonia de Guyana, de acuerdo con el tratado franco-portugués firmado en  Viena el año anterior (Straube, 2012).



      Charles Emmanuel Sigismond de Montmorency-Luxembourg, duc de Piney-Luxembourg.

Litografía por François Le Villain, circa 1800-1825. National Portrait Gallery, London. https://www.npg.org.uk/collections/search/portrait/mw73109/Charles-Emmanuel-Sigismond-de-Montmorency-Luxembourg-duc-de-Piney-Luxembourg



Como solía ocurrir en esa época, se aprovechaban estos viajes oficiales para enviar naturalistas para que, además de incrementar el conocimiento científico, investigaran los variados productos minerales, vegetales y animales de América, a fin de evaluar su posible explotación comercial.  En esta ocasión el botánico del Museo Real de Historia Natural de París, Auguste de Saint-Hilaire, solicitó al Duque de Luxemburgo, amigo de su familia,  permiso para participar del viaje, lo que le fue concedido porque además iba avalado por los profesores del Museo, quienes habrían de recibir el material obtenido durante la expedición.  Lo acompañaba el zoólogo Pierre Antoine Delalande, naturalista de 29 años de edad,  ayudante préparador en el Museo,  persona considerada y modesta, y  un colector hábil, metodico y dedicado que siempre realizaba una detallada inspección de sus ejemplares y, de ser posible,  los acompañaba de los correspondientes esqueletos.

Durante el viaje hicieron tres paradas: en Lisboa, Madeira y Tenerife, aunque resultaron demasiado cortas como para estudiar la naturaleza circundante. El 1º de junio de 1816 llegaron a destino y enseguida comenzaron a colectar juntos en Río de Janeiro y en sus alrededores (Papavero, 1971). Al poco tiempo Delalande debió regresar a Francia, acompañando nuevamente al embajador, según estaba previsto desde un principio. En cambio,  Saint Hilaire decidió permanecer en Brasil y se quedó durante seis años realizando varios viajes, especialmente por Minas Gerais y alcanzando el Río de la Plata. 

Delalande “no había podido extender sus investigaciones más allá del área alrededor de Río de Janeiro” (Saint-Hilaire, 1830).  Al parecer coleccionó en las selvas del Corcovado y llegó hasta la Serra dos Orgãos. Pese a que Saint Hilaire señalaba: “En los alrededores de Río de Janeiro, los cazadores, y probablemente también los coleccionistas, han reducido significativamente el número de aves y cuadrúpedos: ya no se encuentran monos, y hay muy pocos loros y tucanes” (Saint-Hilaire, 1830), Delalande logró llevar a Francia una nutrida e interesante colección, incluyendo aves, mamíferos, peces  e invertebrados (Varley, 1956; Papavero, 1971).


Casa que habitó el Duque de Luxemburgo durante su estadía en Río de Janeiro

 y que quizás también albergó a los naturalistas de la expedición

 (Saint-Hilaire, 1830).



Sant Hilaire así se expresó sobre la partida de Delalande y sobre las dificultades que enfrentaban los colectores: “Me entristeció ver partir a Europa al Sr. Delalande, mi compañero de viaje; este incansable naturalista era prácticamente irremplazable. Sin embargo, deseando que su partida de Brasil pasara más desapercibida para los zoólogos, durante mi estancia en Ubá comencé a recolectar insectos, aves y pequeños cuadrúpedos. Hasta mi regreso a Francia, dediqué a ampliar mis colecciones de animales todo el tiempo que me quedaba libre de mis observaciones botánicas. Desafortunadamente, me vi obstaculizado por las dificultades del transporte, la extrema humedad y un sinfín de otros problemas, cuyos detalles excederían el alcance de esta introducción” (Saint-Hilaire, 1824).

No quedan claros los motivos por los cuales Delalande no se quedó con Saint Hilaire. Quizás no gozaba de buena salud porque durante sus viajes “tanta fatiga y trabajo habían dañado su salud” (Saint-Hilaire, 1830).  Quizás quería asegurarse la  custodia de sus colecciones hasta Paris. De todas formas Saint Hilaire lo reemplazó por el preparador Yves Prégent, quien habría de enfermar y morir durante el viaje,  en São João del Rei (Minas Gerais).


Selva virgen en Río Bonito (Río de Janeiro) hacia 1816/1818.

Dibujo de Charles Othon Frédéric Jean-Baptiste, conde de Clarac, quien acompañó  en el viaje al Duque de Luxemburgo.

(Musée du Louvre / Thierry Le Mage) https://collections.louvre.fr/en/ark:/53355/cl020513320



 La notable variedad de aves recolectadas por Delalande, una vez llegadas al Museo, fueron estudiadas por  Louis Pierre Vieillot (Azevedo, 1955). El grupo que más  parece haber interesado a Delalande fue el de los picaflores, y de sus ejemplares Vieillot describió una docena de especies, incluyendo el picaflor negro (Florisuga fusca), el hermoso colibrí de copete rojo (Stephanoxis lalandi), nombrado en honor de nuestro personaje,  y la espectacular coqueta magnífica (Lophornis magnificus) (Oliveira Pinto, 1979). Otros ornitólogos describieron más aves nuevas, ellos fueron Charles Henri Frédéric Dumont de Sainte-Croix, Barón Nöel Frédéric Armand André de Lafresnaye, Coenraad Jacob Temminck y René Primevère Lesson.

 


Gubernetes Cunninghami

Dibujo de James De Carle Sowerby (Such, 1825-1826)


 

EL YETAPA

En su breve estadía en Brasil Delalande llegó en sus recorridas hasta Sumidouro (Serra dos Orgãos), y al atravesar la región que se extiende entre la bahía de Guanabara y dicha sierra,  probablemente  capturó allí al extraordinario tiránido que motiva nuestra nota. Aún hoy en día se lo puede encontrar en esa zona, incluso cerca de lugares muy poblados como los alrededores de Saracuruna (https://ebird.org). Lo cierto es que su colección de ejemplares incluido el yetapa grande arribaron junto con él a París y fueron estudiados por Vieillot (Vieillot, 1819) que describió al yetapá con el nombre de Tyran Bellot, y en latín, Tyrannus bellulus, es decir “tirano lindo”). No advirtió Vieillot (1818) que ya había descripto a esta misma especie en base a la obra del ineludible Félix de Azara (1802),  quién lo llamó Yiperú porque “así le llaman algunos Guaranís, y otros Yetapá (Tixera), aludiendo a que para suspender el vuelo abre mucho y cierra la cola, que es muy larga”.  Azara señalaba que habita “las albercas y sus inmediaciones en familias”, que se posa “en los juncos y arbolitos” y que baja “al suelo por lombrices e insectos, que también pilla al vuelo si le pasan inmediatos”.  También indicó que canta con fecuencia con silbidos poco variados y que suelen pelear por las presas que atrapan.

En su manuscrito Azara comentaba: “Siempre he visto esta avecilla en número de dos, 3, o 4 a lo más, en los juncos o pajas de los bañados. Vuela poco y vive de insectos volantes, según infiero de haberla visto hacer sus salidas y caracoles cortos para coger su presa, que vio anticipadamente. Aunque en todas partes se hallan insectos, no sale esta ave a buscarlos fuera del bañado. Jamás he visto que esta ave pare en árbol, ni en el suelo, ni en el agua, es común, aunque no abundante” (Scavone Yegros, 2022).

Al verlos en grupos los consideró sociable como los Tordos (ictéridos) y lo incluyó entre éstos y no entre los Colas Raras donde agrupaba a los otros yetapáes.

Comos  veremos a continuación  no es mucha la información que aportaron los distintos naturalistas de fines del siglo XIX y principios del XX  sobre el comportamiento de esta especie.  Así Ernest White (1882) encontró una pareja en un gran estero en Itapuá (Misiones) y observó que “vuelan en pareja cerca del suelo con un movimiento ondulante, posándose en una gramínea alta”. Sólo les escuchó una única nota en vuelo o poco antes de lanzarse a volar, y determinó que sólo comían hormigas.



Muscicapa longicauda

Dibujo de Matthias Schmidt (Spix, 1824-1825)



William Foster (Chubb, 1910) lo colectó en Sapucay (Paraguay) entre 1902 y 1904: “Su hábitat favorito son los terrenos pantanosos rodeados de bosques, donde haya bundante vida insectil … la percha usual es algunos de los árboles bajos del bañado. Generalmente se lo encuentra en parejas todo el año, y nunca lo vi en grandes números. Su alimento consiste en insectos, capturados en vuelo … El nido es construido en una mata densa y apretada de gramíneas palustres, y la puesta completa es de tres huevos”. Foster consideraba que éste era el veradero güira yetapa de los guaraníes, ya que la tijereta (Tyrannus savana) es migratoria y no se la encuentra todo el año.

En Las Palmas (Chaco) Alexander Wetmore (1926) vio un grupo de tres pasando sobre la sabana abierta “con vuelo recto, algo inclinado y las colas ondulando. Su llamada era una nota áspera que puede representarse como un rut rut”.

Hans Krieg (1959) observó el extraño comportamiento defensivo de dejarse caer desde su percha en el tetapá grande:  “en vuelo, siempre se dejaba caer en picado desde el arbusto alto en el que suele posarse en las estepas húmedas y herbáceas,  y luego permanecía inmóvil y muy difícil de encontrar, con la cabeza hacia abajo y las largas plumas de la cola, parecidas a pastos, apuntando verticalmente hacia arriba. Este comportamiento también puede interpretarse como un caso especial de ocultarse, como encontramos como último recurso en otras aves. Ofrece mejor protección contra las aves rapaces que huir volando”.

 

Con respto al despliegue que observé y que parece ser una proclamación territorial, Ricardo Belmonte-Lopes lo describe así: “Entonces, los individuos balanceaban el cuerpo y la cola longitudinalmente, batiendo las alas y emitiendo una vocalización propia de esta exhibición; mantenían la cabeza erguida para luego bajar súbitamente el cuerpo, acompañando el movimiento con un chasquido del pico y un aleteo. Junto con estos movimientos corporales, tanto el macho como la hembra batían las alas a frecuencias diferentes: el macho lo hacía con mayor rapidez, sin extenderlas siempre por completo, mientras que la hembra realizaba aleteos más lentos, extendiendo las alas totalmente” (Belmonte-Lopes, 2008).

 


 

TIJERAS Y LEYENDAS

 

Como relató Azara los guaraníes llamaban a todo pájaro de cola larga güira-yetapá, de güira, ave, y yetapa, tijera. Obviamente antes de la conquista española los indígenas desconocían las tijeras pero adaptaron a ellas una palabra que ya existía. La raíz etáb, cortar, y su reflexivo yeetá, cortarse, dieron yeetapáb = tijeras (Fernandes de Mello, 1879).

En el portugués brasileño otros nombres que se le dan al yetapá grande se refieren a su larga cola de tijera: tesoura do campo (tijera del campo) y tesoura do brejo (tijera del pantano).

Con respecto a yiperú, el nombre que le dio Azara, parece derivar de ye pe ru =  esquinado o desviado,  y podría referirse a  su forma de volar en diagonal, debido a la acción del viento sobre su cola larga (Fernandes de Mello, 1879, y ver más arriba la observación de Wetmore).

Los guaraníes no tenían una leyenda que se aplicara especialmente al yetapá grande, pero sí a los yetapáes en forma genérica. En  una leyenda, recogida por Fernando Laprovitta, el dios Tupã determinó que al morir una persona las almas subieran al cielo mediante unas alas invisibles que el dios les enviaba con unos mensajeros. Una vez que el ñeʼã  o alma llegaba al cielo, Tupã con esas alas creaba un ave que tenía las mismas costumbres que el finado.

En un campo rodeado de montes y altos pastos, cerca de un río, hábitat propicio para el yetapá grande, vivía una chica junto a su madre enferma. La joven trabajaba como costurera a la vez que cuidaba a su madre, pero ésta, a pesar de la atención, finalmente murió y la hija cayó  en la depresión y la tristeza y también falleció. Entonces Tupâ condujo su alma al cielo y creó con ella un ave de colores modestos, como el yetapá, para concordar con la sencillez de la chica. Sólo una cosa le pidió ella, que le diera una tijera para recordar su anterior vida de costurera, y el dios le dio una tijera de plumas, en forma de larga cola. En este relato se destaca la falta de contención social, concepto que provendría de fuentes europeas a través de la influencia jesuita. Esta contención, que sí tenían los guaraníes, se daba en el ámbito de la tekohá, el espacio sagrado donde se desarrollaba la vida social y se conservaba la lengua, el folklore y  la memoria de los antepasados (Laprovitta, 2016).

 

 

 

Retrato de Pierre Antoine Delalande, hacia 1821.

Bibliothèques d'Université Paris Cité.
https://www.biusante.parisdescartes.fr/histmed/image?impharma_fi010x039




SU VIAJE MÁS FAMOSO

Pierre Antoine (François en su partida de nacimiento) Delalande nació en Versalles (Francia) el 27 de marzo de 1787. Era hijo de Michel Adrien Alexis Delalande, taxidermista del Museo de Historia Natural de París, y desde muy joven aprendió el oficio junto a sus padre en esa institución. Se formó también como pintor de animales con Jean-Baptiste Berré en el Jardín des Plantes. Fue asistente del zoólogo Geoffroy Saint-Hilaire lo acompañó en 1808 a Portugal, donde a impulos de la invasión napoleónica realizaron una criticada apropiación de los materiales llevados al Museu d’Ajuda (Lisboa, Portugal) por el naturalista brasileño Alexandre Rodrigues Ferreira a fines del siglo XVIII. En honor a la verdad esos ejemplares, además de estar mal conservados, nunca habían sido estudiados por los naturalistas portugueses. El botín llevado al Museo de París incluía 1507 mamíferos, aves e insectos, 2855 plantas secas y 25 cajas con otros especímenes vegetales (Lamy  et al., 2016).

 El viaje más famosos de Delalande fue el que realizó al sur de África donde, junto al hijo de su hermana Joséphine, Jules Verraux, de apenas 12 años (!), realizaron tres expediciones entre noviembre de 1818 y septiembre de 1820, recorriendo buena parte de las costas de la actual Sudáfrica. De regreso llevó al Museo 13.405 especímenes zoológicos, entre ellos un esqueleto completo de ballena, jirafas, 2205 aves (de 280 especies) y restos humanos. También llevó una colección de minerales, insectos y un gran herbario (Prevost & Balteau, 1933). En el proceso de conseguir el esqueleto de un rinoceronte, Delalande  cayó de su caballo y sufrió una grave lesión en la cabeza y una fractura de clavícula, pero sin embargo obtuvo el ejemplar, lo que habla de su tenacidad (McCleland, 2024). Al regreso publicó un diario de su viaje (Précis d'un voyage au Cap de Bonne-Espérance, 1822).

Delalande falleció el 27 de julio de 1823, con apenas 36 años de edad, debido a “la cruel enfermedad que había contraído bajo cielos abrasadores y en la atmósfera fétida que se vio obligado a respirar al diseccionar una ballena de veinticuatro metros y medio varada en la costa del Cabo, un hipopótamo enorme en las marismas del río Berg y un rinoceronte de dos cuernos a orillas del río Great Fish” (de Berneaud, 1825).



Le Plumet Bleu ou L'oiseau-Mouche Delalande [Stephanoxis lalandi]

 (Lesson, 1832).



Entre otras especies que se le han dedicado podemos mencionar al mosquitero (Corythopis delalandi) y al colibrí de copete rojo (Stephanoxis lalandi). Al dedicarle esta última especie Vieillot escribió estas palabras: “Nuestro agradecimiento al Sr. Delalande hijo, un sentimiento que los ornitólogos compartirán, nos ha llevado a dedicarle de alguna manera la magnífica ave que nos ocupa, dándole el nombre de este estimable y celoso naturalista, a quien debemos el conocimiento de esta especie, así como de muchas otras que ha traído recientemente de Brasil y que eran desconocidas hasta entonces”( Vieillot, 1818b) .

 



-Azara, Félix de. 1802. Apuntamientos para la Historia Natural de los Páxaros del Paraguay y Río de la Plata. 3 tomos. Madrid, Imprenta de la Viuda de Ibarra.

-Azevedo, Fernando de. 1955. As ciências no Brasil. 2 volúmenes. Edições Melhoramentos, 811 páginas.

-Belmonte-Lopes, Ricardo. 2008.  Biologia e Comportamento da Tesoura-Do-Brejo (Gubernetes Yetapa, Aves: Tyrannidae) em uma área aberta antropizada.  Monografia de conclusão de curso para a disciplina Estágio em Zoologia - Curso de Ciências Biológicas da Universidade Federal do Paraná, Curitiba.

-de Berneaud, Thiébaut. 1825. Antoîne-Pierre Delalande. Mémoires de la Société Linnéene de Paris, Tome Troisième. Paris, Secrétariat de la Société Linnéenne.

-Chubb, Charles. 1910. On the Birds of Paraguay. —Part IV. The Ibis. Ninth Series. Nº 16. October 1910.
-Delalande, P. 1822. Précis d’un Voyage au Cap De Bonne-Espérance, fait par ordre du Gouvernement; lu à l’Académie Royale des Sciences en sa séance du 16 juillet 1821.
 Suivi des Rapports de Mm. les Professeurs Administrateurs du Jardin du Roi, et à l’Académie Royale des Sciences. Paris: Imprimerie de A. Belin.

-Fernandes de Mello, Tancredo. 1879. Vocabulário das Palavras Guaranis usadas pelo Traductor da «Conquista Espiritual» do Padre A. Ruiz de Montoya. En Annaes da Bibliothéca Nacional  do Rio de Janero. Volume VII. Rio de Janeiro, Typographia Nacional.

-https://www.biodiversitylibrary.org/

-Krieg, Hans. 1959. Tierpsychologische Beobachtungen in Sudamerika. Veröffentlichungen der Zoologischen Staatssammlung München, 1:1959.

-Jardine, William. 1838. The naturalist's library. Vol. 13. Edinburgh, W. H. Lizars.

-Lamy, Denis; Pignal, Marc; Sarthou, v & Romaniuc-Neto, Sergio. 2016. Auguste De Saint-Hilaire (1779-1853) (Un botaniste français au Brésil (Auguste de Saint-Hilaire (1779-1853): um botânico francês no Brasil). Publications scientifiques du Muséum, Muséum National d'Histoire Naturelle, Paris.

-Laprovitta, Fernando. 2016. Guyra: Reminiscencias míticas desde la fauna guaraní. Primera Edición. Corrientes: El Argos.

-Lesson, René-Primevère. 1832. Les trochilidées ou, Les colibris et les oiseaux-mouches. Paris, A. Bertrand.

-McCleland,  Dean. 2024.   Port Elizabeth of Yore: Delalande – the Naturalist versus Hudson, the Diarist. https://thecasualobserver.co.za/port-elizabeth-of-yore-delalande-the-naturalist-versus-hudson-the-diarist/

-Oliveira Pinto, Olivério Mário de. 1979. A ornitologia do Brasil através das idades (século XVI a século XIX). Brasiliensia Docuemnta XIII. Sao Paulo.

-Papavero, Nelson. 1971. Essays on the History of Neotropical Dipterology. Vo. I. Museu de Zoologia. Universidade de Sao Paulo,  Sao Paulo.

-Prevost, M. & Balteau, J. 1933. Dictionnaire de Biographie Française.  Paris : Letouzey et Ané.

-Saint-Hilaire, Auguste de. 1824. Histoire des Plantes les plus remarquables du Brésil et du Paraguay comprenant leur description, et des dissertations sur leurs rapports, leurs usages, etc. Tome premier. Paris, A. Belin.

-Saint-Hilaire, Auguste de. 1830. Voyage dans les provinces de Rio de Janeiro et de Minas Geraes. Première Partie. Tome Premier. Paris: Grimhert et Dorez.

-Scavone Yegros, Sebastián. 2022. Jiperu. Editorial AZETA S.A. https://www.abc.com.py/ciencia/2022/09/15/jiperu/

-Spix, J.B. 1824-1825.  Avium species novae, quas in itinere per Brasiliam annis MDCCCXVII-MDCCCXX jussu et auspiciis Maximiliani Josephi I Bavariae Regis suscepto collegit et descripsit.. Monachii :Typis Francisci Seraphi Hübschmanni.

-Straube, Fernando C. 2012. Ruínas e urubus: história da ornitologia no Paraná. Período de Natterer, 1 (1820 a 1834). Curitiba, Pr: Hori Consultoria Ambiental.

-Such, George. 1825-1826. Descriptions of some hitherto uncharacterized Brazilian Birds. The Zoological journal, 2(5-8)

-Varley, D. H. 1956. Pierre-Antoine Delalande, naturalist, and his Cape visit, 1818-1820. Quarterly Bulletin of the South African Library,  Vol. 11(1): 6-10.

-Vieillot,L. P. 1818. Nouveau dictionnaire d'histoire naturelle, appliquée aux arts, à l'agriculture, à l'économie rurale et domestique, à la médecine, etc. Tome 21. Paris, Chez Deterville.

-Vieillot,L. P. 1818b. Nouveau dictionnaire d'histoire naturelle, appliquée aux arts, à l'agriculture, à l'économie rurale et domestique, à la médecine, etc. Tome 23. Paris, Chez Deterville.

-Vieillot,L. P. 1819. Nouveau dictionnaire d'histoire naturelle, appliquée aux arts, à l'agriculture, à l'économie rurale et domestique, à la médecine, etc. Tome 35. Paris, Chez Deterville.

-Wetmore, A. 1926. Observations on the Birds of Argentina, Paraguay, Uruguay,  and Chile. Bulletin 133. Smithsonian Institution. Washington,

-White, E. W. 1882. Notes on Birds collected in the Argentine Republic. Proceedings of the Zoological Society of London, 1882.

-Wood, John George. 1885. Animate creation; popular edition of "Our living world" a natural history. Vol II. New York, S. Hess.


miércoles, 6 de agosto de 2025

LAS AVES DEL PARAÍSO DE ELCANO

 Alex Mouchard

 

Toy suy ce couple heureux, toy glorieux Mamuque
Bourgeois de Paradis hoste du clair Moluque,
Oyseau miraculeux, qui vis alegrement
Dans l'air (comme l'on dict) sans aucun aliment :
De qui mille escrivains plus grands que veritables
Ont laissé par escript plusieurs gentiles fables (,,,)

Les Œuvres / Paul Contant, 1628

[Tú eres esta feliz pareja, tú, glorioso Mamuco,/ habitante del Paraíso, anfitrión de las claras Molucas,/ pájaro milagroso, que vive alegremente/ en el aire (como se dice) sin alimento;/ de quien mil escritores, más sublimes que veraces, /han dejado escritas muchas amables fábulas...]

 

Paradisea minor

Lámina de John Gould y William Hart

(Sharpe, 1891-98)




El 6 de septiembre de 1522 arribaron al puerto de Sanlúcar de Barrameda (España) en la nave Victoria 18 hombres completamente exhaustos que acababan de realizar una de las mayores hazañas de la humanidad: por primera vez habían circunvalado la Tierra, no sólo demostrando su redondez, sino también abriendo nuevas rutas para el conocimiento y el comercio.  Eran los sobrevivientes de una tripulación original de 245 hombres que partieron en el viaje de descubrimiento de Fernando de Magallanes quien había logrado encontrar el famoso estrecho que comunicaba los océanos Atlántico y Pacífico.  

Poco después, probablemente a fines de ese mismo mes de septiembre, Juan Sebastián Elcano, que había quedado a cargo de la expedición tras la muerte de Magallanes, se reunió en Valladolid con el rey Carlos I de España, quien gobernaba ese vasto «imperio en el que “nunca se pone el sol”.  En sucesivas reuniones, Elcano y sus compañeros relataron la increíble aventura al emperador y a importantes personajes de su corte (Aguinagalde, 2019a, 2019b).

Entre los que escucharon el fascinante relato se encontraba el asistente personal del emperador, Maximiliano van Zevenbergen, más conocido como Maximilianus Transylvanus quien sería el autor del primer informe editado del viaje, escrito en latín. En formato de carta, destinada a su anterior empleador, el arzobispo de Salzburgo, Mateo Lang de Wellenburg, quizás su padre biológico, Maximiliano relataba que, llegados los expedicionarios a las islas Molucas, encontraron allí reyes que les entregaron diversos objetos como obsequio.

“Los regalos eran espadas y otros artículos de ese tipo. Pero lo principal era la Mamuco Diata, es decir, la avecita con la que se protegen aquellos que se creen seguros e invencibles en la batalla. Se enviaron cinco de éstas, una la obtuve del capitán del barco [Juan Sebastián Elcano], y la envío a Vuestra Reverendísima Señoría. No porque piense que estará a salvo de trampas y espadas, como afirman, sino para que se deleite con su rareza y belleza” (Transylvanus, 1523).


Ave del Paraíso

Detalle de  “La Tentación en el Jardín del Edén”

Jan Brueghel el Viejo, 1600

Victoria and Albert Museum, Londres.

https://collections.vam.ac.uk/item/O17809/the-temptation-in-the-garden-oil-painting-brueghel-jan-the/#:~:text=This%20painting%20is%20a%20good, produced%20many% 20versions% 20of% 




Aguinagalde (2019b) da por seguro que Transylvanus se informó directamente de Elcano, quien le habría regalado una de las aves, la que junto con especias y otros artículos, habría enviado a Matteus Lang, quien a la sazón estaba a cargo del obispado de Cartagena (España)  (Moroni, 1846). No sería de extrañar que este ejemplar finalmente haya ido a parar a la Cámara de Arte y Maravillas (Kunst und Wunderkammer) del archiduque Fernando II de Austria, sobrino de Carlos I,  en el Castillo de Ambras en Innsbruck (Austria).

Explicaba Transylvanus que esos reyes “hace unos pocos años, (…) comenzaron a creer que las almas eran inmortales” y fue porque “les dieron este argumento: que cierta ave, la más hermosa de todas, nunca se atrevía a posarse en el suelo ni en ninguna otra cosa que estuviera en el suelo. Pero a veces desde los cielos más altos caía sin vida al suelo. Y cuando los mahometanos, que llegaron a ellos con fines comerciales, vieron este pequeño pájaro nacido en el paraíso, siendo el paraíso un lugar para las almas y que estaba imbuido de tal vida, este lugar prometía maravillas de para las almas. Al pajarito lo llamaron Mamuco Diata” (Transylvanus, 1523).

El nombre correcto sería burung dewata o, según Alfred Wallace, manuk dewata (aves de dios). Los portugueses las bautizaron como passaros do sol, y los navegantes holandeses como Avis paradiseus. (Wallace, 1869).


Paradisea minor, en la fase final del despliegue

Dibujo de G.E. Lodge.

(Ogilvie-Grant, 1905)




Fernández de Navarrete dio una traducción no literal de la carta de Transylvanus,  donde le hace decir que los dichos reyes tienen a esas aves “por cosa celestial, y aunque están muertas jamás se corrompen ni huelen mal , y son en el plumaje de diversos colores y muy hermosas, y de tamaño de tortolillas, y tienen la cola larga harto, y si les pelan una pluma les nace otra aunque estén muertas; las cuales llevan los Reyes cuando van a pelear con sus contrarios, y tienen por cierto que teniéndolas consigo están seguros en la batalla , y que no pueden ser vencidos de sus enemigos. Una destas aves manucodiatas alcancé del capitán desta nao que las trajo , y la envio á Vtra. Sría. Rma., no para que piense Vtra. Sría, que teniéndola consigo lo ha de hacer libre de las asechanzas y traiciones y peligros de hierro y armas de sus enemigos , como piensan aquellos Reyes bárbaros , sino para que Vtra. Rma. Sría. vea ave que nunca vio, y se huelgue en acatar su hermosura” (Fernández de Navarrete, 1837). 

Según Navarrete las dichas aves “andan volando , sin que jamás las viese persona alguna asentar en tierra , ni en árbol, ni en otra cosa que en la tierra sea , y ansi andan volando siempre por el aire sin posar en parte alguna , hasta que cansadas desfalleciendo caen en tierra muertas, y no las toman vivas”. Y refiere el nombre como mamucho o manucodiata “que quiere en su lengua decir Ave de Dios”, agregando que “los castellanos juzgaron que se mantenían del roció y flor de las especias” (Fernández de Navarrete, 1837). 


Ave del Paraíso

Detalle de  “El Paraíso terrestre y la Caída de Adán y Eva”

Jan Brueghel el Viejo,  1617.

Royal Picture Gallery Mauritshuis - The Hague




En aquel histórico viaje se encontraba también Antonio Pigafetta, un noble italiano que actuó como cronista de la expedición de Magallanes, que publicó su versión del viaje en Relazione del primo viaggio intorno al mondo (1536). Veamos que dijo de las famosas aves, haciendo referencia al rey de la isla Bachian o Bacan: “También nos regaló dos hermosos pájaros muertos para el Rey de España. Estas aves son grandes como los tordos: tienen la cabeza pequeña, el pico largo, las patas delgadas como una pluma de escribir y un palmo de largo; no tienen alas, pero en su lugar hay largas plumas de varios colores similares a grandes penachos; su cola se parece a la del tordo; todas las demás plumas, excepto las de las alas, son de color oscuro; y nunca vuelan, excepto cuando sopla el viento. Nos dijeron que estas aves vienen del paraíso terrenal, y las llamaron bolondinata, es decir, aves de Dios” (Pigafetta, 1800).


Bolondinata

(Pigafetta, 1800)

                                                              


Por lo visto en la isla Bacan les entregaron dos aves “empajadas”, es decir pieles rellenas con paja, con lo cual en otro momento del viaje se supone que recibieron otras tres para completar las cinco que mencionó Transylvanus. Algunos autores (Casetti et al., 2021; Stresseman, 1954) opinan que  las aves en cuestión serían de la especie ave del paraíso esmeralda chica (Paradisaea minor)​, si bien los relatos publicados no dan una descripción detallada como para poder identificarla con precisión. Pero se trata de un ave común en su zona de distribución (Frith & Frith, 2020), que vive en el norte de Nueva Guinea  y en islas cercanas como  Yapen y Misool, y esta última se encuentra a 240 km en línea recta de la isla de Bacan. Por otro lado Fernández de Navarrete (1837) afirmaba haber “visto en Madrid en 1831 tres de estos pájaros traídos de Manila adonde los habían llevado de la isla de Terrenate [Ternate]” y su descripción coincide en un todo con Paradisaea minor. Otros creen que las dos aves obsequiadas por el rey de Bachian podrían ser aves del paraíso de Wallace​ (Semioptera wallacii), que precisamente son endémicas de las islas Bachian y Halmahera (Mužinić et al., 2009).


Paradisea minor

Dibujo de Joseph Wolf, litografiado por John Smit.

(Elliot, 1873)




Es posible que estas dos aves las conservara el rey Carlos I (Mužinić et al., 2009). La tercer ave sería la que Elcano obsequió a Transylvanus y éste a Matteus Lang. Un cuarto espécimen habría sido adquirido por la archiduquesa Margaret de Austria en la ciudad flamenca de Mechelen en 1523, y siendo tía abuela del cardenal Alessandro Farnese, dicha ave serviría de modelo al miniaturista Juraj Julije Klovic Croat (Iulius Clovius ) para la primera imagen de un ave del paraíso en colores que se haya publicado, y que aparece  en El Libro de horas, un libro de oraciones realizado entre 1537 y 1546, por orden de dicho cardenal.  Como se ve en dicha ilustración se trata de un ave del paraíso grande (Paradisaea apoda) (Mužinić et al., 2009). Es probable que Antonio Pigafetta cuando visitó al Papa Clemente VII en Roma hacia 1523 , llevara la quinta piel obtenida en el viaje (Bogdan et al., 2009) y que esta piel quedara en el gabinete de curiosidades del papa.


Ave del paraíso grande

Detalle de Las Horas Farnese o Las Horas de la Bendita Virgen María

The Morgan Library & Museum, New York.

http://ica.themorgan.org/manuscript/page/4/77250




Así llegaron las que para muchos autores fueron las primeras aves del paraíso llevadas a Europa para admiración de los sabios de ese entonces.  Sin embargo Teixeira muestra que el mercader florentino Giovanni da Empoli había desembarcado en Lisboa en agosto de 1514, antes del viaje de Magallanes-Elcano, trayendo una piel:  “Un pájaro muerto muy hermoso que traje de Malaca, y hasta allí viene de un país más remoto (…) donde crece el clavo de olor. El pájaro no tiene patas; siempre está en el aire, sin tocar el suelo, y se alimenta del aire, y en el aire cría a sus hijos sobre su grupa, según lo que he aprendido de los habitantes de esa tierra” (Teixeira, 2021). Dicha ave la obsequió al también florentino papa León X, un apasionado de la caza y de los animales exóticos.

En efecto, las aves del paraíso formaban parte de un comercio establecido hacía más de 4000 años entre los papúas de Nueva Guinea y los nativos de las Molucas (Mužinić et al., 2009).  Y las plumas de dichas aves integraban un tráfico comercial que se desarrollaba en el sultanato de Tidore (Molucas Septentrionales) con destino a China y a Portugal. Estas plumas eran un símbolo de status elevado y eran muy apreciadas por nobles árabes, turcos, papúes y europeos (Andaya, 2017).


Manucodiata

Conrad Peutinger envió a Conrad Gessner un dibujo

 del especímen en su colección, el cual sirvió de base

 para la xilografía publicada por éste (Gesneri, 1555)



La noticia que aportó Transylvanus de que las aves del Paraíso nunca se posaban se sumó al hecho de que los nativos preparaban las pieles quitando las patas, las alas, el cráneo y  las vísceras, y ahumando las pieles para conservarlas. Así se generó el mito en Europa de que dichas aves carecían de patas, mito que persistió más de un siglo y medio (Bogdan et al., 2009) enriquecido con fantásticas especulaciones de los primeros naturalistas como Gerolamo Cardano, Conrad Gessner y Pierre Belon. Esto llevó a Linneo, en 1760,  con su peculiar sentido del humor, a denominar a la especie mayor Paradisaea apoda, es decir ave “del paraíso sin patas”.

Todo ello a pesar de que el cronista Francisco López de Gómara en 1552, habiendo examinado las pieles que llegaron en la nave de Elcano, había aclarado que “tienen las piernas largas un palmo (...) no tienen alas; y así, no vuelan sino con aire. Jamás tocan en tierra sino muertas, y nunca se corrompen ni pudren. No saben donde crían ni qué comen; y algunos piensan que anidan en el paraíso (...) Piensan los nuestros que se mantienen del rocío y flor de las especias” (García Arranz, 1996). Evidentemente a la cultura religiosa cristiana le convenía ignorar la existencia de las patas para utilizar a las aves del paraíso como prueba palpable de la existencia del paraíso terrenal.

El marino inglés William Funnel, que participó del viaje de circunnavegación del corsario William Dampier en 1703-1705, dio un indicio de por qué las aves del Paraíso caían del cielo. Tuvo oportunidad de verlas en la isla de Ambon (Molucas) aunque aclaro que nunca se las veía vivas y por eso los mercaderes malayos las llamaban Burong mati (“aves muertas”).

“Se cuenta de estas aves que cuando las nueces moscadas están maduras, lo que ocurre en los meses de febrero y marzo, acuden en grandes números a los sitios donde ellas crecen, p. ej. a [la isla] Banda y este lugar [Ambon], y comen la cáscara externa de la nuez. Tras lo cual caen al suelo muy totalmente borrachas, y un innumerable regimiento de hormigas se alimentan de ellas y las matan”  (Funnell, 1707).

Podría haber algo de cierto en esto ya que son conocidas la propiedades neurotóxicas de dicho fruto.

 


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Aguinagalde, F. Borja. 2019b. Habent sua fata libelli. Elcano y la construcción del relato de la primera circunnavegación, una historia apasionante de errores e imprecisiones. Anais de História de Além-Mar 20: 173-214.

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Funnell, William. 1707. A Voyage round the World containing an account of Captain Dampier's Expedition into the Years 1703 and 1704. James Knapton, London.

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