Alex
Mouchard
“La cola de esta especie es extremadamente alargada y
profundamente bifurcada, siendo las dos plumas exteriores las más largas y las
otras disminuyendo rápidamente en longitud. Incluso cuando el pájaro está
quieto, esta larga cola lo hace muy llamativo, pero cuando está vivo y en
movimiento, hace de la cola un apéndice muy ornamental, levantándola para que
caiga como las plumas de la cola de un gallo, y permitiendo que los largos
penachos se agiten con gracia en la brisa”.
(Wood, 1885)
Scissor
Tail - Gubernetes forficatus
| Dibujo de William Swainson. (Jardine, 1833) |
Las isla Apipé Grande es un enclave argentino en aguas
paraguayas del río Paraná. Con sus 27.700
ha ofrece una variedad de ambientes isleños interesantes como selva ribereña,
pajonales, depresiones con cañaverales, madrejones con vegetación palustre y
lomadas arenosas cubiertas de isletas de bosque. Recorriendo el camino entre
San Antonio y Colonia Uriburu pasé por un pastizal inundable donde crecían
aislados algunos arbustos y a unos 500 m lo rodeaban formaciones de bosque
ribereño, ya scontra la costa del río Paraná . Desde lejos ví que se acercaba
volando una pareja de notables pájaros con sus largas colas flameando al
viento. Se posaron cerca, en cables del tendido eléctrico, e inicaron una extraña danza en medio de
ásperas y estridentes vocalizaciones. Uno de ellos ejecutaba reverencias sacudiendo
las alas mientras que el otro elevaba las alas extendidas hacia arriba. Parecía
una proclamación territorial ejecutada con decisión y arrogancia, sin tomar en
cuenta lo arriesgado que resultaba exponerse ante posibles depredadores. Se
trataba de una pareja de yetapá grande,
un ave de la familia de los tiránidos, la misma a la que pertenecen sus más famosos
parientes: benteveos y tijeretas.
Pero a 10.000 km y 210 años de distancia se desarrollaban otros
sucesos que habrían de involucrar a esta misma especie.
LA EXPEDICION
El 1º de abril de 1816 partía de Brest (Francia) la fragata L’Hermione con destino a Rio de Janeiro.
A bordo se encontraba Charles Emmanuel de Montmorency, Duque de Luxemburgo, embajador extraordinario francés ante la corte
imperial portuguesa, radicada en Brasil,
tras huir de la invasión napoleónica. Este duque tenía la misión de recibir de
los neerlandeses la devolución de la colonia de Guyana, de acuerdo con el
tratado franco-portugués firmado en Viena el año anterior (Straube, 2012).
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Charles Emmanuel
Sigismond de Montmorency-Luxembourg, duc de Piney-Luxembourg.
| Litografía por François Le Villain, circa 1800-1825. National Portrait Gallery, London. https://www.npg.org.uk/collections/search/portrait/mw73109/Charles-Emmanuel-Sigismond-de-Montmorency-Luxembourg-duc-de-Piney-Luxembourg |
Como solía ocurrir en esa época, se aprovechaban estos viajes
oficiales para enviar naturalistas para que, además de incrementar el
conocimiento científico, investigaran los variados productos minerales,
vegetales y animales de América, a fin de evaluar su posible explotación
comercial. En esta ocasión el botánico
del Museo Real de Historia Natural de París, Auguste de Saint-Hilaire, solicitó
al Duque de Luxemburgo, amigo de su familia, permiso para participar del viaje, lo que le
fue concedido porque además iba avalado por los profesores del Museo, quienes
habrían de recibir el material obtenido durante la expedición. Lo acompañaba el zoólogo Pierre Antoine
Delalande, naturalista de 29 años de edad,
ayudante préparador en el Museo, persona
considerada y modesta, y un colector
hábil, metodico y dedicado que siempre realizaba una detallada inspección de
sus ejemplares y, de ser posible, los
acompañaba de los correspondientes esqueletos.
Durante el viaje hicieron tres paradas: en Lisboa, Madeira y
Tenerife, aunque resultaron demasiado cortas como para estudiar la naturaleza
circundante. El 1º de junio de 1816 llegaron a destino y enseguida comenzaron a
colectar juntos en Río de Janeiro y en sus alrededores (Papavero, 1971). Al
poco tiempo Delalande debió regresar a Francia, acompañando nuevamente al
embajador, según estaba previsto desde un principio. En cambio, Saint Hilaire decidió permanecer en Brasil y se
quedó durante seis años realizando varios viajes, especialmente por Minas
Gerais y alcanzando el Río de la Plata.
Delalande “no había podido
extender sus investigaciones más allá del área alrededor de Río de Janeiro” (Saint-Hilaire, 1830). Al parecer coleccionó en las selvas del
Corcovado y llegó hasta la Serra dos Orgãos. Pese a que Saint Hilaire señalaba:
“En los alrededores de Río de Janeiro,
los cazadores, y probablemente también los coleccionistas, han reducido
significativamente el número de aves y cuadrúpedos: ya no se encuentran monos,
y hay muy pocos loros y tucanes” (Saint-Hilaire, 1830), Delalande logró llevar a Francia una
nutrida e interesante colección, incluyendo aves, mamíferos, peces e invertebrados (Varley, 1956; Papavero, 1971).
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Casa que
habitó el Duque de Luxemburgo durante su estadía en Río de Janeiro
|
y que quizás también albergó a los
naturalistas de la expedición |
Sant Hilaire así se expresó sobre la partida de Delalande y sobre las dificultades que enfrentaban los colectores: “Me entristeció ver partir a Europa al Sr. Delalande, mi compañero de viaje; este incansable naturalista era prácticamente irremplazable. Sin embargo, deseando que su partida de Brasil pasara más desapercibida para los zoólogos, durante mi estancia en Ubá comencé a recolectar insectos, aves y pequeños cuadrúpedos. Hasta mi regreso a Francia, dediqué a ampliar mis colecciones de animales todo el tiempo que me quedaba libre de mis observaciones botánicas. Desafortunadamente, me vi obstaculizado por las dificultades del transporte, la extrema humedad y un sinfín de otros problemas, cuyos detalles excederían el alcance de esta introducción” (Saint-Hilaire, 1824).
No quedan claros los motivos por los cuales Delalande no se
quedó con Saint Hilaire. Quizás no gozaba de buena salud porque durante sus
viajes “tanta fatiga y trabajo habían
dañado su salud” (Saint-Hilaire,
1830). Quizás quería asegurarse la custodia de sus colecciones hasta Paris. De
todas formas Saint Hilaire lo reemplazó por el preparador Yves Prégent, quien
habría de enfermar y morir durante el viaje, en São João del Rei (Minas Gerais).
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Selva
virgen en Río Bonito (Río de Janeiro) hacia 1816/1818.
|
Dibujo de Charles
Othon Frédéric Jean-Baptiste, conde de Clarac, quien acompañó en el viaje al Duque de Luxemburgo. (Musée du Louvre / Thierry Le Mage) https://collections.louvre.fr/en/ark:/53355/cl020513320 |
La notable variedad de
aves recolectadas por Delalande, una vez llegadas al Museo, fueron estudiadas
por Louis Pierre Vieillot (Azevedo, 1955). El grupo que más parece haber interesado a Delalande fue el de
los picaflores, y de sus ejemplares Vieillot describió una docena de especies,
incluyendo el picaflor negro (Florisuga
fusca), el hermoso colibrí de copete rojo (Stephanoxis lalandi), nombrado en honor de nuestro personaje, y la espectacular coqueta magnífica (Lophornis magnificus) (Oliveira Pinto,
1979). Otros ornitólogos describieron más aves nuevas, ellos fueron Charles
Henri Frédéric Dumont de Sainte-Croix, Barón Nöel Frédéric Armand André de
Lafresnaye, Coenraad Jacob Temminck y René Primevère Lesson.
Gubernetes Cunninghami
|
Dibujo de James
De Carle Sowerby (Such, 1825-1826) |
EL YETAPA
En su breve estadía en Brasil Delalande llegó en sus
recorridas hasta Sumidouro (Serra dos Orgãos), y al atravesar la región que se
extiende entre la bahía de Guanabara y dicha sierra, probablemente capturó allí al extraordinario tiránido que
motiva nuestra nota. Aún hoy en día se lo puede encontrar en esa zona, incluso
cerca de lugares muy poblados como los alrededores de Saracuruna
(https://ebird.org). Lo cierto es que su colección de ejemplares incluido el
yetapa grande arribaron junto con él a París y fueron estudiados por Vieillot (Vieillot,
1819) que describió al yetapá con el nombre de Tyran Bellot, y en latín, Tyrannus
bellulus, es decir “tirano lindo”). No advirtió Vieillot (1818) que ya
había descripto a esta misma especie en base a la obra del ineludible Félix de Azara
(1802), quién lo llamó Yiperú porque “así le llaman algunos Guaranís, y otros Yetapá
(Tixera), aludiendo a que para suspender el vuelo abre mucho y cierra la cola,
que es muy larga”. Azara señalaba que habita “las albercas y sus inmediaciones en familias”, que se posa “en los juncos y arbolitos” y que baja “al suelo por lombrices e insectos, que también pilla
al vuelo si le pasan inmediatos”. También indicó que
canta con fecuencia con silbidos poco variados y que suelen pelear por las
presas que atrapan.
En su manuscrito Azara comentaba: “Siempre he visto esta avecilla en número de dos, 3,
o 4 a lo más, en los juncos o pajas de los bañados. Vuela poco y vive de
insectos volantes, según infiero de haberla visto hacer sus salidas y caracoles
cortos para coger su presa, que vio anticipadamente. Aunque en todas partes se
hallan insectos, no sale esta ave a buscarlos fuera del bañado. Jamás he visto
que esta ave pare en árbol, ni en el suelo, ni en el agua, es común, aunque no
abundante” (Scavone
Yegros, 2022).
Al verlos en grupos los consideró sociable como los Tordos
(ictéridos) y lo incluyó entre éstos y no entre los Colas Raras donde agrupaba
a los otros yetapáes.
Comos veremos a
continuación no es mucha la información que
aportaron los distintos naturalistas de fines del siglo XIX y principios del
XX sobre el comportamiento de esta
especie. Así Ernest White (1882)
encontró una pareja en un gran estero en Itapuá (Misiones) y observó que “vuelan en pareja cerca del suelo con un movimiento
ondulante, posándose en una gramínea alta”. Sólo les escuchó una única nota en vuelo o poco
antes de lanzarse a volar, y determinó que sólo comían hormigas.
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Muscicapa longicauda
| Dibujo de Matthias Schmidt (Spix, 1824-1825) |
William Foster (Chubb, 1910) lo colectó en Sapucay
(Paraguay) entre 1902 y 1904: “Su hábitat
favorito son los terrenos pantanosos rodeados de bosques, donde haya bundante
vida insectil … la percha usual es algunos de los árboles bajos del bañado.
Generalmente se lo encuentra en parejas todo el año, y nunca lo vi en grandes
números. Su alimento consiste en insectos, capturados en vuelo … El nido es
construido en una mata densa y apretada de gramíneas palustres, y la puesta
completa es de tres huevos”. Foster consideraba que éste era el veradero güira yetapa de los guaraníes, ya que la tijereta (Tyrannus savana) es migratoria y no se
la encuentra todo el año.
En Las Palmas (Chaco) Alexander Wetmore (1926) vio un grupo
de tres pasando sobre la sabana abierta “con
vuelo recto, algo inclinado y las colas ondulando. Su llamada era una nota
áspera que puede representarse como un rut
rut”.
Hans Krieg (1959) observó el extraño comportamiento defensivo
de dejarse caer desde su percha en el tetapá grande: “en vuelo,
siempre se dejaba caer en picado desde el arbusto alto en el que suele posarse
en las estepas húmedas y herbáceas, y
luego permanecía inmóvil y muy difícil de encontrar, con la cabeza hacia abajo
y las largas plumas de la cola, parecidas a pastos, apuntando verticalmente
hacia arriba. Este comportamiento también puede interpretarse como un caso
especial de ocultarse, como encontramos como último recurso en otras aves.
Ofrece mejor protección contra las aves rapaces que huir volando”.
Con respto
al despliegue que observé y que parece ser una proclamación territorial, Ricardo
Belmonte-Lopes lo describe así: “Entonces, los
individuos balanceaban el cuerpo y la cola longitudinalmente, batiendo las alas
y emitiendo una vocalización propia de esta exhibición; mantenían la cabeza
erguida para luego bajar súbitamente el cuerpo, acompañando el movimiento con
un chasquido del pico y un aleteo. Junto con estos movimientos corporales,
tanto el macho como la hembra batían las alas a frecuencias diferentes: el
macho lo hacía con mayor rapidez, sin extenderlas siempre por completo,
mientras que la hembra realizaba aleteos más lentos, extendiendo las alas
totalmente” (Belmonte-Lopes,
2008).
|
TIJERAS Y LEYENDAS Como relató Azara los guaraníes
llamaban a todo pájaro de cola larga güira-yetapá,
de güira, ave, y yetapa, tijera. Obviamente antes de
la conquista española los indígenas desconocían las tijeras pero adaptaron a
ellas una palabra que ya existía. La raíz etáb, cortar, y su reflexivo yeetá,
cortarse, dieron yeetapáb =
tijeras (Fernandes de Mello, 1879). En el portugués brasileño otros
nombres que se le dan al yetapá grande se refieren a su larga cola de tijera:
tesoura do campo (tijera del
campo) y tesoura do brejo (tijera
del pantano). Con respecto a yiperú, el nombre que le dio Azara, parece derivar de ye pe ru = esquinado o desviado, y podría referirse a su forma de volar en diagonal, debido a la
acción del viento sobre su cola larga (Fernandes de Mello, 1879, y ver más
arriba la observación de Wetmore). Los guaraníes no tenían una leyenda
que se aplicara especialmente al yetapá grande, pero sí a los yetapáes en
forma genérica. En una leyenda,
recogida por Fernando Laprovitta, el dios Tupã determinó que al morir una
persona las almas subieran al cielo mediante unas alas invisibles que el dios
les enviaba con unos mensajeros. Una vez que el ñeʼã o alma llegaba al
cielo, Tupã con esas alas creaba un ave que tenía las mismas costumbres que
el finado. En un campo rodeado de montes y altos
pastos, cerca de un río, hábitat propicio para el yetapá grande, vivía una
chica junto a su madre enferma. La joven trabajaba como costurera a la vez
que cuidaba a su madre, pero ésta, a pesar de la atención, finalmente murió y
la hija cayó en la depresión y la tristeza
y también falleció. Entonces Tupâ condujo su alma al cielo y creó con ella un
ave de colores modestos, como el yetapá, para concordar con la sencillez de
la chica. Sólo una cosa le pidió ella, que le diera una tijera para recordar
su anterior vida de costurera, y el dios le dio una tijera de plumas, en
forma de larga cola. En este relato se destaca la falta de contención social,
concepto que provendría de fuentes europeas a través de la influencia
jesuita. Esta contención, que sí tenían los guaraníes, se daba en el ámbito
de la tekohá, el espacio sagrado
donde se desarrollaba la vida social y se conservaba la lengua, el folklore
y la memoria de los antepasados
(Laprovitta, 2016). |
Retrato de
Pierre Antoine Delalande, hacia 1821.
|
Bibliothèques d'Université Paris Cité. https://www.biusante.parisdescartes.fr/histmed/image?impharma_fi010x039 |
SU VIAJE MÁS FAMOSO
Pierre Antoine (François en su partida de nacimiento) Delalande
nació en Versalles (Francia) el 27 de marzo de 1787. Era hijo de Michel
Adrien Alexis Delalande, taxidermista del Museo de Historia Natural de París, y
desde muy joven aprendió el oficio junto a sus padre en esa institución. Se
formó también como pintor de animales con Jean-Baptiste Berré en el Jardín des
Plantes. Fue asistente del zoólogo Geoffroy Saint-Hilaire lo acompañó en 1808 a
Portugal, donde a impulos de la invasión napoleónica realizaron una criticada
apropiación de los materiales llevados al Museu d’Ajuda (Lisboa, Portugal) por
el naturalista brasileño Alexandre Rodrigues Ferreira a fines del siglo XVIII.
En honor a la verdad esos ejemplares, además de estar mal conservados, nunca
habían sido estudiados por los naturalistas portugueses. El botín llevado al
Museo de París incluía 1507 mamíferos, aves e insectos, 2855 plantas secas y 25
cajas con otros especímenes vegetales (Lamy
et al., 2016).
El viaje más famosos
de Delalande fue el que realizó al sur de África donde, junto al hijo de su
hermana Joséphine, Jules Verraux, de apenas 12 años (!), realizaron tres
expediciones entre noviembre de 1818 y septiembre de 1820, recorriendo buena
parte de las costas de la actual Sudáfrica. De regreso llevó al Museo 13.405
especímenes zoológicos, entre ellos un esqueleto completo de ballena, jirafas, 2205
aves (de 280 especies) y restos humanos. También llevó una colección de
minerales, insectos y un gran herbario (Prevost & Balteau, 1933). En el
proceso de conseguir el esqueleto de un rinoceronte, Delalande cayó de su caballo y sufrió una grave lesión
en la cabeza y una fractura de clavícula, pero sin embargo obtuvo el ejemplar,
lo que habla de su tenacidad (McCleland, 2024). Al regreso publicó un diario de
su viaje (Précis d'un voyage au Cap de
Bonne-Espérance, 1822).
Delalande falleció el 27 de julio de 1823, con apenas
36 años de edad, debido a “la cruel
enfermedad que había contraído bajo cielos abrasadores y en la atmósfera fétida
que se vio obligado a respirar al diseccionar una ballena de veinticuatro
metros y medio varada en la costa del Cabo, un hipopótamo enorme en las
marismas del río Berg y un rinoceronte de dos cuernos a orillas del río Great
Fish” (de Berneaud,
1825).
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Le Plumet
Bleu ou L'oiseau-Mouche Delalande [Stephanoxis
lalandi]
|
(Lesson, 1832). |
Entre otras especies que se le han dedicado podemos mencionar
al mosquitero (Corythopis delalandi)
y al colibrí de copete rojo (Stephanoxis
lalandi). Al dedicarle esta última especie Vieillot escribió estas
palabras: “Nuestro agradecimiento al Sr.
Delalande hijo, un sentimiento que los ornitólogos compartirán, nos ha llevado
a dedicarle de alguna manera la magnífica ave que nos ocupa, dándole el nombre
de este estimable y celoso naturalista, a quien debemos el conocimiento de esta
especie, así como de muchas otras que ha traído recientemente de Brasil y que
eran desconocidas hasta entonces”( Vieillot, 1818b) .
-Azara, Félix de. 1802. Apuntamientos para la Historia Natural de los Páxaros del Paraguay y Río de la Plata. 3 tomos. Madrid, Imprenta de la Viuda de Ibarra.
-Azevedo, Fernando de. 1955. As ciências
no Brasil. 2 volúmenes. Edições Melhoramentos, 811 páginas.
-Belmonte-Lopes, Ricardo. 2008. Biologia e Comportamento da Tesoura-Do-Brejo
(Gubernetes Yetapa, Aves: Tyrannidae) em uma área aberta antropizada. Monografia de conclusão de curso para a disciplina
Estágio em Zoologia - Curso de Ciências Biológicas da Universidade Federal do Paraná,
Curitiba.
-de Berneaud, Thiébaut. 1825.
Antoîne-Pierre Delalande. Mémoires de la Société Linnéene de Paris, Tome
Troisième. Paris, Secrétariat de la Société Linnéenne.
-Chubb, Charles. 1910. On the Birds
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-Delalande, P. 1822. Précis d’un Voyage au Cap De Bonne-Espérance, fait par
ordre du Gouvernement; lu à l’Académie Royale des Sciences en sa séance du 16
juillet 1821.
Suivi des Rapports de Mm. les
Professeurs Administrateurs du Jardin du Roi, et à l’Académie Royale des
Sciences. Paris: Imprimerie de A. Belin.
-Fernandes de Mello, Tancredo. 1879.
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do Padre A. Ruiz de Montoya. En Annaes da Bibliothéca Nacional do Rio de Janero. Volume VII. Rio de Janeiro,
Typographia Nacional.
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Hans. 1959. Tierpsychologische
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-Jardine, William. 1838. The naturalist's
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Muy buen artículo. Felicitaciones.
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