"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas". >Michel Foucault-Las palabras y las cosas

domingo, 7 de julio de 2013

EL CISNE DE CUELLO NEGRO Y EL ABATE


   Cygnus melancoryphus  y Juan Ignacio Molina


“Cisne cuello negro 
cisne cuello blanco. 
Que se van hiriendo 
que se van besando. 
Alegría y llanto.” 

Canción de Manuel Alejandro


El abate


Imaginemos estar a mediados del siglo XVII en una de las mejores zonas de Chile, “el Corazón de Chile”.  Estamos en el valle de Loncomilla, donde habitaba la etnia del mismo nombre. Allí a partir de los repartos de tierras del conquistador Pedro de Valdivia, se fue forjando una comunidad de hacendados que se dedicaban mayormente a cultivar la vid. Esa fértil planicie ondulada ocupa la zona conocida como "Isla del Maule", rodeadada por los ríos Maule, Loncomilla y Perquilauquén. En esa pintoresca comarca, en la hacienda materna de Huaraculén, al este de la actual Villa Alegre, nace en 1740, Juan Ignacio Molina.

Juan Ignacio, niño inquieto y curioso, habrá dado sus primeros pasos en los largos corredores que rodeaban la casona familiar de adobe con fuertes vigas de ciprés y techo de totora. Jugaba y corría por el amplio patio rodeado de murallas y quizás haya observado en la bodega a los artesanos fabricando toneles y otros utensilios.

Muy pequeño acompañaba a su padre, quien para cumplir con una orden real recolectaba diversos especímenes de la naturaleza, y de allí empezó a adquirir un gran interés por tales cosas. «Mi carácter me llevó desde mis más tiernos años a observar la naturaleza y particularmente los animales, por lo cual mientras viví en el país hice todas las investigaciones posibles”.

Ese era su mundo, pero su infancia fue corta: con apenas 15 años fue admitido en la escuela de los jesuitas de Concepción, y dos años después, Juan Ignacio fue enviado a la hacienda de Bucalemu (“bosque grande” en mapudungun), en Rocas de Santo Domingo, cerca de San Antonio, propiedad de la Compañía de Jesús. Durante tres años (1758-1760) habitó en La Casita, un sencillo edificio de adobe y madera, cuesta arriba del cerro.  Mientras estudiaba humanidades clásicas, se fue también despertando su interés por la observación de la variada fauna y flora de ese idílico lugar, realizando largos recorridos por la cordillera de la Costa y por las orillas del mar. En efecto, dicha hacienda se encuentra enclavada en los humedales de El Yali (“mosquito” en mapudungun) , un área natural de unas 11.000 hectáreas (hoy en día incluye una Reserva Nacional declarada sitio Ramsar), formada por un complejo de ríos, lagunas, vegas, esteros y dunas, donde se concentra una gran cantidad de aves acuáticas: flamencos, coscorobas, cisnes de cuello negro, gaviotas, patos, taguas, hualas y garzas. También viajó por los alrededores de la hacienda de Huaraculén,  la chacra de Ñuñoa en Santiago,  las haciendas de La Punta y Carén, y los campos del Maule incrementando sus conocimientos sobre los animales y plantas nativos.




Hacienda de Bucalemu
http://www.dconstruccion.cl/

Sin embargo, esa incipiente carrera de naturalista, quedó trunca cuando en 1767 los jesuitas fueron expulsados de América y Molina debió radicarse en Bolonia, Italia. Jamás habría de regresar de su exilio, donde falleció a avanzada edad.

En Italia publicó  "Compendio della storia geografica, naturale e civile del regno del Chile" (1776), para cuya redacción se valió de sus recuerdos y de los informes de distintos viajeros europeos que habían visitado el país, ya que sus manuscritos originales le fueron requisados al embarcarse en El Callao. Más tarde realizó una segunda versión ampliada: "Saggio sulla storia naturale del Chile" (1782), para la que pudo contar con las notas que le habían confiscado en Perú, y que le fueran devueltas por su compatriota, José Ignacio Huidobro y Morandé,  que había logrado adquirirlas en  Valparaiso. En estas obras describió por primera vez numerosas especies de animales y plantas de Chile.

Molina fue profesor de ciencias naturales y llegó a elaborar una teoría de la evolución precursora en más de 40 años de la de Darwin. En la misma postulaba que Dios había creado solamente el germen de la vida y que éste había evolucionado hasta llegar a formar las diferentes especies, lo cual le valió una acusación de herejía, que afortunadamente no prosperó.

Gracias a su actuación y sus obras, el abate Molina, como se lo conocía en Italia,  es considerado el primer naturalista chileno, y además el  primero en utilizar la nomenclatura postulada por  Linneo. De sus descripciones, alrededor de 34 nombres científicos de especies de plantas y 53 de animales son  válidos aún hoy en día.

Juan Ignacio Molina a los 65 años.
Giambattista Trulli. 



Molina era de pequeña estatura, de piel algo morena, ojos grandes y vivos, boca y nariz grandes. Era de carácter tranquilo, jovial, algo irónico, excelente y preciso observador  y muy imaginativo. Humilde para expresar sus ideas, aunque riguroso en la crítica a los que consideraba erróneos. Era muy aplicado en la búsqueda de información y en la elaboración de sus trabajos.


El cisne

El primer europeo que dio noticias de este cisne parece haber sido el viajero Sir John Narborough, quien lo observó el 2 de agosto de 1670, en el estrecho de Magallanes, y lo publicó en el relato de su viaje en 1694.

Cisne de cuello negro
              Artesanía de Tini Depoine


Pasaron casi cien años y Molina que seguramente en sus excursiones por las lagunas de El Yali Molina se encontró con el cisne de cuello negro, lo describió así: “El cisne chileno, Anas Melancorypha, tiene casi el tamaño del Cisne Europeo, al que se parece mucho en la forma, pero se distingue por el color de las plumas que cubren su cabeza hasta la mitad del cuello, las que son de un bello negro, mientras que todas las demás son de un blanco reluciente. La hembra produce seis pequeños, que no abandona ni en el nido y cuando va a procurarse el alimento los lleva todos sobre el dorso.”

Pero en el otro extremo del sur americano, casi al mismo tiempo, otros viajeros se encontraban con el cisne. Louis Antoine de Bougainville, durante su viaje a las islas Malvinas en 1763 observó: “Entre las aves de pies palmados, el cisne tiene el primer rango. No difiere del de Europa más que por su cuello de un negro aterciopelado, que hace un admirable contraste con la blancura del resto de su cuerpo, las patas son de color de carne. Esta especie de cisne se encuentra también en las costas del Plata y en el estrecho de Magallanes”. Dom Pernety, capellán y naturalista del viaje, lo confirmaba:  “En el segundo viaje vimos ... una especie de cisne con pico rojo, teniendo todo el cuello del más bello negro, y el resto del plumaje blanco”

William Hudson fue uno de los más fervientes admiradores de la belleza de nuestro cisne, o quizás, por sus dotes literarias, quien mejor podía expresarlo:  “Para mi mente quizás parcial, esta especie es preeminente entre los cisnes por su belleza, aunque es considerablemente menor que la especie del Viejo Mundo, y, debe admitirse, no se comporta tan majestuosamente. En cuestiones de este tipo es lógico para cada persona tener favoritismo por las cosas de su propio país; pero pienso que debe admitirse sin dudas, que el ave de cuello negro es una de las tres especies que sobrepasan en mucho a todas las demás del género en belleza, siendo las otras dos, por supuesto, el cisne doméstico de Europa y el cisne negro australiano (quizás el ave más agraciada del mundo).”


Cisne dibujado a partir de un  ejemplar vivo de los Jardines de la Zoological Society.Sclater, Ph. L. y W. H. Hudson -1889-  Argentine Ornithology


A orillas del río Negro, Hudson describió este idílico cuadro:
"Nunca un río me pareció más hermoso para mirar: más ancho que el Támesis en Westminster, y extendiéndose a cada lado hasta fundirse y perderse en el  horizonte azul, sus costas bajas vestidas con toda la gloria de los bosquecillos y quintas de frutales, viñedos y campos de dorado maíz. Lejos, en el medio de la veloz corriente azul, nadaban bandadas de cisnes de cuello negro, su blanco plumaje brillando como espuma a la luz del sol.”

Jorge Casares dice que “quien haya visto a nuestro cisne - en la inmensidad de la pampa, bajo un cielo azul - deslizarse lento y sereno sobre la superficie tersa y luminosa de una laguna, con las curvas aplanadas de su cuerpo blanco, erguido el cuello negro coronado por el rojo violento de la cresta” puede comprender la manifiesta parcialidad de Hudson.  También para Goeldi, que lo señalaba para el sur del Brasil, es “el más bello cisne que existe.”

Para los que gustan de “humanizar” la conducta animal, podría considerarse al cisne como ejemplo de amor maternal. Según Alice Price la hembra se caracteriza por ser una estricta incubadora, que nunca abandona el nido, llegando incluso a morir de hambre durante el proceso de incubación. Como observó Molina, una vez nacidos los pichones los lleva sobre su lomo mientras nada, cosa que no hacen las demás especies con excepción quizás del cisne mudo. Esta costumbre quizás pudo haber dado origen a lo que se narra en el mito de Elal y que desarrollamos más adelante.


Las plumas del cisne, o más precisamente su piel, constituyeron desde el principio de la colonia un objeto preciado por el comercio y fueron exportadas a Europa en grandes cantidades, como lo refiere Félix de Azara. Aún hacia los años 1950 Wallace dice que en un sólo acopiador de Argentina había centenares de miles de pieles para fabricar aplicadores de maquillaje conocidos precisamente como “cisnes”, nombre que aún perdura en sus símiles sintéticos.

Las técnicas para cazar un ave, caracterizada por su desconfianza, son relatadas por Hudson: “Cuando las aves están alimentándose o descansando en el pastizal, dos o tres hombres o niños cabalgan tranquilamente hacia el lado de la bandada protegido del viento, y al estar en el lado opuesto, giran repentinamente y cargan a toda velocidad, profiriendo fuertes gritos; con lo cual las aves se aterrorizan de tal manera que son incapaces de volar. . . sólo logran aletear sobre el suelo y son fácilmente abatidas a golpes. Un gaucho conocido por mí, un día atrapó de esta forma 3 en un grupo de seis; pero un viento muy fuerte lo favorecía, y las aves estaban a cierta distancia del agua, y le permitieron acercarse antes de hacer la carga repentina.”


Cassell's book of birds: From the text of Dr. Brehm / 
London, Cassell, Petter and Galpin,1875.


Ernesto Gibson, relata que en la región de Ajó, cerca del cabo San Antonio, en la costa de la provincia de Buenos Aires, desde principios del s. XIX se practicaba la caza del cisne.  “Otro gran bañado que bordeaba nuestra propiedad, es conocido como  Cañada de Cisneros, un nombre muy sugestivo para el coleccionista de huevos, nombre que expresa bien su característica. A principios del siglo, los primeros cristianos (así llamados para distinguirlos de los indígenas) que llegaron a esta zona fueron los gauchos, quienes, en persecución de los cisnes para procurarse sus pieles, hicieron entradas ocasionales más allá de las fronteras. Su arma eran  las boleadoras, del mismo tipo que las usadas para capturar al ganado y a los caballos  ... Estas bolas “cisneras” diferían sólo en que estaban hechas de madera, de modo que flotaban en el agua si el gaucho erraba el blanco. En esa época, los cisnes eran más confiados y más fáciles de aproximar; y el jinete cuidaba siempre de venir del lado del viento, llegando a 36-46 m antes de que las aves se  alarmaran. Entonces una arremetida violenta, le permitía ganar otros 9 m, si el agua no era muy profunda, ya que los cisnes eran sorprendidos con la desventaja de tener que elevarse a favor del viento. Las bolas eran revoleadas, arrojadas y enredadas en las alas y el cuello del ave elegida, dejándola totalmente rendida  ... Yo pasé tres horas en el corazón de esa cañada, en un tranquilo día soleado, flotando silencioso por los estrechos canales abiertos entre los juncos verde brillante, viendo un cisne nadar lentamente desde su gran nido, donde quedaban los tres a cinco grandes y bonitos huevos.”

Claude Gay comenta que “pone seis o siete huevos de color blanco sucio, dos o tres veces mayores que los del pato, de buen gusto y que se venden en los mercados”. También menciona que en el Plata “se comercia con su pellejo”. Ihering relata hacia 1888 que los barqueros de São Lourenço do Sul (Rio Grande do Sul, Brasil) traían a la ciudad en el mes de septiembre cestos llenos de huevos de aves acuáticas, entre ellas los cisnes, que habitaban en la vecina Lagoa dos Patos.

El cisne parece ser una especie muy adaptable al cautiverio. Sclater y Wolf indican: ”La primera importación [a Europa] del Cisne de Cuello negro fue realizada gracias a la inquietud del almirante Hornby. Cuando este oficial estaba  a cargo de la estación del Pacífico logró enviar al conde de Derby, en diferentes momentos, ocho individuos de esta especie, de los cuales seis se encontraban vivos al momento de dispersarse la colección de Knowsley en 1851. El actual conde de Derby le regaló una pareja a Su Majestad, la Reina, y las dos parejas restantes pasaron a propiedad de la Zoological Society. Sin embargo, por varias razones no intentaron reproducirse,  y habiendo muerto uno de ellos, la oportunidad de mantener la especie dependía de una única pareja. Afortunadamente, en el año 1857, no sólo hicieron un nido, como lo habían hecho en 1856, sino que empollaron cuatro pichones, los que rápidamente llegaron a su tamaño y color adultos, y a fines del otoño apenas podían distinguirse de sus padres  ... Desde que se escribió esto (en 1861) ocurrieron numerosas importaciones del Cisne de Cuello negro, y la especie puede considerarse completamente establecida en Europa.”  De esta forma, hacia fines del s XIX, el cisne ya se hallaba representado en la mayoría de los zoológicos europeos, donde criaba con cierta facilidad.


Los nombres del cisne

Wanouma es su nombre fueguino. También se registra kaum, una imitación de su voz.

Kokoró  y  piupiukürúpelkawün  sus nombres en mapudungún.

En quichua es huiti, y en guaraní guiraeté guazúypé guasú akâhû .

Para los chilenos es chrula o thula.

Los gauchos de Buenos Aires le decían cisne de pescuezo negro.

Los brasileños: cabeça-preta, pato-argentino o pato-arminho.




El mito

Con ser un ave tan conspicua y atractiva, el cisne de cuello negro, no aparece en forma destacada en los mitos aborígenes, a diferencia de la rica mitología que tiene el cisne europeo. Es probable que por ser un ave tan arisca que se mantenía muy lejos de la gente, haya quedado también alejada de sus leyendas.  Solamente entre los aonik’enk o tehuelches del sur parece haber tenido un papel fundamental en la vida de Elal, su creador y héroe mítico.

En una de las versiones, Elal se había enamorado de Teluj, el lucero del alba, la hija del Sol y la Luna, los que para dársela en matrimonio le hacían innumerables pedidos, burlándose de él y tratando de engañarlo. Entonces Elal, enojado, envió a los padres al cielo y sumergió a la hija en el lago Viedma.

Luego, Elal se montó sobre el cisne Kúkn  y partió hacia dónde sale el sol. Para algunos el cisne era su abuela, el tucotuco Térrguer, quien lo había criado de chico y que había tomado ese aspecto. Cuando el cisne se cansaba Elal soplaba o lanzaba una flecha y formaba una isla. Algunos aseguran que así se formaron las Malvinas. Otros dicen que se trata de la isla Shéekt Elal, en el río Santa Cruz. Por eso actualmente cuando los cisnes vuelan hacen “hisch, hisch” como si estuvieran cansados. Sin embargo, el ornitólogo Alexander Wetmore escuchó que “mientras pasan pueden emitir llamadas como graznidos graves que recuerdan los de los gansos”.

Otra versión, que relata el nacimiento de Elal, cuenta que éste acosado por su malvado padre es ayudado por las aves quienes, para salvarle la vida, logran subirlo al lomo de Kellfü, el cisne, que habría de llevarlo a la tierra firme o Mapu. Durante este viaje el ave y el muchacho se hicieron muy amigos, y parece ser que fue Kellfü quien lo bautizó El’Al o Elal. Tras atravesar el océano divisaron la montaña azulada, el Chalten ( o monte Fitz Roy), donde descendieron y allí el cisne cuidó a Elal, hasta que creció y pudo llevar a cabo su labor creadora. Una vez  cumplida su misión, el ave regresó a la isla para informar a las demás sobre el destino de Elal, y luego se retiró a las lagunas donde cada mañana saluda a su amigo con un graznido.
A partir de estos sucesos los cisnes pasaron a ser sagrados para los aonik’enk, ya que no los cazan, ni los capturan. Hasta las aves carroñeras evitan comer el cadáver de un cisne para no atraer la ira de Elal.

Por esas curiosidades que tienen las culturas humanas, del otro lado del mundo, en Laponia, una zona también muy fría, los brujos tienen al cisne entre los espíritus que invocan en sus conjuros. Los chamanes cuentan que esta ave, a la que llaman saivo-lodde, ave de la montaña o de los muertos, los lleva volando sobre su lomo al país de los muertos donde ellos aprendían lo que estaba oculto a los demás mortales. También, cuando querían hacerle daño a un enemigo, le enviaban al cisne como agente vengador.  El mismo nombre griego del ave, kyknos, recuerda mucho al kúkn de los tehuelches. Kuik es el nombre del cisne en estonio, y entre tártaros. Y al parecer hay una relación con kuu, la Luna, entre los finlandeses. Estos tienen una leyenda en que Suometär, es una doncella y un cisne, tan hermosa que el Sol, la Luna y la Estrella Polar bajan a la Tierra para desposarla.

Coscoroba y cisne de cuello negro.
Pablo Matzel - Hornero 5. 1933



La poesía

Rubén Darío tal vez no haya conocido al cisne de cuello negro en su ambiente natural y como buen representante del romanticismo, sus bellos versos deben referirse al cisne europeo:

“¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores?
¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores? “

Pablo Neruda, sin duda buen conocedor del cisne chileno, le brinda una respuesta:

“Sobre la nieve natatoria
una larga pregunta negra.”

Porque el cisne de cuello negro, al igual que su pariente europeo, fue motivo de inspiración para nuestros poetas sudamericanos. Quizás quien más sentidamente le cantó fue el chileno Augusto Winter, amigo de Pablo Neruda y Gabriela Mistral. La desaparición de los cisnes del hermoso lago Budi, cerca de Puerto Saavedra, donde era bibliotecario, fue narrada en su poesía “La Fuga de los Cisnes”:

“Reina en el lago de los misterios tristeza suma:
los bellos cisnes de cuello negro terciopelo,
y de plumaje de seda blanca como la espuma,
se han ido lejos porque el hombre tiene recelo.

Aún no hace mucho que sus bandadas eran risueños
copos de nieve, que se mecían con suavidad
sobre las ondas, blancos y hermosos como los sueños
con que se puebla los amores de la bella edad.

Eran del lago la nota alegre, la nota clara,
que al panorama prestaba vida y animación;
ya fuera un grupo que en la ribera se acurrucara,
ya una pareja de enamorados en un rincón.

..............................................

El lago amaban donde vivían como señores
los nobles cisnes de regias alas; pero al sentir
cómo implacables los perseguían los cazadores,
buscaron tristes donde ignorados ir a vivir.

Y poco a poco se han alejado de los parajes
del Budi hermoso, que ellos servían a decorar,
yéndose en busca de solitarios lagos salvajes
donde sus nidos, sin sobresaltos, poder salvar.

Más, desde entonces fue su destino, destino aciago
ser el objeto de encarnizada persecución:
vióseles siempre de un lado a otro cruzar el lago,
huyendo tímidos de la presencia del cazador.

Y al fin, cansados los pobres cisnes de andar huyendo,
se reunieron en una triste tarde otoñal,
en la ensenada, donde solían dormirse oyendo
la cantinela de los suspiros del totoral.

Y allí acordaron, que era prudente tender el vuelo
hacia los sitios desconocidos del invasor;
yendo muy lejos, tal vez hallaran bajo otro cielo
lagos ocultos en un misterio más protector.

......................................................

Si, por ventura, suelen algunos cisnes ausentes,
volver enfermos de la nostalgia, por contemplar
el lago amado de aguas tranquilas y transparentes,
lo hallan tan triste que, alzando el vuelo, no tornan más.”


Al igual que Winter,  Mabel Victoria Gracia Díaz, se preocupa por los peligros que corren los cisnes:

“Cisne de cuello negro
cántale al abismo
cántale a la muerte,
para que se duerman rápido
y no te encuentren,
para que el tiempo pare
y tu luz sea perenne.”


En cambio, el poeta uruguayo Mario Azzarini Scoseria   es más descriptivo:

“Se pintó de algodones
la calma de la laguna
Distinguida como ninguna
Esta especie del bañado
al contemplarla extasiado
me inspira siempre ternura .

Con el cuello de azabache
y las patas color carne
se deslizan elegantes
como que fueran los vientos
que los impulsan por cientos
sobre las aguas de esmalte .

Sus blancas plumas caudales
agitan como un plumero
si en el fondo del estero
algún crustáceo sabroso
delatado en sus retozos
va a parar a su garguero .”
..............................................


Monumento a Juan Ignacio Molina
Augusto François 


y ya no hay nada que decir,

así refleja el cisne así,
el agua en sus alas...
por fin...



"Cisne" - Luis Alberto Spinetta

Alex Mouchard

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REFERENCIAS


- Bórmida, M. y Siffredi A. -1969-70-  Mitología de los tehuelches meridionales, en Runa, Arch. p. las Cien. del Hombre, XXII,1 y 2. Buenos Aires. Argentina.

-Bougainville, L. A. de – 1771 -  Voyage autour du monde par la frégate du roi "la Boudeuse" et la flûte "l'Étoile"; en 1766, 1767, 1768 & 1769. Paris, Saillant & Nyon, libraires, rue S. Jean-de-Beauvais.

-Casares, J. -1933 - El Cisne de cuello negro.  El Hornero, 5, p. 146.

-Charrier, R. y F. Hervé – 2011- El abate Juan Ignacio Molina: Una vida dedicada a la historia natural y civil del Reino de Chile- Revista de la Asociación Geológica Argentina 68 (3): 445 – 463.

-Echeverría Baleta, M. - Joiuen Tsoneka (Leyendas Tehuelches).

-Gay, C.  -1847 - Historia física y política de Chile. Zoología I. París.

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-http://es.wikipedia.org/wiki/

-http://www.biodiversitylibrary.org/

-http://www.educarchile.cl/

-http://www.mcnbiografias.com/

-Hudson, W. H.  -1893-  Idle Days in Patagonia.

-Kay, C. de – 1898 – Bird Gods.

-Opazo Maturana, G. -1942-  Historia de Talca: 1742-1942. 392 p. Santiago : Impr. Universitaria.

-Orrego González, F. -2011-  Juan Ignacio Molina y la comprensión de la naturaleza del Finis Terrae. Un acercamiento desde la
historia (cultural) de la ciencia - ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura Vol. 187 – 751.

-Pernety, A. J. -1769-   Journal historique d'un voyage fait aux îles Malouines en 1763 et 1764 pour les reconnoître et y former un établissement et de deux voyages au détroit de Magellan avec une relation sur les Patagons (2 volumes).

-Price, A. L. -  1994-  Swans of the World: In Nature, History, Myth and Art

-Rompel, J. -1911-  Juan Ignacio Molina. En The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton Company. 1911.

- Sclater, Ph. L. y W. H. Hudson – 1889-  Argentine Ornithology. 2 vol.

-Siffredi, A. -1968- El ciclo de Elal, héroe mítico de los aonik’enk. Runa 11:1 y 2.

-Tamayo, M. –2009-  El abate Juan Ignacio Molina (1740-1829) y su contribución a las ciencias naturales de Chile - Gestión Ambiental 17: 1-10.

- Vicuña Salas, M.E. –2012-  Los años dorados de la Hacienda Bucalemu en sus 400 años de historia. 302 p. Bubok.


- Wallace, G – 1963 – An introduction to Ornithology. Mac Millan

1 comentario:

  1. Hola,
    Sin querer me encontré con tu blog, y con mi poema en él!!! Muchas gracias por compartirlo. Soy amante de los animales, los cisnes dentro de mis favoritos, jeje.
    Tu artículo me parece muy ilustrativo e instructivo.
    Felicitaciones por tu blog :)

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