"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas". >Michel Foucault-Las palabras y las cosas

viernes, 1 de julio de 2011

ALBATROS: LAS ERRANTES AVES DE DIOMEDES

Wandering Albatross-Diomedea exulans


“El poeta es como el príncipe de las nubes, que cabalga sobre la tempestad y se ríe del arquero. Pero cuando es desterrado a la tierra, en medio del clamor, sus gigantescas alas le impiden caminar”.

Charles Baudelaire - 'Les fleurs du mal' - 'L'Albatross'

         Historia del ave que los fueguinos llamaban “karapou” y los ingleses “ganso de mar”.

    Fue Plinio el primero en hablarnos de las aves de Diomedes:  No pasemos por alto a las aves Diomedeas. La melena como una cascada, los picos y ojos color de fuego y el resto blanco. Siempre tienen dos líderes: uno guía al grupo, el otro lo congrega. Con el pico excavan cuevas donde ponen, y si les molestan se alarman y las tapan con tierra. Las cuevas tienen dos salidas: por la que mira al oriente salen a comer, por la que mira a occidente regresan. Siempre vacían el vientre y los gases perjudiciales al levantar vuelo. Similares a las gallaretas, se las ve en un solo lugar del mundo: en la isla junto a la costa de Apulia, en que se encuentra el sepulcro y el santuario del noble Diomedes. Al llegar los extranjeros los ensordecen con sus gritos, en tanto adulan a los griegos con admirable discernimiento, reconociéndolos como compatriotas de Diomedes,y a su templo acuden diariamente con los buches llenos y se bañan, goteando las plumas, y  se purifican, de ahí el origen de la fábula que dice que los compañeros de Diomedes fueron transformados en estas aves.
          Para Eliano  eran las pardelas o petreles las que viven y se reproducen en abundancia en la isla Diomedea., y que según la tradición fueron los compañeros que lucharon junto a Diomedes en Troya y que transformados en aves conservaban su amor por los helenos. Diomedes (nombre que significa “aconsejado por los dioses”),  siendo uno de los pretendientes de la bella Helena, participó activamente en dicha guerra junto a Aquiles y Odiseo.  Era tan buen guerrero que hasta hirió en combate a dioses como Afrodita y Ares, por lo cual la diosa enfurecida convirtió a sus amigos en aves que desterradas (“exulans”),  vagando por los mares, vinieron a refugiarse a las islas conocidas por ello como islas Diomedeas, las actuales Tremiti.

          Quizás este épico relato dio lugar a que Linneo bautizara a los albatros con el nombre genérico de Diomedea. Se basaba en la descripción de  Edwards del  “Albatross”,  ave que solo conocía por dos ejemplares embalsamados que le fueron facilitados por George Holmes,  el cuidador de las colecciones de la Torre de Londres, y por el cirujano Benjamin Cowell. Edwards menciona que estas aves provenìan del cabo de Buena Esperanza donde parecían vivir en cantidades considerables y que no se conocía que habitaran en ninguna otra parte del mundo.
          Pero Linneo se basó ademas en Albin (History of Birds, III, p 76) quien confundió al albatros con el ave fragata, y por ello el sueco cometió el error de afirmar que los albatros viven en la zona pelágica intertropical, que ascienden muy alto en el aire y que “se alimentan del  Triglis volador y  acosan a muerte a la Coryphaena”.  El Triglis es probablemente un pez del género Trigla llamado en francés muge o  rouget, y en español mújol o rubio, mientras que la Coryphaena, sería el dorado o pez-delfín del mismo género. La realidad es que los albatros prefieren los mares del sur, vuelan más bien a baja altura sobre las olas aprovechando el rizar de los vientos sobre las mismas y no capturan peces voladores.  Bien señala Edwards que los relatos de los viajeros son en su mayor parte generales y sòlo pueden obtenerse de ellos ideas imperfectas sobre las cosas de la naturaleza.
Dibujo de J. Bosc


          Buffon, con más información disponible,  acotó la distribución del albatros a los mares australes y señaló que  viajeros como  los holandeses Jacob Le Maire y  Willem Schouten le daban el nombre de “carnero del Cabo” a causa de su color blanco y gran corpulencia que empareja la de un carnero. Nos dice que su fortaleza y el arma de su pico harían pensar que se trata de un ave guerrera, pero que no hay reportes de que ataque a otras aves y más bien parece estar a la defensiva de las gaviotas (¿skuas?)  que siempre agresivas y voraces la molestan y hostigan.


          Para Gould, en cambio, “por su gran fuerza y carácter feroz, produce terror en toda ave que le rodea. En realidad es tan sanguinaria, que se dice que llega a atacar y destrozar los jos de un hombre  que se esté ahogando,  un logro que, por lo que pude ver, imagino que puede intentar facilmente, si un ser humano fuera tan desafortunado de quedar en tal situacion y no pudiera defenderse”.

          El capitán James Cook (Second Voyage, tome I, page 150) en su segundo viaje se divertía viendo varias gaviotas grandes y grisáceas persiguiendo a un albatros que pese a sus grandes alas fue alcanzado. Las gaviotas intentaban atacarlo por el vientre por donde parece tener menos defensa, de modo que el albatros solo pudo escapar lanzandose al agua y alejandolas con su formidable pico. Los marineros de Cook “pescaban”  los albatros que rodeaban el barco en los alrededores del Cabo de Buena Esperanza, valiéndose de anzuelos encarnados con un trozo de cuero de carnero.

          Contrariamente a lo señalado por Buffon hay sospechas de que el albatros pudiera alimentarse de otras aves y aún de congéneres, pues Forster (el zoólogo del viaje de Cook)   ocasionalmente halló plumas y huesos de ellas en su estómago.  Pero no parece ni siquiera atacar los grandes peces y según Forster no vive más que de pequeños animales marinos como “peces blandos” (es decir, moluscos) y sobre todo de zoófitos gelatinosos (medusas) que flotan en grandes cantidades en los mares australes. Sir Joseph Banks, que acompañó a Cook en su primer viaje, observó que un albatros al que le habían disparado vomitó una gran cantidad de medusas de las llamadas “carabela portuguesa” que al parecer ingieren habitualmente pese a sus tentáculos urticantes. Tambien vió que consumían los desoves de los peces arrastrados por las corrientes.

          Según el mismo Banks,  los albatros son buenos para comer: se los desolla,  se dejan una noche en agua salada  y luego se hierven, sirviéndolos con  salsa picante. Asi preparado es un manjar comparable al cerdo.

          El vizconde de Querhoent, habitual colaborador de Buffon, le aseguró que estas aves no remontan vuelo alto  salvo durante las tormentas cuando son impulsadas por la fuerza del viento,  que los lleva a gran distancia de tierra firme, siendo que descansan y hasta duermen sobre el mar. Incluso, según Le Maire hasta venían a posarse sobre los mástiles de su buque donde se dejaban capturar fácilmente por los marineros. Esto fue observado en el estrecho que él descubriera y que lleva su nombre, siendo quizás una de las primeras menciones en aguas jurisdicciones argentinas de esta ave que Le Maire consideraba “jean-de-genten”, es decir gaviotas,  de tamaño extraordinario.
          La majestuosidad del vuelo del  albatros ha cautivado a los viajeros y naturalistas. Murphy dice que la mayoría de las cosas de la naturaleza de las que se habla con mucha expectativa,  producen un poco de desencanto cuando finalmente se las encuentra. Unas pocas de esas cosas, sin embargo, parecen estar más alla de cualquier anticipación exagerada:   “Muy cercana, bajo el sol de la mañana, volaba el ave tanto tiempo esperada, aun más majestuosa, más suprema en su elemento, que lo que mi imaginacion habia dibujado. “

 

          Una leyenda indicaba que eran capaces de dormir en vuelo con la cabeza oculta bajo un ala mientras que con la otra seguían volando (Abraham de Wicquefort, 1656. Relation du Voyage de Tartarie d’Oléarius, Paris).


Modelos en cartapesta de Tini Depoiné


          
               Gould se explayó sobre sus hazañas aéreas: “ El poder de vuelo del Albatros Errante es mucho mayor que el de cualquier otra ave que haya observado. Aunque en tiempo calmo o moderado a veces descansa sobre el agua, esta casi continuamente en vuelo, y con igual facilidad se desliza sobre la superficie espejada del mar tranquilo como se lanza con la velocidad de un meteroro por delante del más furioso vendaval; y el modo en que pasa por encima de las enfurecidas olas para deslizarse en las depresiones entre ellas, ha atraído centenares de veces mi admiración”.

          Con respecto al cortejo de los albatros, Weddell que pudo observarlo en Georgias del Sur en 1825 dijo que tiene algo de gracioso en la manera que se aproximan ceremoniosamenrte uno al otro tocandose los picos y sacudiendo las cabezas de un lado al otro. Todo este proceso le hacía acordara la pantomima del cortejo humano.
          El capitan Fanning  en su viaje de circumnavegación en 1797-99 ,  llegó a las islas Malvinas y describió el nido del albatros como un montículo de piedras, barro, ramas secas, pasto y plumas que de algun modo estas aves logran mantener unido y sobre el cual se sientan con noble actitud, orgullo y grandeza defendiéndolo a costa de su vida.        Agrega que el huevo bien cocido es un buen plato para comer. Pero para Murphy es a la vez un desengaño y una sorpresa: se lo hierve, se abre por su extremo agudo, se sala y se extrae con la cuchara. Es delicioso al principio pero al llegar a la mitad ya se desea que esta ave hubiera puesto huevos más pequeños  y si uno tiene estómago suficientemente  fuerte como para vaciarlo, seguro que no se desea ver nunca más otro de estos huevos. Pero sin embargo el recuerdo de su buen sabor termina haciéndole reincidir.
          En 1594 Sir Richard Hawkins,  navegante y corsario inglés,  se encontraba en medio de una tormenta en las costas de Patagonia cuando “ciertos grandes pollos, tan grandes como cisnes, planeaban sobre nosotros, y calmándose el viento, se posaban sobre el mar y se alimentaban con los deshechos del barco;  al verlos y deseoso de examinarlos, porque parecían más grandes de lo que en realidad eran, pedí que me trajeran un anzuelo y una línea y con un trozo de sardina encarné el anzuelo y a 30 cm del mismo até un trozo de corcho para que no se hundiera demasiado, y lo arroje al mar;  con el andar del buque pronto se alejó, y uno de los pollos, estando hambriento, lo atrapó y se enganchó el maxilar superior. El pico es como el de los halcones pero más encorvado y de ningun modo podía liberarse a menos que se rompiera la linea o que se enderezara el anzuelo. De esta forma atrapamos tantos de ellos que mi gente se entretuvo todo el día. Sus cuerpos eran grandes pero con poca carne y blandos, y de sabor aceptable.”
          Weddell coincide en señalar este  aspecto engañoso del tamaño del albatros: “Estas aves están tan abundantemente cubiertas de plumas que una vez desplumadas no alcanzan ni siquiera la mitad de su tamaño original y nuestra sorpresa por su aparente magnitud inmediatamente se desvanece. Ponen un solo huevo, sobre el suelo, donde hacen una especie de nido escarbando alrededor de él. Al aproximarnos castañeteaban rápidamente el pico, produciendo mucho ruido.  Esto y lanzar el contendio de su estómago, son los únicos medios de defensa y ataque que parecen tener. Estas aves son muy indefensas en tierra ya que la gran longitud de sus alas les impide elevarse en el aire a menos que dispongan de un declive pronunciado”.

          En 1824, el artista Augustus Earle se quedó en la isla Tristán da Cunha cuando su buque, el Duke of Gloucester, inexplicablemente zarpó olvidándolo allí. Realizó un díficil ascenso hasta una extensa planicie de lava gris oscura y describió los sombríos teritorios del albatros:  “ Había una quietud mortal en medio de un aire muy frío.  El paisaje era sublime y llenaba la mente de temor. De un lado, en el interminable horizonte, se amontonaban nubes de brillo plateado, contrastando con otras de tono oscuro que nos envolvían con sus vapores, pasando rápidamente,  y permitiéndonos sólo breves atisbos del paisaje; y por otro lado el estéril pico ceniciento, con su venerable testa parcialmente cubierta de nubes, revelaba grandes parches de rojas cenizas, o lava, mezclados con rocas negras, produciendo un efecto extraordinario y deprimente. Parecía como si aún estuviera ardiendo, aumentando la majestuosidad de la escena. Los gigantescos albatros paracen no temer aquí ningún intruso o enemigo, porque sus hijos estaban sobre el suelo totalmente descubiertos, mientras los padres caminaban rigidamente alrededor”.




Hombre matando albatros enTristan D'Acunha (1824). Pintura de Augustus Earle http://www.nla.gov.au/exhibitions/earle/tristan.html

 

          La relación de los albatros con los marineros es motivo de numerosas leyendas. El poeta inglés Coleridge, a instancias de Wordsworth,  compuso las “Rimas del antiguo marinero” donde relata la aparicion de un albatros siguiendo un buque. Cuando un marinero lo mata, es acusado por sus compañeros de haber cometido el sacrilegio de acabar con el ave que hace soplar el viento. De alguna manera los marinos asociaban las excelentes condiciones de vuelo de estas aves con la velocidad de navegación de sus barcos y el compañerismo y afecto por el albatros los llevaba a condenar su matanza como causa de desgracias.


          El nombre “albatros” parece provenir de “alcatraz” o “alcaduz”, designación que los antiguos navegantes portugueses daban a los pelícanos y a las aves marinas de la familia Sulidae.  Esta voz proviene del árabe “al-câdous”, a su vez del griego “kádos”, recipiente o balde, que especialmente designaba los baldes de cuero de las norias usadas para regar, y por ello se aplicaba al pelícano en referencia a la gran bolsa de su pico con la que se pensaba que acarreaba agua para sus pichones.


              Alex Mouchard



REFERENCIAS

-Buffon, G.L.L. conde de - 1770 - 1785- Histoire naturelle des oiseaux.

-Dalrymple, W.- 1754-An Historical collection of the several
voyages in the South Pacific Ocean. Dutch Voyages. The Voyage
of James Le Mair and William Schoute, 1616.
-Earle, A. -1832- A Narrative of a nine Months' Residence in New Zealand, in 1827;  together with a Journal of a Residence in Tristan d'Acunha,  an Island situated between South America and the Cape of Good Hope.
-Edwards,G.  -1743- A natural history of uncommon birds. London
-Eliano - s.II-III-De Natura animalium.
-Fanning, E. -1833- Voyages to the South Seas. N York.
-Forster, G. – 1777-  A Voyage around the World .
-Gould, J.-1865 – Handbook of the Birds of australia. 2 vol.   
London
-Hooker, J. -1896-Journal of the Right Hon. Sir Joseph Banks.  
London
-Linnæus, C. -1758- Systema naturæ per regna tria naturæ, secundum classes, ordines, genera, species, cum characteribus, differentiis, synonymis, locis. Ed. 10, p.
-Murphy, R. C. - 1936- Oceanic Birds of South America. 2 vol.
-Plinio el Viejo. -77- Naturalis Historia. Tomo X
-Weddell,J, -1825- A Voyage to the south Pole. London

1 comentario:

  1. Celebro la aparición de este Blog muy abarcartivo de todo lo que tenga relación con la naturaleza, incluyendo el arte y la historia. El amor a la naturaleza que experimentamos no puede estar desvinculado con el amor a la vida y a las expresiones del espíritu humano. Es tanto lo que moviliza en nuestros sentimientos el espectáculo de las perfectas relaciones de los seres vivos entre si y con su entorno, de la maravillosa obra arquitectónica que forjó la geología, el casi mágico desarrollo de los procesos vitales dentro de un organismo como también la casi inabarcable multiplicidad de los mismos, que es la gran fuente de inspiración de todas las expresiones de arte. La poesía, la pintura, la escultura y el canto tal vez sean las artes en los que más se refugió el hombre para plasmar su asombro ante la naturaleza. Este especio creo que pretende incluir todo eso. Su aparición me

    sorprendió doblemente: en primer lugar por su contenido y la propuesta de contenidos y, en segundo lugar, por haber sido elaborado silenciosamente por un entrañable amigo sin que supiera de su iniciativa.
    Adhiero también plenamente a sus palabras recordando la figura de Juan Carlos Chebez, una persona destacadísima en la cuestión de las acciones tendientes a preservar la naturaleza, especialmente la de la Argentina.
    Ojalá sean muchos los que vuelquen acá sus inquietudes y se convierta en una cita virtual para los “locos” que , pese a todo, aún mantenemos la utopía de un mundo mejor, sueño que incluye el aumento del respecto a la naturaleza por parte de una de los seres tal vez mas dañino que supo producir: el Homo sapiens.
    Gabriel Omar Rodríguez

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