"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas".

Michel Foucault-Las palabras y las cosas


sábado, 15 de abril de 2023

EL TUCÚQUERE (Bubo magellanicus) – UN BÚHO ESTEPARIO

 

Tucúquere…  Tucúquere…

Y la voz soledosa

se repite cansada.

Tucúquere…  Tucúquere…

Acento fatigado

De una misma tonada.

Tucúquere…  Tucúquere…

Y se va sollozando

En la noche callada

 

Jorge González Bastías - “Pájaro nocturno”

 

1.-Tucúquere. Pina Ilustraciones.


 

Hace pocos días me encontraba en la falda del volcán Tromen (Neuquén, Argentina) junto a sus extensos escoriales que como un fúnebre manto rodea su impactante figura. Esa caótica acumulación de piedra negra de formas angulosas y llena de huecos y grietas es prácticamente intransitable para los humanos pero ofrece refugio a multitud de pequeños vertebrados: pájaros, reptiles y roedores, las presas preferidas del tucúquere, el gran búho patagónico. A poco de nuestro caminar, rodeando la lava endurecida, vemos la figura del tucúquere que se mimetiza entre las piedras, y nos observa algo encandilado por la fuerte luminosidad de esa mañana neuquina.

Con su considerable tamaño de 45 cm, es un habitante notable de la región, que no pasó desapercibido para los viajeros europeos ni tampoco para los aborígenes.

Así fue que el 13 de noviembre de 1710 el padre y explorador Louis Éconches Feuillée, de la orden de los Mínimos, llegaba a la bahía de Concepción, Chile, a bordo del buque «Saint-Jean-Baptiste»,  bajo el mando del capitán Jean Doublet. Tras un azaroso viaje iniciado tres años antes, en el que se sumaron a la escuadra de un corsario francés para evitar las naves inglesas, pasaron por Buenos Aires y atravesando el estrecho de Magallanes llegaron a su destino.

Al mes de arribar, Feuillée salió a herborizar por las montañas cercanas: “Pasando cerca de una casa medio en ruinas, escuché maullar como lo hacen nuestros gatos; primero me detuve, observé sobre la parte superior de esta casa el animal que produjo el grito; le disparé e hice la descripción siguiente de un Hibou o Búho negro-ceniciento, con pecho manchado.“ (Feuillée, 1714)



2.-Bubo ocro-cinereus. 1714. 

 


Parece que el sacerdote no era muy afecto a estas aves ya que según cuenta: “Este búho me pareció a primera vista de un aspecto bien horrible,” aunque “los dos penachos que lleva a manera de cuernos inmediatos a los ojos, lo hacen hasta agradable y disminuyen de alguna manera el horror que produce su aspecto.” Luego comentó sobre su comportamiento: “Cuando este animal está posado en algún lugar, uno lo ve alzarse y agacharse sobre sus patas, como para hacer una reverencia.” (Feuillée, 1714)

Y agregó algún dato étnico: “Los indios se alarman cuando oyen maullar a este búho durante la noche alrededor de sus casas; como son extremadamente supersticiosos, creen que es un presagio de alguna desgracia funesta; es por eso que procuran alejarlo a flechazos o piedrazos; cuando yo le disparé a éste, los indios que estaban presentes me manifestaron tanta alegría y reconocimiento, como si hubiese matado al más formidable de sus enemigos.” (Feuillée, 1714)

 

Cuando éste y otros ejemplares llegaron al Jardin Royal Des Plantes Médicinales, en Paris, fueron utilizados poco después por su intendente, Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, para escribir su magna obra «Historia Natural de las Aves (Histoire naturelle des oiseaux)». Allí consideraba que “el búho que nos ha sido enviado de las tierras Magallánicas no difiere demasiado del búho real [Bubo bubo] como para hacer una especie separada.” Sin embargo su descripción dio pie a Johann Friedrich Gmelin para otorgarle un nombre especial que aún mantiene: Bubo magellanicus, aunque sin separarlo del todo de los búhos europeos.

 

3.-Hibou de Terres Magellaniques.
Dibujo de François Nicolas Martinet. 
1765-1783

 



RECONOCIMIENTO

 

François Marie Daudin (1776-1803) era hijo de un importante funcionario de la corte de Francia, y durante su infancia contrajo una enfermedad que lo dejó paralítico de sus piernas, lo cual no le impidió empezar a coleccionar especímenes de historia natural.  Si bien como zoólogo se dedicó a la herpetología, escribió también un «Traité élémentaire et complet d'ornithologie» donde trató de conjugar las descripciones de Buffon con los nombres binomiales de Linneo y colaboradores. Aunque la obra quedó incompleta, fue un primer paso hacia la aplicación de la nomenclatura científica tal como la conocemos actualmente.

Pese a la ayuda de su esposa, Adélaïde Geneviève de Grégoire de Saint-Sauveur, quien  dibujó unas cuantas láminas de sus obras, los libros de Daudin fueron un fracaso comercial y el matrimonio tuvo que vivir de la fortuna familiar. Lamentablemente, en 1803, aún muy jóvenes, murieron ambos de tuberculosis. En su breve vida Daudin pudo describir unas cuantas especies nuevas entre las que podemos destacar la lechuza negra (Ciccaba huhula), el águila crestuda real (Spizaetus ornatus), el halcón negro chico (Falco rufigularis) y el pepitero negro (Saltator fuliginosus).

Con respecto a nuestro búho, Daudin señalaba: “Esta ave, que se encuentra en América, hacia el estrecho de Magallanes, es quizás una especie distinta.” Una duda que ya había expresado John Latham diez años antes. Pese a ello, durante el siglo XIX y XX, la mayoría de los autores lo consideraban una subespecie del ñacurutú (Bubo virginianus), siendo designado como tal por John Cassin en 1854 como Bubo virginianus magellanicus. Recién en 1996 Claus König y colaboradores separaron definitivamente al tucúquere del ñacurutú en base a diferencias de tamaño, coloración, vocalizaciones y secuenciación de ADN. Así se hizo finalmente justicia al malogrado Daudin.

 

 

 

Soy el tucúquere mimetizado con el ramaje

 

Manuel Silva Acevedo – “Soy el alma de la tierra”

 

 

 

 

 

CUENTAN LOS NATURALISTAS Y VIAJEROS

 

Hacia 1829 Alcide d’Orbigny (d’Orbigny, 1835-1847) llegaba a la Patagonia donde conoció al tucúquere a orillas del río Negro y a pesar de que “difieren uno de otro” respecto del ñacurutú del norte, los trató en conjunto, mezclando sus características. Más tarde, Adolf Doering, zoólogo de la expedición de Julio Roca, lo encontró abundante “en las islas del R. Negro, principalmente en Choelechoel, donde, en las noches frías de junio, diferentes individuos nos divirtieron con su lúgubre canto nocturno que recuerda la voz humana.” (Doering,  1881)

 

 4.-Magellanic Eagle Owl -  Dibujo de Joseph Smit, 1917



Más de cuarenta años después, en 1871, llegó a la zona otro gran naturalista: William Henry Hudson. En el río Negro tuvo un encuentro con un tucúquere que relató con su peculiar sensibilidad, considerándola una de las más grandes sorpresas que la naturaleza le regaló en su vida.

 

El territorio de esta ave era una isla en el río, cubierta de pastos gigantes y altos sauces, sin hojas entonces, porque era la mitad del invierno. Allí busqué y lo encontré esperando la puesta del sol en su percha. Me miró tranquilo mientras apuntaba mi arma. Apenas tenía ánimo para gatillar. Había reinado allí tanto tiempo, ¡tirano feudal de ese remoto desierto!  Cuántas ratas acuáticas, andando sigilosas como una sombra por la ribera entre el cauce profundo y los juncos gigantes, había aferrado hasta matarlas; cuántas palomas manchadas habían despertado en sus perchas de noche con sus crueles garras perforando su carne; y fuera del valle en las mesetas arbustivas cuántas martinetas copetonas habían sido asesinadas en sus nidos y sus hermosos huevos verde oscuro brillante dejados empalideciéndose al sol y al viento, con las pequeñas vidas que contenían muertas a causa de la muerte de su madre. Pero quería demasiado capturar al ave; nunca más se oiría la «risa demoníaca» con la que tantas veces había respondido al murmullo del raudo río negro al atardecer … Los ojos de dragón de ese búho magallánico todavía me persiguen, y cuando los recuerdo, la muerte del ave todavía pesa en mi conciencia…” (Hudson, 1917) 

 

Bien al sur del continente, el 8 de mayo de 1830, el famoso HMS Beagle navegaba al mando del capitán Robert Fitz Roy por el oeste del canal de Beagle: “Nos detuvimos a pasar la noche en una pequeña isla. Poco después del anochecer, uno de los tripulantes del bote fue asustado por dos grandes ojos que lo miraban desde un espeso arbusto, y corrió hacia sus compañeros, diciendo que ¡había visto al diablo! Recibió una viva carcajada seguida por un disparo al arbusto, el que derribó un magnífico búho cornudo". Obviamente se trataba de un tucúquere el que aterrorizó al marinero y llevó a bautizar la pequeña isla como Isla del Diablo. (Fitz Roy, 1839)

 

 

 

Todo está inmóvil,

en las encinas canta el tucúquere

y el cuarto creciente

es otro acto de magia donde no toco fondo.

 

Delia Domínguez – “En las Encinas Canta el Tucúquere”

 

 

 

 

En Chile el ave era bien conocida y Claude Gay la distinguía bien del ñacurutú por su tamaño menor y su coloración. Así lo retrataba:

Aunque de carácter bastante familiar, pudiéndose domesticar fácilmente con halagos, sin embargo prefiere habitar en los lugares retirados de toda población, y no se acerca nunca, al menos muy raramente, a Ias ciudades y sobre todo a las bastante populosas. Su alimento consiste en aves, murciégalos [sic] y aún pequeños cuadrúpedos, que traga enteros, arrojando después por el pico, en forma de pelotas, lo que no ha podido digerir.” (Gay, 1847)

Su grito, dice, «tucucurú»que pronuncia en Chile, y siempre de una manera bastante lúgubre.

Hemos conservado por largo tiempo uno de estos Tucúqueres en un pequeño patio medio cubierto; durante el día estaba guindado de un palo clavado a un lado del muro, y como había otros animales, era menester cortar la carne en pedazos  y presentársela, en cuyo momento mostraba cierto temor, se enderezaba sobre sus piernas, y  Ievantando las plumas en forma de orejas, miraba de un modo fijo y atento; pasados los primeros sentimientos de temor, tomaba los pedazos de carne con las garras y los cogía en seguida con el pico. Este alimento se Ie daba tres veces al día y se mantenía bien. Su carácter era sumamente tímido y curioso; si sentía ruido en el patio, ocasionado por las disputas de los otros animales, se elevaba igualmente sobre sus piernas, encrespaba las plumas del Iado de la cabeza y se voIvía atentamente hacia el lugar de donde venía el ruido; un día Ie vimos batirse con un Tiuqué [Daptrius chimango], y aunque de la misma talla poco más o menos, sin embargo parecía temerle; tomaba más bien Ia defensiva que Ia ofensiva, y se apresuraba a apoyarse sobre el dorso para oponer las garras a su adversario. En general es más bien cobarde y astuto que bravo.” (Gay, 1847)

 

5.-Duc barré. Dibujo de Edouard Traviès. 1836-1849.


Este búho fue encontrado por el colector inglés Ambrose Lane en el norte de Chile, en Sacaya,  donde “es conocido por los naturales de todos los lugares que visité en la frontera boliviana, quienes decían que era un visitante ocasional, pero no infrecuente, y se llamaba «Jucu» probablemente en cuenta de su grito. Se dice que el Jucu caza pequeños animales de noche, descansando durante el día en algún acantilado. Se dice que anida en acantilados y pone unos cuatro huevos. El iris es de un amarillo gamboge.” (Lane, 1897)

 

Otro colector en Chile, Thomas Bridges, señalaba que el túcúrárë (así registró su nombre como derivado de su canto), “vive en bosques y ocasionalmente puede ser encontrado de día durmiendo.” (Bridges, 1843)

 

Hacia fines de 1866 Robert Cunningham, naturalista de la expedición del buque Nassau, encontró al tucúquere cerca de la actual Punta Arenas. “Cuando estábamos ocupados buscando un lugar para cruzar el río, con cuyos intrincados meandros se necesita cierta experiencia para familiarizarse, fue descubierto un gran búho posado en la rama de un árbol cercano, y se le disparó … Fuimos sorprendidos por el aspecto gatuno que sus grandes ojos comunicaban a su cara … en el estrecho de Magallanes, además de encontrarse en las zonas boscosas, no es raro en las zonas abiertas, donde a veces puede ser visto posado en los arbustos de Berberis, o volando tranquilo en busca de su presa, que consiste mayormente en roedores de varias especies.”  (Cunningham, 1871)

 

El mismo naturalista en la bahía San Gregorio observó que “el suelo en muchas partes está completamente perforado por las cuevas de los Ctenomys … En las proximidades de estas madrigueras observé buena cantidad de ejemplares del gran búho (Bubo magellanicus)  . Estaban en general posados en los arbustos de Berberis, y eran muy audaces, ladrándome de forma peculiar, y dejándome acercar a 3 o 4 metros antes de volar.”

 

En Tierra del Fuego, ”el hábitat del búho de Magallanes es el campo abierto donde hay maleza achaparrada. Es de hábitos mucho más nocturnos que el mochuelo chico y la lechucita vizcachera, pero vuela fácilmente durante el día si se le molesta. Su profundo retumbar "Tuu-kukuru" se escucha comúnmente desde las viviendas por la noche. Si se le molesta durante el día, no pierde la oportunidad de protegerse a sí mismo, pero vuela fácilmente y emprende un vuelo largo, recto y poderoso, de quizás, varios cientos de metros, luego vuelve a posarse, a menudo en algún punto alto, y evade la persecución. Muchas veces he fallado en acercarme a uno una vez que ha sido molestado.” (Crawshay, 1907)

 

Más al norte, en Perú, Alberto Gadea refería que “El búho o tucu, Bubo magellanicus, Gm. tiene en las vizcachas, cavias, mefites, ratas, etc., su alimento favorito. — Quién ve a estas melancólicas rapaces, sumergidas durante el día en sus oscuras cuevas, de las escarpadas y desnudas rocas de la Cordillera, se imagina que están condenadas a mil privaciones en su alimentación; pero muy lejos de eso, hacen caza activa y se regalan con la carne de los mamíferos citados. En un lugarejo de la provincia de Canas, llamado Palpata, fue donde por primera vez vi al majestuoso Tucu, que parecía, que estando persuadido de lo inaccesible de las enormes rocas que lo sustentaban, desafiaba a los que desde abajo lo mirábamos. Los cerros que circundan Palpata y los contiguos a la Raya, cerca de Santa Rosa, son de conglomerados, muy cavernosos, donde por tener buenas moradas, además del pasto, son abundantes los Lagidium. En Umayo, observé cerca de las guaridas del búho, en los productos de sus regurgitaciones, trozos de pieles de vizcacha. (Gadea, 1894)

 

 

En el centro de la Argentina el tucúquere tiene una población aislada en las sierras de Córdoba y San Luis. En Cosquín, le llevaron uno vivo a Ernest White, y “me arreglé para mantenerlo por algún tiempo; en realidad pronto se hacen muy mansos y tratables, algunos nativos los mantienen como mascotas, sueltos en las chacras. Hay unos pocos que se pueden encontrar en el valle; y una vez fui de excursión a cierta distancia con un amigo al dormidero de una pareja en la altura junto a los barrancos serranos; me dijo que a menudo los había observado en algunos algarrobos grandes.” (White, 1883)

 

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

Una, a una las aves
fueron develándome tus enigmas
tus secretos más escondidos
un zarapito
manifestó, me amas.

Un Tucúquere
mirando a todos lados
señaló reservado, piensas en mí
antes de entregarte
a los sueños de Morfeo.

El jilguero alegre
en su gorgoritear
proclamaba, ¡¡¡te quiere!!!!
y el Tiuque molesto exclamó
¡mentira!, él ¡¡¡te ama!!!.

Con trinos y caricias
serenaste mi dolor
apaciguaste mis aguas
y tú ser, transformaste
en mí refugio de amor.

Gaviota azul, 2007 (fragmento)

 

 

 

 

6.-Estatuilla de cobre representando un hombre búho. Cultura moche  (100–800 DC) -
Museo del Sitio de Huaca Rajada – Sipán, Lambayeque. Foto:  zug55. 



 

EL TUCÚQUERE Y LOS PUEBLOS

 

Señalado con la maldición bíblica, que considera al búho o yanshuf abominable para comer (Leviticus 11:17),  esta ave atravesó la historia medieval europea como un ave maldita. Así, en los bestiarios medievales, se considera que prefiere vivir de noche ocultándose de la luz, vive en un nido ensuciado por sus propias deyecciones, se lo encuentra en ruinas, tumbas y cuevas y grita cuando presiente que alguien va a morir. Estas creencias se trasladaron a América con los conquistadores y colonos, y se le atribuyeron a las especies de lechuzas y búhos locales como el tucúquere.  Los pobladores, cuando encontraban uno de ellos,  lo mataban, lo estaqueaban y lo colgaban de los cercos para ahuyentar a  la muerte. En zonas rurales de Chubut se lo considera de mal augurio, especialmente cuando se acerca a la casa de noche. (Castillo & Ladio, 2017)

 

Quizás influenciados por los europeos, los mapuches también creían que cuando un tucúquere, al que ellos llamaban tue-tue por el sonido de su canto,  le grita a alguien le está señalando su próxima muerte. Lo vinculan con los kalku o brujos porque pueden tomar esa forma humana y viceversa.

 


7.-Billete de 5000 pesos chilenos con la figura de un tucúquere (reverso).



En Chiloé, donde lo denominan raiquén, se cree que un brujo puede transformarse en raiquén para comunicar a alguien su cercano deceso, para lo cual se vale del ruido de sus alas que semeja el sonido de espuelas, o bien por su canto que suena pirui … pirui … pirui. Para alejarlo se hace la señal de cruz en el aire con la mano, con ello el ave cae muerta y no se cumple lo que pronosticó. Esta creencia se condensa en el dicho «El raiquén canta y el indio muere, no será cierto pero sucede». (Amory, 2013; Romo Sánchez, 1985, 1989)

 

 

La noche ensanchó su charco

de betún; el agorero

búho con la horrible seda de su ala rasgó el sendero.

 

Gabriela Mistral – “La espera inútil”

 

 

 

 

 






Los selknam también consideraban a los búhos y lechuzas de mal agüero y cuando veían uno lo trataban de asustar exclamando «¡Kosh vipson!», que significa «¡Rostro malo!» Y continuaban lanzándole todo tipo de insultos (Moya, 1958). Sin embargo no dejaban de cazarlo y usarlo como alimento, tal como lo relata Lucas Bridges:

 

Un día en que salí con el muchacho, vimos un búho de largas orejas posado a unos nueve metros del suelo sobre un árbol frondoso, fácil de cazar… Yoshyolpe se empeñó en cazar al ave, de modo que esperé para ver cómo se las ingeniaría. En el extremo más delgado de una vara de unos dos metros de largo ató un trozo de tiento seco, fino y casi tan rígido como una cuerda de guitarra, con el que hizo una lazada de buen tamaño.

Yoshyolpe se acercó al árbol. Al verlo, el búho pareció dispuesto a emprender el vuelo, pero luego cambió de idea. … el muchacho empezó a trepar al árbol, acercándose a su presa con la misma cautela de un gato que se arrastra hacia un gorrión. El búho lo miraba con asombro, no exento de miedo… Por fin estuvo el ave al alcance de la vara de Yoshyolpe. La llevó lentamente hasta ponerla por encima de la víctima, y luego, con la misma lentitud, aflojó el lazo. El búho no comprendía que era ese pedazo de tiento … le dio dos o tres fuertes picotazos, y al hallarlo inofensivo, pareció sumirse nuevamente en sus propias reflexiones. Sin prisa, el muchacho deslizó el lazo por la cabeza del ave y con un tirón brusco lo apresó y el búho quedo colgado en el extremo de la caña, agitando inútilmente sus fuertes alas.” (Bridges, 2012)

 

Los yaganes relataban que un niño, huérfano de padre, era mal alimentado por los hombres de la tribu. Su madre lo incitó a cazar por sus propios medios y el chico cazó  muchos guanacos. Guió a los hombres para que le ayudaran a llevar las presas a la toldería. El niño llegó con su carga pero los hombres se cansaron pronto y llegaron a la noche sin carga y en búhos o yahutela. Por eso todas las noches se los oye llamando, pero al no ser recibidos se retiran a los bosques. (Rozzi et al., 2011)

 

 

 

Así las cosas, otra vez entró en un monte grande. Entonces encontró también a un coucou.

“-¡Buenos días, pues, coucou”, le dijo al coucou.

“-¡Buenos días, hermano mayor!”, dijo el coucou.

“-¡Ji, ji. Ji, ji, ji, ji!”, dicen que se rió, con el pico fruncido, el coucou.

“-¡Te ríes, pues, ojos grandes!”, le dijo al coucou.

“-¡Ji, ji, ji, ji, ji, ji, ji!”, volvió a decir.

Dicen que lo dejó así y se fue.

 

Lorenzo Naupa Epuñán  (Sánchez Cabezas, 2014)

 

 

 

8.-Dios Búho. Mochica. Época Auge (100 - 800 DC).
Museo Larco, Perú. © Archivo Museo Larco. 

 

En la cultura aimara esta ave también tiene un carácter mágico. Lucia Callacondo cuenta que una joven pastora de la Cordillera albergó una noche a un joven que terminó enamorándose de ella. Por la mañana el joven se iba, y regresaba a la noche a dormir. Las amigas de la pastora le aconsejaron que, una vez que el joven estuviera adentro, cerrara bien puerta y ventanas para que no se pudiera a ir. Así lo hizo y, para su asombro, el joven se transformó en un búho que cantaba «juk, juk, juk» y cuando la chica abrió la puerta, se alejó volando. (Quispe Chambi, 2004) 

En Bolivia  cuando el búho canta de noche, se dice que llama al alma de quien habita en el lugar. Si viene volando con sus alas oscuras y se posa con su típica suavidad en la cumbrera del techo, alguna desgracia ocurrirá a los moradores de la casa. Y si se queda a anidar allí, con seguridad habrá alguna muerte. Si en su vuelo cae o tropieza con algún poblador una próxima epidemia asolara la región. (Paredes, 1920)

 

 

 

 

Habiendo escuchado la vieja penumbra

Que envuelve de cantos el lago profundo,

Un oscuro silencio sembrado de asombro,

Hereda su cuerpo de alada fogata

y abre en sus ojos las sombras del mundo.

 

Nicolás Barría – Tucúquere

 

 

 

 

 



9.-Botella Modelada, Mujer-Búho. Cultura Moche. Foto: Sergio Vera.

 

La cultura moche, que se desarrolló en el noroeste de Perú entre los siglos II y VII d. C., tenía al búho como uno de sus dioses y lo representaban con características humanas. Estas figuras antropomórficas tenían un gran valor ritual y se utilizaban como símbolos de poder. Así por ejemplo en la tumba del sacerdote de  Sipán (Lambayeque) se encontró una corona bañada en oro, ornada con un búho con las alas abiertas y un bastón con la figura de un hombre búho. Según el mito de este pueblo en algún momento se produciría la «rebelión de los artefactos» cuando esos objetos cobrarían vida y, liderados por el hombre-búho,  atacarían a los guerreros moches. El búho se asociaba con los cadáveres, cementerios y los espíritus de los muertos y era reconocido como un guerrero nocturno. Este simbolismo persistió durante la época incaica, en la cual los búhos eran encerrados en mazmorras subterráneas con los peores criminales para castigarlos. (Quilter, 1990)

 

Alex Mouchard

 

 

 

En lo perjuro soy tordo

Y lechuza bien me viene,

En la novedad pequene

Y tucúquere en lo sordo;

Soy queltehue por lo gordo,

En lo grande picaflor,

En lo casero gorrión

En lo habiloso, zorzal;

Soy loica para cantar

Antes de que salga el sol.

 

Juan Uribe Echevarría (1974) -  “Pájaros y árboles”

 

 

 

 

LOS NOMBRES DEL TUCÚQUERE

 

Yagan = Yohutela, yahutéla, yapoutéla (de yapou, nutria, y téla, ojo),  ketéla yoakília, kuhúrux.

Tehuelche = Aamen, mamékê

Mapuche = Tucúquere, tukukere, tukuu, tuco, nuco, kowkow, coucou,  towtow, toutou, kongkong, raiquen. Salvo éste último los demás parecen ser onomatopéyicos. Sánchez Cabezas (2010) supone con dudas que tucúquere deriva de tuku, onomatopeya del canto,  y ukür, búho, o sea, “búho que grita tuku.”

Puelche = Koho, ucutrel.

Ranquel = Nuku.

Pueblos andinos de Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca = Corcol, colcol.

Aymara = Juku.

Quechua (Bolivia, Perú) = Tucu, tuku, toco, huku. Para algunos deriva del  verbo tucuni, acabar, morir. También le llaman chuschec, nombre que además aplican a la lechuza.

 

 

 

Hasta los ratones habian huído no hallando que comer; sólo los búhos sentados allí, dejaban oir su canto lúgubre. 

Ollanta ó la severidad de un padre y la clemencia de un rey. Drama quechua (Anónimo, 1868)

 

 

 

AGRADECIMIENTO

Agradezco a Pina Ilustraciones, de Panguipulli, Región de Los Ríos, Chile, por permitirme reproducir su dibujo del tucúquere.

 

 


Amory, Dean. 2013. Las Principales Leyendas, Mitos, Historias y Cuentos de Chile. Edgard Adriaens, Bélgica.

Anónimo. 1868.  Ollanta ó la severidad de un padre y la clemencia de un rey. Drama quechua traducido por el Dr.  José Sebastián Barranca. Imprenta Liberal, lima.

Bridges, Esteban Lucas -2012- El último confín de la tierra. Sudamericana :Buenos Aires.

Bridges, Thomas. 1843. Proceedings of the Zoological Society 11.

Castillo, Lucía & Ladio, Ana. 2017. Las aves en el patrimonio biocultural de los crianceros rurales del centro-norte de la Patagonia, Argentina. Hornero 32(1):123–138

Crawshay, Richard. 1907. The Birds of Tierra del Fuego. Londres: Bernard Quaritch.

Cunningham, Robert O. 1871. Notes on the Natural History of the Strait of Magellan and West Coast of Patagonia, made during the Voyage of H.M.S. 'Nassau' in the Years 1866, 67, 68, & 69. Edinburgh, Edmonston And Douglas.

 

Doering, A. 1881. Informe oficial de la Comisión Científica agregada al Estado Mayor General de la Expedición al Rio Negro (Patagonia), realizada en los meses de Abril, Mayo y Junio de 1879, bajo las órdenes del General D. Julio A. Roca. Entrega I. — Zoología. Buenos Aires,  Imprenta de Ostwald y Martínez.

d’Orbigny, Alcide -1835-1847 - Voyage dans l'Amérique méridionale (le Brésil, la République orientale de l'Uruguay, la République argentine, la Patagonie, la République du Chili, la République de Bolivia, la République du Pérou) : exécuté pendant les années 1826, 1827, 1828, 1829, 1830, 1831, 1832 et 1833. Pitois-Levrault: Paris

Edwards, G. 1747. A natural history of birds. Most of which have not been figured or described, and others very little known, from obscure or too brief desriptions without figures, or from figures very ill designed: Containing the figures of sixty-one birds and two quadrupedes, engrav'd on fifty-three copper plates, after curious original drawings from life, and exactly colour'd. With full and accurate descriptions. To which is added, an appendix, by way of illustration. Part II. - pp. i-viii [= 1-8], 53-128, pl. 54-105, [105a]. London.

Feuillee, Louis. 1714. Journal des observations physiques, mathématiques et botaniques, Faites par l'ordre du Roy sur les Côtes Orientales de l'Amérique Méridionale, & dans les Indes Occidentales, depuis l'année 1707. jusques en 1712. París, Pierre Giffart.. Dos vols.

Fitz Roy, R. 1839. Narrative of the Surveying Voyages of His Majesty's Ships Adventure and Beagle, between the Years 1826 and 1836. Vol I. London: Henry Colburn.

Gadea, Alberto L. 1894. La vizcacha. Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima. Tomo IV:7,8 y 9.

Gay, Claudio -1847- Historia física y política de Chile. Zoología. Tomo Primero. París :en casa del autor. Chile: en el Museo de Historia Natural de Santiago.

González Bastías, Jorge. 1952. Antología poética – Versos inéditos. Santiago de Chile

http://www.mundopoesia.com/foros/temas/refugio-de-amor.95913/

https://www.benjaencinas.cl/coleccion-aves.html

Hudson, W.H. 1917. Idle days in Patagonia. E.P. Dutton & Co. New York.

Ibarra JT, Caviedes J & Benavides P. 2020. Winged Voices: Mapuche Ornithology from South American Temperate Forests.  Journal of Ethnobiology 40(1) : 89-100

König C, Heidrich P & Wink M. 1996. Zur Taxonomie der Uhus (Strigidae: Bubo spp.) im südlichen Südamerika. Stuttgarter Beiträge zur Naturkunde. Serie A (Biologie) 540

Lane, Ambrose A. 1897.  Field-Notes on the Birds of Chili. Ibis ser.7: v.3 (9-12).

Latham J (1790) Index ornithologicus, sive systema ornithologiæ; complectens avium divisionem in classes, ordines, genera, species, ipsarumque varietates: adjectis synonymis, locis, descriptionibus, etc. Volumen I. Leigh & Sotheby, Londres.

Moya, Ismael -1958- Aves mágicas. Ministerio de Educación de la Pcia. de Buenos Aires, La Plata.

Paredes, Rigoberto. 1920. Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia. Arno Hermanos, La Paz.

Quilter, Jeffrey. 1990. The Moche Revolt of the Objects. Latin American Antiquity, 1 (1): 42-65.

Quispe Chambi, Edgar. 2004. Traducción de Cuentos y Tradiciones Orales en Aimara. Instituto del Bien Comun.  Academia Peruana de la Lengua Aymara APLA – Puno, Peru.

Romo Sanchez, Manuel. 1985. Aves y Plantas en la brujeria de Chiloe. Santiago, Chile.

Romo Sánchez, Manuel. 1989. Diccionario de la brujería en Chiloé. Santiago, Chile.

Rozzi R, Massardo F, Anderson C, Mcgehee Sm, Clark G, Egli G, Ramilo E, Calderón U, Calderón C, Aillapán L Y Zarraga C. 2011.  Guía multi-étnica de aves de los bosques subantárticos de Sudamérica. Ediciones Universidad de Magallanes y UNT Press, Punta Arenas y Denton.

Sánchez Cabezas,  Gilberto. 2010. Los mapuchismos en el DRAE. Boletín de Filología, 45 (2).

Sánchez Cabezas, Gilberto. 2014. El Gato Machi. Epew pewenche. Boletín de Filología, Tomo XLIX, número 1: 195-218.

Silva Acevedo, Manuel. Dia Qiinto. Soy el alma de la tierra. VOX virtual Nº 13. Setiembre 2002 - Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina.  http://www.proyectolux.com.ar/virtual_13.htm

Uribe Echevarría, Juan. 1974. Flor de Canto a lo humano, Editora Nacional Gabriela Mistral.  Santiago de Chile.

White, Ernest W. 1883. Supplementary Notes on the Birds of the Argentine Republic. Proceedings of the Scientific Meetings of the Zoological Society Of London.

 

IMÁGENES

 

1.-https://www.facebook.com/photo/?fbid=212712947167450&set=pcb.212712993834112

2.-Feuillee, Louis. 1714. Journal des observations physiques, mathématiques et botaniques, Faites par l'ordre du Roy sur les Côtes Orientales de l'Amérique Méridionale, & dans les Indes Occidentales, depuis l'année 1707. jusques en 1712. París, Pierre Giffart. Dos vols.

3.-Daubenton, Edme-Louis. 1765-1783? Planches enluminées d'histoire naturelle. Paris?

4.- Hudson, W.H. 1917. Idle days in Patagonia. E.P. Dutton & Co. New York.

5.- Cuvier, G. 1836-1849. Le règne animal distribué d'après son organisation, pour servir de base à l'histoire naturelle des animaux et d'introduction à l'anatomie comparée. Tome 2 - Oiseaux –Atlas. Paris, Fortin, Masson et Cie.

6.- https://www.flickr.com/photos/zug55/16428537536

7.- https://www.billetesymonedas.cl/Billetes/BilleteActual/5000

8.- https://www.hoyesarte.com/evento/oro-mitos-y-rituales-el-arte-mochica-del-antiguo-peru/

9.- https://centroderecursos.educarchile.cl/bitstream/handle/20.500.12246/40726/articles-106504_imagen_0.jpeg?sequence=1&isAllowed=y

domingo, 27 de noviembre de 2022

EL ETERNO SURUCUÁ (Trogon surrucura), SUPREMO DE QUIETUD Y BELLEZA

 

Churuku'a ju oguáu rachy,

oguáu rachy.

Ognáu rachy ramo katu,

tape tape i rupi jaávy, jaávy

“chakã rachy" ja'e ramo,

yvyra ñe'e ñand'api, ñand'api .

 

El Suruku'a eterno se lamenta tristemente,

se lamenta tristemente.

Y cuando se lamenta tristemente,

y por los caminos, los caminos, vamos caminando,

y  decimos "me duele la cabeza",

el alma del árbol nos hiere, nos hiere.

 

Canción infantil de los Mbyá (Cadogan, 1959)

 

 Surucuá Aurora (Trogon curucui peruvianus). 

Dibujo de Johannes Gerardus Keulemans (Günther, 1892.).

01 




 

Los observadores de aves sabemos que de vez en cuando se producen momentos mágicos en que algún ave, en vez de asustarse y alejarse, se acerca a nosotros y nos permite una magnífica visión. Entonces pasamos a ser de observadores a observados, y disfrutamos intensamente esos breves instantes y los conservamos para siempre en la memoria. Esto me pasó un día caminando por el sendero de entrada de la Reserva San Sebastián de la Selva (Misiones, Argentina). Sentí que alguien me miraba y buscando con atención encontré un Surucuá cola blanca (Trogon surrucura) macho, posado en una rama baja muy cerca. Una vez repuesto de la admiración que me produjo la belleza de sus colores, le saqué unas fotos  y lo observé con los prismáticos. Al principio no se movió, luego voló al otro lado del sendero, donde estaba su hembra. Me acerqué y durante unos minutos permanecieron allí mirándome con curiosidad reflejada en sus grandes ojos. Finalmente, roto el hechizo, volaron y se posaron lejos, dejando oír su ansioso «cou cou cou».


Surucuá cola blanca (Trogon surrucura), macho. 

Foto de Alex Mouchard.



El bello surucuá, pariente del resplandeciente quetzal centroamericano, pertenece como éste al orden Trogoniformes, con la única familia Trogonidae. Este orden se caracteriza por la disposición de los dedos de los pies, donde el 3º y 4º dedo se dirigen hacia adelante y el 1º y 2º hacia atrás, conformando el pie llamado heterodáctilo. (Pinto, 1950)  Sus 43 especies se distribuyen mayormente en bosques tropicales y subtropicales de Centro y Sudamérica, África subsahariana y del sudeste asiático.

El nombre se lo dio Azara tomándolo de los guaraníes, surucuá, que también se escribe suruku’á y suruquá. La etimología es dudosa. Baptista Caetano de Almeida Nogueira lo deriva de çurug = escaparse, y quâ = rápido. Arnoldo de Winkelried Bertoni, por su parte, interpreta surú = hundido y ku’á = cintura, porque dice que tiene el vientre hundido. (Garcia, 1913). Otras  fuentes(https://www.traducirportugues.com.ar)lo relacionan a surucu = pescuezo, y de ahí surucuá = pescuezo escondido. 


Surucuá cola blanca (Trogon surrucura), hembra. 

Foto de Alex Mouchard.

 

Anteriormente George Marcgrave (1648) había registrado el nombre tupí curucuí, o mejor çurucui, para el Surucuá aurora al que Paul Möhring (1752) puso el nombre científico Trogon curucui. Trogon es una palabra griega que significa cascador, que come frutas, derivada del verbo trogo: roer, comer, especialmente frutas (higos) o vegetales. (Mouchard, 2019)

Esta ave “ofrece, rinde, entre las alas el ardiente azul …, pecho y vientre de púrpura. A lo largo del lomo corren como en escalofrío, verdes ondas metálicas, cuyos cambiantes bronceados no hallan semejanza sino en los muarés del kerosene sobre el agua. Si se vuelve el ave de perfil, destácase en la cabeza un círculo de violeta mate.”  (Quiroga, 1977).

“Del tamaño de un zorzal, es, si exceptuamos quizás algunos de los colibríes, con mucho el más hermoso de todos los habitantes emplumados de estos bosques … Las alas son de pizarra oscura, delicadamente barradas de blanco. El pico es muy pequeño, pero la boca es tan ancha como la de un atajacaminos. Los pies y las piernas parecen desproporcionadamente débiles y delicados para el tamaño del ave. La hembra está mucho más sobriamente ataviada que el macho, un simple gris y marrón ocupa el lugar del magnífico conjunto rojo, morado y dorado de este último.”  (Bigg-Wither, 1878)

“Su vestido es largo, de barbas sumamente sueltas, tan poco arraygado, que se arrancan por poco que se le toque; y los brillos y esmaltes del macho son muy superiores a los de los famosos picaflores. No abunda ni sale de los mayores bosques; y aunque a veces se sitúa en las ramas más altas, aunque sea secas, se posa comúnmente sin ocultarse hacia la mitad de los árboles sin baxar a la mitad inferior ni al suelo … Es tan mansejón que se dexa acercar quanto se quiere, y en una ocasión le vi matar con un palo. Es estacionario: canta poco cuando no hay amor.” (Azara, 1802)

 


 

“Vimos periquitos de bellísimos colores y lindos trogones...". 

 

    (Theodore Roosevelt, 1914)

 


“La selva sombría parece haber creado esta ave esplendente con solas miras de exposición. No se conoce del surucuá otra manifestación de vida que su inmóvil belleza mineral. Sólo por ventura puédesele haber visto volar. Solitario sobre una rama baja, supremo de quietud, belleza e inocencia, la selva lo expone como su peregrina joya, de cuya creación no parece haber salido todavía de asombro.” (Quiroga, 1977)

 “No hay ruido ni presencia que la arranque de su dulce hipnotismo. Si un hombre se acerca a él, el surucuá lo mira acercarse, sin inquietud alguna. Y cuando el hombre pasa bajo él, el surucuá baja la cabeza y lo sigue con los ojos.” (Quiroga, 1977)

“Muito pachorrento” dice von Ihering. Pero “basta con imitar su voz, un hu-hu repetido, en tono de silbido, y pronto, tanto el macho como la hembra se acercan.” (Von Ihering, 1940)

 

A mediados del siglo XX, según Olivério Pinto, los surucuáes eran comunes en Brasil “en todas las partes menos devastadas, apareciendo más de una especie generalmente en los mismos lugares. Durante la buena estación, quien con oído atento a las voces de la naturaleza se adentra en nuestros bosques, no tardará en destacar su voz sencilla y altisonante entre el concierto de las aves, que como Azara podríamos representar gráficamente por un piô, piõ, piô... más o menos prolongado y repetido a intervalos, pero que para el observador más inexperto es muy fácil de imitar, hasta el punto de engañar a la misma ave, que en su natural curiosidad viene dispuesta a ser llamada, posándose a una distancia lo suficientemente pequeña como para ser observada casi siempre sin dificultad. Lo cual, por cierto, se consigue tanto más cómodamente cuando los surucuáes nos permiten acercarnos a ellos sin demasiada precaución, sobre todo en las horas tranquilas del día.” (Pinto, 1950) 

 


Surucuá cola blanca (Trogon surrucura). 

Dibujo de Elizabeth Coxen Gould (Gould, 1838)





 

ALIMENTACIÓN

 

 “Pasa bastantes ratos tranquilo atisbando los insectos volantes que pasan a tiro, y sale a pillarlos con destreza.” (Azara, 1802)

“Su principal alimento consiste en mariposas y otros insectos de cuerpo blando; y el único momento en que exhiben algo de actividad es al perseguir a su presa. El resto del tiempo están posados inmóviles en alguna rama o ramita de un árbol, generalmente a 10 m del suelo." (Bigg-Wither, 1878)

Pero, para Ermano Stradelli, en esta actividad insectívora no sería tan exitoso lo que lo lleva a comer frutas: “Pasan horas y horas posados en la rama de un árbol a la espera de que pase un insecto, y entonces se precipitan sobre él con una veloz picada, abriendo de par en par el enorme pico, lo que hace darle a una variedad el nombre de tamatiá uirá; pero son más las veces que vuelven sin conseguir nada, que aquellas en que son felices; quedarían muchas veces en ayuno, si además de insectos no comieran también todo tipo de bayas, de las que abundan en la selva.” (Stradelli, 1929).

Ese nombre de tamatiá uirá, "designación indígena de carácter biológico tan fuertemente realista, que creímos prudente guardar silencio sobre su significado para no ofender el natural pudor de las lectoras,”según aclara Santos (1938), pero que significa ave-vulva, comparando los genitales femeninos con la boca del ave. 

 “Come frutas, como Aguaí [Chrysophyllum gonocarpum], que coje de las ramas al vuelo, y toda clase de insectos, gusanos, larvas, de tamaño crecido, sin respetar algunos  espinosos o urticantes.” (Bertoni, 1901)

“Estas aves se alimentan de pequeñas bayas que crecían en ramitas delgadas, demasiado pequeñas para soportar su peso. Su costumbre era lanzarse hacia el racimo de frutas, flotar frente a ella por un momento, agarrar una baya y regresar a su percha para comérsela … Por la debilidad y el pequeño tamaño de sus pies y patas, este hábito de alimentarse volando parecería inevitable. (Beebe, 1905)

 

 

VUELO

 

“Ordinariamente va solo, aunque la hembra no está lejos … No prolonga sus vuelos que son violentos y a ondulaciones verticales.” (Azara, 1802)

Aunque William Foster, observaba en Sapucay (Paraguay) que “cuando se lo molesta su vuelo es muy lento y silencioso, no diferente del de un búho.” (Chubb, 1910)

“Cuando se le ocurre pasar de una costa a la otra del Río [Alto Paraná], lo hace … volando con ondulaciones bruscas de pura fuerza; lo he visto cruzar el Rio, donde tiene 600 metros de anchura máxima.” (Bertoni, 1901)

 

 

NIDO

 

“Hace el nido excavando por lo inferior los tacurúes de los árboles hasta tener concavidad suficiente. He visto al macho pegado como los carpinteros, excavando el tacurú con el pico para el nido, mientras la hembra tranquila en el árbol inmediato miraba animando al esposo” (Azara, 1802)

Sin embargo no siempre construye el nido así. Theodor Bischoff “encontró en Mundo Novo, Rio Grande do Sul, un nido de esta especie con dos pichones, que estaba hecho en una masa de musgos, encima de una rama gruesa de un árbol.” (Ihering, 1900)

En Costa Rica, Alexander Skutch, realizó estas interesantes observaciones sobre la nidificación de la especie Trogon violaceus, a la que encontró criando “en cavidades de tocones en descomposición, en cámaras excavadas en el corazón de termiteros negros y duros, y en avisperos de “papel”, en altura. En todos los casos en los que tuve la suerte de observar el proceso, los dos sexos trabajaban alternativamente tallando la cavidad del nido, y el macho participaba en gran medida en la incubación de los dos o tres huevos blancos o azulados, así como en la asistencia a los pichones.” (Skutch, 1971)

“Vi un par …  salir volando del bosque y atacar un gran avispero habitado por avispas negruzcas de tamaño mediano. Esta estructura, compuesta de papel gris plateado, tenía forma de trompo, unida por su ancho extremo superior a una rama externa expuesta de un noble árbol Stryphnodendron, a treinta metros sobre el suelo. Los trogones macho y hembra se lanzaban alternativamente hacia el avispero, donde, halconeando momentáneamente con las alas, como lo hacen mientras arrancan una baya, abrieron un pequeño agujero en el costado, cerca del fondo. La brecha creció lentamente, ya que día tras día los pájaros volvían a su tarea, mientras las avispas seguían perezosas e inactivas en el aire fresco de la mañana a mil metros sobre el nivel del mar.”

“Más tarde, cuando el sol naciente había calentado la ladera de la montaña y las habitantes del avispero se activaron, los trogones se posaron cerca y realizaron vuelos largos y espectaculares para atraparlas en el aire o arrancarlas de la superficie de su hogar. Aparentemente los pájaros se comían a las avispas, ya que no vi a las víctimas caer al suelo. Cuando la brecha en el costado creció lo suficiente como para que los trogones se aferraran a su borde inferior mientras trabajaban, sus períodos de excavación se hicieron más largos y pronto ya estaban excavando en los panales de cría. Sin duda devoraron las tiernas larvas y pupas blancas, aunque no pude ver esto, porque los pájaros mantenían la cabeza adentro. Ocasionalmente una avispa atacaba a los saqueadores de su nido, pero, en general, causaron pocos problemas a los trogones. Después de que las aves ahuecaron una cavidad en las cámaras de cría, lo suficientemente grande como para que les sirviera de nido, las avispas abandonaron su colmena.” (Skutch, 1971)

“Mientras la hembra empolla, la ocupación del macho es llevarle el alimento, vigilar desde una rama cercana y cantar; es silencioso y hasta taciturno el resto del tiempo, pero mientras dura el período de incubación de su hembra, resuena con los ecos de lánguidos sonidos que, por insípidos que nos parezcan, encantan sin duda las inquietudes de su compañera.” (Buffon, 1770-1785)

 


Surucuá Aurora (Trogon curucui). 

Dibujo de D. F. Sotzmann (Borowski, 1780)



 

SURUCUÁES Y HUMANOS

 

Bigg-Wither observó una costumbre curiosa del ave: “El sonido de nuestras hachas parecía tener una atracción especial para los surucuáes. Con frecuencia, mientras algún árbol temblaba en su sede bajo los fuertes golpes del hacha, uno de estos pájaros  venía volando presuroso, y se posaba tranquilamente en una de las ramas del tambaleante monarca, como si hubiera estado huyendo de algún perseguidor, y hubiera llegado entonces a un puerto seguro. Creo que posiblemente la vibración de las hojas bajo los golpes del hacha sobre el tronco lo engaña haciéndole imaginar que son mariposas revoloteando alrededor del árbol, lo que estimula su prisa por venir a inspeccionarlas. Ciertamente, el pájaro parece bastante tonto y estúpido para cualquier cosa. (Bigg-Wither, 1878)

Y también esta creencia: “Mis compañeros me dijeron que el surucuá siempre se encontraba en las localidades que frecuentaban las yacutingas, y que era, de hecho, el gran enemigo de estas aves, y que el motivo por el cual se posaba, avistando tan pacientemente hora tras hora, era que podía abalanzarse sobre cualquier yacutinga que pasara y, una vez asegurada una posición bajo el ala de su presa, se aferraba allí y le desgarraba los órganos vitales a su antojo. Muchos brasileños,  que creen en la veracidad de esta historia, dicen que éste es el uso que el surucuá le da a su pico afilado y a su boca anormalmente grande. Mi propia experiencia con el ave es que está completamente inadaptada por naturaleza para una actividad tan audaz.” (Bigg-Wither, 1878)

Los naturalistas coinciden con la apreciación de Azara respecto del plumaje y piel del surucuá. Así William Foster decía: “Debido a que este es una de los más difíciles de todas las aves para desollar, el colector se siente bastante preocupado cuando encuentra un ejemplar; la piel tiene la consistencia de papel tisú mojado, y las plumas caen en grandes manojos al menor toque. Como se puede imaginar, la paciencia del colector es llevada al extremo antes de que el espécimen pueda ser guardado como una buena piel”. (Chubb, 1910)

“Pero exajera mucho cierto autor, cuando dice que la tarea más difícil que puede emprender un naturalista es desollar un Suru-ku'á.” (Bertoni, 1901)

A estas características Alexander Wetmore (1926) comenta que su cuerpo exhala el mismo fuerte olor del anó (Crotophaga) sin sugerir de dónde podría provenir el mismo.

Pese a su notable colorido y conformación, los trogónidos no han dejado una huella muy profunda en las culturas latinoamericanas con excepción del impresionante quetzal.  Quizás eso se deba a su pasividad y a su morada retirada en el interior de densas selvas.

Los mbyá-guaraníes lo consideraban indestructible como todos los seres brillantes, y por eso le aplicaban el adjetivo ju (= divino, áureo, eterno), especialmente al Surucuá amarillo o Surucu'a ju (Trogon rufus). Pero es un ave inconstante y por eso es mejor que las mujeres no lo escuchen cantar (Cadogan, 1959).  Como otros animales, el surucuá también tiene una planta asociada, la Churucu'a ca'a (Peperomia increscens  Miq.),  cuyas hojas deben llevarse como amuleto para lograr el amor de una mujer.


Suruku’a kaá  (Peperomia increscens) 

Dibujo de Patricia Mai (Mai Morente et al., 2016)  



Los yanomami, de la zona amazónica de Venezuela, relatan que un antepasado, Hōrōnami, había cazado un venado, un pecarí y un tapir, pero siendo la carga demasiado pesada llamó a su amigo Kurekurethawë para que fuera a buscarla. Éste tomó la carga pero cayó bajo su peso. Cuando pudo librarse de la carga, regresó a su casa son se transformó en Solagamusɨ o Sorucuá de cola blanca (Trogon viridis)  (Wilbert & Simoneau, 1990.). Para esta etnia el canto del surucuá o sorocuá  anuncia la presencia de algunos otros animales. Así, cuando el Sorocuá acollarado (Trogon collaris) canta suave, es porque viene el pecarí de collar, pero si canta fuerte anuncia al pecarí labiado. Al Sorocuá violeta (Trogon violaceus) le llaman por lo mismo, poshe mamokasi heă, ruido de los párpados del poshe o pecarí de collar, ya  que asimilan su canto al parpadeo de ese mamífero. De la misma forma el Sorocuá cola blanca anuncia al tĕpĕ, u oso hormiguero gigante y por eso llaman al ave tĕpĕ heă, es decir la señal del oso hormiguero. (Verea et al.. 2018)

“Su gran utilidad en agricultura, unida a su deslumbradora belleza, lo hacen el ave más preciosa del Paraguay, y quizás de América.” (Bertoni, 1901) Por ello, desde hace mucho tiempo se intentaba mantenerlo en jaula “pero un ave que huye tan lejos de nosotros, y para la cual la Naturaleza ha puesto la felicidad en la libertad y el silencio de las soledades, parece no haber nacido para la esclavitud, y debe permanecer ajena a todos los hábitos de la domesticidad.” (Etienne Lefebvre-Deshayes, citado en Buffon, 1770–1785)


          Surucuá cola blanca (Trogon surrucura) 

                    Dibujo de Charles Reuben Ryley (Shaw, 1792-1796)




Sin embargo, los trogones eran capturados, si no para comer debido a lo escueto de su carne, para obtener sus bellísimas plumas. Francisco Hernández (1651) comentaba sobre el uso artesanal que los pueblos nativos mexicanos daban a estas aves, “vestidas de plumas de muchos colores, con que los naturales tejen imágenes de maravillosa delicadeza (por las que la  preeminencia de su arte era conocida en todo el mundo) y lo usaban en los días festivos en la guerra, templos y bailes públicos.“  En efecto, las provincias del imperio azteca rendían tributo a Moctezuma II con, entre otras cosas, plumas coloridas como las del Trogon mexicanus. Con ellas los muy hábiles artesanos elaboraban delicados mosaicos, estandartes, abanicos y tocados que eran utilizados por la nobleza en las ceremonias políticas y religiosas. (López Luján & McEwan, 2010)

 

ALEX MOUCHARD



 

 

ALGUNOS NOMBRES GENÉRICOS POPULARES PARA LOS TROGONES

 

Argentina: Surucuá.

Paraguay: Suruku'a, churuku’a (mbyá guaraní), su ru cu áh (guaraní), tsa lakh (angaité, Chaco Boreal).

Brasil: Surucuá (tupí, afrancesado por Buffon como couroucou), pata chóca, capitão do matto (Bahía), perúa-chóca (Bahía), riquinha (= niña rica).

Guyana: Cuia, boclora.

Venezuela: Sorocuá, tucuso, pavita, copín, tocororo.

Colombia: Soledad, viuda roja, sorocuaz, tutuna (tikuna).

Costa Rica: Caicota.

Nicaragua:  Curucú.

Maya: Uulum k’aax, uulum kux ( = pavo de la selva por la similitud de su canto al de los pavos).

Maya tzeltal: K’uk (= pluma, relacionado a la importancia de las plumas como objeto de intercambio y producción de artesanías lujosas).

Mexico: Curucú, pito.

Cuba: Tocororo, guatiní.

 

 

 

 


 

TAzara, F. de. (1802). Apuntamientos para la Historia Natural de los Páxaros del Paraguay y del Río de la Plata. Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología. España. 1992.

TBeebe, C. William. 1905. Two Bird-Lovers in Mexico. Boston and New York. Houghton, Mifflin and Company.

TBertoni, A. de Winkelried. 1901. Aves Nuevas del Paraguay. Asunción: Talleres Nacionales de H. Kraus.

TBigg-Wither, Thomas Plantagenet. 1878. Pioneering in South Brazil: Three Years of Forest and Prairie Life in the Province o Parana. Two vols. London, Murray.

TBuffon, G.L.L. conde de.  1770–1785. Histoire naturelle des oiseaux. Tome VI. Imprimerie Royale. Paris.

TCadogan, León. 1959. Ayvu Rapyta. Textos míticos de los Mbyá-Guaraní del Guairá. Boletim Nº 227 - Antropologia Nº 5. Faculdade de Filosofia, Ciencias e Letras. Universidade de São Paulo. São Paulo, Brasil

TChubb, Charles. 1910. On the Birds of Paraguay. —Part II. Ibis 1910.

TGarcia, Rodolpho. 1913. Nomes de aves em lingua tupi. Ministerio de Agricultura, Industria e Commercio. Rio de Janeiro.

THernández, Francisci. 1651. Rerum Medicarum Novae Hispaniae seu Plantarum Animalium Mineralium Mexicanorum Historia. Romae: Vitalis Mascardi.

Thttps://www.biodiversitylibrary.org/

Thttps://www.traducirportugues.com.ar/2012/05/diccionario-tupi-guarani-portugues.html

Ihering, H. Von. 1900. Catalogo critico-comparativo dos ninhos e ovos das aves do Brasil. Rev Museu Paulista IV.

TLópez Luján, L & McEwan, C (coord.). 2010. Moctezuma II. Tiempo y destino de un gobernante. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

TMöhring, Paul Heinrich Gerhard. 1752. Avium Genera.Bremae: Ger. Guil. Rump.

TMouchard, Alejandro. 2019. Etimología de los nombres científicos de las aves de Argentina : su significado y origen  - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Fundación de Historia Natural Félix de Azara.

TPinto, Olivério. M. O.1950. Da classificação e nomenclatura dos surucuás brasileiros (Trogonidae). Papéis Avulsos do Departamento de Zoologia -
Secretaria da Agricultura 9(9): 89-136.

TMarcgrave, George. 1648. Historia Naturalis Brasiliae. Lugdun. Batavorum, apud Franciscus Hackium et Amstelodami apud Lud. Elzevirium. 

TMöhring, Paul Heinrich Gerhard. 1752. Avium Genera.Bremae: Ger. Guil. Rump.

TQuiroga, Horacio. 1977. De la vida de nuestros animales. Arca-Calicanto: Montevideo.

TRoosevelt, Theodore. 1914. Through the Brazilian Wilderness. New York: Charles Scribner's Sons.

TSantos, Eurico. 1938. Da Ema ao Beija-Flor (Vida e costumes das aves do Brasil). Desenhos de Marian Colonna.  Rio de Janeiro, F. Briguiet & Cia.

TSkutch, Alexander F. 1971. A naturalist in Costa Rica. Florida. University of Florida Press. 378 p.

TStradelli, Ermano. 1929. Vocabularios da lingua geral portuguez-nheêngatú e nheêngatú-portuguez, precedidos de um esboço de Grammatica nheênga-umbuê-sáua mirî e seguidos de contos em lingua geral nheêngatú poranduua. Revista do Instituto Historico e Geographico Brasileiro, Tomo 104, Volume 158, p. 9-768.

TVerea, Carlos; Calvo, E. Josu & Pacheco, M. Andreína. 2018. Los nombres de las aves de Venezuela: Comunes, Científicos, Aborígenes. Primera Parte: No Passeriformes. Instituo de Zoología Agrícola, Facultad de Agronomía, Universidad Central de Venezuela, Maracay

TVon Ihering, Rodolpho. 1940. Dicionario dos Animais do Brasil. São Paulo. 898 pp.

TWetmore, A – 1926 – Observations on the Birds of Argentina, Paraguay, Uruguay,  and Chile –Bulletin 133 – Smithsonian Institution – Washington.Wilbert, Johannes & Simoneau, Karin. 1990. Folk Literature of the Yanomami Indians. UCLA Latin American Center Publications. University of California, Los Angeles.


IMÁGENES

-Borowski, Georg Heinrich. 1780. Gemeinnüzzige Naturgeschichte des Thierreichs: darinn die merkwürdigsten und nüzlichsten Thiere in systematischer Ordnung beschrieben und alle Geschlechter in Abbildungen nach der Natur vorgestellet werden. Bd.2. Berlin, Gottlieb August Lange.

-Gould, John. 1838. A monograph of the Trogonidae, or family of trogons. London, The Author.

-Günther, A. 1892. Catalogue of the Birds in the British Museum. Vol XVII. Department of Zoology. British Museum (Natural History). London.

-Mai Morente, Patricia; Rossado, Andrés; Bonifacino, Jose & Waechter, Jorge. 2016. Taxonomic revision of Peperomia (Piperaceae) from Uruguay. Phytotaxa. 244. 125.

-Shaw, George. 1792-1796. Musei Leveriani explicatio, anglica et latina. London, Impensis Jacobi Parkinson.


sábado, 15 de octubre de 2022

EL VAMPIRO


Charles Waterton

 



“Anteriormente he comentado que deseaba tener la posibilidad de decir que el vampiro me había succionado. Les di muchas oportunidades, pero siempre fueron tímidos; y aunque recientemente succionaron muy fuertemente a un joven indígena, mientras dormía en su hamaca, en el galpón contiguo al mío, no querían tener nada que ver conmigo. Su dedo gordo del pie parecía ser mucho más atractivo. Lo examiné minuciosamente mientras lo lavaba en el río al amanecer. El “cirujano nocturno" le había hecho una herida, casi de forma triangular, y la sangre salía rápidamente de ella. Su hamaca estaba tan sucia y manchada de sangre coagulada, que se vio obligado a rogarle a una anciana negra que se la lavara. Mientras ésta la bajaba a la orilla del río, la extendió ante mí y sacudió la cabeza. Le comenté que suponía que el dedo del pie de ella era demasiado viejo y duro como para tentar al doctor vampiro a extraer una cena de él; y ella respondió, con una sonrisa, que los médicos generalmente preferían a las jóvenes.”

 

“Todavía nadie ha podido informarme cómo es que el vampiro logra sacar tanta sangre, generalmente del dedo del pie, mientras el paciente permanece todo el tiempo en un sueño profundo. Nunca he oído hablar de una persona que se despertara durante la operación. Por el contrario, continúa en un profundo sueño, y al momento de levantarse, sus ojos son los primeros en informarle que ha habido un ladrón sediento sobre el dedo de su pie.”

 

“Los dientes del vampiro son muy afilados y no muy diferentes a los de la rata. Si es que inflige las heridas con los dientes (y parece que no tiene otros instrumentos), uno supondría que la agudeza del dolor haría despertar a la persona succionada. Somos ignorantes en este tema (1); y no conozco ningún medio por el cual se pueda arrojar luz sobre ello. Es de esperar que algún futuro vagabundo de las selvas de Guyana, sea más afortunado que yo, y atrape a este depredador nocturno in fraganti. Alguna vez mencioné que maté a un vampiro que medía 81 cm de punta a punta de las alas extendidas; pero otros, que he examinado desde entonces, han medido generalmente de 51 a 66 cm (2).”

….

“Hace algunos años fui al río Pomeroon con un caballero escocés, de nombre Tarbet. Colgamos nuestras hamacas en el desván con techo de paja de la casa de un hacendado. A la mañana siguiente escuché a este caballero murmurando en su hamaca, y de vez en cuando soltando uno o dos insultos, justo a la hora en que debería estar rezando sus oraciones matutinas. -«¿Qué ocurre, señor?», dije en voz baja, «¿Pasa algo malo?» -«¿Qué pasa?» respondió él malhumorado, -«Pasa que los vampiros me han estado chupando a morir». Tan pronto como hubo suficiente luz, fui hasta su hamaca y la vi muy manchada de sangre. «Aquí», dijo, sacando el pie de la hamaca, «mira cómo estos diablillos infernales han estado sacándome la sangre.»

 

“Al examinar su pie, descubrí que el vampiro le había mordido el dedo gordo del pie: había una herida algo menor que la de una sanguijuela; la sangre todavía manaba de ella; calculé que podría haber perdido 280 a 340 gramos de sangre. Mientras lo examinaba, creo que lo puse de peor humor al comentarle que un cirujano europeo no hubiera sido tan generoso como para sangrarlo sin costo. Me miró a la cara, pero no dijo una palabra: me di cuenta de que pensaba que mejor me hubiera ahorrado esa inoportuna broma.”

Traducción y notas: Alex Mouchard

 

(1) El primer anestésico local conocido fue la cocaína, aislada en 1855 y utilizada como tal desde 1885.

(2) Aquí Waterton se confunde de especie ya que el murciélago vampiro (Desmodus rotundus) sólo mide de 20 a 30 cm de envergadura. Por ejemplo, el murciélago espectral (Vampyrum spectrum) que es cazador pero no hematófago, llega hasta 1 m de envergadura. 


 REFERENCIAS

Texto:

Waterton, Charles -1879- Wanderings in South America, the North-West of the United States and the Antilles, in the Years 1812, 1816, 1820, & 1824. London: Macmillan & Co.

 

Dibujo:

Shaw, George. 1800.  General zoology, or Systematic natural history. v.1:pt.1-2. London, Printed for G. Kearsley, 1800-1826.


EL VENCEJO DE COLLAR (Streptoprocne zonaris) Y LAS FANTÁSTICAS GOWRIES

    Este huésped del verano, el pequeño vencejo que vive en los templos, testimonia aquí, junto a su amada mansión, que el aliento del cie...