"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas".

Michel Foucault-Las palabras y las cosas


jueves, 15 de agosto de 2024

EL YAGUARETÉ SEGÚN WILLIAM HENRY HUDSON

 

UN ESTUDIO DEL JAGUAR

por William Henry Hudson




 

    América, el continente más rico en vida aviar, especialmente en su porción meridional, no se puede comparar con África y Asia en la cantidad y tamaño de sus mayores mamíferos. Sin embargo, tiene algunos que son verdaderamente grandes; y dos de sus bestias carnívoras, el oso grizzly y el lobo gris, son indudablemente los más nobles representantes de sus respectivas familias en el mundo. También se jacta de dos grandes gatos, aunque inferiores en tamaño y coraje a los del Viejo Mundo: son los famosos jaguar y puma – el tigre y el león del Nuevo mundo. El primero es asesino de hombres, y ha sido descripto como el rey de los animales en América, aunque comparado con su gran primo del Viejo Mundo, por el cual los españoles lo bautizaron, es como el ñandú respecto del avestruz, o como el mayor de los monos americanos respecto del orangután y el gorila.

    Su longitud total es de 2 m a 2,10 o 2,40 m, pero en ejemplares excepcionalmente grandes las medidas son mayores. La cola es casi de un tercio de la longitud total. Si consideramos sus medidas o lo vemos en cautiverio lado a  lado con un tigre de la India, podemos pensar que el jaguar es comparativamente un animal pequeño y quizás nos sorprendamos de su reputación. No está construido de la misma forma que el tigre, no alcanza su altura, las cortas patas son más gruesas, las garras son mayores. Es en conjunto más macizo y, para su tamaño, sin duda, el más poderoso animal de presa existente.

    Es necesario vivir donde lo hace el jaguar, en las condiciones, que por así decir, lo formaron, donde es el monarca de las ilimitadas selvas de los trópicos, para apreciar su fuerza y entender la continua sensación de temor con la cual es percibido por los hombres en la naturaleza. No está totalmente en su hábitat a través de toda su distribución, que se extiende desde Texas y Kansas en el norte, a través de América Central y del Sur, hasta el río Colorado, que separa el pastizal de la pampa húmeda de la Patagonia en el lado atlántico del continente. Ocasionalmente se lo encuentra en el norte de Patagonia, pero es sólo un visitante errante, un intruso allí, en una región inadecuada.

    Los gauchos, jinetes de las pampas, cuando viajan al sur a través de esas llanuras como un mar, acampando al sereno, acostumbraban a decir que, después de cruzar el río Colorado, se libraban del jaguar. Su presencia en las pampas sin árboles, donde no está en perfecta armonía con ese ambiente, se debe al hecho de que esas llanuras son el hábitat favorito de mamíferos herbívoros sobre los que depreda. Esencialmente animal de los trópicos, de una región de grandes selvas y bañados que sobrepasan a Europa en superficie, él es, como se ha dicho, un gato acuático de hábitos arborícolas. A diferencia del verdadero tigre, de patas más largas, no puede correr grandes distancias y es como la formidable serpiente que comparte esa región con él, la boa acuática, la “madre de las aguas”,  en sus movimientos silenciosos y sutiles, su invisibilidad y el hábito de caer sobre su presa desde arriba de una rama.

    El jaguar es una hermosa criatura: el color de fondo de su piel es de un rico tostado rojizo dorado, abundantemente manchado con anillos negros, que encierran uno o dos pequeños puntos. Esta es la coloración típica, y varía poco en las regiones templadas; en las zonas cálidas los indios reconocen tres variedades fuertemente manchadas, que consideran especies distintas – la que hemos descripto; el jaguar menor, menos acuático en sus hábitos y marcado con manchas, no con anillos; y en tercer lugar la variedad negra. Rechazan la idea de que este terrible “tigre negro” es una simple variedad melánica como el leopardo negro del Viejo Mundo y el conejo negro silvestre. Lo consideran totalmente distinto, ya que afirman que es mayor y mucho más peligroso que el jaguar manchado; que lo reconocen por su voz; que pertenece a la tierra firme más que al agua; y finalmente que los negros sólo se aparean con negros y que los cachorros son invariablemente negros.

    Sin embargo, los naturalistas se han visto obligados a considerarla una especie junto con Felis onca [Panthera onca], el jaguar manchado común, dado que, una vez desprovisto de su piel, se ve que en su anatomía este animal negro es idéntico al manchado, tal como la corneja negra es como la corneja cenicienta [actualmente se las considera dos especies distintas: Corvus corone y C. cornix].

    El Dr. Alfred Russell Wallace es uno de los pocos naturalistas europeos que tuvo la rara suerte de observar al animal en sus selvas nativas. En “Viajes por el Amazonas y el Río Negro” escribe: “Mientras caminaba tranquilamente, vi un gran animal negro azabache salir del bosque a unos 20 m delante mío. Mientras se movía lentamente, y todo su cuerpo y la larga cola curvada se hacían visibles en el medio del camino, vi que era un hermoso jaguar negro. En el medio del camino, giró la cabeza y se detuvo un instante y me miró fijo, pero teniendo, supongo, otros asuntos que atender, caminó sin detenerse y desapareció en la espesura. Mientras él avanzaba, escuché el correteo de animales pequeños y el aleteo de aves terrestres dando paso a su temible enemigo”.

    Este efecto de la aparición del animal sobre todas las criaturas que habitan la selva da una idea del poder y carácter mortal que tiene sobre ellos. Porque cuando un hombre entra en esos lugares sombríos, a menudo es impactado por la profunda quietud y aparente falta de vida, aunque pueden estar repletos de vida, de mamíferos y aves y reptiles, y por todo ello, él también es reconocido como enemigo. Pero no es temido en el mismo grado; las criaturas que él va a perseguir allí  encuentran en ese caso suficiente y realmente mejor protección al posarse o yacer quietas, porque así pueden escapar a sus sentidos menos desarrollados. Pero de este enemigo, de este terror negro, no se pueden ocultar ni en la sombra más profunda ni en el follaje más denso; Las ve demasiado bien y se mueve demasiado sutilmente y tiene también un salto letal; la única seguridad radica en volar y huir a su paso. No es extraño que Wallace agregue que el encuentro le dio un gran placer; que estuvo demasiado sorprendido y ocupado en admirar la visión completa de la más grande, poderosa y peligrosa de las criaturas del continente, como para sentir miedo.

    Recuerdo aquí mi primera propia impresión del jaguar vivo, su variedad manchada, en una jaula, en mi juventud. La sensación no fue de completo placer, a pesar de su noble aspecto y rico y hermoso colorido; estuvo mezclada y casi superada por el sentimiento expresado por William Blake – “Quien hizo el cordero, ¿también te hizo a ti?” Se movía de un lado a otro de la jaula con un paso tan silencioso como el vuelo de una lechuza, andando como una víbora de manera sinuosa como balanceándose, moviendo su cola como una serpiente, y con cada paso que yo daba hacia él, se agachaba, aplastando sus orejas y mostrando sus blancos dientes a la vez que emitía un sonido grave sibilante mientras mantenía sus brillantes ojos amarillo pálido parcialmente cerrados,  evitando mi vista.

    Porque es su instinto permanecer siempre oculto a la vista  – verte sin ser visto; seguirte en la sombra más profunda y capturarte sin ser advertido; y lo confunde y enloquece estar encerrado entre rejas siendo observado en un lugar expuesto. La vista directa lo afecta como un rocío o soplo helado, y su impulso es retroceder agachándose y ocultándose, aún en un lugar donde no hay ni sombras ni escapatoria. Puedo ver esto o algún remanente de esto aún en los jaguares que han estado confinados por años y son observados cada día por una multitud de personas.

    En cierta forma esto es propio de la mente felina en general, pero de los grandes gatos el jaguar lo tiene en mayor grado. A diferencia de la mayoría de los otros grandes gatos, él nunca se expone a la vista ni toma ningún riesgo que pueda evitar. Invariablemente se dice en las historias naturales que el jaguar es cobarde; pero eso no describe apropiadamente su carácter. No es más cobarde que el guanaco de las planicies de la Patagonia que busca el punto más elevado donde pararse inmóvil, delineado contra el cielo, el objeto más conspicuo del paisaje, para observar y vigilar mientras sus compañeros se alimentan abajo. Para salvarse él y sus compañeros no puede ver sin ser visto; el jaguar no puede existir, ya que no puede capturar su presa, sin hacerse invisible; y siendo esta su naturaleza, su instinto más imperativo, la vista directa lo hiere,   tal como el sensible ojo de los animales nocturnos es herido por la luz fuerte.



Yaguareté luchando con un puma

Dibujo de Joseph Smit

Hudson WH. 1892. The Naturalist in La Plata. London: Chapman & Hall, Ld.







    El profesor George Mivart, en su gran libro “El gato”, coloca a los carnívoros a la cabeza de los mamíferos y en este orden superior ubica a los gatos primero – carnívoros por excelencia, la verdadera flor y nata del mundo de los mamíferos. “Puede objetarse”, dice, “ que las actividades y percepciones de ciertos otros animales son tan desarrolladas como las de la tribu felina. Y es cierto que sólo a través de la posesión de huesos y músculos perfectamente formados, de un delicado sentido del oído y una visión de largo alcance, los antílopes y otras criaturas son capaces de escapar de sus perseguidores carnívoros; pero entonces ellos usan su “organización para escapar”; la de los gatos puede considerarse superior no solo por ser excelente en sí misma sino por estar adaptada para dominar a otros animales. Esto no afirma la inferioridad de la especie humana, siendo la superioridad humana mental, y esto lo coloca fuera y aparte de otros animales; pero en la clasificación biológica, que considera sólo el desarrollo físico, se ubica en un nivel inferior.”

    Mivart no va más allá como para indicarnos qué especie de esta familia tan ampliamente distribuida y variada es su “expresión más alta y más perfecta conocida”.  Debo decir que la más alta no es la más grande, aparte del tigre y el león, por su gran fuerza muscular, entre las especies mayores en las que los poderes y aptitudes especiales que caracterizan al felino han alcanzado la perfección, están el leopardo, el puma y el jaguar, por ejemplo, y de estas tres me inclino a darle el primer lugar al último nombrado. El jaguar es más perfecto que el tigre y el león, porque desarrollado hasta un tamaño y fuerza que le permite dominar a los mayores y más fuertes animales que habitan en todo el continente, así como a los mayores animales domésticos introducidos por el hombre, la vaca y el caballo, y al hombre mismo, aún retiene una perfecta capacidad de trepar los árboles como los gatos menores.

    Piensen lo que esto significa en un animal del tamaño y peso del jaguar, capaz de matar a un hombre con un golpe de su garra, de voltear y matar animales que exceden en mucho su tamaño, y arrastrar el cadáver en la espesura, lo que requeriría tres hombres fuertes; y capaz de recorrer libremente grandes distancias y cazar su presa arborícola en lugares donde la densidad de la selva hace imposible caminar por el suelo. Como en el caso de los pequeños felinos arbóreos, recorre y caza en los árboles mediante una interminable serie de “saltos y agarres delicadamente precisos”. Humboldt, cuando acampaba junto a un río de la región del Orinoco, describió cómo el rugido de los jaguares, que los rodeaban toda la noche, provenía de los árboles bien arriba del suelo. En el suelo la selva era impenetrable, pero los jaguares parecía moverse por ella tan libremente como los monos.

    En el sur de Sudamérica, particularmente en las pampas casi sin árboles, los hábitos del jaguar se han modificado algo; me he encontrado allí en más de una oportunidad con un gaucho sobre un caballo cansado siendo seguidos a cierta distancia durante horas por un jaguar, mostrándose el animal en lo abierto de vez en cuando, pero aunque parecía saber que el caballo estaba asustado, siempre se mantenía a distancia consideraba cuando la cobertura era escasa. El jaguar ha sido ahora exterminado de toda esta región; en la zona amazónica no parece disminuir, pero evita los poblados; “la presencia del hombre lo enoja”, dicen los nativos, y es raro que un jaguar se transforme en “devorador de hombres”. En algunos lugares despoblados es extraordinariamente abundante.

    En la época de apareamiento, cuando vocalizan más, emiten lamentos y gritos como los del gato doméstico, pero muchísimo más fuertes. Su “rugido”, como es llamado, es un sonido profundo y reiterado entre una tos y un gruñido. Tiene dos cachorros a intervalos de dos años.
El jaguar depreda sobre el tapir, ciervo, oso hormiguero gigante, agutí, mono, y en realidad sobre cualquier mamífero nativo con excepción de su rival, el puma, así como sobre aves, tortugas, peces, y aún yacarés. Para pescar se apoya sobre una roca o rama saliente y observa el agua, y cuando aparece un pez lo golpea con su garra. Se dice que golpea el agua con su cola para atraer a los peces, especialmente los frugívoros que se abalanzan al punto donde se escucha una salpicadura al caer los frutos. El golpear el agua con la cola puede no ser un acto instintivo o premeditado; más probablemente es algo accidental, dado que todos los gatos mueven sus largas colas cuando observan algo o están excitados.

    Las tortugas son capturadas, por lo general, cuando salen de noche a las orillas arenosas para desovar. El jaguar las agarra como hace la gente, pero las da vuelta sobre su dorso, y las tiene a su merced; con sus poderosas mandíbulas es capaz de romper la placa ósea inferior para alcanzar la carne. También cava y devora los huevos. Al ciervo lo captura en los abrevaderos donde se echa y los espera, a la mañana o al anochecer. Su presa favorita a orillas del agua es el carpincho o “cerdo de río” como lo llaman, un roedor de hábitos acuáticos, y el mayor de su familia. También depreda sobre el pecarí, el cerdo silvestre americano, un animal sumamente salvaje y peligroso. Los indios de Guyana dicen que algunos jaguares se unen a piaras de pecaríes, y los siguen en su andar por la selva. El jaguar que adquiere tal hábito es llamado “jefe de la piara”. Al seguirlos, espera hasta encontrar un pecarí separado de sus compañeros para caer sobre él y matarlo. Los gritos de la víctima instantáneamente atraen a todo el grupo sobre él, y escapa trepando al árbol más cercano, donde es sitiado por la furiosas bestezuelas, que corren y corren en círculos chillando y rechinando sus dientes con rabia, hasta que, cansados de esperar, siguen su camino, entonces el jaguar se deja caer y asegura su presa.

    El jaguar parece saber cuan peligroso es este juego, y los viajeros registraron dos oportunidades en las que los pecaríes tuvieron éxito en vengarse de él. Una está en “Vida en canoa y campamento en la Guayana Británica” de Barrington Brown, la otra en “Explorando en el sur de Brasil” de J. P. Bigg-Wither. El incidente le fue relatado a J. P. Bigg-Wither por un inglés que había pasado una gran parte de su vida explorando la naturaleza de Brasil. Una noche estaba acampando con un compañero viajero cerca del río Ivahay, cuando fueron sorprendidos por un gran ruido y conmoción en la selva, causados por una piara de pecaríes. Yendo al lugar con sus armas, con la esperanza de cazar uno de esos animales ya que estaban sin carne, encontraron en un claro a un jaguar parado en lo alto de un hormiguero de 1.5 m de altura, rodeado por un grupo de 50 o 60 furiosos pecaríes, todos tratando de alcanzarlo. El jaguar daba vueltas buscando un claro en la multitud por donde pudiera saltar y escapar; pero después de un rato dejó caer su cola demasiado baja, e instantáneamente fue agarrada por los pecaríes, que lo tironearon al centro de la piara. Entonces siguió una tremenda pelea y un ruido estremecedor, durante lo cual ambos hombres creyeron prudente marcharse sigilosamente. Cuando regresaron, una vez que la piara se hubo ido, encontraron seis pecaríes entre muertos y agonizantes, y algunos trozos de la piel del jaguar, todo el resto del mismo había sido devorado.

 

En: Lydekker, Richard. Harmsworth Natural History: A Complete Survey of the Animal Kingdom. Vol. 1, Volumen 1 - Part 8 -7net: p 389-391. London.

Imagen:  Dibujo de Friedrich Wilhelm Karl Kuhnert (Lydekker, Richard. 1901. The new natural history.  New York, Merrill).

 

 

 

 

 

 

 

 

 


jueves, 8 de agosto de 2024

LA VIDA POR UN OSO – LAS AVENTURAS DEL NATURALISTA JAN KALINOWSKI

 

Y el gran oso hechizado se puso de pie sobre sus patas:

El amor arrebataba el corazón del monstruo de ojos sangrantes,

Y, mediante un doble flujo de lágrimas escarlatas,

La ternura corría por su pelaje blanco.

 

Charles-Marie Leconte de Lisle
Las lágrimas del oso

 

 


Investigación y redacción Alex Mouchard

 

En las selvas montanas del valle de Vitoc, Kalinowski colectó esta nueva subespecie del Tangará de montaña (Dubusia taeniata stictocephala), endémica de Perú (Berlepsch, 1896)



 

   Me encontraba un día hojeando un impactante libro sobre el parque nacional del Manu, en Perú, con espectaculares fotos, cuando leí allí un relato que me impactó.  Un naturalista polaco, llamado Jan Kalinowski, se encontraba colectando especímenes zoológicos en la Siberia Oriental, cuando en medio de una crisis revolucionaria fue apresado por las tropas del Zar, acusado de espionaje. Una vez en prisión, para salvar su vida, pidió que lo llevaran ante el Zar para entregarle el mejor regalo que nunca hubiera recibido. Una vez ante el monarca, le pidió que le permitiera volver a Siberia para buscar el obsequio. El Zar, intrigado, le puso una escolta militar y lo envió de vuelta a aquellos lejanos parajes. Allí, Jan, rastreó a un oso polar, lo enfrentó y, gracias a su excelente puntería y coraje, lo abatió. Luego embalsamó al oso, erguido sobre sus patas traseras y en posición de ataque, y se lo envió al Zar quien lo exhibía orgulloso a sus visitantes (Macquarrie, 1992).

    Esta notable historia, de la que no he podido hallar otras referencias, ya que no aparece en la bibliografía sobre Kalinowski, es útil, sin embargo, como introducción a la vida de un “viajero infatigable” (en las palabras del ornitólogo alemán Hans von Berlepsch), que  concluyó en Perú donde terminó conectándose con la creación del espectacular Parque Nacional del Manu, declarado Reserva de la Biósfera por la UNESCO. Siendo Kalinowski uno de los más capaces naturalistas y colectores que actuaron en Sudamérica, poco sabemos de él porque salvo algunas cartas no dejó casi nada escrito sobre su vida.

 

Jan Kalinowski

Álbum Benedykt Dybowski. 

Archivos del Museo Nacional en Petropavsk, Kamchatka, Rusia

https://etnomuzeum.eu/syberia/darczynca/jan-kalinowski

 



EL EXPLORADOR INTRÉPIDO

    Jan Kalinowski nació en 1857 en Zalona, un pueblito en las afueras de Varsovia, rodeado de extensos bosques, que hoy forman la Reserva Natural Mosty Kalińskie. Allí su padre era guardabosque, lo que habrá influido para el acercamiento del hijo a la naturaleza. Con sólo instrucción primaria, Jan se convirtió  en un excelente observador y cazador, trabajando para el zoólogo Władysław Taczanowski, director  y curador del Gabinete Zoológico de la Universidad Imperial de Varsovia. Este científico había estudiado los especímenes enviados en  1865 desde Siberia Oriental por dos capacitados colegas: Víctor Godlewski  y el médico Benedykt Dybowski. En esa época Polonia integraba el Imperio Ruso y de allí el interés de los científicos polacos por explorar la naturaleza de aquellas lejanas regiones (Piechnik & Kurek, 2016). Dybowski, había participado de la revolución polaca contra la ocupación rusa en enero de 1863, por lo cual fue apresado y condenado a muerte. Logró que le conmutaran la pena por una deportación a Siberia durante 12 años. Allí trabajo como médico en un hospital y aprovechó para estudiar la historia natural, especialmente en la zona del lago Baikal.

    Recomendado por Taczanowski, Jan viajó en a fines de 1878 a Siberia Oriental como asistente de Dybowski en la caza y preparación de colecciones de mamíferos, aves e invertebrados.

    Taczanowski siempre tuvo mano rápida a la hora de elegir, por eso entonces me recomendó a un chico joven, fuerte y sano, un cazador apasionado y un excelente tirador, Jan Kalinowski. La elección fue muy afortunada, porque en mi compañero encontré la prueba más convincente de los tesoros morales y físicos que se esconden en el seno de nuestro pueblo de Mazuria. No sería una paradoja decir que todo lo bueno y bello de Polonia y Lituania se lo debemos a la raza de Mazuria. Nosotros, es decir los lituanos somos de origen medio mazuriano. Una vez hecha la elección, era necesario intentar que "Janek" fuera liberado del ejército, porque debía ingresar en el servicio militar obligatorio antes de Navidad. Hasta entonces tuve que posponer mi partida porque confié todo el asunto, tan importante para mí, a Taczanowski y a los oficios del general Radoszkowski. El feliz resultado de esos esfuerzos fue la exención de Kalinowski del ejército, y luego nada más se interpuso a su partida.” (Dybowski, 1912)


Jan Kalinowski 

Archivos del Museo Nacional en Petropavlovsk-Kamchacki (Rusia).

https://archive.org/details/rcin.org.pl.WA058_90925_Kalinowski_KEF712_73260




    Los dos naturalistas hicieron cinco expediciones por la península de Kamchatka y las islas Komandor. Haciendo base en Vladivostok, exploraron la región del río Ussuri, el lago Chanka y la península Sidemi (Península Yankovski), en el Amur, en el límite entre Rusia, China y Corea. Para Kalinowski fue un período de gran aprendizaje junto a un científico y médico tan erudito como Dybowski, que le enseñó a tener un enfoque científico sobre la naturaleza y lo incitó a leer mucho, y no sólo sobre ciencias naturales (Piechnik & Kurek, 2016).

     Este asistente se ganó la confianza del Prof. Dybowski, mostró tantas muestras de celo, simpatía, habilidades de coleccionista, astucia y coraje, especialmente en las expediciones más largas que realizó a las islas y al interior de la península de Kamchatka, que el erudito profesor, al regresar al país, decidió dejarlo en el extremo oriental de la antigua tierra para  continuar su propia exploración. Como ejemplo de sus habilidades de caza, basta la noticia de que mató un centenar de osos en Kamchatka, que eran tantos como había planeado; después de alcanzar este número, ya no les volvió a disparar”  (Taczanowski, 1887).



Uno de los 100 osos cazados por Kalinowski en Siberia. 

Álbum Benedykt Dybowski.  

Archivos del Museo Nacional en Petropavsk, Kamchatka, Rusia.




    En 1883 Dybowski, liberado de su exilio,  regresó a Lviv para asumir una cátedra en la universidad local. “Cuando regresé al país, Kalinowski se quedó en el Lejano Oriente para realizar investigaciones ornitológicas, luego visitó Japón y pasó un tiempo en Corea, en su capital, Seúl. Teniendo una habilidad especial para aprender lenguas nativas de oído, aprendió a hablar coreano y emprendió el viaje, caminando de Seúl a Vladivostok, sin guía, con una pistola en la mano, un perro aullador y un buey.”

    En Corea Kalinowski colectó mayormente aves e insectos entre 1885 y 1888. También visitó Yokohama (Japón) (Piechnik & Kurek, 2016). Obtuvo 179 especies nuevas de aves, principalmente cerca de Seúl. A pesar de que Kalinowski aprendió el idioma la comunicación y las relaciones con los habitantes no le fueron fáciles. “La exploración de este país es sumamente difícil e insoportable, porque la población local es grosera, antipática, holgazana, muy pobre, propensa a hurtos y robos; un país sin carreteras ni medios de transporte y, en términos de naturaleza, muy mal dotado.” (Taczanowski, 1887).  Encima la tarea se prolongó debido a una epidemia de cólera  que “causó grandes estragos en la capital de Corea y sus alrededores durante más de tres meses. Solo en la ciudad morían varios cientos de personas al día, el terror era terrible y debido a la negligencia de la población local y la incompetencia de las autoridades gubernamentales de la ciudad. Toda la zona alrededor de la capital estaba tan llena de aire contaminado que era imposible salir de la ciudad y nuestro viajero tuvo que permanecer inactivo durante casi toda la duración de la plaga.” (Taczanowski, 1887, 1888, 1889). Incluso un poblador muy ofuscado lo atacó con un hacha, probablemente por haber ingresado al sector femenino de una casa, vedado a los extraños (Ewertowski, 2018).



Kalinowski ayudó a Dybowski para reunir material para su colección etnográfica, especialmente sobre los Ewen o Lamut, pastores de renos de Kamchatka. En la fotografía aparece vestido con el traje típico de los mismos.
 (Dybowski, 1912).



    También tuvo allí conflicto con los tigres: “En el pueblo de Samba-pielijan, donde se detuvo varios días, un tigre entró por la noche en la sala donde dormía el perro de Kalinowski, y lo agarró por el cuello. Cuando el perro gimió, Kalinowski salió corriendo con el Winchester, pero como no se veía al tigre ni se oía al perro, sólo crujidos entre los arbustos, disparó varias veces al aire. El tigre arrojó al perro y huyó hacia la espesura. El perro regresó terriblemente herido y ensangrentado. Afortunadamente, ningún hueso resultó dañado. Después de vendar cuidadosamente sus heridas, estuvo mucho tiempo enfermo, pero mejoró y está completamente sano, pero tiene miedo; aunque no haya rastros de tigre. Hay muchos tigres por ahí, pero Kalinowski, que caza constantemente en las montañas, nunca ha visto uno. En las últimas dos semanas se comieron a trece coreanos y coreanas en la zona de Giuran, y probablemente no pocos todavía serán comidos por ellos; Kalinowski dice que no tiene nada en contra de ello, incluso si exterminaran a la mitad de estos holgazanes. Los tigres los atrapan de noche, rompen las ventanas de papel, que ya tienen agujeros, se suben a la casa, los arrastran como ovejas dormidas y los llevan a las montañas para devorarlos. El ganado vacuno, los cerdos y perros coreanos suelen ser encerrados por la noche con tanto cuidado que el tigre no puede alcanzarlos, pero se cuidan poco y les da pereza equipar las ventanas de sus casas, con la esperanza de que el tigre no venga hoy, y si viene, puede ir a otra casa o ir a otro pueblo” (Wszechświat, 1887).

    Las colecciones coreanas de Kalinowski estuvieron a punto de perderse porque estaban destinadas a ser transportadas en el buque Kostroma, que naufragó. Afortunadamente a último momento fueron embarcadas en otro barco que las llevó a Odessa (Taczanowski, 1887).

    Taczanowski estaba relacionado con los hermanos Aleksander y Konstanty Branicki con quienes había compartido un viaje a Argelia. Miembros de una familia rica y poderosa de Polonia, fueron ellos quienes financiaron los sucesivos viajes de Dybowski por Siberia. Konstanty, para evitar que los museos rusos se apoderaran de las colecciones depositadas en el Gabinete Zoológico de Varsovia, proyectó la creación de un museo privado, el cual, tras su muerte, fue concretado por su hijo, Ksawery, en 1887. Fue éste quien  financió a Kalinowski en Corea y en Perú, recibiendo a cambio valiosas colecciones  (Shydlovskyy & Zatushevskyy, 2015). En 1919 las colecciones zoológicas pasaron finalmente al Muzeum i Instytut Zoologii Polskiej Akademii Nauk (Museo e Instituto de Zoología, de la Academia Polaca de Ciencias).

    En 1888 Kalinowski regresó a Varsovia convocado por Taczanowski quien lo envió a explorar y colectar a Perú, para continuar con el trabajo de Konstanty Jelski y el de Jan Stolzmann, que había regresado a Polonia para dirigir el Mueso Branicki.

 


EL VIAJERO INFATIGABLE EN PERÚ

    En 1889, Kalinowski se embarcó hacia Perú, con la misión de colectar especímenes desde el norte de Perú hasta la región de Camanti (Departamento de Cuzco). Al llegar tomó contacto con el naturalista ítalo-peruano Giovanni Antonio Raimondi​, y con los ingenieros polacos Ksawery Wakulski y Ernesto Nepomuceno Malinowski, quienes lo ayudaron a dar sus primeros pasos en el país. A poco de llegar, recorrió los alrededores de Lima con Wakulski y sus hijos, recolectando varias especies de aves (Piechnik & Kurek, 2016). Luego recorrió la zona costera de Lima e Ica, donde obtuvo 80 especies de aves (Berlepsch & Stolzmann, 1892).  Entre abril de 1890 y mayo de 1894 exploró el centro del Perú, en zonas parcialmente superpuestas con las áreas de actividad de sus antecesores Johann Jakob von Tschudi y Jelski. Colectó en  la Alta Cordillera (lago Junín y Tarma), y en la vertiente oriental de los Andes (valles de Chanchamayo y Vitoc) (Berlepsch & Stolzmann, 1896; Krabbe & Schulenberg, 2005;Piechnik & Kurek, 2022). En 1891 encontró un  paso entre los ríos que permitió iniciar la explotación forestal en Manu. Hallazgo que afortunadamente fue compensada por su hijo Celestino Kalinowski Villamonte, reconocido técnico de museos, colector y taxidermista que en 1967 recomendó al gobierno peruano la creación del Parque Nacional del Manu. Esto se concretó en 1973, preservando , de 18.812 km2 y siendo declarado Reserva de la Biósfera de la UNESCO en 1977.  La actividad de Jan como pionero de los caminos quedó recordada en un monumento en su honor en la carretera Urcos - Marcapata .

    Entre mayo de 1894 y julio de 1896, Kalinowski exploró el sur del Perú, especialmente los departamentos de Cuzco y Puno y en 1896 realizó una expedición a Bolivia (Departamento de La Paz) (Krabbe & Schulenberg, 2005).

 



 

Jan Kalinowski en Cuzco, en 1896

 Museo e Instituto de Zoología de la Academia Polaca de Ciencias en Varsovia (Tarkowski, 2021)




DESTINO FINAL: LA HACIENDA CADENA

    Kalinowski se radicó primeramente en La Convención, cerca de Quillabamba, en los límites de la puna con la selva de montaña, y más tarde en Quincemil, ya en plena selva, en una de las zonas más lluviosas y biodiversas de Sudamérica (Shydlovskyy & Zatushevskyy, 2015).

    Hacia 1898, se trasladó a Camanti (provincia Quispicanchi, departamento del Cuzco), nuevamente en el límite entre selva y puna, donde estableció una hacienda denominada  “Cadena”. Así lo relataba en carta a Dybowski: “Actualmente vivo entre los bosques de la zona cálida del oriente peruano, instalé una finca para caña de azúcar, cacao y coca y otras plantas tropicales, y también lavo arenas auríferas, que es como mantengo a mi familia. Tengo esposa, seis hijos: cuatro hijas y dos hijos. La finca que tengo me costó más de 40.000 dólares, pero aún no está completamente equipada, tendré que trabajar durante unos dos años para dejarla en condiciones adecuadas y luego obtener buenos ingresos. Mi salud sigue siendo buena, pero mi vejez se acerca. […] Importé máquinas de Estados Unidos, pero aún no están instaladas, así que a veces hago vodka y azúcar en pequeña escala. […] Actualmente también estoy involucrado en la reunión de colecciones, pero menos que antes porque estoy muy ocupado con la finca. […] El Valle de Marcapata es muy rico en aves y animales, además de gutapercha y minas de oro, lo único que falta es capital y mano de obra”  (Dybowski, 1912; Tarkowski, 2021).


El Perico de Mejilla Dorada (Leptosittaca branickii), nuevo género y especie de psitácido, fue colectado por Kalinowski en las selvas montanas del centro de Perú (Berlepsch, 1894)



    Kalinowski se casó con la cuzqueña María Villamonte Velasco con la que tuvo 13 hijos. Pero a menudo dejaba a su   familia para internarse en la selva durante varios meses en sus expediciones de colecta, avanzando a fuerza de machete por sitios sin caminos (Penny & Knox, 2008). Sus exploraciones no estaban exentas de peligro ya que en la zona donde actuaba había tribus de mashkos  que solían atacar a los blancos y por eso las autoridades le habían autorizado a dispararles en caso de necesidad (Woytkowski, 1978). Lamentablemente esto resultó al menos en dos enfrentamientos en los que  mató a tres personas  (Piechnik & Kurek, 2016).

    Durante uno de esos viajes, recibió un disparo a traición por detrás, de la mano criminal de un italiano. Una ráfaga entera le alcanzó en el hombro; estuvo enfermo durante mucho tiempo. En los últimos años, su familia y amigos en Varsovia lo consideraron muerto” (Dybowski, 1912).

    Jan llegó a colectar miles de ejemplares de unas 500 especies de aves que preparaba en el laboratorio de taxidermia que instaló en su finca. Luego los trasladaba a caballo, en una cabalgata de una semana a través de la puna hasta Cuzco y desde allí en tren hasta el puerto de Mollendo para embarcarlas con destino  al Museo Branicki, donde las aves fueron estudiadas por Hans von Berlepsch y Jan Stolzmann. En 1902 se terminó la financiación que le brindaba este museo, pero siguió enviando material entre otros al Natural History Museum del Smithsonian Institution (Washington, USA), al Natural History Museum de Londres, al Museo de Historia Natural de Lima y a Dybowski, en la Universidad de Lviv. Siguió enviando ejemplares hasta 1933, cuando sus múltiples tareas agrícolas le fueron quitando tiempo para su actividad de naturalista. En total Kalinowski descubrió varias docenas de especies nuevas de aves y nueve especies y dos subespecies de mamíferos (Piechnik & Kurek, 2022).



Jan Kalinowski c. 1932

Museum and Institute of Zoology of the Polish Academy of Sciences

https://rcin.org.pl/miiz/dlibra/publication/90943/edition/87501#info




    Jan murió en Cadena en 1941 y fue sepultado allí. Su casa, de estilo polaco, fue derrumbada para construir una carretera, pero sus descendientes obtuvieron en 2016 el reconocimiento como Área de Conservación Privada “Fundo Cadena” para la propiedad de Kalinowski, de 44 ha (Franke, 2018).

 

LOS HOMENAJES

    Siendo tan eficiente colector, Jan Kalinowski fue homenajeado en varios nombres científicos de aves y mamíferos que él obtuvo.  Pero debido a las reglas de nomenclatura zoológica pocos de esos nombres siguen vigentes, habiendo pasado la mayoría a sinonimia. Uno de ellos es la subespecie del Tordo de matorral, Dives warczewiczi kalinowskii, del centro de Perú, capturado por Kalinowski en la hacienda Huamani, cerca de Ica, en diciembre de 1889. (Berlepsch , Hans von & Stolzmann, Jean. 1892)

    Entre los mamíferos el más destacado es un roedor,  el Añuje de Kalinowski, Dasyprocta kalinowskii, que probablemente sea una subespecie de Dasyprocta fuliginosa (Ruiz‑García et al., 2022). Fue obtenido por Kalinowski en Idma, Valle de Santa Ana, Cuzco a  1400 msnm, el 2 de noviembre de 1894 y descripto por el gran mastozoólogo Oldfield Thomas, del Museo Británico de Historia Natural, quien se lo dedicó de esta manera:  “Este hermoso Agutí puede distinguirse fácilmente de cualquier otra especie descrita hasta ahora por la coloración peculiar de sus largos pelos en la grupa, que, blancos con puntas negras, son bastante diferentes a los de cualquier otra especie. Fue obtenido por el Sr. J. Kalinowski, el conocido coleccionista polaco, con quien la ciencia ya está en deuda por el descubrimiento de tantos interesantes mamíferos peruanos”  (Thomas, 1897).


Añuje de Kalinowski (Dasyprocta kalinowskii Thomas, 1897). 
Dibujo de Roy Baethe

 https://www.biolib.cz/en/taxonimage/id370175/?taxonid=37040&type=1






Boleense, Bo; Watkins, Michael; Grayson, Michael (2009). The Eponym Dictionary of Mammals. JHU Press. p. 218.

Berlepsch , Hans von & Stolzmann, Jean. 1892. Résultats des recherches ornithologiques faites au Pérou par M. Jean Kalinowski. Proceedings of the Zoological Society of London, 1892.

Berlepsch , Hans von & Stolzmann, Jean. 1896. On the Ornithological Researches of M. Jean Kalinowski in Central Peru. Proceedings of the Zoological Society of London, 1896.

Berlepsch , Hans von & Stolzmann, Jean. 1906.  Rapport sur les nouvelles collections ornithologiques faites au Pérou par M. Jean Kalinowski. Ornis 13, pp. 63–133.

Dybowska, Maria. 2003. Kamchatka y sus pueblos indígenas en la colección de Benedykt Dybowski, Varsovia.

Dybowski, Benedyczek. 1912.  O Syberyi i Kamczatce. Czesc I: Podroz z warsaszwy na Kamczatke  [Sobre Siberia y Kamchatka. Parte I: Viaje de Varsovia a Kamchatka].  Warsazawa - Gebethner I Wolff.

Ewertowski, Tomasz. 2018. Korea w relacjach polskich podróżników sprzed 1918 roku [Korea in Polish travel writing before 1918]. Spotkania Polonistyk Trzech Krajów – Chiny, Korea, Japonia – Rocznik 2018/2019. Seul.

Franke, Irma. 2018. Las descripciones de las aves peruanas. http://avesecologaymedioambiente.blogspot.com/2018/06/las-descripciones-de-las-aves-peruanas.html

https://etnomuzeum.eu/syberia/darczynca/jan-kalinowski

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Krabbe, Niels & Schulenberg Thomas S. 2005.  A mystery solved: the identity and distribution of Kalinowski’s Tinamou Nothoprocta kalinowskii. Bulletin of the Bristih Ornithological Clu 125(4): 253-260.

Macquarrie, Kim.  1992. Peru's Amazonian Eden: Manu National Park and Biosphere Reserve. Blassi, Jordi & Blassi, Jaume, Barcelona.

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Penny, Harvey & Knox, Hannah. 2008. Otherwise Engaged, Journal of Cultural Economy, 1:1, 79-92.

Piechnik, Łukasz & Kurek, Przemysław. 2016. Ssaki Neotropikow odkryte przez Polkisch Naturalistów [Mamíferos neotropicales descubiertos por naturalistas polacos]. Instytut Botaniki W. Szafer, Polskiej akademii Nauk. Krakow.

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domingo, 23 de junio de 2024

UNA HISTORIA DE LA ALPACA (Vicugna pacos)

 Investigación y redacción Alex Mouchard

 

 

Mis alpacas son el sustento mío.

El sustento de mis coterráneos.

Mis alpacas son el desarrollo de mi tierra.

El escudo y el símbolo que cubre los parajes.

Alpaca mía tu lana es la ignota raicilla

y el vestuario del hombre más humano.

Alpaca mía tu lana es la hilacha de un mitra encasquetada

de un sueño que perdí.

Tu fibra es el pan de mi tierra.

Tu fibra es el abrigo que cubre el frío.

Tu fibra es la riqueza más apreciada del mundo.

Tu fibra es el oro de mi tierra que atesora.

 

Prof. Leonardo Quispe Molina - El sustento de mi tierra (fragmento)

(Quispe Molina, 2007)

 



Auchenia Guanaco Ill., var. Alpaca.
Dibujo de A. Fleischmann. 
(Schreber, [1774]).





La alpaca  (Vicugna pacos) es una especie doméstica de camélido sudamericano que no se encuentra en estado silvestre en ninguna parte de su área de distribución. Estudios genéticos recientes indican que proviene de la  vicuña (Vicugna vicugna), especie silvestre, y que también ha tenido aportes genéticos de la llama, la otra especie doméstica de camélido, derivada del guanaco (Kadwell et al., 2001).

 

 

ALPACAS PRECOLOMBINAS

Pese a las dificultades para diferenciar los restos de llamas y alpacas en los yacimientos arqueológicos, hay evidencias de que la  alpaca habría sido domesticada, incluso antes que la llama,  por los pueblos andinos del altiplano central de Perú, hace entre 6000 y 4000 años, cuando pasaron de ser cazadores a pastores. El yacimiento arqueológico de Telarmachay, a 4200 msnm, se encuentra en una zona muy fría y bastante húmeda de los Andes Centrales, hábitat favorito de la alpaca, que a diferencia de su pariente originario, la vicuña, no se adapta tan bien a los climas extremadamente secos de la Puna, y prefiere alimentarse de las plantas suculentas de los bofedales (Stahl, 2008). Se observa que entre los restos de animales en asentamientos humanos, hay una gran proporción de huesos de animales muy jóvenes o neonatos, lo que indicaría que esos animales estaban siendo criados, y entre esos huesos aparecen incisivos de alpaca (Reyna, 2005). Se considera que la primera motivación para la domesticación pudo haber sido el consumo de carne en una región poco apropiada para los cultivos,  o incluso algún uso ritual  (Bonavia, 1996).

Hace 4800-4000 años ya aparecen tejidos con lana de alpaca indicando su aprovechamiento textil, el cual se hace muy importante en la cultura Pucará, en Puno, en la zona del lago Titicaca, hace 2700-2200 años (Bonavia, 1996). Más recientemente, hace 1600 años, la cría de camélidos se había extendido al norte y al sur del área original. Otros yacimientos, como El Yaral, de la cultura Chiribaya, en el desértico sur peruano, revelaron restos de enterramientos rituales de llamas y alpacas de hace unos 900 años (Wheeler et al. 1992). Los animales eran sacrificados con un golpe en el cráneo y luego enterrados en arena, quedando momificados debido a la sequedad del clima.  En ese sitio había dos tipos de alpaca según el grosor de su lana, siendo llamativo que es mucho más fina que la de las actuales, indicando en éstas una falta de selección en su cría y seguramente cruzas con llamas (Bonavia, 1996; Pringle & Delin, 2001). 

 

Momia de alpaca, de el sitio arqueológico El Yaral (Moquegua, Perú) (Wheeler et al., 1995)


 

UN REGALO DE LOS DIOSES

Para los incas, hace 500-600 años, las llamas tenían un valor económico y religioso mayor que las alpacas. Éstas eran criadas principalmente por su lana, siendo seleccionadas según el tipo de fibra y el color de su capa, que tenía especial relevancia ritual. La más importante área de cría era en los alrededores del lago Titicaca, principalmente por las etnias aimara (colla y lupaqa) (Murra, 2002). La actividad estaba muy desarrollada. Los pastores identificaban los pastos especiales para las alpacas en zonas inundables (bofedales), que conseguían inundando extensos terrenos por medio del desvío de las aguas. Encerraban a los animales en corrales de piedra (pircas) para protegerlos de las aves rapaces y de los pumas.  Manejaban también técnicas zootécnicas y veterinarias, manteniendo los rebaños separados por el color y calidad de la lana. Se hacían censos anuales y se mantenían registros mediante el sistema de nudos o quipu (Wheeler et al. 1995). En esa época ya existían los dos fenotipos actuales de la especie: la Suri, , de pelo largo que cae como flecos, y que era predominante en ese tiempo,  y la Huacaya, con un vellón denso y esponjoso, por lo que resiste mejor el frío y puede vivir a mayores alturas, y que constituye el 90% de la población actual (Wheeler et al. 1995).

Las alpacas eran consideradas un regalo de la Pachamama, quien las habría entregado a los hombres para honrarlas y cuidarlas. Se trataba con mucho respeto a estos animales, cualquier sufrimiento que se les infligiera, como privarlas de sus pasturas preferidas, podría volverse contra el perpetrador.  Por lo mismo, era un sacrilegio utilizarlas como animales de carga y sólo consumían su carne si el animal moría por causas naturales, o si se descartaba por viejo o enfermo. (Ledger, 1861; Latcham, 1922). Esculpían su imagen en conopas, pequeñas estatuillas sagradas (illa), de unos 30 cm, con forma de llama o alpaca, trabajadas y pulidas con mucho cuidado en piedras de grano fino. En el dorso le hacían una cavidad (qocha)  que se llenaba con grasa y sangre  de estos animales y hojas de coca,  y así se las colocaba como ofrenda en los pastizales o se las enterraba en los corrales para pedir por la prosperidad y la fertilidad de los rebaños. Las conopas de alpacas tienen los rasgos de la variedad Suri, con sus largas “rastas” que caen a los costados del cuerpo (Rowe, 1946).


Conopas de cerámica Wari (Quinua, Ayacucho, Perú)

https://andina.pe/agencia/noticia-ayacucho-anuncian-exhibicion-nuevos-vestigios-hallados-complejo-arqueologico-wari-888076.aspx




Los incas tenían una cultura textil donde la lana de alpaca se utilizaba para ropas nobiliarias y para su escritura de nudos o quipu. Las telas de alpaca se usaban como obsequio a los nobles leales al Inca y para pagar a sus milicias. La fabricación de telas era una actividad monopolizada por el Estado, que atesoraba depósitos llenos de estos productos (Wheeler et al. 1995). Por otra parte, los cueros de las alpacas eran secados, untados con grasa y sobados hasta que quedaban suaves y flexibles. Se los utilizaba para fabricar ojotas (usutas) (Latcham, 1922).

 

El 1º de agosto, coincidiendo con la festividad de la Pachamama, 

se celebra actualmente el Día Nacional de la alpaca en Perú.

https://siar.regioncajamarca.gob.pe/novedades/dia-nacional-alpaca#:~:text=Se%20celebra%20cada%201%20de,de%203.6%20millones%20de%20ejemplares.




 

 



Fragmento de tejido de lana de alpaca. Cultura Paracas (100 AC). 

Museum of Fine Arts, Boston.

https://www.davisart.com/blogs/curators-corner/hispanic-heritage-month-2023-textiles-of-ancient-peru/




PAÑOS DE MUY ESCOGIDA LABOR

 

             La lana labran los indios, y hacen ropa, de que se visten: una, grosera y común, que llaman hauasca; otra, delicada y fina, que llaman cumbi. De este cumbi labran sobremesas y cubiertas y reposteros y otros paños de muy escogida labor, que dura mucho tiempo, y tiene un lustre bueno, cuasi de media seda. y lo que es particular de su modo de tejer lana, labran a dos haces todas las labores que quieren, sin que se vea hilo ni cabo de él en toda una pieza. Tenía el Inga, rey del Perú, grandes maestros de labrar esta ropa de cumbi, y los principales residían en el repartimiento de Capachica, junto a la laguna grande de Titicaca. Dan con hierbas diversas diversos colores y muy finos a esta lana, con que hacen varias labores. Y de labor basta y grosera, o de pulida y sutil, todos los indios e indias son oficiales en la sierra, teniendo sus telares en su casa, sin que hayan de ir a comprar, ni dar a hacer la ropa que han menester para su casa” (Acosta,  1590).



 

 

 

OVEJAS DE LA TIERRA

Cuando los españoles llegaron Perú, los incas quemaron sus depósitos para evitar que cayeran en manos de los conquistadores. A su vez los españoles  faenaron los animales para alimentar a sus ejércitos y  para extraer de sus intestinos las mágicas piedras bezoares. Además confiscaron más de 3.000 conopas para tratar de eliminar todo recuerdo de la cría de alpacas, reemplazándolas por ovejas españolas, las que además contagiaron a los camélidos con una gran epidemia de sarna (caracha) en 1544-1545. En el primer siglo de la conquista se exterminó así a un 90%  de la población de alpacas. Sólo un pequeño número de ellas pudo ser escondido por los indígenas en lugares remotos del altiplano y así se conservaron hasta la actualidad (Latcham, 1922; Wheeler et al. 1995; Bonavia, 1996).

 

Conopas en forma de alpaca en piedra. Cultura inka (1200-1532 D.C.) 

https://drouot.com/es/l/17107448--dos-canopas-en-forma-de-alpac




 

 

LA CARACHA

 

En tiempo del Visorrey Blasco Núñez Vela, año de mil y quinientos y quarenta y quatro, y quarenta y cinco , entre otras plagas que entonces hubo en el Perú, remanesció en este ganado la que los indios llaman Carache, que es sarna; fue cruelísima enfermedad hasta entonces nunca vista;  dábales en la bragada y en el vientre, de allí cundía por todo el cuerpo, haciendo costras de dos, tres dedos en alto; particularmente en la barriga , donde siempre cargaba más el mal, haciánsele grietas de dos y tres dedos en hondo, como era el grueso de las costras hasta llegar a las carnes; corría dellas sangre y materia, de tal manera que en muy pocos días se secaba y consumía la res. Fue mal muy contagioso, despachó con grandísimo asombro, y horror de indios y españoles,  las dos tercias partes del ganado mayor y menor, Paco, y Huanacu. Dellas se les pegó al ganado bravo llamado Huanacu y Vicuña, pero no se mostró tan cruel con ellos por la región más fría en que andan, y porque no andan tan juntos como el ganado manso . No perdonó las zorras, antes las trató cruelísimamente, que yo vi el año de mil y quinientos y quarenta y ocho, estando Gonzalo  Pizarro en el Cuzco y victorioso de la batalla de Huarína, muchas zorras, que heridas de aquella peste , entraban de noche en la ciudad, y las hallaban en las calles, y en las plazas vivas y muertas, los cuerpos con dos, tres y más horados que les pasaba de un cabo a otro, que la sarna les había hecho, y me acuerdo que los indios como tan agoreros, pronosticaban por las zorras la destrucción y muerte de Gonzalo Pízarro, que sucedió poco después. A los principios desta plaga entre otros remedios desesperados que le hacían, era matar, o enterrar viva la res que la tenía, como también lo dice el Padre Acosta, libro quarto, capitulo quarenta y uno, mas como luego cundió tanto no habiendo los indios, ni los Españoles, que hacer para atajarla , dieron en curarla con fuego artificial se hacían cocimientos de solimán y piedra cufre, y de otras cosas violentas, que imaginaban serían a propósito, y tanto más aína moría la res, echábanles manteca de puerco hirviendo, también las mataban muy aína; hacían otras muchas cosas de que no me acuerdo, mas todas les salían a mal, hasta que poco a poco probando una cosa y otra, hallaron por experiencia, que el mejor remedio era, untar las partes donde había sarna con manteca de puerco tibia, y tener cuidado de mirar si se rascan en la bragada, que es donde primero les da el mal, para curarlo antes que cunda más, con este se remedió mucho aquella plaga, y con que la mala influencia  debió de ir aplacando porque después acá no se ha mostrado tan cruel como a los principios” (de la Vega, 1609).

 

 

 

 








 






















En la época colonial, los españoles reconocieron finalmente el valor de las alpacas y desarrollaron la producción de textiles de alta calidad que eran exportados a Europa. En el siglo XIX, ya en plena revolución Industrial, Inglaterra vio en la fibra de  alpaca un insumo para la industria textil. Principalmente el inglés Titus Salt, que desarrolló la técnica para hilar y tejer la lana de alpaca en 1836, ganó una fortuna con sus telares fundando una villa industrial: Saltaire, en Bradfordshire (Dickens, 1853). El término “Alpaca” pasó a designar telas muy finas, aunque incluían fibras de otro origen, muy apreciadas para la vestimenta, así como para fabricar paraguas, notables por su suavidad, brillo, impermeabilidad y liviandad (Sansgter, 1871). Alrededor de 1000 toneladas de fibra se exportaban de Perú a Inglaterra cada año.

Hoy en día además de su valor como productora de fibra y carne en Perú, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Europa, la alpaca por su carácter apacible y su atractivo aspecto es usada en agroturismo y en zooterapia de niños y adultos con diversas patologías. En muchos lugares se las utiliza también como protectoras de los rebaños de ovejas ya que no dudan en enfrentar y atacar a perros salvajes y zorros, golpeándolos con sus patas delanteras.

 

El Escudo de la República de Bolivia de 1829 muestra una alpaca (en versiones anteriores era 

una vicuña). En el año 2004, la alpaca se sustituyó por la llama.




 

HISTORIA NATURAL DE LA ALPACA

Los cronistas de Indias son los primeros en dar a Europa noticias de estos animales. Sin embargo en  sus informes se confunde a menudo a las llamas con las alpacas, si bien, a falta de otro nombre, comenzaron  denominando a las primeras, carneros de la tierra, y a las segundas, ovejas de la tierra.

Oviedo habla de tres especies una grande (llama), blanca, negra y overa - una mediana bermeja y blanca y una pequeña negra: “Las que son las medianas de los tres géneros que he dicho, esas son las que tienen la lana muy fina, que parece seda, de que los indios hacen muy rica ropa” (Fernández de Oviedo y Valdés,  1535).


Ovis peruana (Hernández, 1651)



Poco después Cieza de León introduce el nombre indígena: “Otro género hay de ganado doméstico, a quien llaman pacos, y aunque es muy feo y lanudo; es del talle de las llamas u ovejas, salvo que es más pequeño, los corderos cuando son tiernos, mucho se parecen a los de España. Pare en el año una vez cada una de estas ovejas y no más” (Cieza de León, 1553).

La palabra alpaca y sus derivados paco, paku, pacocha, vienen del aimara allpaqa o allpachu. Y según parece deriva del quechua paqocha, de paqu = color alazán o rubio, por el color del animal.  A las crías de las alpacas se las conoce en quechua como tuwi.


Ovis chilensis  
Dibujo de
Matthaeus  Merian (Jonstonus, 1657)



De las Llamas mansas unas son para carga y otras no, sino que sólo aprovechan con su lana y carne; éstas se dicen Pacos, y son de los mismos colores y hechura que las de carga, sólo que son un poco menores y no tan recias, y crían la lana más larga, delgada y pareja por todas las partes de su cuerpo, hasta en el pescuezo y cabeza; por lo cual las llaman los españoles Cameros lanudos, a diferencia de los de carga, que llaman Cameros rasos. La lana de los Pacos es la más fina y la que comúnmente se labra  (Cobo, 1653).

Precisamente Ovalle habla sobre estas “ovejas” señalando  que tienen “hendido el labio de arriba por donde escupen a los que las enojan, y los muchachos que son los que las suelen inquietar, en viendo que les quieren escupir huyen porque tienen entendido, y así lo sienten comúnmente todos, que al que alcanza la saliva le llenan de sarna donde ella toca ... Son de mucha estima sus lanas que se tejen unas mantas que parecen de chamelore muy lustrosas" (Ovalle, 1646).


Lama alpaca (Auchenia llacma) du Pérou.
Grabado de Christophe Annedouche (Gervais, 1854-55)



Pero quien más se explaya sobre el tema es el jesuita Josef de Acosta:

Son estos carneros o llamas en dos especies: unos son pacos o carneros lanudos; otros son rasos y de poca lana, y son mejores para carga; son mayores que carneros grandes y menores que becerros; tienen el cuello muy largo, a semejanza de camello, y hanlo menester, porque, como son altos y levantados de cuerpo, para pacer requieren tener cuello luengo. Son de varios colores: unos, blancos del todo; otros, negros del todo; otros, pardos; otros, varios, que llaman moromoro. Para los sacrificios tenían los indios grandes advertencias de qué color habían de ser para diferentes tiempos y efectos. La carne de éstos es buena, aunque recia; la de sus corderos es de las cosas mejores y más regaladas que se comen; pero gástanse poco en esto, porque el principal fruto es la lana para hacer ropa, y el servicio de traer y llevar cargas” (Acosta,  1590).


Aries moromorus (Nieremberg, 1635)




Es todo este ganado amigo de temple frío, y por eso se da en la sierra y muere en los llanos con el calor. Acaece estar todo cubierto de escarcha y hielo este ganado, y con eso muy contento y sano.  … Los pacos a veces se enojan y aburren con la carga, y échanse con ella sin remedio de hacellos levantar; antes se dejarán hacer mil piezas, que moverse, cuando les da este enojo. Por donde vino el refrán que usan en el Perú, de decir de uno que se ha empacado, para significar que ha tomado tirria, o porfía, o despecho, porque los pacos hacen este extremo cuando se enojan. El remedio que tienen los indios entonces es parar y sentarse junto al paco y hacerle muchas caricias y regalalle, hasta que se desenoja y se alza, y acaece esperarle bien dos y tres horas, a que se desempaque y desenoje … Dales un mal como sarna, que llaman carache, de que suele morir este ganado. El remedio que los antiguos usaban era enterrar viva la res que tenía carache, porque no se pegase a las demás, como mal que es muy pegajoso” (Acosta,  1590).

                                       

Del ganado menor que llaman Pacollama no hay tanto que decir, porque no son para carga, ni para otro servicio alguno, sino para carne, que es poco menos buena que la del ganado mayor, y para lana que es bonísima y muy larga, de que hacen su ropa de vestir de las tres estofas que hemos dicho, con colores finísimos, que los indios las saben dar muy bien que nunca desdicen. De la leche de un ganado ni del otro no se aprovechaban los indios, ni para hacer queso, ni para comerla fresca: verdad es que la leche que tienen es poca, no más de la que han menester para criar sus hijos” (de la Vega, Garcilaso, 1609).



The alpaca (Huish, 1830)




            Viajeros como Amédée Frézier aportaron más datos sobre la utilidad de la especie: “
su lana sirve para hacer telas, cuerdas y bolsas, y sus huesos sirven para hacer los instrumentos de los tejedores, finalmente sus excrementos sirven para encender fuego para la cocina y para calentarse” (Frézier & Picart, 1717).  Este combustible era conocido como taquia. Otros viajeros, en cambio, contribuyeron a propagar noticias falsas sobre la alpaca. Un holandés anónimo, hacia 1643, realizó un dibujo de una alpaca de cuatro garras en las patas anteriores. El dibujante habría participado del viaje a Chile de Henrik Brouwer y Elias Herckmans, de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. En Valdivia tras un desembarco en que no vieron ni indios ni españoles, trajeron “cinco grandes ovejas-camellos con lana fina, habiendo cuellos de 3 a 4 pies de largo, no aptas para comer porque la carne es fibrosa como la del caballo” (Brouwer, 1646; Mason, 2009). Posteriormente la imagen fue replicada en otros libros de Historia Natural describiendo “sus pies anteriores divididos en cuatro garras” (Marcgrave & Piso, 1648). Algunos suponen que el tal animal era un chiliweke, un escaso camélido chileno, ya extinto, que podría tratarse de una especie desconocida o bien de un guanaco domesticado (Latcham, 1922).

 


Alpaca de cuatro garras (Brouwer, 1646)


 
Ovis chilensis, con cuatro garras (Marcgrave & Piso, 1648)



LA ALPACA SEGÚN LOS ZOÓLOGOS

Los zoólogos europeos basaron sus primeras descripciones de la alpaca en los relatos de los cronistas españoles de Indias. Uno de los primeros fue John Ray quien la denominó Pacos, o bien Oveja de la India o Peruana y de la cual dice que es obstinadísima. Y cita a Gregorio de Bolívar: “es tal la abundancia de lana … que sólo en el cuello y en la cabeza tiene más que en todas nuestras ovejas, y por consiguiente los indios cortan la mayor cantidad de ella en todo el cuerpo”. Luego aclara comparándola con la llama, de la cual sospecha que es una especie diferente, “es más débil y menos adecuada para llevar cargas, pero se la alimenta principalmente gracias a su lana y carne” (Ray, 1693).

El nombre pacos fue adoptado más tarde por Linneo como denominación específica, ubicándola dentro del género Camelus por sus similitudes con los camellos de África y Asia.



Alpaca (Chenu, 1851-1860)




Pero dos siglos después de la conquista del Perú aún era muy poco lo que se sabía sobre estos animales, según Buffon porque en las ciudades americanas donde “hay gentes letradas las podrían haber dibujado, descripto y diferenciado”. Considera a las alpacas una especie “sucursal” de la llama pero reconoce correctamente que es una vicuña domesticada. “Son más pequeñas y menos apropiadas para el trabajo, pero más útiles por su esquila; la larga y fina lana de la que están cubiertas es una mercancía de lujo muy cara, tan apreciada como la seda”. Y con respecto a su carácter “están más sujetas a los caprichos de la obstinación, una vez que se echan con su carga, antes se dejaran cortar en pedazos que levantarse” (Buffon, 1765).



  The alpaca (Brehm, 1895)

            

            Recordemos que en 1808 habían llegado once camélidos (llamas, alpacas y vicuñas) a la menagerie que había organizado en su castillo de  Malmaison la emperatriz Josephine de Beauharnais, la esposa de Napoleón, quien los había recibido como regalo de Manuel Godoy, secretario del rey de España, Carlos IV. Provenían de Perú y Chile, desde donde fueron arreados a Buenos Aires en etapas de pocos kilómetros por día, alimentadas con papas, maíz y heno. Se las embarcó hacia Cádiz y al llegar fueron albergadas en el Jardín Botánico de la Paz, de Sanlúcar de Barrameda, que había creado Godoy. Pero en 1808 se produjo el motín popular de Aranjuez en contra de ese funcionario.  La gente quería echar al mar a los animales, aunque afortunadamente no lo hicieron y el regalo real pudo llegar a Josephine.   Era Intendente de Malmaison el botánico  Aimé Bonpland, tan vinculado a las ciencias naturales de Latinoamérica, quien tenía buenas relaciones con el Museo de Historia Natural de París.  De esta forma los animales quedaron al alcance de los zoólogos franceses como Frédéric Cuvier, quien los estudió y en relación al comportamiento de la alpaca observó que “era de una naturaleza muy dulce, pero, si se la molestaba, golpeaba con las patas de atrás, o soplaba fuertemente, lo que la hacía lanzar saliva; galopaba para correr, y nunca trotaba. Su voz era un grito muy dulce parecido al débil balido de una oveja” (Cuvier, 1816-1830). 


El alpaco, o paco, es menor que la llama … En forma se parece a la oveja, pero tiene un cuello más largo y una cabeza más elegante. El vellón  de este animal es hermosamente suave y muy largo; en algunas partes es de 10 a 13 cm de largo.  Su color es generalmente o blanco o negro; pero en algunos pocos casos es manchado. Los indios hacen mantas y ponchos de lana de alpaco.  Frecuentemente es exportado a Europa, y se vende a buen precio en Inglaterra. Los alpacos son mantenidos en grandes rebaños, y durante todo el año pastan en zonas de altura. Sólo en tiempo de esquila son conducidos a las casas. Por lo tanto son muy ariscos, y corren al aproximarse un extraño. La obstinación del alpaco es remarcable. Cuando uno de estos animales es separado del rebaño, se echa en el suelo, y no hay fuerza ni persuasión que lo induzca a levantarse; a veces sufriendo el más severo castigo antes de seguir el camino que su dueño quiere. Pocos animales parecen necesitar tan imperativamente la compañía de su propia especie, y sólo cuando se las trae a las chozas indias muy jóvenes, que los alpacos pueden ser separados de sus rebaños” (Tschudi, 1847).

 

Conopas wari (s. VII) - 

https://ceramicasperu.com/cultura/wari/


 



LOS MITOS DE LA ALPACA.

Los incas tenían una leyenda para explicar el origen de las alpacas. La hija de Apu, el dios de la montaña, cuidaba los rebaños de alpacas de su padre. Un día conoció a un pastor y se enamoraron. Apu les permitió seguir con el romance sólo si el hombre se comprometía a cuidar a las alpacas y a  llevar siempre consigo una illa, la estatuilla sagrada con forma de alpaca. La joven llegó del mundo inferior a través de un lago con su rebaño y la illa. Todo andaba bien, pero en un momento el pastor se descuidó y dejó la illa en el suelo, entonces la joven y sus alpacas volvieron con su padre. El hombre sólo logró retener unas pocas alpacas, que aún se encuentran en pantanos del páramo andino, esperando el fin del mundo para poder regresar con Apu (Vilá, 2001).

Otros mitos llegados hasta nuestros días cuentan que la primer alpaca era de color negro y era cría de un ukuku (oso andino). Más tarde fue cruzada con vicuñas y nacieron alpacas de color blancuzco. Por sucesivas cruzas se obtuvieron doce colores de alpaca. Los antepasados o machula, vivían en la oscuridad, sin dios, y  criaban estas alpacas. Tras un cataclismo, los machula se extinguieron y las  alpacas se ocultaron bajo tierra, y en unos manantiales y lagunas al pie del Ausangate, convertidas en piedra. Por eso los nativos adoraban a esos cuerpos de agua, porque estos sitios llamados paqarina dieron salida a estos animales al salir el sol, cuando las alpacas fueron entregadas en préstamo a los hombres para que las cuiden (Gow & Gow, 1975). Y ellas gustan de estar en sitios húmedos, porque quieren volver a las paqarina si el hombre las descuida y las maltrata.  La extinción de las alpacas será un aviso de que se acerca el fin del mundo, por lo tanto al cuidar las alpacas los pastores no sólo velan por su subsistencia sino también por el futuro del mundo (Flores Ochoa, 1975).  Una variante de este mito existe en el distrito de Yanque (provincia de Caylloma, departamento de Arequipa), donde a los manantiales les dicen chuqisisa, que es el nombre de la esposa del Apu, el dueño de las alpacas,  y ella es dueña de los peces. Sus alpacas se convirtieron en peces y, arreándolas ella, desapareció en una vertiente (Escalante & Valderrama, 1997; Millones & Mayer, 2012).


Conopa de piedra representando una alpaca. Cultura inka (1200-1532 D.C.) 

Andes Centrales, Perú. Museo Chileno de Arte Precolombino.




El 1º de agosto, en la fiesta de la Pachamama, la gente de Pinchimuru, en las vecindades del Ausangate, sube a la montaña a buscar un don de los Apu. Son piedras sagradas en forma de alpaca y otros animales, llamadas inkaychu. Estas piedras son rociadas con agua bendita y sirven para curar enfermedades de las alpacas y mejorar su fertilidad. Pero como no desean ser vistas, se las mantiene ocultas en una bolsita y si alguien las mira, transpiran. En la fiesta de Malta Watay, a fines de agosto, además de ofrendas se realiza un apareamiento ritual de tres alpacas hembras blancas, como un rito de fertilidad y prosperidad, pero de también de renacimiento. 

En la celebración de Haywarisga, entre fines de diciembre y los carnavales, se congrega  la familia con músicos y cantores. A la noche se procede a abrir el señalu q'epi, un paquete que contiene elementos sagrados como las illa, los inkaychu, las qocha, hojas de coca, etc. Los inkaychu y las illa, piedras naturales talladas en forma de animales, representan la fecundidad de los padrillos. Las qocha son conchas marinas que representan los lugares por donde surgieron las alpacas. La ceremonia busca renovar los poderes mágicos de estos objetos  (Flores Ochoa, 1975). Durante los Carnavales también se hacen rituales secretos de ofrendas (despachos) de comida, coca, flores e incluso sacrificios de alpacas macho blancas (Gow & Gow, 1975).


Ul’ti o enk’a representando una alpaca (Larrea, 1933)



En la fiesta solar de Intip raymi, que era su celebración del año nuevo, en la luna nueva del mes de mayo, se sacrificaban muchos animales de diversos tipos y colores. Entre ellos “pacos blancos lanudos, llamados cuyllos, y otros pacos llamados paucarpaco, que eran hembras bermejas y lanudas, y otros pacos llamados oquipacos” (Molina, 1573).

Todos estos rituales se vinculan a la fertilidad y protección de los rebaños. Por lo mismo, se acostumbra mantener a la wasi sajsa, una alpaca hembra a la que no se esquila de modo que su lana llega hasta el suelo. Es un símbolo de la fuerza vital de las alpacas y favorece el crecimiento de la lana. También se suele conservar una alpaca estéril (pancha) y otra machorra (machura), a las que se respeta como protectoras del rebaño  (Gow & Gow, 1975).

Por otra parte los camélidos también tienen poderes mágicos. En Bolivia, el unto o sebo de alpaca se usa como agente principal en las brujerías, quemándolo  delante de las huacas y conopas. Según las direcciones y densidades del humo que se produce, se hacen los vaticinios. Pero es más común hacer con el sebo mezclado con harina de maíz un muñeco con la apariencia de la persona a la que se desea dañar, al cual lo queman para lograr que la voluntad de esa persona se reduzca a la nada, y se transforme en un individuo abúlico y sin sentimientos.  Con esta grasa hacen un atado de paja con hilos de colores y los colocan en los caminos, para que el que se va por ellos ya no regrese. Untando ligeramente con ella  los huakanqui (talismanes), estos mantienen sus virtudes mágicas (Paredes, 1920).



The alpaca. Dibujo de Gustav Mützel 
(Lyddeker & Sclater, 1893-1896) 









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EL YAGUARETÉ SEGÚN JOHANN RUDOLF RENGGER

Te voy a contar mi historia, de tristezas y de gloria Fuerte, salvaje y valiente, soy guardián de la memoria Hubo un tiempo que fui líde...