Alex Mouchard
Tucúquere…
Tucúquere…
Y la voz soledosa
se repite cansada.
Tucúquere…
Tucúquere…
Acento fatigado
De una misma tonada.
Tucúquere…
Tucúquere…
Y se va sollozando
En la noche callada
Jorge González Bastías - “Pájaro nocturno”
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| 1.-Tucúquere. Pina Ilustraciones. |
Hace pocos días me encontraba en la falda del volcán
Tromen (Neuquén, Argentina) junto a los extensos escoriales que como un fúnebre
manto rodean su impactante figura. Esa caótica acumulación de piedra negra, de
formas angulosas y llena de huecos y grietas es prácticamente intransitable
para los humanos pero ofrece refugio a multitud de pequeños vertebrados:
pájaros, reptiles y roedores, las presas preferidas del tucúquere, el gran búho
patagónico. A poco de nuestro caminar, rodeando la lava endurecida, vi la
figura del tucúquere que se mimetizaba entre las piedras, y me observaba algo
encandilado por la fuerte luminosidad de esa mañana neuquina.
Con su considerable tamaño de 45 cm, es un habitante
notable de la región, que no pasó desapercibido para los viajeros europeos ni
tampoco para los aborígenes.
El 13 de noviembre de 1710 el
padre y explorador Louis Éconches Feuillée, de la orden de los
Mínimos, llegaba a la bahía de Concepción, Chile, a bordo del buque «Saint-Jean-Baptiste»,
bajo el mando del capitán Jean Doublet. Tras un azaroso viaje iniciado tres
años antes, en el que se sumaron a la escuadra de un corsario francés para
evitar las naves inglesas, pasaron por Buenos Aires y atravesando el
estrecho de Magallanes llegaron a su destino.
Al mes de arribar, Feuillée salió a herborizar por
las montañas cercanas: “Pasando cerca de una casa medio en
ruinas, escuché maullar como lo hacen nuestros gatos; primero me detuve,
observé sobre la parte superior de esta casa el animal que produjo el grito; le
disparé e hice la descripción siguiente de un Hibou o Búho negro-ceniciento,
con pecho manchado" (Feuillée, 1714).
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| 2.-Bubo ocro-cinereus. 1714. |
Parece que el sacerdote no era muy afecto a estas aves ya que según cuenta: “Este búho me pareció a primera vista de un aspecto bien horrible”, aunque “los dos penachos que lleva a manera de cuernos inmediatos a los ojos, lo hacen hasta agradable y disminuyen de alguna manera el horror que produce su aspecto”. Luego comentó sobre su comportamiento: “Cuando este animal está posado en algún lugar, uno lo ve alzarse y agacharse sobre sus patas, como para hacer una reverencia” (Feuillée, 1714).
Y agregó algún dato étnico: “Los indios se alarman cuando oyen maullar a este
búho durante la noche alrededor de sus casas; como son extremadamente
supersticiosos, creen que es un presagio de alguna desgracia funesta; es por
eso que procuran alejarlo a flechazos o piedrazos; cuando yo le disparé a éste,
los indios que estaban presentes me manifestaron tanta alegría y
reconocimiento, como si hubiese matado al más formidable de sus enemigos” (Feuillée, 1714).
Cuando éste y otros ejemplares llegaron al Jardin Royal Des
Plantes Médicinales, en Paris, fueron utilizados poco después por su
intendente, Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, para escribir su magna
obra «Historia Natural de las Aves (Histoire naturelle des oiseaux)». Allí
consideraba que “el búho que nos ha sido enviado de las
tierras Magallánicas no difiere demasiado del búho real [Bubo
bubo] como para hacer una especie
separada.” Sin embargo su descripción dio pie a Johann Friedrich Gmelin para
otorgarle un nombre especial que aún mantiene: Bubo magellanicus,
aunque sin separarlo del todo de los búhos europeos.
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| 3.-Hibou
de Terres Magellaniques. Dibujo de François Nicolas Martinet. 1765-1783 |
RECONOCIMIENTO
François Marie Daudin (1776-1803) era hijo de un importante
funcionario de la corte de Francia, y durante su infancia
contrajo una enfermedad que lo dejó con una parálisis en sus piernas, lo cual no le
impidió empezar a coleccionar especímenes de historia natural. Si bien como zoólogo se dedicó a la
herpetología, escribió también un «Traité
élémentaire et complet d'ornithologie»
donde trató de conjugar las descripciones de Buffon con los nombres binomiales
de Linneo y colaboradores. Aunque la obra quedó incompleta, fue un primer paso
hacia la aplicación de la nomenclatura científica tal como la conocemos
actualmente.
Pese a la ayuda de su esposa, Adélaïde Geneviève de
Grégoire de Saint-Sauveur, quien dibujó
unas cuantas láminas de sus obras, los libros de Daudin fueron un fracaso comercial
y el matrimonio tuvo que vivir de la fortuna familiar. Lamentablemente, en 1803, aún muy
jóvenes, murieron ambos de tuberculosis. En su breve vida Daudin pudo
describir unas cuantas especies nuevas entre las que podemos destacar la lechuza
negra (Ciccaba huhula), el águila
crestuda real (Spizaetus ornatus), el
halcón negro chico (Falco rufigularis)
y el pepitero negro (Saltator fuliginosus).
Con respecto a nuestro búho, Daudin señalaba: “Esta
ave, que se encuentra en América, hacia el estrecho de Magallanes, es quizás
una especie distinta” Una duda que ya había expresado John
Latham diez años antes. Pese a ello, durante el siglo XIX y XX, la mayoría de
los autores lo consideraban una subespecie del ñacurutú (Bubo virginianus), siendo designado como tal por John Cassin en
1854 como Bubo virginianus magellanicus.
Recién en 1996 Claus König y colaboradores separaron definitivamente al
tucúquere del ñacurutú en base a diferencias de tamaño, coloración,
vocalizaciones y secuenciación de ADN. Así se hizo finalmente justicia al
malogrado Daudin.
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Soy
el tucúquere mimetizado con el ramaje
Manuel
Silva Acevedo – “Soy el alma de la tierra”
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Hacia 1829 Alcide d’Orbigny (1835-1847)
llegaba
a la Patagonia donde conoció al tucúquere a orillas del río Negro y a pesar de
que “difieren
uno de otro” respecto del ñacurutú del norte, los trató en
conjunto, mezclando sus características. Más tarde, Adolf Doering, zoólogo de
la expedición de Julio Roca, lo encontró abundante “en
las islas del R. Negro, principalmente en Choelechoel, donde, en las noches
frías de junio, diferentes individuos nos divirtieron con su lúgubre canto
nocturno que recuerda la voz humana” (Doering, 1881).
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| 4.-Magellanic Eagle Owl - Dibujo de Joseph Smit, 1917 |
Más de cuarenta años después, en 1871, llegó a la zona otro gran naturalista: William Henry Hudson. En el río Negro tuvo un encuentro con un tucúquere que relató con su peculiar sensibilidad, considerándola una de las más grandes sorpresas que la naturaleza le regaló en su vida.
Bien al sur del continente, el 8 de mayo de 1830, el
famoso HMS Beagle navegaba al mando del capitán Robert Fitz Roy por el
oeste del canal de Beagle: “Nos detuvimos a pasar la noche en
una pequeña isla. Poco después del anochecer, uno de los tripulantes del bote
fue asustado por dos grandes ojos que lo miraban desde un espeso arbusto, y
corrió hacia sus compañeros, diciendo que ¡había visto al diablo! Recibió una
viva carcajada seguida por un disparo al arbusto, el que derribó un magnífico
búho cornudo". Obviamente se trataba de un tucúquere el que aterrorizó
al marinero y llevó a bautizar la pequeña isla como Isla del Diablo (Fitz Roy,
1839).
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Todo
está inmóvil, en
las encinas canta el tucúquere y
el cuarto creciente es
otro acto de magia donde no toco fondo. Delia
Domínguez – “En las Encinas Canta el Tucúquere” |
“Aunque de carácter bastante familiar,
pudiéndose domesticar fácilmente con halagos, sin embargo prefiere habitar en
los lugares retirados de toda población, y no se acerca nunca, al menos muy
raramente, a las ciudades y sobre todo a las bastante populosas. Su alimento
consiste en aves, murciégalos [sic] y aún pequeños cuadrúpedos, que traga
enteros, arrojando después por el pico, en forma de pelotas, lo que no ha
podido digerir” (Gay, 1847).
Su grito, dice, «tucucurú» “que
pronuncia en Chile, y siempre de una manera bastante lúgubre”.
“Hemos conservado por
largo tiempo uno de estos Tucúqueres en un pequeño patio medio cubierto;
durante el día estaba guindado de un palo clavado a un lado del muro, y como había
otros animales, era menester cortar la carne en pedazos y
presentársela, en cuyo momento mostraba cierto temor, se enderezaba sobre sus
piernas, y levantando las plumas en forma de orejas, miraba de un
modo fijo y atento; pasados los primeros sentimientos de temor, tomaba los
pedazos de carne con las garras y los cogía en seguida con el pico. Este
alimento se le daba tres veces al día y se mantenía bien. Su carácter era
sumamente tímido y curioso; si sentía ruido en el patio, ocasionado por las
disputas de los otros animales, se elevaba igualmente sobre sus piernas,
encrespaba las plumas del lado de la cabeza y se volvía atentamente hacia el
lugar de donde venía el ruido; un día le vimos batirse con un Tiuqué [Daptrius chimango], y aunque de la misma talla poco más o menos, sin
embargo parecía temerle; tomaba más bien la defensiva que la ofensiva, y se
apresuraba a apoyarse sobre el dorso para oponer las garras a su adversario. En
general es más bien cobarde y astuto que bravo” (Gay, 1847).
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| 5.-Duc barré. Dibujo de Edouard Traviès. 1836-1849. |
Este búho fue encontrado por el colector inglés Ambrose Lane en el norte de Chile, en Sacaya, donde “es conocido por los naturales de todos los lugares que visité en la frontera boliviana, quienes decían que era un visitante ocasional, pero no infrecuente, y se llamaba «Jucu» probablemente en cuenta de su grito. Se dice que el Jucu caza pequeños animales de noche, descansando durante el día en algún acantilado. Se dice que anida en acantilados y pone unos cuatro huevos. El iris es de un amarillo gamboge” (Lane, 1897).
Otro colector en Chile, Thomas Bridges, señalaba que
el túcúrárë (así registró su nombre como derivado de su canto), “vive en bosques y ocasionalmente puede ser
encontrado de día durmiendo” (Bridges, 1843).
Hacia fines de 1866 Robert Cunningham, naturalista de
la expedición del buque "Nassau", encontró al tucúquere cerca de la
actual Punta Arenas. “Cuando estábamos ocupados buscando un
lugar para cruzar el río, con cuyos intrincados meandros se necesita cierta
experiencia para familiarizarse, fue descubierto un gran búho posado en la rama
de un árbol cercano, y se le disparó … Fuimos sorprendidos por el aspecto
gatuno que sus grandes ojos comunicaban a su cara … en el estrecho de
Magallanes, además de encontrarse en las zonas boscosas, no es raro en las
zonas abiertas, donde a veces puede ser visto posado en los arbustos de Berberis,
o volando tranquilo en busca de su presa, que consiste mayormente en roedores
de varias especies” (Cunningham, 1871).
El mismo naturalista en la bahía San Gregorio
observó que “el suelo en muchas partes está
completamente perforado por las cuevas de los Ctenomys … En
las proximidades de estas madrigueras observé buena cantidad de ejemplares del
gran búho (Bubo magellanicus) . Estaban en general posados en
los arbustos de Berberis, y eran muy audaces, ladrándome de forma
peculiar, y dejándome acercar a 3 o 4 metros antes de volar.”
En Tierra del Fuego, ”el
hábitat del búho de Magallanes es el campo abierto donde hay maleza
achaparrada. Es de hábitos mucho más nocturnos que el mochuelo chico y la
lechucita vizcachera, pero vuela fácilmente durante el día si se le molesta. Su
profundo retumbar "Tuu-kukuru" se escucha comúnmente desde las
viviendas por la noche. Si se le molesta durante el día, no pierde la
oportunidad de protegerse a sí mismo, pero vuela fácilmente y emprende un vuelo
largo, recto y poderoso, de quizás, varios cientos de metros, luego vuelve a
posarse, a menudo en algún punto alto, y evade la persecución. Muchas veces he
fallado en acercarme a uno una vez que ha sido molestado” (Crawshay, 1907).
Más al norte, en Perú, Alberto Gadea refería que “El búho o tucu, Bubo
magellanicus, Gm. tiene en las vizcachas, cavias, mefites, ratas, etc., su
alimento favorito. — Quién ve a estas melancólicas rapaces, sumergidas durante
el día en sus oscuras cuevas, de las escarpadas y desnudas rocas de la
Cordillera, se imagina que están condenadas a mil privaciones en su
alimentación; pero muy lejos de eso, hacen caza activa y se regalan con la
carne de los mamíferos citados. En un lugarejo de la provincia de Canas,
llamado Palpata, fue donde por primera vez vi al majestuoso Tucu, que parecía,
que estando persuadido de lo inaccesible de las enormes rocas que lo sustentaban,
desafiaba a los que desde abajo lo mirábamos. Los cerros que circundan Palpata
y los contiguos a la Raya, cerca de Santa Rosa, son de conglomerados, muy
cavernosos, donde por tener buenas moradas, además del pasto, son abundantes
los Lagidium. En Umayo, observé cerca de las guaridas del búho, en
los productos de sus regurgitaciones, trozos de pieles de vizcacha" (Gadea,
1894).
En el centro de la Argentina el tucúquere tiene
una población aislada en las sierras de Córdoba y San Luis. En Cosquín, le
llevaron uno vivo a Ernest White, y se arregló "para mantenerlo por algún tiempo; en realidad
pronto se hacen muy mansos y tratables, algunos nativos los mantienen como
mascotas, sueltos en las chacras. Hay unos pocos que se pueden encontrar en el
valle; y una vez fui de excursión a cierta distancia con un amigo al dormidero
de una pareja en la altura junto a los barrancos serranos; me dijo que a menudo
los había observado en algunos algarrobos grandes” (White, 1883).
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fueron develándome tus enigmas Gaviota azul, 2007 (fragmento) |
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| 6.-Estatuilla
de cobre representando un hombre búho. Cultura moche (100–800 DC) - Museo del Sitio de Huaca Rajada – Sipán, Lambayeque. Foto: zug55. |
EL TUCÚQUERE Y LOS PUEBLOS
Señalado con la maldición bíblica, que considera al
búho o yanshuf abominable para comer (Leviticus 11:17), esta ave atravesó la historia medieval
europea como un ave maldita. Así, en los bestiarios medievales, se consideraba que prefería andar de noche ocultándose de la luz, viviendo en un nido ensuciado
por sus propias deyecciones, se lo encontraba en ruinas, tumbas y cuevas y gritaba cuando presentía que alguien iba a morir. Estas creencias se trasladaron a
América con los conquistadores y colonos, y se le atribuyeron a las especies de
lechuzas y búhos locales como el tucúquere.
Los pobladores, cuando encontraban a uno de ellos, lo mataban, lo estaqueaban y lo colgaban de los
cercos para ahuyentar a la muerte. En zonas rurales de Chubut se lo
considera de mal augurio, especialmente cuando se acerca a la casa de noche (Castillo & Ladio, 2017).
Quizás influenciados por los europeos, los mapuches
también creían que cuando un tucúquere, al que ellos llamaban tue-tue por el sonido de su canto, le gritaba a alguien, le estaba señalando su
próxima muerte. Lo vinculan con los kalku o brujos porque pueden tomar esa
forma humana y viceversa.
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| 7.-Billete de 5000 pesos chilenos con la figura de un tucúquere (reverso). |
En Chiloé, donde lo denominan raiquén, se cree que un brujo puede transformarse en raiquén para
comunicar a alguien su cercano deceso, para lo cual se vale del ruido de sus
alas que semeja el sonido de espuelas, o bien por su canto que suena pirui …
pirui … pirui. Para alejarlo se hace la señal de cruz en el aire con la mano,
con ello el ave cae muerta y no se cumple lo que pronosticó. Esta creencia se
condensa en el dicho «El raiquén canta y el indio muere, no será cierto pero
sucede» (Amory, 2013; Romo Sánchez, 1985, 1989).
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La
noche ensanchó su charco de
betún; el agorero búho
con la horrible seda de su ala rasgó el sendero. Gabriela
Mistral – “La espera inútil” |
Los selknam también consideraban a los búhos y lechuzas de mal agüero y cuando veían uno lo trataban de asustar exclamando «¡Kosh vipson!», que significa «¡Rostro malo!» Y continuaban lanzándole todo tipo de insultos (Moya, 1958). Sin embargo no dejaban de cazarlo y usarlo como alimento, tal como lo relata Lucas Bridges:
“Un
día en que salí con el muchacho, vimos un búho de largas orejas posado a unos
nueve metros del suelo sobre un árbol frondoso, fácil de cazar… Yoshyolpe se
empeñó en cazar al ave, de modo que esperé para ver cómo se las ingeniaría. En
el extremo más delgado de una vara de unos dos metros de largo ató un trozo de
tiento seco, fino y casi tan rígido como una cuerda de guitarra, con el que
hizo una lazada de buen tamaño”.
“Yoshyolpe se acercó
al árbol. Al verlo, el búho pareció dispuesto a emprender el vuelo, pero luego
cambió de idea. … el muchacho empezó a trepar al árbol, acercándose a su presa
con la misma cautela de un gato que se arrastra hacia un gorrión. El búho lo
miraba con asombro, no exento de miedo… Por fin estuvo el ave al alcance de la
vara de Yoshyolpe. La llevó lentamente hasta ponerla por encima de la víctima,
y luego, con la misma lentitud, aflojó el lazo. El búho no comprendía que era
ese pedazo de tiento … le dio dos o tres fuertes picotazos, y al hallarlo
inofensivo, pareció sumirse nuevamente en sus propias reflexiones. Sin prisa,
el muchacho deslizó el lazo por la cabeza del ave y con un tirón brusco lo
apresó y el búho quedo colgado en el extremo de la caña, agitando inútilmente
sus fuertes alas” (Bridges, 2012).
Los yaganes relataban que un niño, huérfano de padre,
era mal alimentado por los hombres de la tribu. Su madre lo incitó a cazar por
sus propios medios y el chico cazó muchos guanacos. Guió a los
hombres para que le ayudaran a llevar las presas a la toldería. El niño llegó
con su carga pero los hombres se cansaron pronto y llegaron a la noche sin
carga y se transformaron en búhos o yahutelas. Por eso todas las
noches se los oye llamando, pero al no ser recibidos se retiran a los bosques
(Rozzi et al., 2011).
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Así
las cosas, otra vez entró en un monte grande. Entonces encontró también a un
coucou. “-¡Buenos
días, pues, coucou”, le dijo al coucou. “-¡Buenos
días, hermano mayor!”, dijo el coucou. “-¡Ji,
ji. Ji, ji, ji, ji!”, dicen que se rió, con el pico fruncido, el coucou. “-¡Te
ríes, pues, ojos grandes!”, le dijo al coucou. “-¡Ji,
ji, ji, ji, ji, ji, ji!”, volvió a decir. Dicen
que lo dejó así y se fue. Lorenzo
Naupa Epuñán (Sánchez Cabezas, 2014) |
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| 8.-Dios
Búho. Mochica. Época Auge (100 - 800 DC). Museo Larco, Perú. © Archivo Museo Larco. |
En la cultura aimara esta ave también tiene un
carácter mágico. Lucia Callacondo cuenta que una joven pastora de la Cordillera
albergó una noche a un joven que terminó enamorándose de ella. Por la mañana el
joven se iba, y regresaba a la noche a dormir. Las amigas de la pastora le
aconsejaron que, una vez que el joven estuviera adentro, cerrara bien puerta y
ventanas para que no se pudiera ir. Así lo hizo y, para su asombro, el joven
se transformó en un búho que cantaba «juk,
juk, juk»
y cuando la chica abrió la puerta, se alejó volando (Quispe Chambi, 2004) .
En Bolivia
cuando el búho canta de noche, se dice que llama al alma de quien habita
en el lugar. Si viene volando con sus alas oscuras y se posa con su típica
suavidad en la cumbrera del techo, alguna desgracia ocurrirá a los moradores de
la casa. Y si se queda a anidar allí, con seguridad habrá alguna muerte. Si en
su vuelo cae o tropieza con algún poblador una próxima epidemia asolara la
región (Paredes, 1920).
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Habiendo escuchado la vieja penumbra Que
envuelve de cantos el lago profundo, Un oscuro
silencio sembrado de asombro, Hereda su
cuerpo de alada fogata y abre en
sus ojos las sombras del mundo. Nicolás Barría – Tucúquere |
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| 9.-Botella Modelada, Mujer-Búho. Cultura Moche. Foto: Sergio Vera. |
La cultura moche, que se desarrolló en el noroeste de Perú entre los siglos II y VII D. C., tenía al búho como uno de sus dioses y lo representaban con características humanas. Estas figuras antropomórficas tenían un gran valor ritual y se utilizaban como símbolos de poder. Así por ejemplo en la tumba del sacerdote de Sipán (Lambayeque) se encontró una corona bañada en oro, ornada con un búho con las alas abiertas y un bastón con la figura de un hombre búho. Según el mito de este pueblo en algún momento se produciría la «rebelión de los artefactos» cuando esos objetos cobrarían vida y, liderados por el hombre-búho, atacarían a los guerreros moches. El búho se asociaba con los cadáveres, cementerios y los espíritus de los muertos y era reconocido como un guerrero nocturno. Este simbolismo persistió durante la época incaica, en la cual los búhos eran encerrados en mazmorras subterráneas con los peores criminales para castigarlos (Quilter, 1990).
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En lo perjuro
soy tordo Y lechuza bien
me viene, En la novedad
pequene Y tucúquere en
lo sordo; Soy queltehue
por lo gordo, En lo grande
picaflor, En lo casero
gorrión En lo habiloso,
zorzal; Soy loica para
cantar Antes de que
salga el sol. Juan
Uribe Echevarría (1974) - “Pájaros y árboles” |
LOS
NOMBRES DEL TUCÚQUERE
Yagan = Yohutela, yahutéla, yapoutéla (de yapou, nutria, y téla, ojo), ketéla yoakília,
kuhúrux.
Tehuelche = Aamen, mamékê
Mapuche = Tucúquere, tukukere, tukuu, tuco, nuco,
kowkow, coucou, towtow, toutou,
kongkong, raiquen. Salvo éste último los demás parecen ser onomatopéyicos. Sánchez
Cabezas (2010) supone con dudas que tucúquere deriva de tuku, onomatopeya del canto,
y ukür, búho, o sea, “búho que
grita tuku.”
Puelche = Koho, ucutrel.
Ranquel = Nuku.
Pueblos andinos de Mendoza, San Juan, La Rioja y
Catamarca = Corcol, colcol.
Aymara = Juku.
Quechua (Bolivia, Perú) = Tucu, tuku, toco, huku. Para
algunos deriva del verbo tucuni, acabar, morir. También le llaman
chuschec, nombre que además aplican a la lechuza.
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Hasta los ratones habian huído no hallando que comer; sólo los búhos sentados allí, dejaban oir su canto lúgubre. Ollanta
ó la severidad de un padre y la clemencia de un rey. Drama quechua (Anónimo, 1868) |
AGRADECIMIENTO
Agradezco a Pina Ilustraciones, de Panguipulli, Región
de Los Ríos, Chile, por permitirme reproducir su dibujo del tucúquere.
Amory, Dean. 2013. Las Principales Leyendas, Mitos,
Historias y Cuentos de Chile. Edgard Adriaens, Bélgica.
Anónimo. 1868.
Ollanta ó la severidad de un padre y la clemencia de un rey. Drama
quechua traducido por el Dr. José Sebastián Barranca. Imprenta Liberal,
lima.
Bridges, Esteban Lucas -2012- El último confín de la tierra.
Sudamericana :Buenos Aires.
Bridges, Thomas. 1843. Proceedings of the Zoological Society
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en los meses de Abril, Mayo y Junio de 1879, bajo las órdenes del General D.
Julio A. Roca. Entrega I. — Zoología. Buenos Aires, Imprenta de Ostwald y Martínez.
d’Orbigny, Alcide -1835-1847 - Voyage dans l'Amérique
méridionale (le Brésil, la République orientale de l'Uruguay, la République
argentine, la Patagonie, la République du Chili, la République de Bolivia, la
République du Pérou) : exécuté pendant les années 1826, 1827, 1828, 1829, 1830,
1831, 1832 et 1833. Pitois-Levrault: Paris
Edwards, G. 1747. A natural history of birds. Most of which
have not been figured or described, and others very little known, from obscure
or too brief desriptions without figures, or from figures very ill designed:
Containing the figures of sixty-one birds and two quadrupedes, engrav'd on
fifty-three copper plates, after curious original drawings from life, and
exactly colour'd. With full and accurate descriptions. To which is added, an
appendix, by way of illustration. Part II. - pp. i-viii [= 1-8], 53-128, pl.
54-105, [105a]. London.
Feuillee, Louis. 1714. Journal des observations physiques,
mathématiques et botaniques, Faites par l'ordre du Roy sur les Côtes Orientales
de l'Amérique Méridionale, & dans les Indes Occidentales, depuis l'année
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6.- https://www.flickr.com/photos/zug55/16428537536
7.-
https://www.billetesymonedas.cl/Billetes/BilleteActual/5000
8.- https://www.hoyesarte.com/evento/oro-mitos-y-rituales-el-arte-mochica-del-antiguo-peru/
9.- https://centroderecursos.educarchile.cl/bitstream/handle/20.500.12246/40726/articles-106504_imagen_0.jpeg?sequence=1&isAllowed=y









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