Alex Mouchard
A menudo en los graneros trepaban a los populosos nidos en las vigas,
buscando con ojos ansiosos esa piedra maravillosa, que la golondrina
trae de la orilla del mar para devolver la vista a sus polluelos;
¡Afortunado fue el que encontró esa piedra en el nido de la golondrina!
Evangeline: A Tale of Acadie
Henry Wadsworth Longfellow
Nota - En nuestra
próxima entrega: ANTOLOGÍA DE LA GOLONDRINA
| Golondrinas Dibujo a lápiz sobre papel Clara Mouchard |
LA MEDICINA DE LAS GOLONDRINAS
Los sabios
griegos, como Aristóteles, creían que la
madre golondrina, cuyas crías nacían ciegas, les otorgaba la visión mediante
cierta hierba, que conocían como celidonia
o golondrinera (Chelidonium majus),
y que recibía ese nombre por este uso que le daban dichas aves, o bien porque florecía para la época que
llegaban las golondrinas. Como dice Plinio: “Porque con ésta las golondrinas
devuelven la vista a los ojos de los polluelos en el nido, como dicen algunos,
incluso si se les arrancaron los ojos”. Esta planta tiene una decena de
alcaloides opiáceos y una savia cáustica, y fue usada desde muy antiguo en oftalmología,
especialmente para las lesiones de las córneas.
Celidonia (Chelidonium majus)
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Thomé, Otto Wilhelm. 1885. Flora von Deutschland, Österreich und der Schweiz. Gera, Germany |
Aristóteles afirmaba que en Samos existían golondrinas blancas, a las que, si se les arrancaban los ojos, podían recuperar la visión. Si un cuerpo extraño se introducía en el ojo de una persona, la curación se lograba mediante una piedrita (chelidonias) del tamaño de una lenteja que la golondrina traía en su buche desde la costa del mar (Thompson, 1895), o bien la misma se encontraba en el buche de los pichones (Lemery, 1733). Pero para obtener la piedra sanadora había que cometer la siguiente crueldad: cegar a los pichones en el nido para que la madre tuviera que ir en busca de la piedra para curarlos. Entonces se colocaba un paño rojo bajo el nido para que la golondrina descartara la piedra allí pensando que había fuego (Tate, 2007). Todos estos cuentos fueron desmentidos por el botánico John Gerard en el siglo XVII (Harting, 1871).
Es admirable, por ejemplo, ver las golondrinas pequeñas, que, apenas salidas del huevo y ciegas aún, saben, sin embargo, hacer que sus excrementos caigan fuera del nido.
Über Pädagogik - Immanuel Kant
Sánchez
Labrador (1767) dijo no conocer que nuestras especies sudamericanas albergaran
en su buche una piedrecita transparente que es “muy celebrada para la vista”.
Plinio mencionaba que las piedras que llevaba eran dos: una roja y otra blanca.
Más tarde se atribuía a la roja curar a los inválidos y a la otra, la negra, el traer la
buena fortuna (Ingersoll, 1923; Arnott, 2007). Se explicaba que siendo las
piedritas de naturaleza alcalina se aglutinaban con el cuerpo extraño y lo
hacían salir del ojo (Lemery, 1733). El geólogo George Alexander Louis Lebour
investigó sobre esta creencia tan arraigada en Inglaterra, y pudo concluir que dichas piedritas, que obtuvo de algunos paisanos ingleses que las guardaban celosamente, no eran otra cosa
que opérculos de unos caracoles marinos del género Turbo (Harting, 1871).
De esta
creencia surgía que las cenizas de la golondrina se usaran entre los romanos
como remedio para las cataratas, pero además como cuenta Plinio quemados los
pichones “hasta hacerlos cenizas son grande remedio para el mal mortífero que
da en la garganta” (Plinio, s. I DC), pero eso sí, tenía que ser de la especie
de golondrina que se alimenta con estómagos de gorriones. Otra opción era mezclar las cenizas de una
golondrina con miel y aplicarla para curar la visión borrosa (Tate, 2007),
mientras que el cerebro triturado o cocido curaba las lágrimas de los ojos. Según
Constantino la sangre del ala derecha de la golondrina “puesta caliente sobre
la tela del ojo, la sana si es nueva, ca la sangre destas aves es muy ardiente
y muy deguastante por la natura de las aves do viene” (Anglicus, 1494).
La curación de Tobías (1640 – 1644)
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Óleo sobre lienzo, de Bernardo Strozzi. Museo del Prado, Madrid. https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/la-curacion-de-tobias/86d02f90-aea6-4184-b3bc-5741da767006 |
Pese a estas supuestas acciones terapéuticas, en la Biblia se atribuye a las golondrinas (según algunos autores, a los gorriones) haberle quitado la vista a Tobit, cuando se echó a dormir en su patio, en una noche calurosa: “Yo no sabía que arriba, en la pared, había unas golondrinas, de pronto su estiércol cayó sobre mis ojos, produciéndome unas manchas blancas” (Tobías 2, 10). Por más remedios que le indicaron los médicos, terminó perdiendo la vista, y sólo la recuperó por obra de su hijo, quien, guiado por el ángel Rafael (“Dios sana”), le aplico hiel de un pez del río Tigris.
Para las cefaleas había que capturar una golondrina en tiempo de luna llena, por la mañana cuando sale a comer. Luego se trituraba o cocinaba y se envolvía en una tela de lino junto con pelos de perro o bien se aplicaba en un linimento en la frente. Según Plinio, si uno sufría de migraña, lo mejor era cortarle la cabeza a una golondrina en una noche de luna llena, ponerla en una bolsita de tela y dejarla secar, luego se molía y se tomaba como remedio (Tate, 2007).
Por otro
lado en la antigua Asiria comer el corazón de una golondrina podía curar al
mordido por un perro rabioso y en China mejoraba las enfermedades renales.
También para este último pueblo el corazón podía solucionar el tartamudeo,
quizás por similitud de esa afección con el gorjeo entrecortado de la
golondrina. Según Dioscórides, los polluelos de la golondrina “cuando crece la
luna, tienen unas piedrezuelas en el vientre, y que tomando una de diversos
colores y otra de un color rojo, envolviéndolas en un poco de baldrés [piel] de
becerro, y colgándolas del brazo o del cuello, quitan totalmente la gota
coral [epilepsia]” (Vitoria, 1646).
Y hasta un
trozo del nido, pulverizado y disuelto en agua o mejor aún en caña, se usaba para
tratar los abcesos de las amígdalas. El excremento de golondrina, para los que
se animaban a tomarlo, era aperitivo, curaba la pérdida de las cejas
(madarosis), y hasta tenía algún efecto contra la rabia (Lemery, 1733).
Eliano
mencionaba cómo las golondrinas utilizaban las hojas de apio para combatir a las
cucarachas que dañaban sus huevos.
Golondrina. Casa del Bracciale d'oro.
Pompeya.
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Foto: Carlo Raso (Flickr). https://twitter.com/cord7oba/status/1182977767085924352?lang=gl |
Para el mal
de amores no había como disolver en aceite de rosas una pareja de golondrinas
jóvenes, que hayan sido sorprendidas besándose, y administrarlo como remedio
para conquistar a la mejor chica de la comarca (Daniels & Stevans, 2003).
Los
guaraníes contaban con una planta medicinal a la que denominaban mbiyuí-caá, o
sea yerba de la golondrina (Bocconia integrifolia), conocida en el noroeste
argentino como árbol lillo, cuya savia lechosa y amarillenta tiene efectos
vermífugos y purgantes. En México dicha planta se conoce como cochizxíhuitl y
se utiliza en el insomnio, bien molida mezclada con hiel de golondrina y untada
en la frente (Aranda Cruzalta et al., 1996).
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LEYENDA DEL
ÑANCULAHUEN (ñancu, aguilucho: lahuen, remedio) El
ñanculahuen (Valeriana carnosa –
Familia Valerianaceae) es una hierba de la alta montaña y las estepas patagónicas
que se utiliza para tratar enfermedades nerviosas. Su nombre significa
“hierba del aguilucho” porque se suponía que en las alturas donde crece era
guardada por el aguilucho. Cuando Loncopan, un valiente cacique mapuche,
enfermó, su esposa Pilmaiquén (Golondrina) convocó a un machi que le recetó
dicha hierba. Corriendo serios peligros, Pilmaiquén llegó a las altas tierras del
aguilucho quien le entregó la planta y le anunció que Loncopán se curaría,
pero ella perdería la movilidad y la voz, y sólo conservaría la vista para
ver a su esposo curado. Pese al terrible vaticinio, el amor conyugal de
Pilmaiquén, le hizo concretar ese sacrificio para recuperar a su amado (Espósito,
2003). |
Golondrina y momia. Libro de los Muertos
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Rollo faraónico Nº5 Egipto,
siglo XIII AC. |
Los relatos más antiguos de que tengamos noticia sobre estas aves provienen de principios del Imperio Nuevo en Egipto. En el "Libro de los Muertos" (hacia el siglo XVI AC), en el Capítulo 86, “Para ser transformado en golondrina”, el canciller en jefe Un dice “Soy una golondrina, una golondrina. Soy el Escorpión, la hija de Ra . . . Si este capítulo fuera conocido (por el difunto) él podrá salir a la luz del día, no será devuelto a ninguna de las puertas del Mundo Inferior, y hará su transformación en golondrina regular y continuamente". (Budge, 1898). En el "Texto de las Pirámides", el faraón asciende a una gran isla en el medio del Campo de las Ofrendas donde descendían las diosas golondrinas, ellas eran las estrellas imperecederas, es decir las que por rodear a la Estrella Polar nunca se ocultaban en el cielo boreal. El mito de Osiris relataba como habiendo sido éste asesinado por su hermano, Seth, su esposa Isis viajó hasta Byblos (Líbano) para recuperar su cuerpo, y allí se transformaba cada noche en golondrina volando alrededor de un pilar del palacio de la reina de esa ciudad, llorando por su esposo. En lenguaje jeroglífico, a la golondrina le corresponde el signo ‘menet’
Estela de las diosas golondrina y gato, en piedra
caliza,
por los dibujantes Nebra, Nakhtamun y Khay. Siglo
XIII AC.
Deir el-Medina. Museo Egipcio de Turín, Italia.
https://www.facebook.com/AncientEgypt22/posts/stela-dedicated-to-the-swallow-and-cat-goddesses-by-the-draftsmen-nebra-nakhtamu/2536521576598779/ |
Los
egipcios simbolizaban en la golondrina el amor maternal, ya que aseguraban que
el ave se ensuciaba con barro para construir el nido para sus hijos, y
arrancaba el vellón del lomo de las ovejas para que tuvieran una blanda cama. Y
no sólo eso, la tenían por símbolo de la justicia distributiva, “porque reparte
igualmente la comida y mantenimiento con sus hijos, porque a todos los tiene
por hijos iguales” (Vitoria, 1646). Este amor maternal llegaba, según los
griegos, hasta la inmolación. Como hemos visto, ellos vinculaban a esta ave con
la medicina y también con la magia. Además era, por su monogamia, un símbolo del amor conyugal. Por otra parte, anunciaban
la primavera y se las invocaba en las fiestas femeninas de las Tesmoforias (Friedrich,
1997).
Placa con relieve de Golondrina – Último Período, Período Ptolemaico,
Egipto
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Metropolitan Museum of Art, New York https://www.metmuseum.org/art/collection/search/544124?rpp=60&pg=3&gallerynos=134&rndkey=20140507&ao=on&ft=%2A&pos=131 |
En la "Odisea" (XXII), Atenea, la diosa que protegía a Ulises y a su hijo Telémaco en
su lucha contra los pretendientes de Penélope tomó forma de golondrina para
seguir los detalles del combate: “Atenea todavía no arrojó todos sus poderes
para darle la victoria, sino que continuó poniendo a prueba la fuerza y el
coraje tanto de Ulises como de su noble hijo, mientras ella misma se retiraba,
tomando la forma de una golondrina y lanzándose hacia arriba, a posarse en la
viga principal manchada de hollín del recinto”.
Philomela y Procne presentan a Tereo la
cabeza de Itis.
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Peter Paul Rubens - Óleo, 1636–38, Museo
del Prado, Madrid. https://en.wikipedia.org/wiki/Tereus#/media/File:Tereo.jpg |
Sin dudas, los
mitos golondrinescos están dominados por la impactante y trágica historia del
rey de Atenas, Pandion, y sus hijas, Procne y Philomela (Sophocles, siglo V AC,
1996; Apollodorus, siglo II AC, 1921).
Procne se casó con Tereo, rey de Tracia y aliado de Pandion, y tuvieron
un hijo, Itis. Al principio el matrimonio vivía feliz, pero Procne empezó a
echar de menos a su hermana, y Tereo se ofreció a ir a buscar a Philomela y
traerla de visita a Tracia. Durante el largo viaje, Tereo se enamoró de la
muchacha y, ante su rechazo, la violó y le cortó la lengua para que no lo
delatara. No contento con eso, la
encerró en un calabozo, y le dijo a Procne que había muerto. Sin embargo,
Philomela logró contar su historia en un tapiz que pudo bordar y enviarlo en
secreto a Procne. Ésta la liberó y concibió una terrible venganza. Mató a su
propio hijo, Itis, y se lo sirvió en forma de comida a Tereo. Cuando terminó el
macabro almuerzo, le dijo a Tereo que
acaba de comerse a su propio hijo y huyó con su hermana. Tereo las persiguió y, cuando estaba por alcanzarlas, ellas rogaron a Zeus que las transformara en aves para poder
huir. Philomela, paso a ser una golondrina, y Procne, el ruiseñor. Además Tereo fue
transformado en abubilla, un ave considerada impura por el olor desagradable de
su nido. Procne, el ruiseñor, aún sigue entonando en su canto el nombre de su
hijo: “Itu! Itu!”. Más tarde Ovidio (Ovidio, [s I DC] 1995) invirtió los términos y transformó a Philomela en
ruiseñor, y a Procne en golondrina, lo que parece más conveniente al canto de
cada ave. Una curiosa consecuencia de este terrible drama es que, según
Eliano, la cópula de las golondrinas se realiza
en forma grupal, lo cual hacen por temor a Tereo, ya que de aparecer éste no le
sería así fácil cometer una nueva violación.
En 1826 al
crear el género de estas golondrinas, el ornitólogo Friedrich Boie, hijo de un
poeta alemán, se inspiró en esta historia
y lo escribió como Progne (Mouchard, 2019).
El gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina un nido para sí, donde tendrá a sus crías, junto a tus altares.
Salmos 84, 3 (Wood, 1875)
La golondrina en la simbología cristiana:
La anunciación (Detalle). Fra Angélico.
Museo del Prado, Madrid.
https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/la-anunciacion/f8e45a6f-7645-4e53-9fd5-cbdae7e8faac |
Hay relatos
en Europa (especialmente en España) que
relacionan a las golondrinas con la Cristiandad pues afirman que el Niño Jesús
modelaba pajaritos con arcilla pero un fariseo que lo vio, quiso destruirlos
por considerarlos una blasfemia y entonces Jesús les dio vida y se alejaron
volando, transformados en golondrinas. Más tarde, durante el martirio de Jesús
en el Calvario, las golondrinas aliviaron su dolor retirando con su pico las cinco,
dos mil u ocho mil espinas (según las distintas versiones) que coronaban su
frente (Granada, 1896), e incluso algunos afirmaban que quitaron los clavos que
lo fijaban a la cruz, para que se pudiera recuperar el cuerpo. Desde entonces
van enlutadas y mantienen el silencio durante Semana Santa (Palermo, 1985).
En el monte Calvario las golondrinas
le arrancaron a Cristo diez mil espinas.
(Martin, 1914)
|
-Ante todas cosas, hijo -interrumpió la tía Manuela-, tenía
pensamiento de preguntarte a ti que has estado por allá, que es la tierra de
las golondrinas, si es verdad que, tan parleras y cantoras como son, en
llegando el Jueves y el Viernes Santo, no abren su pico y se están calladas
como en misa. -Mucha verdad que es -contestó el soldado-; también yo lo
había oído decir, y estando en Tetuán por la Semana Santa, me puse en acecho
y noté que ninguno de esos animalitos que todos los días nos tenían
atolondrados los oídos, (porque allí hay golondrinas para nublar el sol),
ninguna se dejó oír; estaban tristes. -¡Animalitos de Dios! -dijo enternecida la tía Manuela-, que
recordaban y honraban más la Pasión del Señor que esos salvajes infieles
moros. (Caballero,
1863) |
En Suecia las
golondrinas son las aves de la consolación porque sobrevolaban al Cristo
crucificado gritando: “¡Ánimo, ánimo!” Por
eso el pueblo considera que están protegidas por Dios (pollitos del Señor, se
les dice en el Piamonte) y se les enseña
a los niños a no molestarlas.
Si
tocas uno de sus huevos
Vendrá
la mala suerte
(Balada de Essex, Inglaterra)
En Alemania y Hungría si un granjero mataba una golondrina,
sus vacas empezaban a dar leche con sangre (Martin, 1914), entonces había que
salpicar esa leche maldita en algún cruce de caminos y así se recuperaban las
vacas.
Para los musulmanes era un ave sagrada, se consideraba que
en sus migraciones peregrinaban, como los fieles, a la ciudad santa de La Meca.
Y además habían salvado esa ciudad durante una invasión de los abisinios. Cada
una de ellas llevaba tres piedras en el pico y una en cada pata, con las que
bombardearon al enemigo, derrotándolo como explica el Corán: “Y envió contra
ellos ababils [golondrinas tijerita] en bandadas, piedras de arcilla
les arrojaron” (Ingersoll, 1923).
Entre los judíos de Turquía se cuenta que las golondrinas
eran originariamente blancas pero al incendiarse Jerusalén y ellas llevar agua
para apagar el fuego se tiznaron con el hollín (Moya, 1958).
Oda XII. A Virgilio - Horacio
Las mujeres de la Grecia Antigua si encontraban una golondrina anidando en una casa la consideraban de mala suerte y para conjurarla las untaban en aceite y las echaban a volar (Ingersoll, 1923). Quizás fueran anunciadoras de infortunios, como las que anidaban en la tienda de Alejandro, hijo de Pirro, rey de Epiro, antes de ser derrotado por los medos (Turner, 2015). El mismo Pirro, siendo bebé, fue adoptado por Glaucias, el rey de los Taulantios, un pueblo de Iliria (actual Albania), que era conocido por los griegos como Chelidones (= golondrinas) y cuyo nombre originó la palabra albanesa dallënd-yshe o tallandushe, que designa a esas aves. Es posible que estos pájaros fueran animales totémicos para ellos (Ingersoll, 1923). Plutarco (1920) refiere otro caso en que la presencia de las golondrinas fue negativa. Ocurrió en el barco insignia de la flota de Cleopatra, algunas golondrinas hicieron nido bajo la popa, pero otras vinieron, las echaron y destruyeron los nidos. Poco después la flota egipcia era derrotada por las naves de Octavio en Accio.
Las
golondrinas han construido sus nidos en las velas de Cleopatra;
Los
augures dicen que no saben, que no pueden hablar;
Se ven
sombríos, y no quieren decir lo que saben
William Shakespeare – Antonio y
Cleopatra, IV, 10.
Sin embargo, en otros casos, las golondrinas anunciaban la
victoria. Los etruscos acostumbraban llevar golondrinas a las batallas para, si
triunfaban, marcarlas con hilos y liberarlas, porque así al regresar
a sus nidos revelaban a sus conciudadanos el resultado favorable de la batalla
(Plinio, s. I DC). El poeta Henry Wadsworth Longfellow narraba en su
poema “The Emperor's Bird's-Nest” cómo cuando el emperador Carlos V de
España sitiaba una ciudad de Flandes, encontró en su tienda un
nido de golondrina: “Construido de barro y pelo de caballo / de la crin, o de
la cola, o de la cresta de un dragón”. Les ordenó a sus soldados que
no la molestaran, porque la consideraba su huésped. De modo que la golondrina
“sin daño y sin miedo permanece y cría allí”. Y terminado el sitio con éxito,
el emperador levantó el campamento pero dejando esa tienda en pie, “flameando
suelta, desgarrada y andrajosa, hasta que la nidada emplumó y se voló…”
La
chirriante golondrina circunvolaba el lago.
Geórgicas - Virgilio
Para la mayoría de los pueblos la
golondrina trae buenas nuevas, especialmente si se ven tres juntas en un techo,
o si construyen su nido en una casa, porque según los prusianos, no anidan en
donde llega la muerte. Si vuelan bajo, a
ras de tierra, anuncian viento, lluvias y
buenas cosechas. Cuando faltaban las lluvias
los chinos arrojaban golondrinas al agua para despertar a los espíritus hídricos. Por eso se recomendaba a quienes habían comido golondrinas recientemente
que no atravesaran cursos de agua, pues atraerían a los dragones que habitaban
allí. Incluso afirmaban que en siglo XVII AC ellas habían traído un huevo
sagrado que la madre ancestral tragó para concebir los primeros integrantes de
la dinastía Shang (Tate, 2007). También eran aves de buen augurio para los
pueblos nguni, nativos de Sudáfrica, ya
que eran enviadas por los antepasados para anunciar riquezas. Las llamaban intaka zanzi, es decir pájaros domésticos (Tate, 2007). Entre los mapuches la
visión breve de una golondrina (pilmaiquén)
anunciaba el cambio de casa, aunque también podía interpretarse como un
cambio de mundo, es decir, un aviso de muerte. Pero donde anidaba traía la paz
y ahuyentaba las desgracias, por lo cual se respetaban sus nidos (Aguas
Deumacán y Clavería Pizarro, 2009). Para los inuits del Ártico las golondrinas
son las almas de los niños fallecidos o capturados por espíritus, que regresan
para jugar y cantar. Pero en Norfolk (Inglaterra), si se congregan sobre el
techo de una casa, anuncian la muerte, ya que esperan hasta que salga el alma
del difunto para llevarla con ellas en su migración. En Irlanda, en cambio, se
dice que cada hombre tiene un pelo en su cabeza, que si es arrancado por una
golondrina lo llevará a la perdición, y por eso le dicen “pájaro del diablo” (Daniels
& Stevans, 2003).
En un cuento criollo de las pampas
rioplatenses se dice que Dios ofreció un premio a las aves que pudieran
recorrer toda la Tierra y volver para contarlo. Las únicas que lograron
hacerlo, pues sabían alimentarse en vuelo, fueron las golondrinas, y el premio
fue aprender a reconocer el cambio de las estaciones para poder criar sus
pichones donde fuera mejor el clima.
Pescadores de golondrinas
|
(Magnus, 1562) |
Una de las características más notables de las golondrinas
es su aparición y desaparición cada año al ritmo del impulso migratorio. Como
dice Eliano, “llegan sin que nadie las llame y se marchan cuando quieren”. Pero
no todos los autores creían en tal migración. Aristóteles suponía que se
ocultaban en algún refugio, porque “muchas golondrinas han sido vistas en
huecos casi desprovistas de plumas” (Lyle, 1978). Decía el poeta William
Cowper: “Las golondrinas en estado tórpido, componen su inútiles alas”
(Ingersoll, 1923).
En China, según textos del Huainanzi (s II AC), al llegar el
invierno, las golondrinas entran al mar y se transforman en mejillones, y pasan
así los meses fríos hasta que vuelven a aparecer como pájaros en primavera
(Sax, 2021). Noticia que retomó Olaus Magnus en Suecia, mostrando que aparecían
en otoño, en el mar, dentro de las redes de los pescadores, formando una masa,
unidas por los picos, las alas y los pies (Magnus et al., 1562).
La tórtola, y la cigüeña, y la golondrina respetan el tiempo de su llegada
Jeremías, 8,7.
Golondrinas dirigiéndiose hacia la Luna
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Bestiario de Aberdeen. https://www.abdn.ac.uk/bestiary/ms24/f47v |
Pero quizás la más extraña teoría sobre el viaje de las
golondrinas fue la elaborada por el docente inglés Charles Morton quien hacia
1680, analizando la anterior cita bíblica de Jeremías, anunció que las
golondrinas pasaban el invierno en la Luna (!). Semejante viaje les llevaba
unos dos meses a una velocidad de 200 km/h, pasando la mayor parte dormidas y
despertando al llegar, por el frío lunar (Harrison, 1954).
Prueban
sus alas aleteando y confiadas se entregan al aire,
Pero ya
sea que suban a la luna,
O
duerman el invierno en cuevas subterráneas
O cacen
moscas en otro lugar, no nos toca saberlo.
Hacia
el sur, puedes estar seguro, dirigieron su vuelo,
Y se
albergaron en el hueco de una roca por la noche.
The Hind and The Panther - John Dryden
Recién en 1771 el naturalista y religioso inglés Gilbert
White, gracias a que su hermano John era capellán del destacamento inglés en
Gibraltar, obtuvo de él informes sobre las golondrinas cruzando el estrecho de
Gibraltar hacia África, confirmando que migraban al sur mientras transcurría el
invierno boreal, tal como lo había sospechado el sagaz naturalista Francis
Willughby en 1676 (Lyle, 1978).
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Después, la gemebunda golondrina, hija de Pandion, aparece
por la mañana a los hombres, cuando ha comenzado ya la primavera. Los trabajos
y los días - Hesíodo |
Las golondrinas llegan con la
primavera y por lo tanto se las celebra como anunciadoras del buen tiempo. Esto
es así por lo menos desde la Grecia Antigua, donde en la isla de Rodas, hacia
el siglo V AC , los niños imitando a las golondrinas cantaban esta canción:
Viene,
viene, la que le encanta sentir
Las
suaves horas de sol y la hermosa estación.
Aquí
viene la golondrina para descansar
Sus
alas como sables y su pecho nevado.
Entendemos
que llegó la primavera.
Geffrey Whitney (1586)
La
golondrina con su canto intenta,
Mostrarnos
el verano a letra vista.
Andrea Alciato (1492 –
1550)
En algunas zonas de Alemania, Rusia
y Gran Bretaña se las espera montando guardia para ver aparecer a las primeras
de la temporada ya que eso da buena suerte, y, si es una muchacha la afortunada
en verlas primero que nadie, seguro se casa ese mismo año (Tate, 2007). Pero en
las montañas del Cáucaso las golondrinas podían traer con ellas la enfermedad y
para evitarla había que tomar alguna bebida alcohólica. En la fábula Jean de
Lafontaine “La golondrina y los pajaritos”, tomada de Esopo, se relata como la golondrina advierte a los
demás pájaros la llegada de malos tiempos cuando no sólo no tendrán qué comer
sino que serán cazados por los granjeros. Pero ellos lejos de hacerle caso la
trataron de “profeta de la perdición y charlatana”.
Las golondrinas eran consideradas
de buena suerte en China, donde el tipo de arquitectura tradicional les daba
muchas oportunidades para anidar, a tal punto que Beijing era conocida como “la
ciudad de las golondrinas”. Esa
propensión a anidar en las casas le ganó entre los tupíes el nombre de ‘taperá’,
que quiere decir habitante de las taperas o ruinas, y decían que el pequeño y
maléfico duende Matiî-taper-ê, que gustaba morar en esos lugares, tomaba muchas veces el aspecto de una
golondrina (Sampaio, 1928).
Una habilidad propia de estas
avecitas es la construcción de nidos con barro. Pierio Valeriano Bolzani
(1477-1558) “las puso por símbolo de la arquitectura; porque dice que ella
enseñó a los hombres a hacer casas, viéndole llevar barro, y pajas y hacer
aquellos nidos tan fuertes, que le sirven de casa, y de morada”. Y, siguiendo a Aristóteles, agrega Pierio que “cuando
hace la golondrina el barro para sus nidos, si está algo espeso y duro, va
donde hay agua, y moja las plumas, y se pone sobre el barro, y sacude su
cuerpecito, y con aquella agua moja y templa su barro” (Vitoria, 1646). Hasta se les atribuía la capacidad
de modificar el entorno (lo que hoy llamaríamos ingeniería de ecosistemas), como
cuando Plinio comentaba que las costas de una isla, dedicada a Isis, en la
ciudad de Copto (Egipto) eran reforzada por las golondrinas con paja, lana y
esparto para que el río no se la llevara,
y para eso trabajaban sin parar día y noche durante tres días con sus noches,
muriendo muchas de ellas en esa tarea tan dura. También, en una de las bocas
del Nilo, habían hecho con el material de sus nidos un terraplén de unos 150 m
de largo para contener el río en su cauce.
Di
parlera golondrina,
¿Con
qué te haré castigo
Qué
pena te podré dar
Como a
mortal enemigo?
¿Quieres
te quite las alas,
O la
lengua de tu pico
Como lo
hizo Tereo,
Según
dicen los antiguos?
¿Por qué
(di) madrugas tanto,
Antes
que el Sol ha nacido,
Para
dar a mis orejas
Tan
enfadoso ruido?
Andrea Alciato (1492 –
1550)
Más allá de la intensa tragedia
griega, no se puede decir que en los mitos y leyendas la golondrina sea un
importante protagonista. Aparece casi siempre como un personaje secundario, muchas veces como mensajero, especialmente
asociado a los grandes diluvios que relatan muchas mitologías y religiones,
otras veces destacando su habilidad para el vuelo, lo que la lleva en algunas
ocasiones a cometer imprudencias, confiada en sus capacidades. Así, los
guaraníes, creían que durante las grandes lluvias, un hombre, Mbiyuí, y su
pareja se escondieron bajo una enorme olla, salvándose, pero volviendo cada año
transformados en golondrinas (Palermo, 1985). En los mitos vikingos del héroe
Sigurd, las golondrinas también son mensajeras que le predicen su encuentro con
una hermosa guerrera, y siete golondrinas lo convencen de matar al monstruoso Guardián
de los Tesoros, lo que logra hacer, recuperando el oro oculto y a su esposa (De
Gubernatis, 2012).
Como la
golondrina loca es el hombre inquieto.
Refrán mapuche aplicado a la
persona inconstante (Palermo, 1985)
En la mitología incaica, el clan de
las golondrinas parecía tener suma importancia. Cuando el dios Kuniraya le ordenó
al inca Huaina-Chapac que enviara emisarios a los confines de la Tierra, uno de
ellos, perteneciente al clan de la golondrina, recibió en esos remotos lugares
un cofre que sólo podía abrir Huaina-Chapac. El emisario golondrina, vencido
por la curiosidad como Pandora, abrió el cofre donde había una hermosa joven
que en el acto desapareció. Huaina-Chapac le perdonó la vida justamente por pertenecer a ese mismo clan, y lo volvió a
enviar. Esta vez el emisario cumplió el encargo regresando con otro cofre donde
estaba la princesa que sería la esposa del inca (Feijoo, 2010).
El primer mundo original de los
navajos estaba habitado por el pueblo de los Insectos, pero por sus pecados
fueron expatriados al segundo mundo habitado por el pueblo de las Golondrinas,
que vivían en casas de barro. Se establecieron allí, pero a los pocos días uno
de los Insectos tuvo sexo con la esposa del jefe Golondrina, tras lo cual los
Insectos volvieron a un largo exilio hasta que finalmente engendraron a los
navajos (Capinera, 1993).
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¿Acaso
mi alma está atrapada como un pájaro o una golondrina? Selomoh Ibn Gabirol, s. XI |
LA
GOLONDRINA EN LAS ARTES PLÁSTICAS
Golondrinas
Complejo Edilico Akrotiri, Thera (Santorini),
Grecia, siglo XVI AC
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Museo Arqueológico Nacional, Atenas. Foto de Steven Zucker https://www.flickr.com/photos/profzucker/25336749704/in/photostream/ |
No son muchas las obras pictóricas o escultóricas que las
retratan, quizás por la dificultad de plasmar en un plano o un volumen la
dinámica de su prodigioso vuelo. Un ejemplo excelente son las estilizadas
golondrinas pintadas en las paredes de una de las habitaciones del sitio
arqueológico Akrotiri, en la isla Thera (Santorini), que provienen del siglo
XVI AC. Estas bellas imágenes representan con gran exactitud a las golondrinas
tijerita (Hirundo rustica), intercambiando besos y gorjeos en medio de su
cortejo aéreo (Hollinshead, 1989).
Monumento às Andorinhas, Palácio dos Jequitibás, Campinas, Brasil.
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Foto de Enioprado |
En escultura podemos mencionar el muy bien logrado “Monumento às Andorinhas” (Monumento a las Golondrinas) del artista Lélio Coluccini, ubicada en el Palácio dos Jequitibás, Campinas, Brasil. Antiguamente en ese lugar existía en 1886 un mercado de verduras que fue desactivado y entonces las golondrinas se adueñaron de él para anidar. Campinas era llamada “Cidade das Andorinhas” por el espectáculo que brindaba la llegada de esas aves, tras su migración.
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