"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas".

Michel Foucault-Las palabras y las cosas


martes, 13 de abril de 2021

LOS SENDEROS DEL PUMA (Puma concolor) - EPISODIO 3

 

ETAPA 3/4   – BOSQUES Y SELVAS

 

EN EL GRAN CHACO  Y LA SELVA SUBTROPICAL

 

 

El Puma – Óleo de Eugène Delacroix, 1859 – Musée d'Orsay, Paris (https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Eug%C3%A8ne_Delacroix,_Le_Puma,_
1859.jpg#/media/File:Eug%C3%A8ne_Delacroix,_Le_Puma,_1859.jpg)


 

En esta etapa bajamos desde la montaña al llano y atravesaremos la amplia región chaqueña en búsqueda de las grandes selvas tropicales. Para muchos pueblos indígenas, como los nivaclé, el puma es un espíritu tutelar, aunque como animal puede ser comido.

En el Chaco Seco, el jesuita Giuseppe Jolis (1789) tuvo suficiente conocimiento del puma como para discutirle al mismo Buffon: ”En cuanto al nombre de León que se les ha dado, si me tocara a mí decidir si conviene a los de América, me adheriría sin dudar por la negativa. El Puma Americano es un animal que difiere por completo no solo del León con melena, sino también con el que está desprovisto de él, generado, según Plinio, por la cruza del leopardo con la verdadera leona. Además de lo mencionado hasta ahora, otras propiedades parecen contribuir a confirmar la opinión anterior; no parece, ni siquiera probable, que sea el mismo que el de nuestro continente. Se ve completamente desfigurado (no es de creer que eso haya ocurrido por el clima americano) en la cola, que es menor y sin fleco en su extremo; en el manto, cambiado de leonado a oscuro, y por último en la configuración de su cabeza, más parecida a la del lobo, que a la del león. El hecho de que la suavidad del clima de esa parte de América del Sur (según la opinión de Buffon) haya influido lo suficiente en la naturaleza del león como para despojarlo de su melena, quitarle valor y achicar su contextura, parece atribuirle un poder demasiado excesivo, porque también habría que atribuir a dicho clima que debería haber cambiado a  los demás animales. Mucho más, que en ese supuesto, sería necesario que Buffon aceptara la existencia en otras épocas de verdaderos leones con melena en América,  que hubieran cambiado con el paso de los años casi por completo en su fealdad natural. Por eso digo, y convengo con el ya mencionado conde Buffon, y con sus seguidores Pavv y Robertson, que el puma americano es un animal propio, y con inclinaciones bastante diferentes a las del león con melena del antiguo continente, bastante perezoso, y más cobarde, y de estructura tan diferente, que difícilmente merece el nombre que le impusieron los primeros europeos mal informados.”

 

A orillas del Pilcomayo, en Bolivia, “cuando iba tras las aves a la mañana encontré un gran puma caminando lentamente como un gran gato, así que bajé mi arma y fui sigilosamente tras él, llegué a escasos 20 metros de él antes que se diera cuenta de mi presencia. El primer tiro de mi revólver pareció herirlo ligeramente y erré mis próximos tres mientras él se iba. Lo tenía en un cerrada curva del río y aprendí la lección de que el puma nunca se moja las patas si puede evitarlo, porque se dio vuelta y pasó raudamente a mi lado antes que cruzar el río. Tras un trecho se detuvo y se dio vuelta a mirarme y a continuación desapareció en el alto pastizal.” (Kerr, 1950)

 

Puma en Roque Saenz Peña (Chaco, Argentina) – Foto de Gabriel Omar Rodríguez


 

El sauaxaic (en qom, puma) tiene el pelo del mismo color que el carpincho o hualliquiaxai, es muy arisco, no come carroña ni presas ya muertas ni víboras, y se alimenta de guazunchos y de ovejas. Medrano et al. (2011) presentan varias anécdotas sobre encuentros o caza de pumas entre los qom. Por ejemplo, Cirilo Gómez contó haberse topado con una familia de pumas: “El macho se sentó y comenzó a mover la cola, a sacar los dientes, enojado. Yo recordé que me habían aconsejado: «No vayas a herir mal al león porque te va a atacar, si no lo vas a matar, no lo dejes mal herido porque se enoja mucho». Entonces pensé: «No te voy a hacer nada porque no te voy a comer». Y empecé a hablar solo, así hay que hacer para asustarlo, simular que hay más gente. El sauaxaic se quedó escuchando  y como no le hice nada, permaneció con sus cachorros. Yo me retiré del lugar. Es un animal muy bravo cuando tiene crías.”

 

La carne es consumida por este pueblo que la considera tan buena como la de la oveja. La grasa se usa para tratar dolores renales y para los golpes. Con los bigotes, las garras o los colmillos se hace un collar que es un  amuleto para triunfar en las discusiones, porque quita fuerza al contrincante.  El cuero tiene valor comercial pero la caza del puma no les resulta fácil, hay que camuflarse con ramas y acercarse contra el viento. La realizan con arco y flecha o escopeta, ayudados por perros. Más usualmente lo matan cuando vuelve al corral una vez que se ha cebado con los chivos o las ovejas (Medrano et al., 2011).

 

Los qom contaban que la madre de los guazunchos, Ñimsy Late, se había casado con Nowet, el espíritu del monte. Todos los meses de agosto se celebraba una fiesta donde Sauaxaic, el puma, era el que controlaba el ingreso de los invitados (Terán, 1994). Sin duda se le destinaba esa función por su capacidad para pelear, y esa fuerza se podía trasmitir. Con un hueso de puma hacían una especie de punzón o lqana que se insertaba en la pantorrilla de los jóvenes durante el rito de iniciación  para darles valor: “Uno de los entrenamientos que nos hacen, una perso­na muy guapa, muy fuerte, en las edades púberes, nos hincaron un hueso de zorro, dice que para que uno no duerma, y otro de puma, en la fuerza, en el coraje, para no tener enfrente algún peligro.” (Citro, 2016)

 

El origen de los owazlaj o p’owalhaj (pumas) entre  los wichis se explica a partir de que un espíritu femenino (welán), devoradora de niños, fue capturada por los hombres y quemada viva. De los tizones de ese fuego surgieron los pumas, jaguares, tapires y culebras (Métraux, 1939).  Los weenhayek del chaco salteño-boliviano relatan un cuento donde el león quiere cazar a una corzuela, pero duda porque no sabe si ella tiene colmilloso  no. Entonces, en un acto de exhibicionismo, le muestra su pene, ante lo cual la corzuela se sonríe mostrando sus inofensivos dientes. Entonces, ya bien asegurado, el león la mata (Alvarsson, 2012). En otro relato de la misma etnia, el puma es el dueño del fuego, pero el pequeño cuis se lo roba y lo reparte entre la gente.  

La cosmogonía wichi explica el origen de algunas estrellas.  En una discusión una yaguareté mata a su prima, una puma. Los cachorros de ésta, una vez crecidos, se unieron para vengarse. Invitaron a los hijos de la tigra de cacería al bosque y les dijeron que esperaran junto a un pozo de agua mientras ellos  arreaban a los animales hasta ese sitio para que ellos pudieran atraparlos.  En vez de ello, prendieron fuego al lugar desde varios puntos, con lo cual los tigrecitos murieron quemados. Los jóvenes pumas envolvieron con un cuero de cabra el cadáver de uno de los yaguaretés, y se lo llevaron a la tigra haciéndole cree que era una cabra para asar mientras sus hijos regresaban. Pero sabiendo que la tigra no tardaría en descubrir el engaño, los pumas buscaron sus arcos y lanzando flechas a las nubes fueron formando como una escalera, ascendiendo por ella al cielo. La tigra, enfurecida, no tardó en seguirlos para matarlos, pero cuando quiso tomarse de la primera flecha, ésta se soltó de la nube y la fiera cayó a tierra. Desde ese momento, los pumitas permanecieron en el cielo formando una constelación (Campana, 1913).

 

 

 

 

…de noche en la copa
de un árbol yo soy
puma que espera tu voz…

                                      Horacio Guarany

 

 

 

 

Llegando a Paraguay, el padre Florián Paucke nos cuenta su experiencia con el puma: “En Paracuaria llaman león a otro animal y éste sería un Löwe [león, en alemán], los mocovíes lo llaman Ezobagaec pero no se asemeja en lo más mínimo a un león. De tales leones se ve también una gran abundancia y ellos hace entre las ovejas un gran daño lo mismo como la marta lo hace tan grande en nuestros países entre las gallinas en cuanto se refiere a la abundancia de las muertas. Estos leones pueden matar también en una noche cuarenta o cincuenta ovejas sin llevárselas. Su velocidad y resistencia es grande, cazan también un avestruz. Tampoco se los podría alcanzar corriéndolos con un caballo si esta bestia no tuviera la costumbre de que ni bien viere un sitio u oportunidad de esconderse, se quedara ahí. He oído de unos misioneros que en California este animal es muy perjudicial al ser humano, pero no es así en Paracuaria. Él es muy tímido y cobarde, también a la vez indefenso. Con mis indios corrí frecuentemente tras él; ni bien él topaba con un arbusto, se metía por adentro, se sentaba sobre sus dos patas traseras y nos mostraba los dientes. El indio saltaba del caballo, picaba con su lanza hasta cinco veces en él pero como ella estaba desafilada, no penetraba en el cuerpo y el león no hacía resistencia alguna, sino que mostraba los dientes continuamente contra él. Yo me animé al igual del indio, salté del caballo y le mandé con una pistola una bala a través de la cabeza. Con ningún tigre yo hubiera osado matarlo tan de cerca y de a pie. El animal es gris, la piel peluda y muy suave en el pelambre; la figura es también la de un gato, larga y flexible, tiene una cabeza chica y cola larga, las garras como las de un tigre, pero en mitad del tamaño. Yo lo tengo por un leopardo porque es llamado león y es grau [gris, en alemán] pues pardo denota en lengua española lo que nosotros denominamos grau. Su carne es mucho mejor que la del tigre, blanca, sabrosa y granulosa. Su cuero sirve a los indios para mantas, hacen de él también unos buenos morrales. Los españoles me han asegurado que el cuero era un remedio probado contra la ciática. Tienen [los leones] una grasa muy salutífera para las heridas. Cazados cuando chicos son fáciles de amansar. Yo tenía en mi vivienda uno joven que jugaba conmigo como un gato y siempre tenía cuidado de no herirme ni con las uñas ni con los dientes aun cuando yo le metía la mano entre las fauces.”

 

Y Pedro Lozano (1763) opinaba: “Los leones, o son especie diversa, o han degenerado de su nativa generosidad. Haylos en todas estas provincias en mayor número que quisiera, porque aunque no acometen   a la gente, sino a lo sumo muy hostigados, son perjudicialísimos a los ganados mansos mayores y menores, porque descuidándolos, de noche los degüellan con facilidad, por solo el gusto de beberles la sangre. El pelo es pardo, el tamaño de oveja, el ánimo tan corto, que los perros solos, le rinden, o con garrotes los matan los indios. Su manteca se guarda para remedios, y es muy eficaz para dolencias que proceden del frío.”

 

Pero pocos años después, según la autorizada voz de Félix de Azara (1801, 1802), el puma, o güazuará como le llamaban los antiguos guaraníes, ya era escaso en Paraguay: “Como es menos feroz y más fácil de matar que el Yaguarété, los paraguayos casi lo han exterminado de su país. Mientras recorría las pampas de Buenos Aires, cacé cuatro; y como estos lugares no tienen árboles, se esconden muy bien en los pajonales, sin entrar jamás en las cuevas, como hace el Yaguarété; pero en Paraguay trepa árboles aunque sean rectos, prefiriendo, así se dice, los más altos, ascendiendo y descendiendo de un solo salto, en lo que también se diferencia del Yaguarété, que asciende y desciende gateando, y elige árboles ligeramente inclinados. Es un animal del campo más que de bosques, lo contrario del yaguareté. Nunca he escuchado que intente hacer daño a hombres, niños pequeños o perros, aunque los encuentre dormidos; al contrario, huye o se esconde mucho, mostrando timidez; y como no es muy veloz, aunque mucho más ligero que el Yaguareté, los cazadores a caballo lo enlazan sin miedo.”

 

“No mata vacas, caballos ni mulas; y solo se aventura con potrillos, terneros y ovejas, y otros animales menores. Va solo. Es feroz y cruel sin necesidad; ya que, cuando encuentra la oportunidad, mata a cincuenta ovejas y más para lamerles la sangre; se diferencia además del yaguarété, en que tiene menos fuerza, más ligereza, se inclina más a vagar, se acerca más a lugares habitados y menos a los ríos. Se dice que pare dos crías; encontré, el 29 de marzo, tres pequeños, de unos 4 centímetros de largo, sin pelo, en el vientre de una hembra.  Todas sus formas, sus movimientos, sus estornudos, y su modo de cazar por sorpresa, son como los del yaguareté, del que sin embargo aún se diferencia, en que después de haber bebido, cubre con paja los restos de comida para encontrarlos después.”

(Azara, 1801, 1802)

 

“En la bonita ciudad de Néemboucou, se capturó un pequeño guazuara; lo castraron y el párroco lo mantuvo suelto como un perro, durante más de un año, sin causar más daño que comerse las gallinas de la casa y las del barrio. Me lo dieron y lo mantuve atado en el patio durante cuatro meses. Era tan manso como cualquier perro, y tan perezoso que pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo. Jugaba con el primero que se acercara y disfrutaba especialmente lamer la piel de mis negros, principalmente si estaban sudados. Dándole una naranja o algo así, él la golpeaba con la palma de la mano, la empujaba y la alcanzaba mientras jugaba, como hace el gato con el ratón. Para apoderarse de las gallinas, utilizaba las mismas técnicas y los mismos gestos que el gato cuando ve un ratón, sin exceptuar la agitación de la punta de la cola. Si le rascaban, se estiraba y ronroneaba igual que un gato. No reconocía  a nadie, no trató de romper su cuerda y nunca lo vi enojado. Los negros lo soltaban y lo conducían al río sin meterse con los perros de la calle. Un día lo liberaron y saltó el muro de adobe del patio, pero regresó a casa sin que lo buscaran. Escondía el sobrante de la carne que le fue dada con arena, porque no tenía paja, y la sacaba cuando tenía hambre; pero, para comerla, la ponía en el bebedero, la lavaba y la masticaba lo que fuera necesario. Si le daban carne limpia, la ponía sobre una tabla, y primero que todo, la lamía para luego comérsela como los gatos; es decir, comenzando por un extremo y continuando sin despedazar, tironear ni sacudir.”

(Azara, 1801, 1802)

 

Puma mantenido en cautiverio en la Royal Menagerie de la Torre de Londres (Inglaterra).
Dibujo de William Panormo (Godman & Maverick, 1826-28)


 

Pocos años más tarde el médico suizo Joseph Rengger (1830), huésped obligado del dictador José Gaspar Francia, reconociendo la autoridad de Azara, fue capaz de aportar nueva información de primera mano sobre el cuguar: “La apariencia del cuguar no es tan torpe como la del jaguar, debido a su figura más esbelta, su cabeza más pequeña y su cola larga está más cerca de los gatos de tamaño mediano del viejo mundo. Sus movimientos son fáciles. La estructura de su cuerpo, ya que la mitad trasera es sensiblemente más alta que la delantera, le permite realizar saltos de veinte o más pies. Su ojo es grande y poco más que el ojo del jaguar, pero al igual que el jaguar, suele brillar de noche. Su mirada vivaz no tiene expresión de salvajismo. Aunque puede ver mejor de noche y en el crepúsculo que a plena luz del día, la luz del sol no parece cegarlo mucho. Su olfato es débil; su oído, por el contrario, es extremadamente agudo. Por mucho que sobrepase al jaguar en agilidad, es inferior a él en fuerza. Muestra coraje solo en situaciones desesperadas y, por lo general, busca su salvación en la huida. Pero es por su crueldad que se distingue entre los carnívoros del Nuevo Mundo.”

 

“En Paraguay, el cuguar habita las franjas de los bosques y las llanuras cubiertas de pastos muy altos; pero parece que visita estas últimas sólo para cazar, porque,  cuando está siendo perseguido por la gente, inmediatamente huye al bosque. Sin embargo, también se puede encontrar en áreas sin árboles, como en la pampa de Buenos-Ayres. Pero eso no me gustó que  Azara, sacara la conclusión de que el Cuguar es más habitante del campo que del bosque; en Paraguay, al menos, lo encontré más a menudo en el bosque que en los pastos. No parece que le gusten las orillas de los arroyos y ríos, así como las áreas que puedan inundarse fácilmente. No tiene una guarida ni un lugar específico para quedarse, se pasa el día durmiendo en los arbustos o en la hierba alta.”

 (Rengger, 1830)

 

“Hacia la tarde y por la noche sale a cazar. Suele dedicar varias horas a estas incursiones en una noche, por lo que los cazadores no siempre lo encuentran cerca del lugar donde hizo su presa. Todos los mamíferos indefensos y más pequeños le sirven de alimento, como agutíes, pacas, ciervos, pecaríes, coatíes, ovejas, terneros muy jóvenes y potrillos, cuando estos últimos se separan de su madre. Incluso persigue a los monos. También se acerca sigilosamente al avestruz en el campo. No sé si ataca a los depredadores más pequeños. Como trepa muy bien, no solo busca a su presa en el suelo, sino también en los árboles. Nunca he podido observar de cerca al cuguar en sus cacerías. Uno se encuentra con él muy pocas veces y, advertido por su agudo oído, se escapa demasiado rápido para que se le acerque sin que nadie se dé cuenta. Además, caza principalmente de noche. Sin embargo, según mis observaciones sobre cuguar domesticados, al igual que el jaguar, tiene que acechar la presa como un gato y, cuando se ha acercado, atraparlo de un salto. Pero si está falto de presas, es capaz de perseguirla a grandes saltos, como yo mismo vi una vez. Estaba esperando a mis compañeros de caza en un promontorio en un bosque y me había tendido debajo de un árbol para escapar de los rayos del sol poniente. Pronto escuché el grito de unos monos capuchinos, que se habían reunido en un  naranjo amargo no lejos de mi lecho. Ya había tomado la escopeta para acercarme a ellos cuando todo el grupo de simios huyó a mi lado con gritos crepitantes. Se balanceaban de rama en rama, de árbol en árbol con su típica agilidad. Proclamaban su miedo a través de su voz de tristeza, pero aún más a través de los incesantes lanzamientos de excrementos. Eran perseguidos por un cuguar, que los corría con avidez con saltos de cinco a seis metros de árbol en árbol. Con increíble agilidad se deslizaba entre las ramas envueltas en lianas, se aventuraba sobre ellas hasta que se inclinaban, y luego daba un salto seguro desde el extremo  de una rama del siguiente árbol.”

(Rengger, 1830)

 

Pumas persiguiendo monos (Wood & Holder, 1885),
a partir de un dibujo de Richard Illner en Brehm (1895)


 

“El cuguar desgarra inmediatamente el cuello de su presa y primero lame su sangre antes de comenzar a alimentarse de ella. Luego devora por completo a los animales pequeños; se come una parte de los más grandes, normalmente la parte anterior de ellos. Pero que cubra el resto de su comida con paja, como relata Azara, ni yo ni el cazador, a quien mencioné en la descripción del jaguar, pudimos notarlo, aunque varias veces nos encontramos con los restos frescos de un ternero o venado, que  había sido muerto por esta bestia de presa. Sin embargo, no quiero contradecir completamente al Sr. Azara en esto, ya que varios compatriotas en Paraguay me aseguraron lo mismo, y he observado en cuguares domesticados que después de que están satisfechos intentan esconder el resto de la carne. Tan pronto como el cuguar ha comido hasta saciarse, se retira a un escondite y se echa a dormir. Sin embargo, rara vez permanece cerca de su presa como el jaguar, a menudo se aleja de ella durante una hora o más. La noche siguiente vuelve a visitarla si no se le ocurre buscar una nueva presa; pero si esto sucede, no se preocupa por la primera, cosa que he tenido la oportunidad de observar varias veces. Porque ama demasiado la sangre como para no preferir un animal vivo a uno que ya ha sido muerto antes. Tampoco se contenta con matar a un solo animal cuando puede apoderarse de varios.”

(Rengger, 1830)

 

“Por esta sed de sangre, a menudo causa un daño significativo en los rebaños de ovejas. Durante mi estadía en un tambo, un cuguar mató dieciocho ovejas en una noche. No había mordido a ninguna de ellas, solo les había abierto la garganta. Cuando lo matamos al día siguiente en el bosque cercano, encontré su estómago todavía lleno de sangre, pero sin carne. Si está demasiado lleno de sangre, entonces, contrariamente a su costumbre, nunca se aleja mucho de la escena de su carnicería e inmediatamente se duerme. He notado este tipo de intoxicación con sangre en varios otros carnívoros, que la prefieren a la carne. Así p. ej., encontré  zarigüeyas y martas dormidas entre las gallinas que habían matado. Según las historias de los campesinos en Paraguay, a menudo se dice que un cuguar estrangula a cincuenta o más ovejas en una noche, lo que Azara también afirma; sin embargo, este número me parece excesivo. Nunca he notado que el cuguar arrastre a su presa lejos del lugar donde la obtuvo, al menos no lo hace con terneros, potrillos ni ovejas. Nunca toca la carne en putrefacción. No ataca a caballos, mulas, toros ni  vacas; tampoco perros, aunque a menudo se acerca a las viviendas en sus paseos.”  

(Rengger, 1830)


 

Presencia insospechada - Pintura de Ken Carlson
(https://www.christies.com/lot/lot-ken-carlson-american-b1937-unsuspected-presence-5153024/?from=salesummary&intObjectID=5153024&lid=1)


 

“Huye de la gente cuando la ve. El cuguar nunca permanece en la misma área por mucho tiempo. Pero en sus incursiones y vagabundeos uno lo ve con mucha menos frecuencia que el jaguar cruzando un río. Más bien, parece alejarse del agua como nuestro gato doméstico, y solo obligado por necesidad lo hace. Cuando mis perros una vez persiguieron a uno de estos depredadores hacia un arroyo algo crecido, no se arrojó al agua para cruzar, sino que trepó a un árbol de la orilla y saltó desde una rama que colgaba sobre el arroyo, a una rama de un árbol en la otra orilla. Sin embargo, el cuguar es un muy buen nadador en caso de emergencia.”  

(Rengger, 1830)

 

“Vive solo la mayor parte del año. Los sexos se buscan entre sí solo en el momento del apareamiento, lo que ocurre en febrero y marzo, pero solo permanecen juntos por un corto tiempo; porque muy pocas veces se les encuentra juntos. En este tiempo, y casi nunca fuera de él, dejan escapar un gruñido. El tiempo de gestación puede ser de un máximo de tres meses. La hembra suele dar a luz a dos o incluso tres crías, que nacen ciegas. La madre los esconde en la hierba alta o en la espesura del bosque, probablemente también en un árbol hueco, pero a menudo se aleja mucho de ellos cuando sale a la cazar. Tampoco los defiende contra perros y personas. Después de unas semanas, las crías acompañan a la madre en sus vagabundeos, pero pronto son abandonados por ella.”

(Rengger, 1830)

 

 

 

 

“Así estábamos hacía una semana, cuando de pronto los tigres desaparecieron. No se oyó un solo bramido más. En cambio, en el monte volvieron a resonar el balido del ciervo, el chillido del agutí, el silbido del tapir, todos los ruidos y aullidos de la selva. ¿Qué había pasado otra vez? Los tigres no desaparecen porque sí, no hay fiera capaz de hacerlos huir. ¡Ah, chiquitos! Esto creía yo. Pero cuando después de un día de marcha llegaba yo a las márgenes del río Iguazú (veinte leguas arriba de las cataratas), me encontré con dos cazadores que me sacaron de mi ignorancia. De cómo y por qué había habido en esos días tanto tigre, no me supieron decir una palabra. Pero en cambio me aseguraron que la causa de su brusca fuga se debía a la aparición de un puma. El tigre, a quien se cree rey incontestable de la selva, tiene terror pánico a un gato cobardón como el puma. ¿Han visto, chiquitos míos, cosa más rara? Cuando le llamo gato al puma, me refiero a su cara de gato, nada más. Pero es un gatazo de un metro de largo, sin contar la cola, y tan fuerte como el tigre mismo. Pues bien. Esa misma mañana, los dos cazadores habían hallado cuatro cabras, de las doce que tenían, muertas a la entrada del monte. No estaban despedazadas en lo más mínimo. Pero a ninguna de ellas les quedaba una gota de sangre en las venas. En el cuello, por debajo de los pelos manchados, tenían todas cuatro agujeros, y no muy grandes tampoco. Por allí, con los colmillos prendidos a las venas, el puma había vaciado a sus víctimas, sorbiéndoles toda la sangre. Yo vi las cabras al pasar, y les aseguro, chiquitos, que me encendí también en ira al ver las cuatro pobres cabras sacrificadas por la bestia sedienta de sangre. El puma, del mismo modo que el hurón, deja de lado cualquier manjar por la sangre tibia ... el puma, con el vientre hinchado y tirante de sangre, cae rendido por invencible sueño. El, que entierra  siempre los restos de sus víctimas y huye a esconderse durante el día, no tiene entonces fuerzas para moverse. Cae mareado de sangre en el sitio mismo de la hecatombe. Y los pastores encuentran en la madrugada a la fiera con el hocico rojo de sangre, fulminada de sueño entre sus víctimas.”

 

Horacio Quiroga – Cartas de un cazador

 

 

 

 

Los káingang de Misiones “al Puma o León (Felis Concolor) temen matarlo con arma de fuego, porque, como es muy inteligente, comprende lo que le espera y cuando le apuntan se pone a llorar.” (Ambrosetti, 1895). Curiosamente, como vimos, esta creencia también aparece entre los habitantes de la Patagonia.

 

El notable naturalista Andrés Giai (1976), gran conocedor de la selva misionera,  explicaba las razones de los escasos ataques del puma al hombre: “El león americano (puma, yaguá-pytá) es de temperamento indolente y muy rara vez agresivo. Un puma atacó en el río Urugua-í a uno de nuestros peones (Perfecto Rivas) por causas que no se pudieron determinar hasta después de su muerte resultó que tenía una bala incrustada en el brazuelo, la que le había provocado una infección que sin duda le producía dolores intolerables.” Y con respecto a su caza agregaba: “El león es más disparador que el tigre. Muchas veces la jauría corre más de medio día tras él sin lograr hacerlo empacar. Tiene la costumbre de volver por sobre su rastro con el objeto de despistar a los perros. Acosado trepa con gran agilidad sobre los árboles de regular a gran altura y desde allí observa las escenas de abajo sin muestras de gran temor, mientras los sabuesos, ladrando y aullando, saltan alrededor del tronco. Casi siempre, después de descansar un rato más o menos prolongado, el león salta desde su refugio sobrepasando a los perros, y huye otro trecho hasta que sus perseguidores lo obligan nuevamente a encaramarse.” (Giai, 1976)


 

Cabeza de puma (Giai, 1976) 


 

 

HACIA EL AMAZONAS Y EL ORINOCO

 

 

 

EL PUMA LUNAR

 

La mitología de los bororos del Mato Grosso incluye un maéreboe bope o espíritu lunar que realiza un viaje de noche, de este a oeste cubierto con pieles de puma y jaguar. Lleva un disco brillante y según la superficie que descubre del mismo produce las distintas fases de la Luna (Blixen, 2011).

 

 

 

 

Desde Brasil llegaron a Europa las primeras noticias sobre este notable felino: “Hay otra alimaña, que la gente llama suçurana, que es del tamaño de un mastín, tiene el pelo largo y suave, su cola como perro, con el ceño fruncido, las manos como un mastín, pero tiene las uñas más grandes y muy afiladas y curvas; vive de presas, tiene mucha ligereza para correr y saltar; y es similar como depredador al lobo, y mata a los indios si puede alcanzarlos, y en el país hay otros mucho más grandes que los de las cercanías del mar. Para matar  a estos animales los indios los esperan en las copas de los árboles, desde donde los flechan, y comen su carne; no tienen más que un sólo estómago.”

(Soares da Sousa, 1587).

 


Çuguaçuarana (Marcgrave & Piso, 1648)


 

George Macgrave (Marcgrave & Piso, 1648)  en el nordeste brasileño registró a este animal, que los nativos llamaban çuguaçuarana. Tras describirlo señala: “Su crueldad es como la de las demás [fieras]. También [los indios] consumen su carne ... además fue probada por mí.” Para Liais (1872) el nombre indígena tupí original sería çucuaçuara, que deriva de çu, alimento, cuaçu, cubrir, y ara, sufijo que indica hábito; es decir sería “el que acostumbra cubrir su alimento”, expresando así una conducta típica de este animal.  A partir de allí Buffon (1761) lo llamó “couguar, nombre que hemos dado a este animal, y que hemos tomado de la contracción de su nombre brasileño Cuguacuara”,  y esta  denominación prendió en algunas zonas de Latinoamérica pero sobre todo en el este de Norteamérica.  

 

“En los grandes establos de ganado es especialmente peligroso para los terneros y el ganado de un año, y también caza todo tipo de caza menor, incluso ciervos. Los perros conducen inmediatamente a este animal hasta un árbol, donde el cazador puede acercársele sin peligro; también quedan atrapados en trampas de resorte (mundeos), he encontrado el rastro de este gran felino por todas partes en los bancos de arena en las orillas de los ríos, especialmente el Belmonte e incluso en el desierto solitario entre el río Doçe y el Mucurí, donde el hombre aún no ha usado sus armas devastadoras.  En todos los lugares de Brasil a los que viajé, encontré pieles de este animal en las casas de los habitantes;  son mucho menos valiosas que las de la onza manchada y negra; también se utilizan para mantas para caballos. Los negros y los indios comen la carne.”

(Wied, 1825-1833)

 

En muchas regiones de América, es frecuente que cachorros de puma hallados al matar a la madre sean tomados como mascotas. Es esta una conducta totalmente desaconsejable ya que termina generalmente mal para los animales, que resultan extirpados de su medio ambiente. El capitán Charles Napier llevó un puma de Brasil a la Universidad de Edimburgo a bordo de la fragata Diamond y relató sobre su comportamiento: "Se regocija mucho con aquellos a cuya compañía está acostumbrado, se acuesta de espaldas entre sus pies y juega con las faldas de sus vestidos, enteramente a la manera de un gatito. Muestra una gran predilección por el agua, y con frecuencia salta dentro y fuera de una gran bañera, rodando y aparentemente muy complacido con el refresco. Mientras estaba en Londres, se escapó a la calle durante la noche, pero se dejó llevar por un vigilante, sin ofrecer ninguna muestra de resistencia. Fue traído desde la ciudad de San Pablo, la capital del distrito de ese nombre, en el imperio brasileño. Durante el viaje a casa, tuvo hábitos de intimidad con varios perros y monos, a ninguno de los cuales trató de herir, ni siquiera intentó devolver los pequeños insultos que estos últimos a veces le hacían; pero si un ave o una cabra desafortunadamente se ponían a su alcance, inmediatamente la capturaba y la mataba. Desde su llegada a Edimburgo,  no ha sido complacido con presas vivas; y los únicos animales que han sido víctimas de su rapacidad, fueron un ánade real y un gallo faisán, los cuales se acercaron inadvertidamente dentro del círculo de su bebedero, y ambos fueron muertos con un golpe de su pata delantera."

(Wilson, 1831)

 

Puma (Wilson, 1831)


 

Hasta la desembocadura del gran río Amazonas llega el puma, y fue en la gran isla de Marajó que lo observó el naturalista viajero William Bates (1910): “Un día estaba ocupado buscando insectos en la corteza de un árbol caído, cuando vi un gran animal parecido a un gato que avanzaba hacia el lugar. Se acercó a una docena de metros antes de percibirme. Yo no tenía otra arma que un viejo cincel, y me estaba preparando para defenderme por si tuviera que pegar un salto, cuando  él se dio vuelta apresuradamente y se alejó al trote. No tuve una visión muy clara pero pude ver que su color era el del puma, o león americano, aunque era bastante pequeño para esa especie. El puma no es un animal común en los bosques amazónicos, no vi en total más que una docena de cueros en posesión de los nativos. El pelaje es de color beige. Por su tonalidad parecido al de un ciervo común en los bosques, los nativos lo llaman  Sassu-arana o sea ciervo falso (el antiguo zoólogo Marcgrave llamaba al puma "Cuguacuarana", probablemente (la c sería suave) un error ortográfico a partir de Sassu-arana; de ahí el nombre Cougouar empleado por los zoólogos franceses, y copiado en la mayoría de los trabajos sobre historia natural). Es decir, es un animal que engaña a uno a primera vista por su parecido superficial con un ciervo. Los cazadores no  le temen para nada, y hablan siempre en términos despectivos de su coraje.”

 

“En Guyana el puma es conocido como tigre-venado, y los indios dicen que imita tan bien el balido del venado del bosque, que engaña tanto a hombres como a venados.”

(Kingsley,  1884-1885)

 

Al norte del continente, en las Guayanas, el puma tampoco se libraba de sus conflictos con los humanos. “Los tigres en general son el azote de Cayena, a menudo producen grandes trastornos en esta colonia. El tigre que es de color tirando al bayo rojizo es el más voraz y el más carnicero de todos.” (Barrère, 1741.) A su presa “la devora sin destrozarla; en cuanto la agarra, la corta, la chupa, la come enseguida y no la deja hasta saciarse del todo ... El puma, por la ligereza de su cuerpo y la mayor longitud de sus patas, debe correr mejor que el jaguar y además trepar a los árboles con mayor facilidad; son igualmente perezosos y cobardes cuando están llenos; casi nunca atacan a los hombres, a menos que los encuentren dormidos. Cuando se quiera pasar la noche o detenerse en el bosque, simplemente se enciende un fuego para evitar que se acerquen. Les gusta la sombra de los grandes bosques; se esconden en un fuerte o incluso en un árbol tupido, desde donde se abalanzan sobre los animales que pasan.”

(Buffon, 1761)

 

Felis discolor – Dibujo de Jacques de Sève  (Schreber, 1774)


 

 El explorador canadiense Charles Barrington Brown  (1876) se encontró frente a frente con un puma en el Triángulo de New River (Guyana): “Mientras ascendía por la pendiente de un terreno irregular, vi un gran puma (Felis concolor) que avanzaba por el otro lado de la colina hacia mí, con la nariz contra el suelo. En el momento en que lo vi me detuve; y en el mismo instante levantó la cabeza y al verme también se detuvo. Con el cuerpo medio agachado, la cabeza erguida y los ojos redondos y negros, debido a que sus pupilas se habían expandido por la poca luz, tenía a la vez un aspecto noble y espantoso. Miré hacia atrás por el ancho camino para ver si venía alguno de mis hombres, ya que en ese momento sentí que no estaba bien estar solo sin armas para defenderme, y sabía que uno de ellos tenía una pistola; pero nada pude ver. Mientras no me moviera, el puma también permanecía inmóvil, y así nos quedamos, a unos quince metros de distancia, mirándonos con curiosidad. Había escuchado que la voz humana fuerte asusta a la mayoría de las bestias salvajes, y sintiendo que había llegado el momento de hacer algo desesperado, agité los brazos en el aire y grité en voz alta. El efecto sobre el tigre fue eléctrico; giró rápidamente hacia un lado y en dos saltos se perdió en el bosque.”

 


Cougar (Marble & Higley, 1898-1900)




En tierra de los arawaks (actual Guyana) el puma “en lo que a fuerza se refiere, no es en ningún sentido inferior al jaguar, y el dueño de una plantación, digno de confianza, nos aseguró que había disparado contra uno que en ese mismo momento se dedicaba a arrastrar una mula, sobre la que había caído repentinamente, a través de una senda medio cubierta de agua en una plantación. Al igual que el jaguar, el puma parece tener un gusto especial por los perros a los que acecha de todas las formas, pero si es perseguido por ellos, inmediatamente busca seguridad en un árbol, donde generalmente se le puede disparar sin peligro. Igualmente codicioso de presas sigue a las tropas de pecaríes y con un salto preciso ataca a los rezagados, pero tiene mucho cuidado de no dirigir su ataque al centro de la tropa, porque tendría que pagar con su vida tal acción criminal.”

 (Schomburgk, 1923)

 

Humboldt (Tschudi 1844-1846), decía que “El F[elis] concolor del Orinoco es más grande que un tigre (F[elis] onza), tiene una fisonomía estúpida y solo es peligroso para los humanos si está muy irritado.”  Pero el zoólogo Wilfred Hudson Osgood (1920) parece no coincidir totalmente cuando relató un encuentro que tuvo con un Puma cerca del río Cogollo, en la sierra de Perijá (Venezuela). Regresando a su campamento por un sendero transitado por ciervos “de repente me enfrenté con lo que, para mis ojos asombrados, parecía el puma más grande que jamás hubiera habido. Salió detrás de unos arbustos bajos a mi izquierda y a unos 15, o como mucho, 20 metros frente a mí. No lo vi levantarse, me dio la impresión de estar acostado. El bosque estaba bastante cerrado en este punto y el sendero que seguía se resolvía en varias pequeñas aberturas, en una de las cuales apareció el animal, por lo que no tuve la sensación de encontrármelo directamente en el sendero. Se dirigió hacia mí de inmediato, gruñendo salvajemente, con los ojos llameantes, azotando la cola, y si dio algún indicio de que no tenía intención de deshacerse de mí, no lo noté. Sin embargo, no vino a la carrera, y si lo habría hecho o no, no puedo decirlo, ya que sus largas zancadas felinas estaban tan llenas de determinación que no quise esperar los acontecimientos, y rápidamente le disparé una carga de perdigones en medio de su rostro. Cayó instantáneamente y rodó detrás de unos pequeños arbustos que me impidieron disparar el segundo caño. Tuve un fugaz júbilo, pero su rostro ceñudo todavía estaba clavado en mi mente; así que, en lugar de salir corriendo con mi otro caño cargado, prudentemente paré a recargar el que había disparado y, mientras tenía el arma abierta, el puma se levantó y desapareció en un denso matorral dejando gotas de sangre esparcidas y un rastro que no podría seguir muy lejos sin perros. No haber matado a la bestia, por supuesto, me causó considerable disgusto, pero la increíble experiencia fue un consuelo. Tanto la aparición del puma durante el día, como que no hubiera huido ante la primera visión de un hombre, probablemente se expliquen por la naturaleza salvaje de la región. Aunque las viviendas humanas no están lejos hacia el este, hay muchos kilómetros cuadrados hacia el oeste nunca atravesados por hombres blancos y, aunque las tribus salvajes [los motilones] todavía ocupan algunas partes, hay muchas áreas muy extensas de las que también están ausentes. No es imposible, por tanto, que este puma nunca antes hubiera visto a un ser humano. Esto es quizás menos probable que haya estado siguiendo mi rastro, como lo habría hecho con el de otros humanos y, ante mi repentina aparición, se sintió acorralado, avanzado hacia mí en lugar de retroceder. En cualquier caso, hay ahora al menos una persona que está suficientemente convencida de que algunos pumas en determinadas circunstancias están lejos de ser cobardes.”

 

Puma atacando un oso hormiguero 
Dibujo de Friedrich Specht.  (Brehm, 1895)


 

Atravesemos ahora por la región amazónica de Colombia, donde el viajero y fraile franciscano español Juan de Santa Gertrudis (1956) recorrió la región del río Putumayo a mediados del siglo XVIII y registró la siguiente información: “El león de aquellas partes no es león real como los que hay en África. El mayor es algo más grande que un mastín, más el cuerpo lo tiene la mitad más largo. Hay de dos especies: los unos son cenicientos, y estos no crían crines en el cuello, y tienen el cuerpo igual desde las manos a la cabeza y lomos, y las piernas algo más altas de lo natural. Yo pienso que estos son los que llaman leopardos. Los otros aún son algo más chicos, y estos son de color atabacado; tienen el cuerpo perfecto, delgados de lomos, como los galgos, las piernas fornidas; crían clines en el cuello, y aun su vista no más es espantosa. Unos y otros hacen mucho daño a los potricos y becerros. A las bestias mayores y ganado grande no se atreven. Para que embistan a una criatura es menester que esté con mucha hambre, y esto rara vez se ha experimentado. Al darles un grito por lo regular se amedrentan y huyen; pero hostigados también embisten y Dios me libre de sus uñas.” Las numerosas menciones a un león más pequeño, que Humboldt llamaba “leoncito”, puede que se refieran al yaguarundí  (Herpailurus yagouaroundi), pariente menor del puma, también llamado leoncillo o león breñero.

 

Tablilla para polvos alucinógenos – Cultura muisca 

(Museo del Oro, Banco de la Republica, Bogota, Colombia) (Gordillo, 2010)



 

Los indígenas de esa región de Colombia utilizaban los dientes del puma para fabricar objetos de uso ritual (Payán Garrido & Soto Vargas, 2012), con valor simbólico. Más al norte, en la Sierra Nevada de Santa Marta, habitan los kogis, cuyo clan Hankua tiene al puma como animal totémico y se relaciona con el color rojo de la tierra, y con animales y plantas de ese color (Payán Garrido & Soto Vargas, 2012). Ellos veneran a Hései, una divinidad de apariencia humana con cabeza de felino, depredadora pero vinculada también a la fertilidad, surgiendo con sus crías desde una cueva, del  mismo seno de  Madre Tierra. La utilización de alucinógenos como el yopo, les permite vincularse con esas criaturas no humanas (Gault, 2012). Sus templos están divididos en dos mitades que corresponden al Bien y al Mal. Al Mal se le dedica la mitad izquierda, corresponde al color rojo y al signo cardinal suroeste, donde vive el puma con su esposa, la corzuela (Friedemann & Arocha, 1982). Vemos aquí dos temas repetidos: el vínculo del puma con el ciervo y los hombres-puma, creencia que se remonta a los muiscas (siglo VI a.C.), cuando los hechiceros podían convertirse en pumas.

 


 

Cachorro de puma, símbolo de fertilidad para los incas
(https://www.dw.com/es/los-incas-reyes-de-los-andes/g-17187383)

 

CRUZANDO EL GRAN PUENTE MESOAMERICANO

 

 

 

 

La negra cintura de la noche

Hiede a leona húmeda

y ruge su mortal misterio …

 

                                                           Pablo Antonio Cuadra - Nocturno

 

 

 

Los pumas prehistóricos es probable que hayan cruzado dos veces, y en sentido contrario, el puente centroamericano: la primera de ellas cuando desde Norteamérica se extendieron hacia el sur, hace unos dos millones de años, la segunda, hace unos 400.000 años, porque habiéndose extinguido en el norte lo repoblaron desde Sudamérica (Chimento & Dondas, 2018).

En tiempos históricos, fue Cristóbal Colón (1503), durante su cuarto viaje,  quien primero advirtió a los reyes de España sobre la existencia de leones en la región de Cariay (actual Puerto Limón, Costa Rica).

 

Mountain Lion – Dibujo de Louis Agassiz Fuertes (Nelson, 1918)


 

En Centroamérica, el puma “ocupa una gama más amplia de hábitats que el jaguar, desde montañas hasta selvas y desiertos    La dieta de los pumas es omnívora en climas tropicales donde consumen varios tipos de roedores, peces y otros animales de caza menor. El principal componente de su dieta son los ciervos y los animales domésticos de granja, aunque han demostrado flexibilidad de comportamiento en la selección de especies de presas. El jaguar y el puma están en competencia casi directa en Centroamérica debido a la similitud en tamaño, hábitos y dieta.  Los pumas también se alimentan de forma nocturna a menos que se les obligue a alimentarse en otros momentos. Se sabe que viven cerca de las áreas de distribución de los jaguares  en Belice.”

(Ballinger & Stomper, 2000)

 

Se nos vuelve a manifestar la oposición puma/jaguar que como hemos visto se da en tantas culturas y relatos, y que también aparece en los mitos creadores de la vasta cultura mixteca. La pareja que dio origen a la gente mixteca estaba formada por un dios-ciervo, el puma, y una diosa-serpiente, el jaguar (Spence, 1913).

 

Con respecto a los encuentros puma-humano, a John Boddam (1877) le narraron un hecho que “de ser cierto sería extraordinario.” Trata sobre un hachero de caoba, en Guatemala, que abandonó su oficio y la selva tras un extraño encuentro con un puma que lo dejó psicológicamente afectado: “Mientras regresaba a su choza, de repente sintió un cuerpo suave que se apretaba contra él, y al mirar hacia abajo vio un cougar que, con la cola erguida y ronroneando como un gato, se retorcía por dentro y fuera de sus piernas y se deslizaba a su alrededor, levantando sus fieros ojos como riendo. Horrorizado y con pasos vacilantes, siguió adelante, y el terrible animal seguía dándole vueltas, ahora rodando y tocándolo con una pata como un gato que juega con un ratón. Finalmente, cuando la tensión se hizo demasiado grande, con un fuerte grito, golpeó desesperadamente a la criatura con su hacha. Ésta saltó a un lado y se agachó gruñendo y mostrando los dientes. Justo cuando estaba a punto de saltar, un compañero, que había escuchado el grito, apareció a lo lejos, y con un gruñido la bestia se desvaneció entre los tupidos arbustos.”

 

 

 

 

 

No se detiene el puma ante la noche, ni la mañana hace posponer empeño. La sangre inunda los latidos. Narices hinchadas por el hambre. Crecen los deseos, las garras relumbran. El puma anhelante de gargantas.

Desaparecer neuróticos rebaños de corderos. Adrenalina victimaria paseando cólera sobre la ruina que vigila dentro de la oscuridad.

Sonido áspero. Posibilidad auténtica en el sabor caliente de las madrugadas.

Crece la aurora y arroja su silencio dentro de la ventisca.

Los colores comienzan su recorrido y el puma teje la muerte entre las patas.

Latiendo bajo la luna, crece como piel evaporada.

 

Adán Echeverría

 

 

 

El nombre náhuatl del puma es miztli como lo registra Hernández (1651): “El Miztli es el mismo que nuestro león melenudo pero menor, o bien un congénere, en la primera infancia oscuro, y de joven amarillo, y o bien rojo, o bien  blancuzco cuando crece el tamaño de su cuerpo (lo que puede ocurrir debido a la diversidad de la región) y mucho menos feroz.”


 

Miztli
(Códice Florentino, libro 8, fol. 30v - López Luján & McEwan, 2010)


 

"Hay un animal en estas partes que se llama Maçamiztli, quiere decir, ciervo león, el cual no sé si le hay en otra parte: es del tamaño del ciervo y la color de éste, y sus uñas lo mismo: los machos tienen cuernos como ciervo, pero tiene pezuños como león muy agudos, y los dientes y colmillos como éste: no come jerbas, anda entre los otros animales, y cuando quiere comer, abrázase con un ciervo y con el pezuño ábrele por la barriga, comenzando desde las piernas hasta la garganta, y así le echa fuera todos los intestinos, y le come; en ninguna cosa le conocen los otros ciervos, sino en un mal hedor que tiene … Hay otro animal en esta tierra, que se llama cuitlamiztli; que quiere decir león bastardo, éste según lo que de él se dice es lobo, come ciervos, y gallinas y ovejas: en tomando un ciervo hártase de él hasta no poder más, y échase a dormir dos o tres días: no cura de cazar más, por esto le llaman león bastardo, porque es glotón, ni tiene cueva como los leones, y de noche come las gallinas, y las ovejas, y aunque esté harto mata todas las gallinas y ovejas que puede … El león es del tamaño del tigre, no es manchado, tiene el pelo también lezne, y en el cuerpo es de la manera del tigre, sino que tiene las uñas mayores, y también pezuños muy largos, es rojo oscuro: hay leones vermejos, y otros blanquecinos, estos se llaman leones blancos.”

(Sahagun, 1540-1585).

 

Miztli – Sahagun
(https://www.wdl.org/es/item/10096/view/3/333/)



Alex Mouchard

 

REFERENCIAS Y CREDITOS

En la Etapa 4/4: https://historiaszoologicas.blogspot.com/2021/04/los-senderos-del-puma-puma-concolor_56.html

 

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