"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas". >Michel Foucault-Las palabras y las cosas

domingo, 25 de septiembre de 2016

EL CHUCAO (Scelorchilus rubecula): OSCURA FLECHA DE LA SELVA

“¡Oh!”  Dijo el chucao llamándome
Cuando yo buscaba remedios;
De repente no recordé más nada
Por eso he quedado triste
Por no saber si viviré
Por eso, pues, estoy afligida.

Painemal Wietra – Canción mágica mapuche

A orillas del lago Menéndez, en el bellísimo Parque Nacional Los Alerces (Chubut, Argentina), se encuentra el pequeño Puerto Chucao. No es necesario preguntar por el motivo del nombre, ya que,  a poco llegar, un simpático pajarito, de llamativo pecho rojizo, se acerca caminando  hasta nuestros pies mientras nos mira con curiosidad ladeando la cabeza.  Es el chucao, antiguo habitante de estos milenarios bosques.

La historia de esta curiosa avecita, se mezcla con la de un marino, naturalista y artista, descendiente de la nobleza prusiana, Friedrich Heinrich von Kittlitz,  con quien concretó una fatal (para el ave) cita en tierra chilena, pero que la hizo conocida para el resto del mundo.

El chucao según Kittlitz
Kittlitz, F. H. von -1830-1831- Ueber einige Vogel von Chili.  Mémoires présentés à l'Académie impériale des Sciences de St. Petersbourg par divers Savans et dans ses assemblées. 1


BREVE ENCUENTRO

En 1826 von Kittlitz  se había sumado como naturalista a la expedición rusa del buque Senjawin, dirigida por el capitán Fyodor Petrovich Litke.  Su principal tarea era la de coleccionar aves para el Museo de la Academia de las Ciencias de Rusia.

Aunque el principal destino del viaje era explorar la zona del mar de Bering y la península de Kamchatka, en su trayecto el buque hizo una breve escala en la bahía de Concepción, Chile.

Así relata el propio Litke la llegada a las tierras del chucao, el 15 marzo de 1827.

“Pronto aparecieron ante nosotros las dos colinas del cabo  Bío Bío, conocidas como ‘Los pezones’,  cuya forma,  suficientemente bien descripta por su nombre, sirve como punto de referencia a la entrada de la bahía de Concepción”. 

Al día siguiente,  “Los señores naturalistas, deseosos de abandonar el barco después de una larga e infructuosa, para ellos, navegación no perdieron tiempo para descender a tierra, donde pasaron la noche”.

“Los naturalistas recorrieron todo el lugar y regresaron contentos por la naturaleza del país, y con tan ricas colecciones, que era imposible colocar todo en el bote, y tuvieron que abandonar una parte en tierra durante la noche”.

Por su parte Kittlitz relata: “Nuestra estancia en la bahía de Concepción fue demasiado corta como para poder dar una idea, aunque fuera imperfecta, de la rica fauna de éstos parajes; uno se asombra al ver la  cantidad y variedad de aves marinas que abundan en todos lados; hay probablemente varias grandes especies de petreles, que cubren las rocas a la entrada de la bahía; estas rocas aparecen generalmente todas blancas con sus excrementos”.

“Más lejos, en la misma bahía, destacamos dos especies de Carbo [cormoranes, Phalacrocorax], y, yo creo, una nueva especie de Lestris  [Catharacta skua] y un gran número de gaviotas; Pero sobre todo una gran cantidad de Rhynchops nigra [rayadores]; una muy  gran especie de foca se mostró aquí y allá, pero nunca fuera del agua, excepto cuando se zambullían; entonces distinguíamos la larga prolongación de su labio superior en forma de trompa, lo que nos hizo pensar que podría ser la  Phoca proboscidea de Péron [el elefante marino, Mirounga leonina]”.

“El 16 y 17 de marzo visitamos el pueblo de Tomé; el país, cubierto de arbustos, estaba animado por un gran número de aves; fue en la costa misma, donde conté cinco especies de gaviotas; entre las cuatro especies que obtuve, citaré (al menos por lo que tengo razones para creer) a Larus franklinii (Richards) [Leucophaeus pipixcan] que hasta ahora solo se había visto en América del Norte”.

Chucao en Puerto Chucao
                Foto de Alex Mouchard


“Cerca de las casas vimos el gorrión de Chile, Fringilla diuca (Molina) [Diuca diuca] y bonitos estorninos de pecho rojo, Sturnus militaris (Linn.) [Sturnella loyca], que, de todas las aves de este país, es la que más destaca a la vista; finalmente el bonito colibrí,  Trochilus sephanioïdes (Lesson) [el picaflor rubí, Sephanoides sephaniodes], con un bello color dorado por encima de la cabeza, el cual se encuentra en grandes cantidades; y es la única especie del género que pude ver aquí. Se dice que la Psittacara  patagonica (Lesson) [el loro barranquero, Cyanoliseus patagonus] es aquí muy común en estado silvestre; no puedo  asegurar haberla encontrado así, pero la vimos en jaula en casi todas las casas; este loro anda siempre en el suelo, a la manera de Pezoporus formosus [el perico terrestre oriental de Australia, Pezoporus wallicus ] ; mantuvimos a bordo durante un tiempo a dos aves de esta especie, y entonces pudimos asegurarnos de las diferencias en su forma de vida, con respecto a la de otros loros”.

Casa rural en Valparaíso, Chile.
Dibujo de Kittlitz.


“En el corto espacio de un día y medio que pasamos en tierra, maté y preparé 20 especies de aves; Desde luego, habría obtenido más si hubiera visitado las riberas de algún río o lago; más tarde encontré la mayor parte de estas aves en Valparaíso, excepto, sin embargo, las siguientes que parecen esencialmente pertenecer al sur: la Muscicapa pyrope (nueva especie) m. [el diucón, Xolmis pyrope], el Synnalaxis Tupinieri (Lesson) [el rayadito, Aphrastura spinicauda], que vive en la misma forma en que nuestros paros [Parus],  el Troglodytes paradoxus m. (más tarde, Malacorhynchus  Chilensis, Kittl., Menetr.) [el churrín grande Eugralla paradoxa], el Pteroptochus rubecula m. (nuevo género y especie) [nuestro protagonista, el chucao], Alcedo torquata (Linn.) (var. Chilensis) [el martín pescador grande, Ceryle torquata], Ardea nycticorax (Linn.) [la garza bruja Nycticocrax nycticorax], Larus franklinii (Rich.) [Leucophaeus pipixcan]  y Larus dominicanus (Lichtenstein) [la gaviota cocinera]. De estas 20 especies, sólo había  encontrado dos en Brasil: un Troglodytes y Fringilla matutina (Licht.) (gorrión de México) (Buff) [el chingolo, Zonotrichia capensis] , pájaro que parece muy extendido”.


OTROS VIAJEROS ENCUENTRAN AL CHUCAO

Un ilustre naturalista viajero de aquellas épocas, Charles Darwin, nos dejó valiosa información sobre este pájaro: “En Chiloé, donde es común, es llamado por los habitantes indígenas cheucau. Frecuenta los lugares más tristes y retirados dentro de los bosques húmedos. A veces, aunque el grito del cheucau es oído de cerca, uno pone atención para tratar de verlo pero en vano;  otras veces, si uno se queda inmóvil, el pajarito de pecho rojo se aproxima hasta un pie de distancia, con la mayor confianza. Entonces salta, ocupado, entre la masa enredada de cañas y ramas podridas, con su colita levantada como un gallo. Abrí la molleja de varios ejemplares; era muy muscular, y contenía semillas duras, brotes de plantas, ocasionalmente algunos insectos, y fibras vegetales mezcladas con piedritas. El cheucau produce un miedo supersticioso a los chilotes, debido a sus gritos variados y extraños. Hay tres clases bien diferentes: —uno es llamado chiduco, y es un auspicio de buena suerte; otro, hui-treu, es extremadamente desfavorable; y el tercero, lo he olvidado. Estos nombre se le dan por imitación de sus gritos, y los nativos están para algunas cosas, absolutamente dominados por ellos”.

El chucao según d'Orbigny
Orbigny, Alcide d'  - 1835-1847 - Voyage dans l'Amérique méridionale exécuté pendant les années 1826, 1827, 1828, 1829, 1830, 1831, 1832 et 1833.Pitois-Levrault (Paris)


D’Orbigny, que presenta esta linda lámina, confiesa no haberlo visto vivo, pero  dice que le fue enviado un ejemplar desde Valdivia, donde parece que era común.
Justamente hacia 1889 Harry Berkeley James, en medio de un proyecto de relevamiento de la ornitofauna chilena, envió a Ambrose Lane a Valdivia, donde lo sorprendió la guerra civil de 1891 y tuvo que regresar. Sin embargo logró conocer allí al chucao en la desembocadura del río Calle-calle, sobre el río Bueno y en Puerto Varas, a orillas de la laguna de Llanquihue. En esa época, la región estaba cubierta por una densa selva, la selva valdiviana, que llegaba hasta la costa marina, desarrollándose sobre un terreno montuoso, atravesado por arroyos (quebradas) cegados por un denso sotobosque.

“Estos pájaros” –escribía Lane- “habitan el espeso sotobosque de la selva, y generalmente se encuentran en la vecindad de un arroyo. Desaparecen de la vista y reaparecen, cuando no notan ser observados, pero al percibir a alguien más cerca, o notar cualquier movimiento súbito, son tan veloces para retirarse que parecen desvanecerse en la nada. Sus movimientos solo se comparan al vuelo de una flecha o un misil similar – es decir, cuando se lanzan a través de un claro o se retiran de la vista. De otro modo saltan o corren por un sendero abierto, y se acercan bastante bajo la cobertura de los arbustos”.

“Nunca vi propiamente volar a una de estas aves; confían enteramente en sus patas para tratar de escapar. Su canto es muy fuerte en relación al tamaño del ave; es emitido casi en el mismo volumen que el gluglutear del pavo. El macho emite una nota algo parecido al cacarear del gallo; es lanzada a intervalos mientras hace su camino entre los laberintos del sotobosque, y es respondido por notas similares desde la distancia. También he notado que cuando se desplazan por un arroyo invariablemente, van por el fondo, corriente abajo. Como regla, nunca dejan el suelo, aunque ocasionalmente pueden posar por segundos en una rama, pero nunca lo observé saltando sobre los arbustos como hacen otras especies de la selva. La hembra tiene una nota como la del macho, pero mucho más débil. También producen un grito muy melancólico, que es una especie de llamada cuando están en pareja”.

“Pasé un montón de tiempo en Arauco tratando de conseguir estos pájaros, y casi me rindo desesperado, hasta que fui más al sur, donde los encontré mucho más abundantes y bastante numerosos en la selva; a tal punto, en algunos lugares, que esperando en un lugar adecuado, venían decididamente a mi alcance, como atraídos por la curiosidad; pero si ponía el arma al hombro o hacía cualquier movimiento repentino, no importa cuán leve fuera, se desvanecían como si se los tragara la tierra, y era inútil tratar de obtener otro avistaje de ellos”.

“Son los celebrados chucaos de los indios, que creen tanto en ellos, que si en un viaje los oyen gritar a la izquierda, se vuelven antes de enfrentar la desventura que los espera, mientras que si el sonido viene por la derecha siguen adelante, confiados en su buen éxito”.

Hay que señalar que en Argentina, recién fue hallado por primera vez a principios del siglo XX por Julio Koslowsky en el valle del lago Blanco, Chubut.



AGORERO DE VIAJES

Por su habilidad para aparecer y desparecer de la vista velozmente, es lógico que el chucao haya sido considerado por los aborígenes como un ave mágica. Como lo señalaban Lane y Darwin, según el tono y la dirección del canto se dan interpretaciones opuestas al mismo. Así si el macho canta un melódico chiduko, chudek, chirríu o chusi, indica buena suerte, pero si se le escucha un canto áspero, que emitiría la hembra, algo parecido al del pavo, algo así como witreu, huithreu, huithrothroy, es seguro que el viaje será adverso.  En este caso se dice que al viajero “le grita mal el pájaro” y para evitar la desgracia debe insultar al ave, ponerse la ropa al revés y girar en círculo tres veces.

Del mismo modo si el canto viene de la derecha (o por delante)  indica buena fortuna, y lo contrario si viene de la izquierda (o de atrás). Sin embargo, esto parece ser un mito europeo de acuerdo como puede leerse al comienzo del Cantar del Mío Cid cuando éste es desterrado de Castilla: “A la exida de Bivar ovieron la corneja diestra, e entrando a Burgos ovieronla siniestra”


Y lo confirma  Ángel Parra  en su poema “Chucao”:

“Pájaro agorero, chiquito y tosta'o,
cantas escondido, chucao, chucao.
Gritas por la izquierda o por la derecha
y das alegría, o si no, tristeza”.

Su habilidad para esconderse en el bosque le permite ayudar a los pobladores a encontrar a los animales extraviados, y cuando grita sin parar, hay que buscar refugio, porque anuncia tormentas y lluvias con la certeza de un barómetro. Parece que antiguamente, en Chiloé, los matrimonios se consumaban cuando el novio raptaba a la novia y la llevaba al bosque, de donde sólo regresaban cuando el chucao los bendecía con su canto.

Francisco Vidal Gormaz relata durante su exploración del estuario de Reloncaví:  “El bosque no es tampoco más abundante en esta clase de seres; es raro oir resonar en él otra voz que la del triste chucao, cuyo plumaje gris rojizo se confunde con el color de los troncos que constantemente habita; es considerado por los chilotes como agorero en el anuncio del tiempo i de sucesos futuros”.  Y en Yate “reinaba un silencio profundo; solo de cuando en cuando venía a distraernos el chucao, pajarillo gris con plumas rojas en el pecho, que salia a mirarnos curiosamente; éramos los primeros hombres tal vez que íbamos a perturbar el sosiego de su morada”.

El mismo autor señala que en Chiloé  “los madereros le suponían nueve cantos diversos (…) Algunos de sus cantos producen efectos desagradables en el tablero, que los ‘manifiesta’ por medio de imprecisiones súbitas i simultáneas a los ecos del Chucao. Otros son de júbilo, por predecirles felicidad, buen viaje, buen tiempo, etc.; en fin, otros son de indiferencia. No obstante, sus nueve tonos son escuchados por el viajero y el frecuente cantor produce impresiones diversas según el acento que ejercita”.

“Algunos creen que el Chucao tiene tales fuerzas que puede detener a un robusto maderero en medio de la montaña i hasta conducir la carga del viajero; por lo que es común oír decir a aquellas jentes, elojiando la agudeza i poderío de la pequeña avecita: ‘Bien haya el poder que Dios le ha dado’;  ‘EI Chucao canto bien, no hay cuidado, adelante’; ‘Que mal canto el hij..., Tendremos mal viaje o mal tiempo’ “.


"Chucao" de Mariana Vadell



Y para terminar esta reseña nos quedamos con el poético retrato que hizo Pablo Neruda del ave en su ambiente de selva valdiviana:

Ay qué grito en las soledades! 
Voy por los bosques, anchas hojas, 
gotas de lluvias o cantáridas 
y se hunden mis pies en el suelo 
como en una esponja mojada: 
es fría la sombra que cruzo, 
frío el silencio y transparente: 
no pasa nadie por aquí 
por este lado de la tierra, 
por estas páginas del agua: 
no hay pasajeros perdidos 
ni caballos, la selva sola, 
la emanación de la montaña: 
su cabellera triturada: 
sus infinitos ojos verdes 
y el chucao lanza su lanza, 
su largo grito desbordante: 
él rompe con su grito de agua 
en que sólo cayeron hojas 
y las raíces ocuparon 
como invasores este reino. 

Alta tristeza errante, canto, 
campana de las soledades, 
obscura flecha del chucao, 
único trino sobrehumano 
en la humedad enmarañada 
del Golfo de Reloncaví.



LA PLANTA DEL CHUCAO

Los mapuches reconocen a la planta llamada coralito  (Nertera granadensis) como ruca-chucao, es decir pecho de chucao, o quelliquen-chucao:  chucao rojo, debido al color de sus frutos. Se trata de una especie  rastrera  siempre verde, de muy escaso desarrollo, apenas 4-8 cm, que pertenece a la familia de las  rubiáceas.

Coralito
Dibujo de  W.H. Fitch - Curtis’s Botanical Magazine, t. 5748-5812, vol. 95 [ser. 3, vol. 25]: t. 5799 (1869) 




TOPONIMIAS
Chucahué = lugar del chucao, de  chucaw y  we = lugar. Río corto de la isla Guar (Llanquihue) que se vacía en el estero del mismo nombre.
Chucalén = de chucaw y len = ser, haber. Pequeño pueblo al SO del golfo de Quetalmahue en la bahía de Ancud, Archipiélago de Chiloé.





FRIEDRICH WILHELM HEINRICH VON KITTLITZ

ORNITÓLOGO Y EXPLORADOR DE KAMCHATKA


Los viajes de verano en la región superior de Kamchatka.
Dibujo de Kittlitz quien, según un mensaje personal a su familia,  es la persona a la derecha de la imagen.


          Friedrich Wilhelm Heinrich Freiherr von Kittlitz y Ottendorf  nació en 1799  en Wroclaw (Polonia) y desde pequeño mostró gran interés en la pintura así como por las aves a las que dibujaba muy hábilmente y con gran realismo. Al terminar el colegio,  ingresó en el batallón de infantería que comandaba su padre. Se arrepintió más tarde de esta elección que hizo más por tradición que por verdadero interés, ya que su pasión seguían siendo las aves, y lo era de tal forma que llenó el campamento militar en Mainz con las aves que cazaba y cuidaba. Así pudo estudiar la avifauna del país realizando numerosos dibujos y listas de las aves.  Este logro lo indujo a querer investigar la avifauna de zonas lejanas,  como la Siberia oriental y Kamchatka, hasta entonces poco exploradas por los científicos.  En esta etapa publicó en revistas ornitológicas y empezó a preparar una "Historia natural de las aves", que por razones de costo sólo llegó a tres entregas.

          A los 19 años, gracias a los contactos de sus familiares en los círculos políticos rusos, deja el ejército y consigue ingresar a  la Academia Imperial Rusa de Ciencias como naturalista, y más adelante logra ser nombrado ornitólogo de la expedición de circunnavegación rusa que, bajo la dirección del almirante Fedor Petrovich Litke, habría de efectuarse entre los años 1826 y 1829. También fue aceptado como miembro de la Sociedad de Ciencias Naturales Senckenberg, que mantenía un hospital, biblioteca, un museo de historia natural, laboratorio químico y un departamento de anatomía.

          A la espera de la partida, Kittlitz   se dedicó a conocer San Petersburgo, estudiar la lengua rusa y contactarse con  importantes científicos, como el barón Adam Johann von Krusenstern, navegante e hidrógrafo, y el naturalista Johann Friedrich von Eschscholtz, quien había participado de la expedición de Otto von Kotzebue, coleecionando en Brasil, Chile, California, el mar de Bering y Kamchatka.

          Finalmente, en agosto de 1826, parte a bordo del "Senjawin"  desde el puerto de San Petersburgo. La expedición constaba de dos corbetas fabricadas especialmente para este viaje: la "Senjawin" y la "Moller".  También participaba  el médico y botánico Dr. Karl Heinrich Mertens y el dibujante y mineralogista Alexander Postel .  El entusiasmo inicial de Kittlitz pronto se vió menguado por un mareo pronunciado,  que ya no habría de dejarlo durante toda la expedición.

          El recorrido incluyó Tenerife (Islas Canarias), Río de Janeiro, el cabo de Hornos, Valparaíso, el océano Pacífico, la bahía de Sitka (Alaska) y  las Aleutianas. En septiembre de 1827 desembarcó en Petropavlovsk (Kamchatka) donde, separándose del resto de los integrantes,  inició su exploración terrestre  a través de la península. En las primeras salidas ornitológicas  observó que en la región  había  "un misterioso silencio de muerte"  que contrastaba con  la diversidad de aves de Europa y su llamativa polifonía. Como posible causa Kittlitz menciona el número inimaginablemente grande de mosquitos "sedientos de sangre", de los cuales los pichones no podían defenderse. Poco a poco el naturalista va descubriendo la notable avifauna del lugar. Así el avistaje de la famosa águila o pigargo gigante (Haliaeetus pelagicus) hace que decida quedarse más tiempo de lo previsto en Kamchatka.  Pero la tristeza y melancolía del clima y el paisaje, y la soledad al separarse de sus compañeros afectaron su mente y el resultado de su trabajo, que fue más pobre de lo deseado.

          También llegó a la isla Starichkov donde anidan en cuevas los frailecillos (Fratercula arctica)  y, con ayuda de los pobladores, pudo  capturar una buen cantidad y recolectar sus huevos.   Kittlitz  lamentó que esa caza despiadada de frailecillos afectaba principalmente a las hembras con cría, ya que los machos se encontraban en esa época el mar buscando comida.

          Posteriormente recorrió los  bosques de coníferas de Kamchatka central. Siendo verano podía viajar a pie, a caballo o en canoa con sus ocasionales acompañantes. Avanzando hacia la costa occidental de la península, cada vez más es aquejado  de agotamiento,  se desanima al encontrar menor variedad de fauna y enfrentar un clima cada vez más tormentoso y frío. Entonces decide reembarcarse en el "Senjawin"  sin realizar el proyectado viaje a las islas  Kuriles para estudiar la colonia de focas (Phoca vitulina).  El viaje de vuelta se hizo por las Filipinas, Santa Elena y las Azores, desembarcando en junio de 1829 en Le Havre para viajar por tierra a San Petersburgo.

          Las tareas que consumieron sus fuerzas durante esta exploración son impresionantes.  Observó, y describió las aves, tratando de encontrar sus nidos y huevos.  Según Litke: “Era el barón Kittlitz quien se ocupaba de esta parte; él mismo trabajaba en la preparación de las pieles, y de dibujar las aves que no habían sido descriptas suficientemente, o que eran desconocidas por completo”.  También obtuvo pieles de mamíferos; realizó dibujos de peces, herborizó y clasificó plantas, registrando los sitios donde crecían, los nombres locales y los usos que le daban los pobladores.  Así obtuvo una descripción general de la flora de Kamchatka con las principales  especies y comunidades de plantas.

          Kittlitz regresó de su expedición con una rica colección de 750 pieles de aves, pertenecientes a 300 especies diferentes, muchas de las cuales se describían por primera vez. Además objetos etnográficos recogidos por los tres naturalistas y carpetas de dibujos, de los cuales 700 eran de Postel, 200 de Kittlitz y unos 300 de Mertens, La mayor parte de estos especímenes fue depositada en el Museo de la Academia de Ciencias de San Petersburgo.  Además 77 ejemplares de mamíferos y 44 de aves fueron donados al Museo Senckenberg. Con esteos materiales publicó numerosos trabajos ornitológicos en las Memorias de la Academia Imperial de Ciencias de Rusia, y también en la revista del Museo Senckenbergiano, describiendo nuevas especies de aves y peces.

          Kittlitz llevó también un minucioso diario, que muchos años más tarde, en 1858,  sirvió  para publicar sus " Memorias de un viaje a la América rusa, a Micronesia y Kamchatka”, en dos volúmenes.   Su plan original, que era  ilustrar la obra con una gran cantidad de grabados, se frustró debido a los altos costos y al tiempo que se requería. La aparición tardía de este libro se debía en parte a la mala salud del autor y también a que las pruebas no lograban la calidad que pretendía. Las descripciones tienen gran detalle y precisión, con un estilo muy coloquial mucho más atractivo que la ceremoniosa prosa que se utilizaba entonces. La obra contiene información sobre la fauna y la flora, incluyendo las listas de las aves observadas y recibió el más alto reconocimiento entre los círculos profesionales de la época, especialmente de parte de Alexander von Humboldt y Jacob Schleiden. En la obra se reproducen sus relatos sobre Kamchatka ilustrados sus bocetos de paisajes ("puntos de vista de la vegetación") y sus acuarelas, que  se publicaban aquí por primera vez. En un tiempo en que los viajes implicaban enormes esfuerzos, riesgos, y costos  y la fotografía todavía no estaba disponible, el valor de estos dibujos, tan detallados, era incalculable.  El mismo quiso realizar las placas de cobre para sus láminas, para lo cual aprendió a grabar  en cobre. Es posible que aún haya en San Petersburgo otros dibujos suyos no publicados, pero se desconoce su paradero. Sin embargo, como las imágenes no están firmadas, no hay seguridad sobre su autoría.  Algunos de esos dibujos integran una de sus obras más conocidas: “24 vistas de vegetación de costas e islas del Pacífico” (1844).



          En 1844 Kittlitz se casó con la viuda Julia Schulz, con la que tuvo  una hija y dos hijos.  Durante sus últimos años, se dedicó a la estética y a los estudios filosóficos. Su última obra publicada (1873) contiene su credo filosófico, en el que considera a la filosofía como la rama de la ciencia que estudia lo que no puede ser percibido por los sentidos.  Publicó “Fundamentos psicológicos de una nueva filosofía del arte "(1863) y "Conclusiones del alma humana con el alma del mundo "(1873).

         En soledad, habiendo perdido a su esposa y su hija, el gran naturalista falleció de neumonía a los 75 años.




Alex Mouchard

REFERENCIAS

Augusta, Félix José de – 1910 – Lecturas araucanas. Valdivia.

Cárdenas Álvarez, Renato -2005-   El Libro de la Mitología de Chiloé. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   

Darwin, CR ed. -1838- The zoology of the voyage of H.M.S. Beagle. Birds by John Gould. London: Smith Elder and Co.


Housse, Rafael -1945- Las aves de Chile. Ediciones de la Univ. de Chile. Santiago.

http://www.biodiversitylibrary.org/

Kittlitz, F. H. von -1830-1831- Ueber einige Vogel von Chili, beobachtet im Marz und Anfang April 1827.  Mémoires présentés à l'Académie impériale des Sciences de St. Petersbourg par divers Savans et dans ses assemblées. 1: 174.

Lane, A. A. –1897– Field-Notes on the Birds of Chili – Ibis, pg8.

Litke, Fedor Petrovich 1836. Voyage autour du Monde fait par ordre de Sa Majeste l’ Empereur Nicolas Ier. sur la Corvette Le Seniavine, pendant des annees 1826, 1827, 1828 & 1829, Sous le Commandement de Frederic Lutke. Partie Historique. Atlas. Lithographie d’apres les dessins originaux d’ Alexandre Postels, Professeur Adjoint de l’ Universite Imperiale de St. Petersbourg, et du baron Kittlitz. 3 Bde, Atlas. Paris: Didot.

Moya, Ismael  -1958–  Aves mágicas. La Plata.

Strecker, Lisa – 2011 - Friedrich Heinrich Freiherr von Kittlitz: ein deutscher Adeliger Erforscht im Dienste der Kaiserlich Russischen Akademie der Wissenschaften di e Halbinsel Kamchatka. En Friedrich Heinrich von Kittlitz - Denkwürdigkeiten einer Reise nach dem russischen Amerika, nach Mikronesien und durch Kamtschatka.  Verlag der Kulturstiftung Sibirien - SEC Publications

Vidal Gormaz, Francisco -1871- Esploración de la costa de Llanquihue i archipiélago de Chiloé. Santiago de Chile.






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