"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas". >Michel Foucault-Las palabras y las cosas

lunes, 1 de octubre de 2012

MANUELITA SÁENZ Y EL UCUMARI (Tremarctos ornatus)


EL CASO DEL FUSILAMIENTO DEL OSO 

Así, tal vez desnuda, paseas con el viento
que sigue siendo ahora tu tempestuoso amante.
así existes ahora como entonces: materia,
verdad, vida imposible de traducir a muerte
¿quién está besándola ahora?
no es ella. No es él. No son ellos.
es el viento con la bandera.
Tú fuiste la libertad,
Libertadora enamorada.

La insepulta de Paita - Pablo Neruda



MANUELITA SAENZ

Para introducirnos en este caso quisiera hacer una breve reseña de la vida de Manuelita Sáenz, que de tan apasionante difícilmente pueda obviarse. La compañera de Simón Bolívar, fue sin duda una de las grandes protagonistas de la independencia sudamericana. Nacida en Quito, Ecuador, hija natural de un hidalgo español y una hacendada criolla que murió poco después de dar a luz, fue criada por las monjas del Real Monasterio de la Limpia e Inmaculada Concepción y más tarde se educó en el monasterio de Santa Catalina de Siena de Quito. Pero a los 17 años, huyó del convento, con un oficial del Ejército Real, una aventura que concluyó rápidamente cuando el galán la dejó.

Dos años, mas tarde, atenuados los fuegos de esa pasión juvenil, se casó en Lima, a instancias de su padre, con el rico médico inglés James Thorne, lo que le permitió ingresar en la aristocrática sociedad de la capital del virreinato. Allí tomó partido enseguida por los movimientos independentistas. Fue por ello que el general José de San Martín, reciente libertador del Perú, le otorgó la condecoración de Caballeresa de la Orden “El Sol del Perú”.

Placa de mármol  en el pedestal de la escultura ubicada en calle Manuela Sáenz y Juana Manso, Puerto Madero, Buenos Aires. Foto Alex Mouchard 


Poco después, Manuelita regresó al Ecuador, para reclamar su parte de la herencia materna. Allí se encontraba en 1822, cuando se produjo la entrada triunfal del ejército de Simón Bolívar y, según ella misma lo cuenta en su diario, lo homenajeó con una corona  de rosas y laureles que  “arrojé para que cayera al frente del caballo de S. E.; pero con tal suerte que fue a parar con toda la fuerza de la caída, a la casaca, justo en el pecho de S. E”.
Tras un cruce de miradas, se saludaron y esa misma noche, en la fiesta de gala, fue inevitable que Bolivar la invitara a bailar. La sensualidad de la danza contribuyó a producir el “flechazo” que habría de convertirlos en  amantes y compañeros de lucha durante ocho años, hasta la muerte del prócer.

Su gran serenidad ante el peligro le permitió salvar la vida de Bolívar cuando una partida de conspiradores llegó una noche a su residencia de Bogotá para asesinarlo. Ella lo convenció para que bajara por la ventana del dormitorio a la caballeriza y mientras él escapaba, distrajo a sus enemigos a riesgo de que la mataran. A partir de allí Bolívar la llamaba "la Libertadora del Libertador".



Retrato de Manuelita Sáenz, por José María Epinosa.
Acuarela sobre marfil, circa 1828.
Cortesía Casa Museo Quinta de Bolívar.


Manuelita era una mujer atractiva, de oscuros ojos y cabello negro. El poeta  colombiano Próspero Pereira Gamba, la conoció en la residencia de Bolívar, en Bogotá: “ Era una de las damas más hermosas que recuerdo haber visto en ese tiempo; de rostro color perla, ligeramente ovalado; de facciones salientes, todas bellas; ojos arrebatadores, donosísimo seno y amplia cabellera, suelta y húmeda, como empapada en reciente baño, la cual ondulaba sobre la rica, odorante, vaporosa bata que cubría sus bien repartidas formas”. Con esta belleza femenina contrastaban ciertas actitudes masculinas: fumaba grandes cigarros, haciendo anillos de humo, y cabalgaba con gran destreza aprendida de niña en la hacienda paterna de Catahuango. En las campañas vestía uniforme de oficial  y empuñaba las armas –lanza y pistolas-  con gran decisión y habilidad llegando a combatir valientemente en las batallas de  Pichincha y Ayacucho, recibiendo por ello el grado de coronela del ejército. García Márquez la describe como “astuta, indómita, de una gracia irresistible, y tenía el sentido del poder y una tenacidad a toda prueba. Hablaba buen inglés, por su marido, y un francés primario pero comprensible, y tocaba el clavicordio”.

Su relación con Bolívar, amante prolífico, fue un amor sembrado de despedidas, rencillas y reencuentros, en su decir: “sólo la gloria de habernos vencido será nuestro consuelo”. Para él era como “arena movediza” y para tenerla cerca, nombró a su “amable loca"  como encargada de los archivos del ejército e intérprete.  Viajaba junto a Bolívar “con los baúles errantes en una docena de mulas, sus esclavas inmortales, y once gatos, seis perros, tres micos educados en el arte de las obscenidades palaciegas, un oso amaestrado para ensartar agujas, y nueve jaulas de loros y guacamayas que despotricaban contra Santander [su adversario político] en tres idiomas” (García Márquez).

Belleza 1810-2010 - Manuelita Sáenz. Pintura de Pedro Durante ( 1825). Imagen tomado del libro (conografñia del Libertador) Enrique Uribe White. Ediciones Lerner, 1967, pág 193
http://www.revistafucsia.com/en-calle-moda-urbana/galeria/belleza-1810-2010/13496

Con apenas 46 años, vencido por la tuberculosis, Bolívar falleció en Santa Marta, Colombia. Manuelita, al enterarse intentó suicidarse haciéndose picar por una víbora, pero los curanderos del pueblo de Guaduas, la trataron con una especie de ponche caliente y unos emplastos de hierbas medicinales, y le salvaron la vida.

Incansable conspiradora contra los enemigos de la libertad de las personas y de las naciones, publicó un escrito, “La Torre de Babel”, criticando al gobierno de Santander, y en castigo fue desterrada a Jamaica, donde pasó un año antes de poder viajar a Quito, pero cuando llegó aquí, fue desterrada a Paita, en Perú.

Allí sobrevivió vendiendo tabaco y dulces, haciendo bordados y traduciendo las cartas de los marinos extranjeros que llegaban al puerto. Pasó humildemente los últimos años de su vida, recibiendo la vista de celebridades como Giuseppe Garibaldi, Herman Melville, Simón Rodríguez y Ricardo Palma. Éste la vio así: «En  el sillón de ruedas, y con la majestad de una reina, estaba una anciana que me pareció representar sesenta años. Vestía pobremente, pero con aseo, y bien se adivinaba que ese cuerpo había usado gró, raso y terciopelo. Era una señora abundante de carnes, ojos negros animadísimos, en los que aparecía el resto de fuego vital que aún le quedaba, cara redonda y mano aristocrática. Era un perfecto tipo de mujer altiva”.  A los 59 años, tras una vida tan intensa y apasionada, Manuelita falleció víctima de la difteria que llegó al puerto en un barco ballenero. Su cuerpo fue sepultado en una fosa común y sus pertenencias fueron incineradas para evitar el contagio. Recientemente fue rescatada tierra de su sepultura y colocada junto a los restos de Bolívar, su gran amor, en el Panteón Nacional de Venezuela, en Caracas.

Esta mujer se destacaba por su personalidad independiente y desenfadada, más notable aún en una época en que la mayoría de las mujeres vivían sometidas a la voluntad de los hombres, Como era de suponer Manuelita habría de ser víctima no sólo de las persecuciones políticas sino también de la maledicencia de sus contemporáneos. El geólogo francés Jean Baptiste Boussingault, que la conoció personalmente, dejó en sus memorias un relato, hoy considerado muy fantasioso, sobre algunas de sus excentricidades:

“Ella adoraba los animales y era dueña de un osezno insoportable que tenía el privilegio de circular por toda la casa. Al feo animal le gustaba jugar con los visitantes; si se le acariciaba arañaba las manos o se prendía de las piernas, de donde era difícil retirarlo. Una mañana hice una visita a Manuelita y como no se había levantado todavía, tuve que entrar a la alcoba y vi una escena aterradora: el oso estaba tendido sabre su ama, con sus horribles garras posadas sobre sus senos. Al verme entrar, Manuelita me dijo con gran calma:

- Don Juan, vaya a la cocina y traiga una taza de leche para colocarla al pie de la cama: este diablo de oso no me quiere dejar.

La leche llegó y el animal, dejando lentamente a su víctima, bajó para beber; después que lo hubo hecho llamó a un hombre, quien me ayudo a encadenarlo y llevarlo al patio a pesar de sus gruñidos. Algunos días después lo hice fusilar. Fue un inglés, Coxe, quien lo ejecutó.

-Vea usted, decía Manuelita, mostrándome su pecho, no estoy herida.”
Busto de bronce en calle Manuela Sáenz y Juana Manso, Puerto Madero, Buenos Aires. Foto Alex Mouchard .


La vida tan novelesca de Manuelita dio origen a una profusa obra artística que la tiene como protagonista: biografías, relatos, poemas, obras de teatro, operas y películas, incluyendo obras de Pablo Neruda y Gabriel García Márquez.

Hasta nuestros días su figura sigue recibiendo honores y homenajes de los gobiernos latinoamericanos. Así, en 2007, el presidente ecuatoriano Rafael Correa le concedió el grado de generala de honor de la República de Ecuador.


EL OSO ANDINO Y LA LEYENDA DEL UCUMAR

Me pongo a cantar y canto
leyendas del ucumar
con siestas y resolanas,
con caña y cañaveral

Coplas con Ucumar - Nicandro Pereyra

La mascota de Manuelita, de tan triste final,  sería un cachorro del oso andino, oso frontino u oso de anteojos, el único oso viviente en Sudamérica, donde habita la cordillera de los Andes, desde la Sierra Nevada de Mérida, Venezuela, hasta la frontera sur de Bolivia, frecuentando una gran variedad de ambientes, pero especialmente el bosque nublado de las laderas orientales.

Siendo uno de los mamíferos más grandes de la región junto con el anta o tapir, es lógico que haya llamado la atención de los pueblos originarios y de los criollos, recibiendo por tanto una gran cantidad de nombres comunes según las zonas y su relación con la mitología local.

En la zona de influencia incaica-quichua (Bolivia, Perú y Ecuador) se lo conoce como ucumari, jucumari  o ucucu. En Perú también se le dice oso achupayero, porque le gusta comer cogollos de bromelias como la achupalla (Pitcairnia sp.).  Los masetenes del Amazonas boliviano lo llaman uyutchine.

En Colombia según las distintas etnias se lo denomina manaba, manoa, mashiramo, oso careto, oso congo, oso enjaquimado, oso piñuelo (por comer piñuelas, bromeliáceas de la especie Bromelia pinguin), oso real, yura mateo (“oso con frente blanca”).

“En”  o “nem” era su nombre en chibcha.

En Venezuela es “el salvaje”, “Tomasito”, “achí” (en lengua tamanaco),  “conerre" (en maypure) y “yaga” (en paudacota).

En Ecuador se registra el nombre “iznachi”.

“Ucumari” en quichua y aymara y se puede traducir como “ucucu” (= oso) grande. Pero según otras interpretaciones el nombre derivaría de "ukuman", que en quichua significa "cuerpo, parte material de un ser animado". Se trataría de un cuerpo sin alma. Y así se lo humaniza en los relatos conocidos como leyendas del ucumar que se escuchan hasta el noroeste argentino donde el animal que les dio origen ya se ha extinguido de las yungas, pero se conserva su denominación: ucumar, uco o juco.

Oso andino – Dibujo a lápiz de  Tini Depoine


Es probable que estas leyendas sumadas al comportamiento algo extravagante de Manuelita hayan abonado los relatos como el de Boussingault.

En la época precolombina el oso era un intermediario que llevaba a la gente de una condición a otra: entre el mal y el bien, entre la enfermedad y la salud, entre la tierra y el mundo superior. Así se lo ve en la ceremonia de Qoyllur Ritl en Perú.

Para algunas etnias como los bócota, el oso era un animal sagrado. Su dios creador Sira, en el intento de hacer humanos, hizo primero un oso y por eso ellos no lo mataban porque lo consideran el hermano mayor, el primer hombre que hubo.

Los yukpa  de la zona limítrofe entre Colombia y Venezuela tienen un mito donde un yukpa, tras ascender al cielo, bajó trayendo los monos y tras aparearse con una mona engendró a Mashiramu, el oso andino, el protector de los bosques.

Pero al llegar los españoles para contrarrestar estas creencias, humanizaron al oso incorporándole elementos de un cuento andaluz de origen oriental, “Juanillo el oso”, con el cual le quitaron su carácter divino o totémico y dieron origen a la leyenda del ucumar. El protagonista de “Juanillo el Oso” es un muchacho de fuerza prodigiosa, nacido de una mujer y un oso, que reúne a unos cuantos hombres con poderes extraordinarios (serían algo así como los superhéroes de las historietas actuales) y con ellos, vence al diablo y rescata varias princesas que éste retenía.

El ucumar es un ser mitad humano,  mitad oso  que vive en las cuevas de las yungas. Es de baja estatura, panzón y está todo cubierto de pelo negro, largo y duro que no deja apreciar si es macho o hembra. En su cara solo se ven dos ojos pequeños, oscuros y hundidos. Los pelos le caen sobre la frente, la nariz y la boca, y se los aparta con manotazos a un lado y otro. La boca es enorme, con los dientes salidos, como una sierra. Algunos afirman que tiene los pies dirigidos hacia atrás. Tiene una fuerza descomunal y si se lo persigue con perros los ataca a garrotazos mientras profiere fuertes rugidos. 

El primer ucumar que existió fue una hembra y cuando nació, su padre, al verla tan monstruosa, intentó ahogarla, pero la madre, una indígena del Amazonas, la protegió y la cuidó más aún que a sus otros hijos. Al morir ésta, el padre y los hermanos, temiendo que el monstruo fuera una huca, es decir un ser maldito por los dioses, la albergaron en un cobertizo precario de pajas y ramas, adonde se turnaban para llevarle la comida. Desde allí la ucumara espiaba a los pobladores y fue uno de ellos el que la acostumbró a comer carne humana.   Un día, aprovechando una fiesta en el pueblo, este malvado la violó, lo cual le produjo un violento odio hacia todos los seres humanos y la hizo huir a la selva para vivir desde entonces en una cueva. Pero, cebada con la carne humana, un día volvió al pueblo,  raptó a su violador y, tras aparearse con él, lo mató y lo devoró. De esta unión nació otra ucumara a la cual su madre, antes de morir, la crió y le enseñó a cazar. Se afirma que Wiracocha, el dios blanco y rubio de los incas, la condenó a vagar eternamente por la selva montana para castigarla por sus crímenes y su lascivia.

A veces se puede ver a los ucumares en lo profundo de las quebradas, bañándose en las vertientes. Frecuentan  los cultivos donde se comen los choclos y roban terneros. Pero sobre todo buscan a las mujeres más lindas, a las que raptan para tener hijos con ellas. Del mismo modo las ucumaras  o ucas capturan muchachos para procrear.  En Venezuela,se sabe que “El Salvaje”  rapta mujeres embarazadas y las lleva a su cueva. Luego les lame los pies, hasta que le ablanda los huesos de manera que impedidas de caminar, no pueden escapar. Cuando la mujer da a luz, se come al niño.


EL OSO ANDINO EN LA ZOOLOGIA

Ya en  1503 Pedro Martir de Anglería escribía: "Dicen los indígenas que hay en las montañas [de Cumaná] unas fieras que en la cara, pies y manos se asemejan a la figura del hombre, y que algunas veces se pone de pie y andan con la cara derecha; los que esto oyeron, piensan que son "Osos": no los han visto".

Cabello de Balboa (Miscelánea Antártica, 1576-1587) cuenta que “En la provincia de los Paltas [Ecuador] ... arrebató un "Oso" a una moza (de 15 ó 16 años), y la llevó a unos ásperos riscos donde tenía su cueva, y allí la hizo dueña y dejó encinta”. Sigue narrando que el oso le traía de comer carne cruda y que llegado el parto nació una criatura humana pero con un largo rabo. La madre decidió cortárselo y como consecuencia de la hemorragia, el niño murió. Por lo cual, temiendo la venganza del oso, decidió escapar siendo rescatada por pobladores que lograron matar al oso.

Y en 1591 Joseph de Acosta señalaba que “Los ossos, que en lengua del Cuzco llaman otoroncos, son de la misma especie de acá [es decir de España], y son hormigueros”. Acosta confundía los osos verdaderos con los osos hormigueros, mamíferos que no pertenecen al orden Carnivora sino al orden Pilosa, y les daba el nombre común que corresponde al yaguareté: uturunco.

El Inca Garcilaso de la Vega revelaba su verdadero nombre: “También se hallan osos y muy pocos; porque como toda la tierra del Perú es limpia de montañas bravas, no se crían estos animales fieros en ella; y también porque los Incas, como dijimos, en sus cacerías reales mandaban que los matasen. Al oso llaman ucumari.”





Acuarelas de  Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda (en Figueroa Pizarro, Judith – 2008 – Cacería del oso andino en el Perú – Universidad de Alicante.)





Y en 1745 el viajero francés de La Condamine aseguraba “Sería sorprendente que los osos, que no habitan más que en los países fríos y que se encuentran en muchas montañas de Perú, pudieran hallarse también en las selvas del Marañón, cuyo clima es tan diferente; sin embargo escuché mencionar un animal llamado Ucumari y ese es precisamente el nombre indígena del oso en la lengua del Perú; no pude asegurarme si es el mismo animal”

Finalmente en 1825 Fréderic Cuvier le dió al oso andino un nombre científico: Ursus ornatus, describiendo un ejemplar joven que vivió algún tiempo en el Jardin des Plantes de París. Quizás por haber sido embarcado en un puerto chileno, Cuvier lo llamó “oso de las Cordilleras de Chile”, aunque parece que nunca habitó ese país. Respecto del nombre latino “ornatus” [= adornado] dijo el zoólogo francés: “Es el primer oso en el que hemos visto el pelaje adornado de una manera tan destacada”.

En 1855 Gervais colocó al Ursus ornatus de Cuvier en el nuevo género Tremarctos, que creó especialmente para él por presentar una particularidad en su esqueleto. En efecto, el nombre proviene del griego “trema”: orificio; y “arktos”, oso, debido a que "su humero esta perforado por un agujero subcondiliano que falta en todos los otros úrsidos”.

Gervais, P. -1855 - Histoire naturelle des mammifères 

Johann Jakob von Tschudi, el naturalista suizo y explorador del Perú en 1838, interpretaba el nombre ucumari a partir de   “Ucu” o “Hucu” = “algo, lo que es”, y también “profundo” y “mari” = “frente”, entonces sería “en su frente tiene algo” o “frente profunda”.
Tschudi, que creía que había dos especies de osos: con y sin manchas, sin advertir que eran sólo variaciones individuales, contaba:

“Los indios narran muchísimos casos de la gran afición de los osos por las mujeres a quienes secuestran, especialmente hay un hecho ocurrido hace unos años que es muy interesante para analizar y se repite a menudo en los documentos públicos.

Una mujer india que se había alejado de su aldea fue capturada por un gran oso macho y la arrastró hasta su cueva. Después de tres  años de su desaparición, un “cholo” encontró al oso en una quebrada y mediante una convocatoria general, reunió un pequeño grupo armado que atacó al depredador de mujeres y tras matarlo liberó a la infortunada prisionera. Estaba desfigurada por terribles heridas y úlceras, y sobrevivió poco tiempo a su salvación, ya que murió tres días más tarde. La historia de su sufrimiento pudo contarla, en parte, a su confesor, poco antes de morir, cuando estaba recuperándose.

No quiero abundar en estos casos de los que dudo mucho, ya que se habla de muchos ejemplos similares en diferentes puntos del Perú”.

La leyenda, que había servido para denigrar a una mujer patriota y someter y castigar a muchas otras, aún llegaba con fuerza a los naturalistas que gracias a su espíritu crítico fueron revelando la verdadera historia del oso andino.

Alex Mouchard

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REFERENCIAS

-Acosta, J. de – 1590 - Historia natural y moral de las Indias.
-Boussingault, Jean Baptiste, -1896-Mémoires. Tome II, 1822-1823. Chamelot et Renouard, Paris, 288 p.
-Colombres, A. – 2001-Seres mitológicos argentinos. Emecé, Buenos Aires.
-Cuvier, F. – 1825 – Histoire naturelle des mammifères. Vol. 5.
-De la Condamine – 1745 – Relation abrégée d’un voyage fait dans l’interieur de l’Amérique Méridionale. Paris.-
-De la Vega, Inca Garcilaso – 1609 -Comentarios Reales de los Incas. Lisboa.
-Dillon, S. -2007- Mujeres reveladas. Javier Vergara  Editor.
-García Márquez, G. -1989 -El general en su laberinto.
-Gervais, P. -1855 - Histoire naturelle des mammifères 2 :20.
-Guardia, S. B. -El último refugio de la libertadora.
-http://cvc.cervantes.es/literatura/mujer_independencias/trivino02.htm
-http://elosofrontino.8k.com/
-http://elsalvajedecarache.blogspot.com.ar/
-http://folkloredelnorte.com.ar/leyendas/ucumar.htm
-http://nicandro.com.ar/Coplas.htm
-http://www.cordilleratropical.org/
-http://www.diccionariojujuy.gov.ar/index.php?title=UCUMAR_(leyenda_popul ar)
-http://www.memoriasdebolivar.com/blog/2010/06/manuelita/
-http://www.mipunto.com/venezuelavirtual/000/000/004/118.html
-http://www.solonosotras.com/archivo/09/cult-bio-manuelita070201.htm
-http://www.venezuelatuya.com/biografias/manuela_saenz.htm
-Navarro, C - Manuela Sáenz en la literatura hispanoamericana contemporanea-- The South Carolina Modern Language Review Volume 5, Number 1-Virginia State University.
-Presidencia de la República de Venezuela (Ed.) -2011 - Manuela Sáenz. Pasado, presente, futuro.
-Tschudi, J.J. von – 1844-1846- Untersuchungen über die Fauna Peruana. St. Gallen.
-Ulloa, A. de – 1748 - Relacion historica del viage a la America Meridional hecho de orden de S. Mag. para medir algunos grados de meridiano terrestre y venir por ellos en conocimiento de la verdadera figura y magnitud de la tierra, con otras observaciones astronomicas y phisicas.

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