"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas". >Michel Foucault-Las palabras y las cosas

sábado, 29 de octubre de 2011

LA HISTORIA DE LA BANDURRIA AUSTRAL - Theristicus melanopis



“ Fue Bandurrio llamado rústico Orfeo porque habiéndose muerto su dama, intentó ir al los Campos Elíseos. Y habiendo llegado con esta locura una noche a las Dehesas Gamenosas junto a Córdova, se le antojó que unas yeguas blancas eran las almas. Sacó su bandurria y espantó de tal manera los ganados, que los yegüeros ignorantes, como si fueran las bacanales de Tracia, le mataron a palos".
Lope de Vega "La Dorotea"
Hacia fines de 1774 el Resolution, al mando del famoso capitán James Cook, se encontraba explorando el Atlántico austral, al este de Tierra del Fuego. Con el amanecer del nuevo año alcanzan un grupo de islotes ubicados junto a la costa norte de la isla de los Estados al que bautizan justamente Islas de Año Nuevo. Alli según Cook observan “una especie de playero casi tan grande como una garza”.  Los naturalistas de la expedición, Forster padre e hijo, (ver la entrada “El Rey y los Forster”) coleccionan en esas islas desoladas a esta ave que criaba sobre las rocas inaccesibles y que les recordaba poderosamente a los ibis africanos, aves que frecuentaban las zonas inundables de Egipto, caracterizadas por su largo pico curvo, sus amplias alas, patas largas y cola corta.
Estas aves estaban dedicadas al dios lunar Thoth, representado con cabeza de ibis, quizás porque la Luna se consideraba un astro húmedo. Por eso los egipcios creían que el ibis llevaba la cuenta de los días de menguante y de creciente lunar, porque era la duración de la incubación de sus huevos. Se aseguraba que durante los eclipses de Luna, en que el astro moría al menos transitoriamente, los ibis mantenían sus ojos cerrados. El ibis protegía a los egipcios de las víboras que venían de Etiopía con las crecientes del Nilo, y como consideraban que era un ave incapaz de beber aguas contaminadas (¿hoy le diríamos indicador ambiental?) los sacerdotes solo usaban en sus rituales agua donde sabían que habían bebido estas aves, a quienes se consideraba inmunes a toda enfermedad y dotadas de vida eterna. Matar un ibis en aquellos tiempos era un delito muy grave que podía llevar al culpable al  cadalso. Un dato curioso es que los egipcios creían que los ibis se apareaban y daban a luz por la boca, quizás por interpretar erróneamente la alimentación boca a boca de un adulto a un juvenil y de observar regurgitaciones de caracoles u otros alimentos que hubieran ingerido.
A partir de los especímenes obtenidos por los Forster, John Latham describió al “Black-Faced Ibis”, es decir  “ibis de cara negra”.  Como Latham, gran ornitólogo inglés especialista en avifauna australiana,  no se preocupaba mucho por la nomenclatura, utilizó ese nombre libresco en inglés. Para cuando se dio cuenta de las ventajas del sistema binomial de  Linné y lo quiso utilizar en su Index Ornithologicus, ya el médico alemán Johann Friedrich Gmelin había supervisado y publicado (1788-y 1793) la 13ª edición del Systema naturae de Linné, bautizando las especies de Latham con nuevos nombres, que fueron los que en definitiva perduraron en la nomenclatura científica por la ley de prioridad. De manera que traduciendo del inglés al latín Gmelin le aplicó a la bandurria el nombre Tantalus melanopis (melanopis = cara negra). El nombre genérico lo tomó del naturalista holandés Pieter Boddaert que lo había creado para el colorido ibis crestado de Madagascar, actualmente Lophotibis cristata. Es un nombre que hace referencia al dios griego Tántalo que habiendo ofendido a los dioses olímpicos con crímenes abyectos fue enviado al infierno y condenado a permanecer en un lago con el agua hasta el cuello y cada vez que intentaba beber el líquido, éste se retiraba de su alcance. Quizás Boddaert vió en esa historia una imagen de los ibis vadeando incesantemente y picoteando el agua para capturar sus presas, como si quisiera beber el agua que se les escapaba. De todos modos no permaneció mucho tiempo la bandurria con este nombre genérico,  ya que el herpetólogo Johann Wagler en 1832 le creó un género especial, Theristicus, que en griego quiere decir “cosechador” y que se refiere a la semejanza del pico con una hoz.
Con respecto al nombre común de bandurria, Azara explica, refiriéndose a la especie septentrional (Theristicus caudatus),  que como “su voz no es agria y se figuran los españoles que se parece al sonido seco (y metálico, agregaríamos) de la mandurria, y por eso la llaman así”. Mandurria era el nombre que daban en Aragón (la patria de Azara) a un instrumento de cuerda similar al laúd que en el resto de España, se conocía como bandurria. El instrumento y su nombre derivan de la pandura romana, y ésta a su vez del pan-tur sumerio.

Black-faced Ibis. Plate LXXIX from Latham's History of Birds Vol 3. Pt 1. 1785. Shrewsbury Museums Service

Charles Darwin observó a la bandurrias en el extremo sur de la Patagonia, generalmente en parejas. Su grito le pareció semejante al relincho del guanaco, al menos cuando lo escuchaba de lejos. Encontró que se alimentaba de lagartijas, cigarras y escorpiones. Como dato curioso menciona que en el British Museum  habría ejemplares presuntamente traídos del norte de Africa por el explorador escocés Hugh Clapperton , quien recorrió esas regiones en la segunda década del s. XIX. Evidentemente la confunció con alguna especie africana, ya que nuestra bandurria no llega a esas latitudes.
Thomas Bridges que colectó en Chile, Argentina y Bolivia la consideró no poco común en el interior de Chile donde nos dice que se domestica fácilmente y que su carne es consumida por los nativos.
Robert Oliver Cunningham, naturalista del buque Nassau que exploró la zona magallánica en 1866-1869, halló a la bandurria tan desconfiada y cautelosa, que le costó mucho cazar alguna. Su voz –indica - parece decir “qua-qua, qua-qua”, voz a la que William Hudson, enfatiza a un “quack-quack” para dar una idea de las notas ásperas y de extraordinaria potencia que profiere. Estos fuertes gritos, aclara, les servirían para mantenerse en contacto cuando se dispersan entre los pastos de las pampas bonaerenses, donde invernan, mientras capturan las larvas subterráneas de los bichos torito (Diboloderus). También describió las notables evoluciones aéreas de este “fino ibis”, antes de retirarse a dormir en las zonas ribereñas,  las que acompaña con fuertes gritos y termina precipitándose al suelo donde se oculta para reposar.
El naturalista francés Claudio Gay que desde 1830 estudió la fauna chilena y cuyas colecciones dieron nacimiento al Museo Nacional de Historia Natural de Chile, encontró bandurrias en todo Chile e indicó que su carne es excelente. Cuenta que en una ocasión al matar una de ellas, las compañeras comenzaron a rodear a la víctima  lanzando gritos muy agudos. Menciona también que los indígenas araucanos la llaman “raquí”. En la costa de Temuco, chile, hay un sitio llamado Ruka Raki, o sea “la casa de la bandurria”.

Crawshay, R – 1907 – The Birds of Tierra del Fuego. London.

Crawshay la describe en Tierra del Fuego y habla sobre su curioso canto: “Mucho antes de verlas, o aún sin llegar a verlas, se escuchan sus gritos de gran alcance. Luego, puede que veamos o no un par o más de formas oscuras batiendo sus alas, ora sobre la llanura, ora sobre un risco, ora zambulléndose en un valle, zigzagueando aquí y allá, aunque siempre manteniendo su dirección. El grito semeja muchos sonidos, según la distancia y según como llega al oído – desde arriba, desde abajo o a través del viento. Muchas veces lo he tomado como el relincho de un guanaco y viceversa. Me parece más semejante al “tink tink” del yunque del herrero – acampanado y muscial en la distancia; más profundo, áspero e intenso en la cercanía.
Lo compara al ibis hadada africano (Hagedashia [Bostrychia] hagedash) en la regularidad de los horarios en que vuela desde los dormideros hasta los campos donde come y cuando regresa.
Crawshay registra también el nombre ona de “koritchet”, que Andrés Giai escribe “korrikeke”.

Alex Mouchard

REFERENCIAS
-Azara, F. de-(1802)- Apuntamientos para la Historia Natural de los Páxaros del Paraguay y del Río de la Plata. Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología. España. 1992.
-Crawshay, R – 1907 – The Birds of Tierra del Fuego. London.
-Cunningham, R.O. -1868- Ibis 4.
-Darwin, C. R. ed. 1838. Birds. The zoology of the voyage of H.M.S. Beagle. by John Gould. London: Smith Elder and Co.
-Gay, C. -1847- Historia física y política de Chile. Zoología I. París.
-Giai, A. - 1952- Diccionario ilustrado de las aves argentinas. Bs. Aires
-Gmelin, J. F. – 1789- Systema Naturae...editio decima tertia
-Latham, J. - 1781-1802- A general synopsis of birds, with a suppl. White, Leigh & Sothebys, London
-Sclater, PL & Hudson, WH –1888- Argentine Ornithology


2 comentarios:

  1. Lluegue buscando el origen del nombre y como era de esperar venia del instrumento musical. Gracias por la interesante informacion y la grata redaccion. Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Buenísima narrativa, gracias.

    ResponderEliminar