Alex Mouchard
Los perezosos (Orden Pilosa - Suborden Folivora)
se encuentran entre los mamíferos más extraños del mundo. Sus seis especies se
hallan solamente en la región neotropical de América, por lo cual llamaron
especialmente la atención de los europeos, y son numerosos los relatos de
viajeros y naturalistas de ese origen que los mencionan, como hemos visto en
nuestra nota EL AI-AI O PEREZOSO Bradypus tridactylus, INVENTOR DE LA
MÚSICA.
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| Perezoso de tres
dedos Bradypus tridactylus Dibujo de Johann Eberhard Ihle (Schreber, 1774) |
Fray Juan de Santa Gertrudis llegó al Virreinato de Nueva Granada (actual Colombia) en 1756. Remontó el valle del río Magdalena hasta el Putumayo a cuyas orillas fundó la misión de Agustinillo, donde como misionero franciscano se dedicó a catequizar a los indios encabellados. En el pueblito de Morales, en el actual departamento de Cauca, tuvo su encuentro con el perezoso:
Aí, perezoso bayo o de tres dedos Arctopithecus castaneiceps Gray, 1871
= Bradypus variegatus Schinz, 1825.
Dibujo de Joseph Smit
(Gray, 1871)
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| Familia de perezosos bayos Arctopithecus griseus Gray, 1871 = Bradypus variegatus Schinz, 1825. Dibujo de Joseph Smit (Gray, 1871) |
“Él tomó mi bordón, y lo hizo encaramar en él, y lo sacó del monte y lo llevamos al rancho a que todos lo vieran. Nos dijeron que come cogollitos del monte y que canta de noche. Pues ¿dónde lo pondremos y lo llevaremos? «Padres, dijeron, para salir de este rancho no le alcanza toda la noche.» Y es así verdad. Es el animal más torpe de cuantos crió Dios. Para levantar una mano y adelantar un paso, rezando muy despacio Pater Noster, Ave María y Credo, aún no lo ha dado. Lo llevamos, y donde fuimos arranchar a la noche lo pusimos a que se asiera de una rama de un árbol de cacao; él se agarró con la una mano, y así se quedó colgado, y por la mañana asimismo lo hallamos, que todavía no habla agarrado siquiera con la otra mano, hasta que lo hurgamos, y para encaramarse en la rama se pasó más de media hora. Y lo llaman perico ligero. Por ironía de su torpeza será. Él tiene su fuerza en las uñas, y lo que agarra con ellas con dificultad se lo pueden sacar. Su canto es "gue, gue, gue", formando sol, mi, ut. Allí lo dejamos, porque por la noche oímos cantar muchísimos en el monte. Y su carne se la comen los indios”.
En 1804 Charles Waterton, naturalista y
taxidermista inglés, viajó a la actual Guyana para hacerse cargo de las
propiedades de su familia. Años después conoció a su futuro suegro Charles
Edmonstone, quien vivía en Warrows Point, Mibiri Creek, donde Waterton junto al
sobrino de Edmonstone, Archibald, exploró la región
registrando los animales y árboles de la selva. También enseñó taxidermia a uno
de los esclavos de Edmonstone, llamado John, quien años después transmitiría
esa técnica al mismísimo Charles Darwin en Edimburgo.
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| Perezoso de tres
dedos Bradypus tridactylus Linnaeus,
1758. Dibujo de Thomas Landseer (Cuvier, 1827) Obsérvese que en esta imagen el perezoso, en una pose totalmente antinatural, se lo ha semejado a una tortuga, quizás el dibujante fue influído por las noticias sobre su lentitud. |
En los alrededores de la cercana
localidad de Timehri, Waterton tuvo su encuentro con el perezoso hacia 1820:
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| Perezoso de dos dedos
Bradypus didactylus Linnaeus, 1758 = Choloepus didactylus (Linnaeus, 1758). Dibujo de Jacques de Sève (Schreber, 1774). |
“Si los naturalistas que han escrito la historia del perezoso hubieran ido a la selva para examinar sus lugares predilectos y su ecología, no habrían sacado las conclusiones anteriores; habrían aprendido que, aunque todos los demás cuadrúpedos pueden describirse mientras descansan en el suelo, el perezoso es una excepción a esta regla, y que su historia debe escribirse mientras está en el árbol. Este singular animal está destinado por la naturaleza a nacer, vivir y morir en los árboles; y para hacerle justicia, los naturalistas deben examinarlo en este su elemento principal. Es un animal escaso y solitario, y como es un buen alimento, nunca se le deja escapar. Habita en bosques remotos y sombríos, donde moran las serpientes y donde las hormigas y escorpiones que pican cruelmente, y los pantanos, e innumerables arbustos y matorrales espinosos, obstruyen el avance del hombre civilizado. Si sacaras tus propias conclusiones de las descripciones que se han dado del perezoso, probablemente sospecharías que ningún naturalista ha ido realmente a la selva con la firme determinación de encontrarlo y examinar sus lugares predilectos, y ver si la naturaleza cometió algún error en la formación de esta criatura extraordinaria, que nos parece tan desolada y miserable, tan mal armada y tan totalmente incapaz de disfrutar de las bendiciones que tan generosamente se han dado al resto de la naturaleza animal, porque, como se ha dicho anteriormente, no tiene plantas en los pies, y evidentemente se siente incómodo cuando intenta moverse en el suelo, y es entonces cuando te mira a la cara con un semblante que dice: «Ten piedad de mí, porque estoy sufriendo y lamentándome»”.
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| Perezoso de tres
dedos Bradypus
gularis Rüppell, 1842 = Bradypus tridactylus Linnaeus, 1758. Dibujo en Rüppell (1845). |
“Ocurre mayormente que los indios y
los negros son las personas que atrapan al perezoso y se lo llevan al hombre
blanco: de ahí que se pueda conjeturar que los relatos erróneos que hemos
tenido hasta ahora del perezoso, no se han escrito con la menor intención de
engañar al lector, o darle una historia exagerada, sino que estos errores han
surgido naturalmente al examinar al perezoso en aquellos lugares donde la
naturaleza nunca quiso que fuera exhibido. Sin embargo, ahora estamos en su
propio dominio. El hombre frecuenta poco estos frondosos y nobles bosques, que
se extienden por todos lados. Este, entonces, es el lugar apropiado para ir en
busca del perezoso. Primero lo veremos de cerca. Al obtener un conocimiento de
su anatomía, podremos dar cuenta de sus movimientos en lo sucesivo, cuando lo
veamos en su lugar apropiado. Sus patas delanteras, o, más correctamente
hablando, sus brazos, son aparentemente demasiado largos, mientras que sus
patas traseras son muy cortas, y parece como si pudieran doblarse en espiral
como un sacacorchos. Tanto las patas delanteras como las traseras, por su forma
y por la manera en que están unidas al cuerpo, están bastante incapacitadas
para funcionar en dirección perpendicular, o para sostenerlo en la tierra, como
son sostenidos los cuerpos de otros cuadrúpedos por sus patas. Por lo tanto,
cuando se lo coloca en el suelo, su vientre se apoya en él. Y aunque,
suponiendo que se apoyara sobre sus patas como otros animales, sin embargo su
andar sería penoso, porque no tiene plantas en los pies, y sus garras son muy
afiladas, largas y curvas; de modo que, si su cuerpo estuviera sostenido por
sus pies, lo sería por sus extremos, tal como lo haría tu cuerpo, si te
pusieras en cuatro patas y trataras de apoyarte sólo en las puntas de los dedos
de los pies y de las manos - una posición difícil. Si el
piso fuera de vidrio o de una superficie pulida, el perezoso quedaría realmente
inmóvil, pero como el suelo es generalmente áspero, con pequeñas
protuberancias, como piedras, raíces de hierba, etc., ello le conviene al
perezoso, porque mueve sus patas delanteras en todas direcciones,
para encontrar algo de donde agarrarse y, cuando lo ha logrado, se empuja hacia
adelante y así puede seguir avanzando, aunque de una manera tan lenta y torpe,
que le da el nombre de Perezoso. De hecho, sus miradas y sus gestos delatan
evidentemente su incómoda situación; y como de vez en cuando se le escapa un
suspiro, tenemos derecho a deducir que en realidad está sufriendo”.
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| Hembra con cría de perezoso de tres dedos Bradypus tridactylus Linnaeus, 1758
(Wied, 1822-1831) |
“Hace
algunos años tuve un perezoso en mi habitación durante varios meses. A menudo
lo sacaba de la casa y lo colocaba en el suelo para tener la oportunidad de
observar sus movimientos. Si el terreno era accidentado, se empujaba hacia
adelante, por medio de sus patas delanteras, a un ritmo bastante bueno, e
invariablemente de inmediato dirigía su curso hacia el árbol más cercano. Pero
si lo ponía en una parte lisa y transitada del camino, parecía estar en
problemas y angustiado; su sitio favorito era el respaldo de una
silla, y después de poner todas sus patas alineadas sobre la parte
superior de la misma, se quedaba colgado allí durante horas y, a menudo, con un
grito bajo y gutural, parecía indicarme que le prestara atención”.
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| Bradypus variegatus ephippiger Philippi, 1870. Litografía de Carl Friedrich Schmidt (Philippi, 1870) |
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| Perezoso de tres
dedos Bradypus tridactylus Linnaeus,
1758 (Cuvier, 1827) |
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| Perezoso de tres
dedos Bradypus tridactylus Linnaeus,
1758. Dibujo de Frederick Polydore Nodder (Shaw, 1789-1813) |
“Por lo tanto, parecería que las diferentes
historias que tenemos sobre este cuadrúpedo son erróneas por dos razones:
primero, porque sus escritores, disuadidos por las dificultades y las molestias
locales, no le han prestado suficiente atención en sus lugares nativos; y en
segundo lugar, porque lo han descrito en una situación para la cual nunca fue
preparado por la Naturaleza para destacarse; me refiero a andar por el suelo.
El perezoso está tan perdido para seguir viaje sobre un piso liso y nivelado,
como lo estaría un hombre que tuviera que caminar una milla en zancos sobre un
camino de colchones de pluma”.
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| Perezoso de dos dedos
Bradypus didactylus Linnaeus,
1758 = Choloepus didactylus (Linnaeus, 1758). Dibujo de Charles Reuben Ryley (Shaw, 1792-1796) |
“Un día, mientras cruzábamos el Esequibo, vi un gran perezoso de dos dedos en el suelo sobre la ribera; nadie sabía cómo había llegado allí; el indio dijo que nunca antes había sorprendido a un perezoso en una situación así; difícilmente habría venido a beber, porque tanto río arriba como abajo del lugar, las ramas de los árboles tocaban el agua, y le proporcionaban un acceso fácil y seguro a ella. Sea como fuere, aunque los árboles no estaban a más de veinte metros de él, no pudo atravesar la arena con la velocidad suficiente para escapar antes de que desembarcáramos. En cuanto llegamos a él, se echó de espaldas y se defendió con gallardía con las patas delanteras. «Ven, pobre muchacho», le dije, «si te has metido hoy en un brete, no sufrirás por ello; no me aprovecharé de ti en la desgracia; el bosque es lo suficientemente grande para que tanto tú como yo pasemos por él; sube por tu camino y disfruta de estas tierras salvajes sin fin; es más que probable que nunca vuelvas a tener otra entrevista con un hombre. Que te vaya bien». Al decir esto, tomé un palo largo que estaba allí, lo sostuve para que se enganchara y luego lo llevé a una mora alta y majestuosa. Ascendió con maravillosa rapidez, y en aproximadamente un minuto estaba casi en la cima del árbol. Entonces se fue en dirección lateral y se agarró a la rama de un árbol vecino; luego continuó hacia el corazón del bosque. Me quedé mirando, detenido en el asombro por su singular modo de avanzar. Lo seguí con la mirada hasta que las ramas intermedias se cerraron sobre nosotros; y luego perdí de vista para siempre al perezoso de dos dedos. Iba a añadir que nunca vi a nadie pisarle los talones a un perezoso de tal forma, pero la expresión no sirve, porque el perezoso no tiene talones.”
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| Perezoso de dos dedos Choloepus hoffmanni Peters, 1858. Dibujo de John Gerrard Keulemans (Sclater, 1872) |
“Lo que los
naturalistas han informado sobre su aferrarse a la vida es perfectamente
cierto. Vi el corazón de uno latiendo durante media hora después de que se lo
quitaron al animalito. El veneno wourali [curare obtenido de la planta Strychnos
toxifera] parece ser lo único que lo mata rápidamente. En una parte
anterior de estos relatos de viaje, se verá que una flecha envenenada mató a un
perezoso en unos diez minutos".
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| Aí-aí, perico ligero o
preguiza. Arctopithecus flaccidus Gray, 1850 = Bradypus tridactylus Linnaeus, 1758. Dibujo de Joseph Smit (Gray, 1871) |
Cuvier,
Georges. 1827. The animal kingdom arranged in conformity with its organization.
Volume 3. London :G.B. Whittaker.
Gray,
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