HISTORIA DEL TAPIR O ANTA (Tapirus terrestris): LA GRAN BESTIA LATINOAMERICANA

Harmer, S. F. & Shipley, A. E.  1895-1909. The Cambridge natural history. London,Macmillan & co. Ltd
  

“Amaneció en el río y lo crucé desnudo
y chorreando la aurora en todo el monte hendí.
Y era el sabor sombrío que da el cacao crudo
cuando al mascar lo muelen los dientes del tapir”.
El viaje. Carlos Pellicer Cámara

EL TAPIR Y LOS EUROPEOS

   Hace unos años transitaba con unos compañeros de aventuras por una senda de la selva, en el Parque Provincial Uruguaí (Misiones, Argentina). Nos dirigíamos hacia un “barrero”, una depresión donde se acumula barro salado, muy apetecido por los mamíferos silvestres. De pronto aparecieron unos puntos luminosos a la luz de las linternas y enseguida pudimos observar un gran animal que se dirigía hacia nosotros por la misma senda.  Rápidamente nos tuvimos que apartar para no ser atropellados por un tapir, el mayor mamífero terrestre sudamericano.  Este animal, obviamente,  ha llamado poderosamente la atención de las distintas culturas humanas que lo conocieron en su época de esplendor. Hoy, su presencia es cada vez más esquiva, y es un habitante vulnerable de los trópicos y subtrópicos americanos que bien merece que se relate su historia.

Tapir en un barrero de Uruguaí (Misiones)
Foto Alex Mouchard

     
      Uno de los primeros cronistas de Indias, Pedro Mártir de Anghiera en sus Décadas de Orbe Novo (1494-1530) aportó las primeras noticias sobre este animal que desconcertaba a los europeos: “Esta bestia, igual en tamaño a un buey, lleva trompa de elefante, pero no es un elefante; tiene el color de una vaca, pero no es para nada una vaca, uñas de caballo y no es un caballo, también tiene orejas de elefante, menos pendientes y más chicas, sin embargo mayores que las de otros animales”.  Del mismo modo lo calificaba el jesuita Pedro Lozano en el Chaco: “Es animal bien extraño, que siendo de una especie es semejante a muchas, o un monstruo natural compuesto de varias especies”.
     
      El cronista español, Gonzalo Fernandez de Oviedo (1555), relataba: “los pies de este animal son muy buen manjar y muy sabrosos, salvo que es menester que cuezan veinte y cuatro horas; pero pasadas éstas, es manjar para le dar a cualquiera que huelgue de comer una cosa de muy buen sabor y digestión; matan estos beoris con perros, y después que están asidos ha de socorrer el montero con mucha diligencia a alancear este animal antes que se entre en el agua, si por allí cerca la hay, porque después que se entra en el agua, se aprovecha de los perros y los mata a grandes bocados, y acaece llevar una pata con media espalda, que cercena de un bocado a un lebrel, y a otro quitarle un palmo o dos del pellejo, así como si lo desollasen; y yo he visto lo uno y lo otro, lo cual no hacen tan a su salvo fuera del agua. Hasta ahora los cueros de estos animales no los saben adobar, ni se aprovechan de ellos los cristianos, porque no los saben tratar; pero son tan gruesos o más que los del búfalo (…)  Estos animales se lamen muy a menudo las manos, como el oso, por alguna especial gusto que en ello hallan”.
     
     
      El médico y naturalista Francisco Hernández (1571) describió a la “Fiera de cara redonda” aclarando que era un animal raro y que vivía hacia la zona de Honduras. Pero parece haber combinado en uno al tapir y a un mono aullador: “La cabeza grande como la de un toro, cara alargada, orejas anchas, dientes terribles,  cara casi humana, de donde le viene el nombre”. En efecto el nombre nahuatl Tlacaxolotl, significa “hombre animal”.  “Le gusta el cacaoatl, el tlaolli quapachtli [maíz leonado] y de oriente y devasta los diversos campos y cultivos, y cuando no los encuentra come las hojas y frutos de los árboles. Su carne es comestible y tiene un sabor como el de los cuadrúpedos o el de las aves, no tiene miedo de los hombres y no sucumbe a las flechas, tan completamente es impenetrable su cuero. Por esta razón se lo captura en una fosa excavada bajo tierra, disimulada por encima cubriéndola con ramas y hojas, similar a la que hacen en la India, para los elefantes”. Bernardino de Sahagún (1540-1585) copia mayormente a Hernández pero agrega una curiosa información: “Cuando estercola, echa los cacaos enteros, casi una carga de ellos cada vez; andan los abitadores de aquella tierra a buscar su estiércol para coger el cacao que echa”.
     
      Poco después, a medidados del siglo XVI, el monje franciscano André de Thevet  llegó a Brasil como capellán de la flota de Nicolas Durand de Villegaignon, en un intento frustrado de conquistar la colonia portuguesa para la corona francesa.  Thevet se interesó por la naturaleza de la región y obtuvo información sobre este animal, incluyendo su nombre. “Se encuentran además allí, gran cantidad de bestias, llamadas Tapihires, buscados y recomendados a causa de su deformidad. También los salvajes [de la etnia paez o caribe] los persiguen, tanto para conseguir su carne que es muy sabrosa y sana, como por su piel, de la cual hacen escudos bien grandes, que usan y llevan a la guerra, debido a que son muy duros y fuertes, ya que con gran dificultad un tiro de ballesta los puede atravesar (…) Esta bestia es del tamaño de un asno , teniendo el cuello más grueso, y la cabeza como la de un toro, los dientes cortantes y agudos, pero no por ello se hace más peligroso al ser cazado, toda su defensa no consiste más que en la huída y a buscar la retirada, en la que corre mucho más rápido que el ciervo (…) tambien los pies hendidos, y córneos, y el pelo rojizo como el de una vaca. Lo que ha hecho que muchos de nosotros, estando allí, llamáramos al Tapihire, vaca salvaje”.
     
      El bucanero inglés William Dampier no pudo ver tapires en sus viajes pero obtuvo información de sus compañeros filibusteros en Honduras y el Darién. La denominaban vaca montesa y así se refería a ella, mezclando algún detalle propio del manatí: “Se encuentra siempre esta vaca en los bosques junto a algún gran río; se alimenta de una especie de hierba o musgo largo y suave, que crece en abundancia sobre la orilla de los ríos; pero ella no pasta jamás en las sabanas, ni en las pasturas donde hay buena hierba, como las otras vacas. Cuando está bien llena se acuesta a dormir junto a la orilla del rio, y al menor ruido se lanza al agua, donde se sumerge hasta el fondo, cualquiera sea la profundidad de agua que haya, y allí camina como si estuviera en tierra seca”.

     
La Vache Montagnarde
Dampier, 1723


      Desde su poderoso cargo de director de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, Joannes De Laet recopiló muchos datos sobre la naturaleza de Hispanoamérica. Así señalaba que en Verapaz (Guatemala) se encuentra el mayor de los cuadrúpedos “al que los bárbaros llaman Beori, y los españoles Dantam; animal no muy distinto a un novillo, aunque con patas más cortas (…) probóscide que sobresale péndula un palmo más alla del hueso [de la nariz], la cual, al enojarse, la levanta y abriendo la boca muestra los dientes (…) vive de pastos y hierbas silvestres; los indígenas bárbaros se alimentan de su carne, y recuerdan que el propio animal sabiamente se secciona las venas, porque cuando perciben que hay un mínimo de sangre  acumulada,  como cuando se golpean contra las rocas, se abren las venas de las patas y la sangre fluye”. 
     
     
      Posteriormente, en 1865, las poblaciones de tapires centroamericanas fueron separadas como una especie distinta: Tapirus bairdii, respecto del sudamericano (Tapirus terrestris).
     
      De Laet fue además el editor de la obra de George Marcgrave quien desde Pernambuco aportaba estos datos de un animal que los nativos de Brasil llamaban Tapiierete y los portugueses Anta: “Durante el día duerme mientras yace oculto en los bosques sombríos, durante la noche o temprano en la mañana sale para comer. Puede nadar muy bien. Se alimenta de pastos, caña de azúcar, coles, etc. Su carne se come, pero el sabor es ingrato”.
     
   
Tapiiereté
Marcgrave, 1648


     
      Hacia 1578 Jean de Léry realizó una expedición naval Brasil y describió en primer lugar los animales “buenos para comer”, comenzando por “uno que llaman Tapiroussu, la que tiene el pelo rojizo y bastante largo, y es casi del tamaño de una vaca, aunque no lleva cuernos (…) se podría decir que es mitad vaca y mitad asno”.  Refiere que los salvajes lo matan como a muchos otros, a flechazos, o lo capturan con trampas que le agarran las patas y otros aparatos que construyen con habilidad. Por lo demás estiman mucho a este animal a causa de su piel, ya que cuando lo desuellan, cortando en redondo el cuero del dorso, después que está bien seco, hacen escudos tan grandes como el fondo de un tonel mediano, los que le sirven para detener las flechas de sus enemigos cuando van a la guerra. Y de hecho esta piel así secada y utilizada, es tan dura que no creo que haya flecha por más derechamente que fuera lanzada que pueda atravesarla”.
     
      Léry llevaba dos de estos escudos a Francia como muestra, pero a causa de una hambruna que padecieron en alta mar, y una vez que se comieran los monos, loros y todo otro animal que llevaban, no le hicieron asco a los escudos asados al carbón. Con respecto a la carne de tapir, la considera tan buena como la de vaca y explica que los indios la cocinaban a la bucanera es decir sobre un fogón de palos llamado boucan. El príncipe de Wied observó en Brasil que los indígenas “comen la piel del Anta y todo el animal, dejando solo los huesos más grandes”.
     
      El jesuita Fernando Cardim (1625) indica que los Tapyretê “son las antas, de cuya piel se hacen las adargas; se parecen a las vacas y mucho más a las mulas, el rabo mide un dedo, no tienen cuernos, tienen una trompa de un palmo de largo que encoge y extiende. Nadan y sumergen mucho, mas al sumergir tocan fondo, y andando por él salen por otro lado. Hay gran cantidad de ellas en esta tierra”.



Tapir
Gervais, Paul. 1854-55. Histoire naturelle des mammifères. Paris, L. Curmer.

     
      Bernabé Cobo (1653) lo menciona para Venezuela con el nombre de Ancha: “Es de hechura de venado; susténtase en tierra y habita en el agua (…) Es de comer y tiene gusto de pescado; es muy duro de cocer; no se aparta mucho de las riberas de los ríos”.
     
      El jesuita Joseph Gumilla, explorador del Orinoco, a principios del siglo XVIII, relata cómo los achaguas cazaban a los antes: “Salen los antes del rio a comer paja tierna; los achaguas están sentados entre la misma paja, y saben remedar bien el eco del ante; al tal eco responde la anta (es lo que llamamos la gran bestia) [¿la hembra?] y ambos juntos vienen al reclamo del achagua; este dispara a cada uno su flecha de veneno llamado curare, y ambos caen muertos luego al punto”.  Atribuye a las pezuñas propiedades medicinales: “las uñas afamadas y tan apreciables, que vulgarmente se llaman las uñas de la gran bestia, por haberse experimentado admirables contra la gota coral [epilepsia], tomando de sus polvos, y colgando una de aquellas uñas al cuello de doliente”. Parece ser que estas uñas junto con las piedras bezoares se guardaban en el “ojo del boticario”, es decir con las cosas más preciadas de la botica, y se enviaban como regalo a los reyes, cardenales y nobles. Refiere también Gumilla cómo se libra el tapir del yaguareté, su principal predador en aquellos tiempos: “El tigre se esconde junto al pasto que ve trillado de los antes, salta encima del primero que pasa y le aferra con sus cuatro garras; si el paraje es limpio, perece el ante, pero si hay maleza cerca y arboleda, recae el daño sobre el tigre; porque corre furiosamente el ante, mete la cabeza por lo más escabroso de la selva con tal ímpetu y fuerza, que si el tigre no se ha desprendido antes, perece despedazado entre los palos y los abrojos”.
     
      Según este autor el bocado preferido del ante es la hierba llamada gamalote [¿camalote?], su “regalo especial”, y con respecto a su nombre dice: “En fin, ella se llama comúnmente la gran bestia. No sé por qué; tal vez será porque es un animal irregular, que viene a resultar de varias partes de otros animales, sin que el todo se parezca a alguno de ellos”. Como ya había observado Oviedo, el ante parecía defenderse bien cuando lo cazaban con perros: “Pues, ¿qué diré de sus dientes, y de la facilidad y destreza con que despelleja de alto abajo a los perros, cuando se ve rodeado y perseguido por ellos? El ante no deja su puesto por más que lo acometan, y es tal su habilidad, tenacidad de dientes y fuerza con que arroja al perro que acertó a morder, que quedándose con la mayor parte del cuero del perro, lo arroja bien lejos despellejado, y dando terribles aullidos, con lo cual huyen los otros perros, espantados de la desdicha de su compañero”.


     
Dibujo de Jan Velten. Amsterdam, ca.1700


      Aparentemente el primer tapir que se vio en Europa llegó a Amsterdam en 1704, donde se lo anunciaba como una atracción con el nombre de “Caballo marino” o “Equus aquaticus” y estaba expuesto en la posada De Witte Oliphant (El Elefante Blanco) en el Botermarkt (Mercado de la Manteca), que hoy es la plaza Rembrandt de esa ciudad. Se decía en los folletos que era bastante manso como para que el público lo tocara. El ilustrador Jan Velten fue a verlo y realizó varios dibujos interesantes.
     
Dibujo de Jan Velten. Amsterdam, ca.1700

Folleto promocionando la exhibición de un tapir

https://historiek.net/een-waterpaard-op-het-rembrandtplein-in-amsterdam-anno-1700/69256/
   
     
      Hacia mediados del siglo XVIII el conocimiento sobre esta especie se iba completando. El zoólogo Thomas Pennant afirmababa que “es un animal engañoso, con marcha vacilante y perezoso: hace una especie de ruido siseante. Estos animales son de naturaleza muy apacible, y capaces de ser muy amansados. En Guyana a veces son mantenidos y alimentados con otros animales domésticos en granjas (…) Reconocen a su dueño, que le trae la comida: toman todo lo que se les ofrece, y hurgan con su trompa por comida en los bolsillos de la gente. Su postura habitual es sentado sobre su grupa, como un perro”.
     
Le Tapir ou Mapouri
Buffon, 1782


      Dice Buffon, autor de una amplia recopilación sobre el tapir,  “el grito del macho es más agudo, más fuerte y más penetrante que el de la hembra”: es un “animal triste y tenebroso”, apegado a transitar por sus sendas habituales que no abandona por más obstáculo que se le ponga adelante. Así  un viajero le comentó que tuvo la mala suerte de colgar su hamaca atravesando la senda de un tapir: “Cerca de las nueve o diez de la noche, escuchó un gran ruido en el bosque, era un tapir que venía desde un lado, sólo tuvo tiempo de arrojarse de su hamaca y apretarse contra un árbol. El animal no se detuvo, hizo saltar la hamaca sobre las ramas y empujó al hombre contra el árbol; luego, sin apartarse de su senda, pasó por entre medio de unos pocos negros que dormían en el suelo junto a un gran fuego, sin hacerles ningún daño”.
     
Le Tapir
Buffon, 1835


      “Las hembras entran comúnmente en celo en el mes de noviembre o diciembre, cada macho sigue a una hembra, y es el único momento en que vemos dos de estos animales juntos. Cuando dos machos se encuentran detrás de la misma hembra, luchan y se hieren cruelmente. Cuando la hembra está preñada, el macho la abandona y la deja ir sola; la gestacion dura 10 a 11 meses, porque se ven crías en el mes de septiembre. Para parir, la hembra elige siempre un lugar elevado y con suelo  seco”.
     
      
Le Tapir
Buffon, 1769
     

      “Este animal está bien lejos de ser anfibio, como han dicho alghunos naturalistas, vive continuamente en tierra, y constantemente gusta refugiarse en las colinas, y en los lugares más secos. Es cierto que frecuenta los luigares pantanosos, pero es para buscar alimento, y porque ahí encuentra más hojas y hierbas que en los terrenos elevados. Como se ensucia mucho en los lugares pantanosos y ama la limpieza, todas las mañanas y todas las tardes acude a nadar en algún rio o a lavarse en alguna laguna (…) Cuando es perseguido por los perros, corre también hacia algun rio que atraviesa prontamente  para intentar sustraerse a su persecución”.  Pero a pesar de que nada y bucea “no tiene la facultad de permanecer bajo el agua más tiempo que cualquier otro animal terrestre, y así se lo ve a cada momento sacar la trompa afuera para respirar”.
     
      Aclara Buffon que “no come pescado” sino “los retoños y brotes tiernos, y sobre todo los frutos caídos de los árboles (…) Este animal muy solitario es sumamente tranquilo y hasta tímido: no hay casos de que haya buscado defenderse de los hombres; pero no es igual con los perros, de los que se defiende muy bien, sobre todo cuando está herido, y a menudo los mata, ya sea a mordiscos, o bien pisoteándolos”.

The long-nosed Tapir
William Bingley. Animal Biography. Rivington, 1824

     
      El Dr. Bajon, médico del rey en Cayena, en 1774, crió uno desde cachorro, el cual le tomó muho afecto. “Lo distinguía perfectamente entre varias personas; lo seguía como un perro sigue a su dueño, y parecía que le agradaban mucho las caricias que le hacían  y le lamía las manos; además se iba solo a pasear por la selva, a veces bastante lejos, pero no dejaba de volver todas las tardes a la misma hora. Se vio a otro igualmente domesticado pasearse por las calles de Cayena, ir al campo en total libertad y retornar cada noche; sin embargo cuando lo quisieron embarcar para llevarlo a Europa, una vez abordo no se lo pudo retener; rompió las fuertes sogas con las que lo habían atado, se lanzó al agua, ganó la orilla a nado y se metió en un manglar, a distancia bastante grande de la ciudad; se lo creyó perdido, pero esa misma noche volvió a la hora acostumbrada” (Buffon).  Pero este pobre tapir terminó mal porque nuevamente embarcado volvió a soltarse en el barco y se lanzó al mar en medio del viaje a Francia. Los dibujos de la obra de Buffon que incluimos aquí parecerían ser hechos a partir de un ejemplar “que nos enviaron de América, un tapir o maïpouri vivo, [que] soportó bien el mar y habiendo llegado a veinte leguas de Paris, de golpe se enfermó y murió”. Buffon lo envió a disecar: “El Sr. Sève, nuestro dibujante, que ve muy bien, también estuvo allí”.
     
      La clasificación correcta del tapir no resultaba fácil. Algunos autores como Pierre Barrère lo consideraban emparentado con el cerdo (Sus aquaticus multisulcus)  y de Léry, como vimos, creía que era una mezcla de vaca y asno. En 1758 Carl Linné le otorgó finalmente a este “animal dudoso” un nombre científico, Hippopotamus terrestris, creyéndolo emparentado con el gran mamífero africano, pero reconociendo con el nombre específico que pasa más tiempo en tierra que en agua. Sin embargo, como aclaraba Buffon y ya lo sospechaba Dampier, eran bien diferentes porque si bien  “algunos de sus hábitos, que tiene en común con el hipopótamo, han hecho creer a algunos naturalistas que eran del mismo género, difiere tanto por su naturaleza, como está alejado por el clima”.  Finalmente Mathurin Brisson en 1762, lo ubicó en un género propio, Tapirus.

Tapires
Cabrera A & Yepes J -1960 - Mamíferos Sud-Americanos. Buenos Aires: EDIAR.

     
      Félix de Azara conoció al mboreví (como lo denominaban los guaraníes) en Paraguay, aunque no era abundante allí: “Va solo y tal qual vez con la amada; duerme de día en las mayores espesuras, y sale de noche a comer pasto, sandías y calabazas. Cogido joven, se domestica desde el primer día; anda toda la casa casi sin salir, aún después de adulto; cualquiera le rasca y manosea, sin que por esto prefiera ni obedezca a nadie (…) No muerde, y si le incomodan da un silbido delgado no correspondiente al cuerpo (…) Come carne cruda y cocida, todo pasto, y lo que encuentra, sin excluir los trapos de lana, lienzo o seda; de forma que parece más glotón que el Puerco (…) Aseguran que algunos individuos tienen piedra bezoar con la misma virtud de las orientales; y a sus uñas, tomadas en polvo, atribuyen la virtud de curar la alferecía  [epilepsia]”.
     
      La crin del tapir entusiasmó al famoso etnólogo y explorador alemán Karl von den Steinen: “La melena corta y rígida es de muy buen aspecto, pareciéndose a la de los caballos de los dioses griegos”. Más prosaico, Isidore Geoffroy Saint-Hilaire promovía su domesticación como animal de granja: “El tapir sería útil de dos formas al hombre: su carne especialmente cuando se la mejore con la dieta apropiada, proveerá un alimento completo y a la vez agradable; y como es mucho mayor que el cerdo, el tapir será de gran utilidad como bestia de carga a los habitantes del sur de Europa, y tras un tiempo, a los de los países más fríos”. Pero ello no ocurrió y el tapir sufrió una presión de caza que lo llevó a la situación vulnerable actual.
     
      El viajero alemán Johann Rengger realizó en Paraguay algunas observaciones interesantes sobre este animal: “Es de los mamíferos que he descrito hasta ahora, el primero que, además de su alimento habitual, como ha observado Azara, disfruta de varios tipos de sal, sin duda como digestivo. Se encuentra en todas las zonas bajas de Paraguay, donde la tierra contiene carbonatos, sulfato y nitratos. En tiempo seco, estas sales a veces florecen en capas muy finas en la superficie del suelo; pero cuando caen la lluvia o el rocío, desaparecen de nuevo. El tapir busca de vez en cuando estos lugares, que se llaman en Paraguay barreros, y lame la tierra impregnada de sal (…) Hacia el invierno, los dos sexos se buscan, y luego viven en parejas durante varias semanas. En este momento, uno oye el único sonido que emiten, y que es similar a un silbido prolongado, a menudo repetido (…) Además de los humanos, el jaguar puede ser el único enemigo que un tapir adulto tiene que temer. Los individuos jóvenes, por otro lado, y los lactantes, a menudo son presa del puma y de las grandes serpientes de agua”.

Anta
Brehms Tierleben. Leipzig; Bibliographisches Institut,1890-1893.

     
      Ya a mediados del siglo XX, el naturalista Andrés Giai, aporta algunos datos sobre el tapir en Misiones (Argentina). “Donde no se la persigue el anta es el animal más confiado de los que frecuentan los arroyos. En repetidas oportunidades hemos pasado en canoa a dos o tres metros de su situación., sin que reaccionaran de otra manera más que mirándonos con curiosidad o simplemente ignorándonos (…) En cambio, las que ya conocen los efectos del plomo, son muy avisadas; al aproximárseles, si están en la barranca huyen velozmente y con gran estrépito bosque adentro”. Al decir de Lugones, “como una bala de cañón”. Menciona también Giai que tienen “la extraña costumbre de engullir piedras brillantes, por lo general cuarzo, que encuentran entre los cantos rodados de las playas y correderas; probablemente estos guijarros, como los que ingieren ciertas aves, tienen la misión de contribuir al proceso digestivo”. A pesar de la agilidad que muestra, en el Chaco se lo consideraba lerdo y pesado, y se creía “nunca se echaba porque después no podía levantarse y que por eso dormía de pie apoyando su cuerpo contra un tronco”.

Alex Mouchard

En nuestra próxima entrega veremos algunos aspectos culturales y la relación del tapir con los pueblos originarios.

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REFERENCIAS

Azara, Félix de. 1802. Apuntamientos para la Historia Natural de los Quadrúpedos del Paragüay. 2 tomos. Madrid: en la imprenta de la Viuda de Ibarra.

Barrère, Pierre, 1749. Essai sur l'histoire naturelle de la France Equinoxiale. A Paris, chez la veuve Piget.

Brisson, Mathurin-Jacques, 1762.   Regnum animale in classes IX. distributum, sive, Synopsis methodica. Lugduni Batavorum, apud Theodorum Haak.

Cardim, Fernando. 1925 (1625).  Tratado da Terra e Gente do Brasil. Rio de Janeiro: J. Leite & Cia.
 
Cobo, Bernabé. 1891 (1653).  Historia del Nuevo Mundo.  Tomo II. Sevilla: Imp. De E. Rasco.

Dampier, William & al. 1723. Nouveau voyage autour du monde. A Rouen, chez Jean-Baptiste Machuel, ruë Etoupée.

de Laet, Johannes : &  Dusent, Cornelis Claessen. 1633. Nouus orbis seu Descriptionis Indiae occidentalis libri 18. Authore Ioanne de Laet Antuerp. novis tabulis geographicis et variis animantium, plantarum fructuumque iconibus illustrati. 608 p, Antuerp: apud Elzevirios.

Fernández de Oviedo y Valdés, Gonzalo. 1851 (1555). Historia General y Natural de las Indias. Madrid: Imprenta de la Real Academia de la Historia.

Giai, Andrés G. 1976. Vida de un naturalista en Misiones. Buenos Aires: Editorial Albatros.

Gumilla, Joseph. 1745. El Orinoco ilustrado, y defendido: historia natural, civil, y geographica de este gran rio, y de sus caudalosas vertientes, Volumes 1-2. M. Aguilar.

Hernández, Francisco. 1651. Rerum Medicarum Novae Hispaniae Thesaurus. V. Mascardi. Roma.

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Leclerc, Comte de Buffon. 1769. Histoire Naturelle, Générale et Particulière avec la Description du Cabinet du Roi. Tome Onzième. A Paris, de l’Imprimerie Royale

Leclerc, Comte de Buffon. 1782. Histoire Naturelle Générale et Particulière, Supplément à l'Hiftoire des Animaux quadrupèdes, Tome Sixième. A Paris, de l’Imprimerie Royale

Léry, Jean de. 1578. Histoire d'un Voyage fait en la terre du Bresil, autrement dite Amerique. A La Rochelle, pour Antoine Chuppin.

Lozano, Pedro. 1733. Descripcion chorographica del terreno, rios arboles y animales ... del gran Chaco, Gualamba y de los ritos y costumbres de las ... naciones barbaras è infieles que le habitan. En Córdoba: en el colegio de la Asumpcion, por Joseph Santos Baibàs.


Marcgrave, George.1648. Historia Naturalis Brasiliae. Lugdun. Batavorum, apud Franciscus Hackium et Amstelodami apud Lud. Elzevirium. 

Pennant, Thomas, 1781. History of quadrupeds. 2ª ed. London: printed for B. White.

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Roulin, M. -1835- Mémoire pour servir a l'Histoire du Tapir, et Description d'une Espèce nouvelle appartenant aux hautes Régions de la Cordillère des Andes. Mémoires présentés par divers savans a l'Académie Royale des Sciences, de l 'Institut de France. Paris, Bachelier.

Sahagún, Bernardino de.1829 (1540-1585). Historia general de las cosas de Nueva España. México: Imprenta del ciudadano Alejandro Valdés, calle de Santo Domingo y esquina de Tacuba

Steinen, Karl von den. 1886. Durch Central-Brasilien: Expedition zur Erforschung des Schingú im J. 1884. Brockhaus, Leipzig

Thévet, André. 1575. La cosmographie universelle d'André Thevet, cosmographe du roy: illustrée de diverses figures des choses plus remarquables veues par l'auteur, & incogneuës de noz anciens & modernes. A Paris: chez Guillaume Chandiere.

Vargas Machuca, Bernardo de. 1599. Milicia y descripción de las Indias. En Madrid: en casa de Pedro Madrigal.

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