"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas".

Michel Foucault-Las palabras y las cosas

martes, 23 de abril de 2019

EL ASOMBROSO PATO ZAMBULLIDOR CHICO (Oxyura vittata) Y EL SABIO RODULFO PHILIPPI


"¿Qué es lo que hace Philippi? Caza moscas, las observa a través de una gruesa lente, y las dibuja en un papel. Así de extraño resulta el modo en que algunos se ganan el pan de cada día". 
Rodulfo Philippi - Carta a Guillermo Frick 7/12/1858


Erismatura ferruginea
Dibujo de David Mitchell en Gray GR -1849- The genera of birds. London :Longman, Brown, Green, and Longmans.


En una remota revista en alemán el Dr. Rudolph Amandus Philippi, en ese entonces director del Museo Nacional de Historia Natural de Chile, escribió en 1860 lo siguiente “No puedo encontrar ninguno de los dos patos que se prepararon este invierno en los libros aquí disponibles”. En uno de esos patos “La forma y las proporciones del cuerpo son bastante similares a E.[rismatura] ferruginea Eyton en Gay Vol. I. p. 458, pato que en esta área se llama Pato Tripoca”. En efecto el Pato Zambullidor Chico es una copia en menor tamaño del Pato Zambullidor Grande (Oxyura ferruginea), del que se distingue además por su pico no tan ancho. Esto es así en los machos con plumaje reproductivo, pero el ejemplar descripto por Philippi era un macho juvenil, que es similar a la hembra de la especie.  Por ello Philippi pudo distinguirlo bien de su congénere y le puso el nombre específico vittata (en latín, 'vendada', de vitta: venda, cinta) porque “Una franja de delicado gris blanquecino se extiende horizontalmente desde la mitad de la altura del pico superior, justo debajo del ojo, hacia la nuca, pero no se une con la del lado opuesto”.

Hasta este hallazgo de Philippi, como señalan Steullet y Deautier, “es muy posible que algunas de las citaciones incluidas en la sinonimia de E. ferruginea puedan pertenecer a E. vittata y viceversa”. Porque se confundían ambas especies, especialmente en el campo. Incluso Philippi y su colega Christian L. Landbeck enviaron ejemplares al ornitólogo de la Zoological Society, Philip L. Sclater, quien opinó “parece ser solo el juvenil de esta especie [Erismatura ferruginea]”, opinión que Philippi aceptó como cierta, viniendo de tal eminencia.

Uno de esos antecedentes parece ser el de Thomas Bridges, un naturalista inglés que colectó en Chile, quien en 1843, en las lagunas de Quintero (Valparaíso), observaba: “Es un ave muy difícil de obtener, siendo muy asustadiza y zambulléndose cuando uno se aproxima al alcance de un disparo.” La escritora y naturalista inglesa María Graham destacaba la belleza de este lugar “de parajes con exuberante vegetación y lagunas en las que habitan diversas especies acuáticas."  Claude Gay lo encontró en los lagos del centro de Chile “la llaman Pimpillo, nombre que dan a otras varias especies”.

El nombre genérico Erismatura, significa en griego “cola de bastón” (erismatos: bastón, y oura: cola) refiriéndose a la rigidez de la cola cuando el ave la lleva erguida, lo que le ha valido a este grupo el nombre inglés de stiff-tailed ducks, o sea “patos de cola rígida”. Más tarde fue incluido en el género Oxyura nombre que Charles Bonaparte creó para el  Pato Tepalcate (Oxyura jamaicensis) de Norteamérica, y que significa “cola aguda” (oxys: aguda, y oura: cola).

Philippi no aclaró en qué localidad fue obtenido su ejemplar (supuestamente dentro de Chile), tampoco hace referencia al comportamiento del ave ni a la característica tan notable a la que hacemos referencia en un recuadro aparte.

En la zona de Ajó (provincia de Buenos Aires), Claude Grant señalaba que no era muy común observarlo y que “frecuenta el agua abierta rodeada de juncos. Al asustarse se zambulle a la manera de un macá, y nunca lo he observado volar. Cuando nada, la cola es mantenida erguida y el cuerpo muy bajo en el agua, que casi cubre sus hombros”.  Ernest Gibson (1920), en la misma zona, opinaba que “no es tanto raro como elusivo (…) Frecuentemente  me he encontrado con una pareja de estos patos, ya sea cuando ruidosamente me abría camino a caballo a través de los juncos, o bien desplazándome tranquilamente en canoa por un canal abierto y entrando en una laguna abierta en medio de los más recónditos y solitarios bañados. Atentos, sombríos, silenciosos y  asustadizos, observan unos segundos, luego parecen asentarse en el agua de una forma casi imperceptible, y finalmente se desvanecen bajo la superficie y se refugian entre los juncos. Su zambullida ante el fogonazo de un arma es generalmente exitosa; y, en una palabra, su comportamiento es extremadamente evasivo”.

“Esta ave es muy propensa a zambullirse, y desaparece bajo el agua inmediatamente que ve al cazador,  recién reapareciendo en la superficie a cierta distancia. Debido a lo corto de sus alas, su poder de vuelo es muy limitado, de modo que adopta la salida de zambullirse para escapar a sus enemigos” (Burmeister, 1872).

Auguste Menegaux agregbaa estas observaciones hechas por Emilio Wagner en el Chaco: “Este palmípedo se denomina en el país Hierro Pala porque su pico recuerda, al decir de los paisanos, un hierro de pala (…) Estos patos se encuentran en pequeños grupos de 12 a 20 individuos, en los campos de maíz que los paisanos inundan tras la cosecha, o en lagunas con algo de vegetación. Se reconocen desde lejos porque llevan la cola bien parada, erguida y fuera del agua. Nadan aplastándose lo más posible contra la superficie del agua, cosa que por su forma generalmente plana se les hace más fácil. Se sumergen al menor peligro con maravillosa rapidez y no vuelan a menos que se vean acosados muy de cerca. Su vuelo es bien veloz, cosa que a primera vista no haría creer la pequeñez de sus alas. Aman las lagunas solitarias y profundas donde nada viene a perturbarlos y donde pueden zambullir con facilidad al menor peligro. Su carne es tierna, aunque particularmente grasosa”.

Alexander Wetmore los observó en General Roca (Río Negro) haciendo este despliegue: “uno salía nadando para mover la cabeza con vigor hacia arriba y abajo dos o tres veces”.

Roberto Dabbene comentaba que “no se junta con las otras especies de patos. Se deja acercar fácilmente, pero al verse descubierto se zambulle rápidamente. Se alimenta especialmente de pequeños crustáceos, moluscos e insectos”.

En Chubut, Henry Durnford, lo vio en lagunas adyacentes a los ríos Sengelen y Sengel y observó un extraño comportamiento: “Cuando se enoja por la presencia de un intruso en su territorio, infla el plumaje del pecho al máximo; y bajando dentro de él su pico con considerable fuerza, produce un curioso ruido a tambor, que he oído a una distancia de 45 metros. Al mismo tiempo se levanta y extiende la cola, y, nadando en círculos para mostrarse terrorífico, aparece como una ridícula figura desafiante”.  Quizás por eso le llaman también Pato Toro. Y en Mendoza le dicen Pato Bola, quizás por su aspecto rechoncho.


EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

A pesar de que en las aves no existe un órgano homólogo al pene de los mamíferos, en algunos grupos como los patos existe una estructura copulatoria derivada de la pared de la cloaca que posee surcos que ayudan a conducir el esperma a la cloaca de la hembra. Especialmente, los patos zambullidores y buceadores, poseen un pene bien desarrollado quizás debido a su conducta de copular en el agua. Pero el pato zambullidor chico posee un pene de 22 cm de longitud,  ¡la mitad del largo de su cuerpo! El mismo está revestido de espinas rígidas en su base y con aspecto de pincel hacia el extremo.  Los investigadores creen que dicha estructura ha evolucionado debido a que hay una gran competencia entre los machos por acceder a las hembras. Esta hipótesis se ve abonada por el gran tamaño relativo de los testículos, los elaborados despliegues grupales de los machos y su sistema de apareamiento promiscuo. Se especula que la base espinosa del órgano se fijaría a la cloaca de la hembra mientras el extremo pincelado haría una limpieza de su interior, arrastrando el semen de los machos competidores, para luego depositar el propio.

Es curioso que un rasgo tan notable no haya sido notado por Philippi ni por los ornitólogos posteriores, siendo descubierto recién 140 años después de la descripción original.


 
Philippi, hacia 1840
              (Kabat, 2017)

PHILIPPI

¿Pero quién era este sabio alemán, descubridor del esquivo y asombroso pato?

Rudolf Amandus (Rodulfo Amando) Philippi Krumwiede nació en 1808 en Charlottenburg, actualmente un barrio de Berlín. Cuando tenía 9 años de edad fue enviado con su hermano Bernard a vivir a la casa de un tío en Brandenburgo para evitarles el escándalo provocado por su padre, quien tuvo un hijo con una sirvienta. Este suceso implicó su posterior internación en el instituto de Johann Pestalozzi en Yverdon-les-Bains (Suiza). Allí se estimulaba la experiencia directa de los alumnos más que la memorización, por ello Rodulfo comenzó a interesarse por la naturaleza, realizando varias excursiones a las montañas del Jura, y se entrenó en la confección de herbarios y dibujos de plantas y animales a la acuarela.   Siguió sus estudios en el Königliche Gymnasium zum Grauen Kloster, de Brandenburgo, e ingresó más tarde a la Fiedrich-Wilhelms-Universität de Berlín, doctorándose en medicina con un trabajo sobre los ortópteros de la región. Allí tuvo como profesor de geografía física nada menos que a Alexander von Humboldt. Paralelamente perfeccionó su capacidad para el dibujo en la Academia Real.

Debido a la enfermedad respiratoria que lo aquejaba, viajó a Italia, aprovechando para hacer estudios geológicos y zoológicos (moluscos y braquiópodos), especialmente durante un viaje a Sicilia acompañando a Friedrich Hoffman y a Escher von der Lind. Regresó a Alemania, donde trabajó como profesor de geografía e historia natural en la Höhere Gewerb-Schule, de Cassel. En 1836 se casó en 1836 con su prima Fredericka Luisa Karolina Krummwiede, y con ella emprendió un segundo viaje a Italia. Según confesó: “Mi salario era muy modesto, pero habiéndome casado con una prima que tenía una pequeña fortuna, podía vivir y consagrar mi tiempo libre al estudio de los moluscos”.  Philippi obtuvo una medalla real de oro por su trabajo sobre los moluscos de Sicilia. También cofundó y dirigió la Sociedad de Historia Natural en Cassel, la que hoy lleva su nombre. Partidario de la revolución liberal de marzo de 1848, cuando ésta fue reprimida por el gobierno se vio obligado a exiliarse como tantos otros, entre ellos el músico Richard Wagner y el zoólogo Hermann Burmeister.

Su hermano Bernhard, explorador y naturalista, había realizado viajes a Chile y Perú como investigador del Museo de Berlín. En 1841 se había radicado en Chile donde había fomentado la colonización alemana,  como agente del gobierno chileno.  Entonces convenció a Rodulfo para que emigrara a Chile. Éste así lo hizo y en 1851 se radicó en Valdivia,  contratado como profesor por el Liceo Alemán. Al año siguiente Bernhard, designado gobernador de Magallanes, fue asesinado cerca de Punta Arenas, como venganza por una matanza previa de indígenas realizada por un militar chileno amotinado.

Rodulfo tuvo que hacerse cargo de la hacienda San Juan de Bellavista, que habían comprado con su hermano en La Unión, a orillas del río Bueno, la cual estaba en estado deplorable.  Pensó volver a Alemania, pero la Universidad de Chile lo designó en 1853 profesor de botánica y zoología, y también se le confió la dirección del Museo Nacional de Historia Natural, en Santiago.  Al mejorar algo su situación, pudo traer a su familia, compuesta por Fredericka y cuatro niños,  junto con sus libros y colecciones, que desgraciadamente se quemaron en 1863 en el incendio de su hacienda. Debido a la penuria económica la familia se estableció en la estancia San Juan permaneciendo Rodulfo en Santiago y visitándolos durante las vacaciones anuales.

En 1866, el Instituto Nacional lo nombró profesor de historia natural, para lo cual publicó el texto Elementos de historia Natural, el cual fue muy criticado por los conservadores chilenos a pesar de que no mostraba una parcialidad manifiesta por la teoría de la evolución. En 1866 finalmente pudo llevar a su familia a Santiago, al barrio de Yungai, pero su esposa, afectada de disentería, falleció ese mismo año. Rodulfo y Karoline tuvieron diez hijos, de los que siete fallecieron siendo niños o jóvenes. Su segundo hijo, Carlos Eduardo, falleció en la guerra franco-alemana de 1870, y sólo dos hijos le sobrevivieron: Elisa y Federico. Afectado por estas pérdidas y por una enfermedad hemorroidal, Philippi, se jubiló de la docencia cuatro años después.

Familia Philippi
http://fundacionphilippi.cl/ra-philippi


Al frente del Museo, con una labor titánica, similar a la que realizó Burmeister en Buenos Aires, convirtió al modesto establecimiento que le confiaron en una gran institución científica que dirigió hasta su jubilación en 1897, siendo sucedido por  su hijo Federico. Durante su dirección logró el traslado del Museo  a su actual sede en el Palacio de la Exposición, en la Quinta Normal de Agricultura (1876), en el mismo predio le fue construida una modesta vivienda.  Asimismo pudo concretar la creación de un jardín botánico y la edición de los Anales del Museo (1891).  Ya afectado de cierto deterioro mental y visual, contrajo una neumonía y falleció a los 96 años.

Philippi publicó más de 400 trabajos científicos, participó de unas cincuenta sociedades científicas de todo el mundo y mantuvo correspondencia con científicos destacados como Darwin, Humboldt y Florentino Ameghino. Describió 1.017 especies de plantas, 650 de animales (22 de aves) y 3 de hongos.  Rodulfo era enjuto de carnes, de rostro pálido, y aspecto débil y enfermizo. Su carácter era dulce, jovial y apacible, aunque según su hermano era “un frío racionalista, sin fantasía”.

Rodulfo Philippi
(Barros Arana, 1904)


LOS VIAJES

Gran lector desde su infancia de libros de viajes y aventuras, Philippi desmentía la imagen del naturalista de gabinete.  Con una pequeña mochila recorría a pie grandes distancias, herborizando y haciendo observaciones sobre la naturaleza.

A poco de llegar, en 1852, organizó una expedición al volcán Osorno al que pudo ascender hasta el nivel de las nieves perpetuas. En 1864 tuvo la oportunidad de realizar un viaje de estudio a la isla Más  a Tierra, del archipiélago Juan Fernández donde permaneció 4 días herborizando con el jardinero Antonio Ahrends, aunque perdieron parte de las colecciones debido a las lluvias. Allí descubrió la planta Lactoris fernandeziana, única especie de la familia Lactoridaceae, endémica de dicha isla encontrándose en peligro de extinción.

Otros viajes realizados por este sabio entre  1860 y 1888  fueron a Catemu, en el Valle del Aconcagua, a la Quebrada de San Ramón, al Volcán Chillán, a Cauquenes. Remontó el río Cipreses hasta su ventisquero, visitó la Provincia de Coquimbo, las localidades de Matanzas, Cáhuil, Arauco, Cautín, Tres Piedras, Tomé, Salto del Laja e Isla Quiriquina,  Curauma, Renaico, Algarrobo y Alfalfal en el Cajón del Maipo. También  hizo un reconocimiento de la Araucanía en 1887, de la Cordillera de Nahuelbuta, y de la Península de Arauco. A través de estos viajes el conocimiento que obtuvo de la biodiversidad chilena fue muy importante y mereció el reconocimiento expreso de Darwin.

Pero sin duda el viaje de mayor importancia de los que hizo fue el realizado en el verano de 1853-54 al desierto de Atacama, comendado por el gobierno con la intención de descubrir nuevos yacimientos de salitre y cobre. En el informe del viaje pide disculpas por la demora de seis años para editar el mismo, debido a que “me han faltado todos los recursos con que un naturalista puede contar en Europa”, especialmente los libros necesarios para identificar los ejemplares obtenidos.


Chañaral de las Ánimas
(Philippi, 1860)


Como compañeros llevó a ingeniero Guillermo Doll y a los cazadores Domingo Morales y Carlos Núñez, uno de los cuales “entendía también la preparación de los cueros de pájaros”.  En el bergantín Janequeo de la armada chilena llegaron a Coquimbo, y luego a Caldera, desde donde tomaron el tren a Copiapó, donde contrataron un baqueano. Primero los expedicionarios se dirigieron al norte a lo largo de la costa para poder recibir agua y víveres del Janequeo. En la “Hacienda de Paposo” comprobaron que el cóndor “hace mucho daño a la cría de ganado, matando a los animales recién nacidos”. Llegaron al Morro Moreno y desde aquí regresaron a Taltal.

Desde este pequeño puerto se internaron, evitando la costa a causa de la guerra peruano-boliviana, alcanzaron San Pedro de Atacama y regresaron a Copiapó. El viaje llevó unos tres meses.  Hay que tener en cuenta que carecía totalmente de mapas confiables con el detalle de caminos y aguadas, necesarios para atravesar el desierto. “Nadie podía decirme cómo se podría cruzar el desierto de oeste a este; dónde hallaría guías, mulas o caballos”.  Sin embargo su sentido común lo ayudó: “Finalmente compré en Valparaíso los víveres y útiles que juzgué necesarios para el viaje, y por una casualidad lo acerté tan bien, que al concluir la expedición en Trespuntas quedaron sólo víveres para dos o tres días, no habiendo faltado algo durante el viaje”. Pero no contaba con las gélidas noches del desierto y por eso, escasos de ropa, tuvieron que soportar la incomodidad del frío.

Avanzando por el desierto con dirección noreste  llegaron a Tilopozo, al sur de la gran salina de Atacama. Allí hizo un importante hallazgo: “A unos trescientos metros del pozo había seis flamencos de una especie nueva, que carece de pulgar, Phoenicopterus andinus Ph., y que vive únicamente en la alta cordillera, siendo pero, según parece, bastante común desde Copiapó hasta el Perú. Garcilaso de la Vega, hijo de uno de los conquistadores del Perú, menciona ya esta ave, y dice que se llama Parrihuana; en el desierto lleva el nombre abreviado de Parrina. Hace sus nidos en las lagunas más elevadas, y sus huevos se venden en diciembre en la plaza de Atacama. Es sin duda el flamenco de pechuga colorada, del cual habla el Señor Bolaert, en su descripción de la provincia de Tarapacá”.  Así descubría para la ciencia a la Parina Grande (Phoenicoparrus andinus).

Phoenicopterus andinus
(Philippi, 1860)


Finalmente llegaron a San Pedro de Atacama a 2400 msnm donde fueron atacados por los insectos. “Conté en mi cama 41 vinchucas entre grandes y chicas”.  En visita a las minas de San Bartolo pasaron por el Camino de las Pintadas donde pudieron apreciar el arte rupestre. De Atacama regresaron a lomo de mula, siguiendo el Camino del Inca, en medio de privaciones debido a la falta de agua, comida y pasto. Sin embargo hicieron un desvío para acercarse al pie del gran volcán Llullaillaco, y retomando el camino, llegaron a Copiapó donde llegan el 25 de febrero.

El relato de viaje de Philippi detalla día a día la actividad de los expedicionarios. Principalmente informa sobre la geología, topografía y botánica tal como lo había solicitado el gobierno , interesado en hallar minas de salitre y cobre. Además hace aportes antropológicos y etnológicos. La fauna, escasa de por sí, es tratada más someramente. En la costa recogió algunos datos interesantes sobre el chungungo, chinchimen o gato de mar (Lutra felina): “Esta nutria vive casi exclusivamente en la mar y en toda la costa de Chile hasta el archipiélago de Chonos. Un hombre formal me contó una linda historia como el Chungungo cazaba el pescado. Me dijo que primero cazaba cangrejos de los que llaman Jaivas en Chile, que los hacía pedazos dejándolos nadar entre los escollos, detrás de los cuales se escondía para agarrar los peces que venían a cebarse de alimento aliciados por este ardid, historia digna de Plinio. Personas dignas de fe me han asegurado que devoraba su presa nadando en el lomo”.

Dibujo comparativo de la Parina Grande y el Flamenco Austral
(Philippi, 1860)


Con respecto a las aves confiesa que las pieles no estaban muy bien preparadas y fueron dejadas de lado para hacer otras tareas más urgentes, y “cuando las pedí para examinarlas una buena parte de ellas no se halló”.  Registró 33 especies y, con todo, logró incorporar dos especies nuevas para la ciencia: la Parina grande Phoenicoparrus andinus (Philippi Sr, RA, 1854) y la Remolinera castaña Cinclodes atacamensis  (Philippi Sr, RA, 1857).

Cinclodes atacamensis(Philippi, 1860)


Alex Mouchard







¯Barros Arana, Diego -1904-  El Doctor Don Rodolfo Amando Philippi - Su vida i sus obras. Santiago de Chile :Imprenta Cervantes.
¯Bridges, Th. - 1843- Proceedings of the Zoological Society of London, 11.
¯Burmeister, H -1872- Synopsis of the Lamellirostres of the Argentine Republic. Proceedings of the Zoological Society of London, p.364.
¯Dabbene, R -1972- Las aves de caza de la República Argentina. Buenos Aires :Editorial Albatros.
¯Durnford, H -1878- Notes on the Birds of Central Patagonia. Ibis 8:289.
¯Gay C –1847- Historia física y política de Chile – Tomo primero - Zoología. Paris y Chile.
¯Gibson, E -1920- Further Ornithological Notes from the Neighbourhood of Cape San Antonio, Province of Buenos Aires. Ibis 11ª ser. 2(1).
¯Gotschlich, B -1904- Biografía del Dr. Rodulfo Amando Philippi (1808-1904). Santiago (Chile).
¯Graham, Maria -1824- Journal of a Residence in Chile during the Year 1822. And a Voyage from Chile to Brazil in 1823. London :Longman, Hurst, Rees, Orme, Brown, and Green, and John Murray.
¯Grant, Claude HB -1911- List of Birds collected in Argentina, Paraguay, Bolivia, and Southern Brazil, with Field-notes. Part II. Picariae—Anatidae. Ibis 5.
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¯Wetmore, A. -1926- Observations on the Birds of Argentina, Paraguay, Uruguay,  and Chile –Bulletin 133 – Smithsonian Institution – Washington.

domingo, 10 de febrero de 2019

EL PATAGÓN (Ochethorhynchus phoenicurus) Y ELIZABETH COXEN, LA TALENTOSA ESPOSA DE JOHN GOULD




“Me gustan tanto como las de Audubon”.


Prideaux John Selby

(carta a William Jardine, 26 abril 1831, refiriéndose a las láminas de “A Century of Birds from the Himalaya Mountains”)




Eremobius phoenicurus. Lámina de Elizabeth Coxen Gould

Darwin, C. The zoology of the voyage of H.M.S. Beagle. Part III - Birds, por John Gould.  London :Smith, Elder & Co. 1841.


DARWIN

El 23 de diciembre de 1833 Charles Darwin a bordo del Beagle llegaba a Puerto Deseado, sobre la costa patagónica de la actual Provincia de Santa Cruz. “La misma tarde bajé a tierra” – dice. Comenzó a recorrer los alrededores. Una llanura plana que presentaba “de trecho en trecho, manchones de hierba parda y coriácea, y algunos, aunque pocos, arbustillos espinosos”. Entre las pocas aves además de cóndores, jotes y bandurrias, observó en los valles “varias especies de insectívoros”. A una de ellas pertenecía un pequeño pájaro, el Patagón, que logró capturar y agregar a su colección.

“En su comportamiento general, el mismo parecido [a Furnarius y Opetiorhynchus (= Cinclodes)], junto con algunas diferencias, siempre me impactó.  Vive completamente en el suelo, y generalmente en lugares secos y estériles, recorre los matorrales dispersos, y a menudo vuela de uno a otro. Cuando se esconde en los arbustos levanta su cola, imitando en ese aspecto a Pteroptochos y Rhinomya [= Rhinocrypta]. Su grito es estridente, bastante reiterado, y muy parecido al de varias especies de Furnarius y Opetiorhynchus. El estómago de uno que abrí estaba lleno de coleópteros. Obtuve ejemplares de tres lugares de la costa de Patagonia; a saber, Puerto Deseado, San Julián y Santa Cruz; pero en ningún lugar es común” (Darwin, 1841) .


GOULD

En 1836, de regreso de su viaje, Darwin decidió entregar la mayor parte de su colección ornitológica de unas 468 pieles a la Zoological Society, de Londres. Los especímenes fueron entregados para su estudio a John Gould, tal como lo aclaró el mismo Darwin: “Cuando cedí mi colección de aves a la Zoological Society, el Sr. Gould amablemente se encargó de darme las descripciones de las especies nuevas y los nombres de aquellas ya conocidas”.

Gould que había empezado su carrera como jardinero paisajista era también un hábil taxidermista y había sido designado curador del museo de la Zoological Society. Su obra más conocida era la de haber embalsamado la jirafa que el pachá de Egipto, Méhémèt-Ali, había regalado al rey inglés, Jorge IV, y que había muerto tras dos años en cautiverio. Como antecedente en ornitología, había editado una colección de aves del Himalaya estudiada por Nicholas Aylward Vigors e ilustrada por su esposa Elizabeth Coxen Gould, nuestra protagonista. A ésta siguieron otras obras, especialmente “Birds of Europe” en 5 volúmenes, hasta que llegó a sus manos la colección de Darwin. Si bien Gould carecía de una educación superior formal, había adquirido a través de su trabajo en el museo una capacitación profesional en ornitología lo que le permitiría, a través de la clasificación de los especímenes y su localización geográfica, contribuir a la idea que estaba gestando Darwin sobre el origen de las especies.

Gould creó para el Patagón un género especial, Eremobius, “el que vive en el desierto” (del griego eremos: desierto, y bios: vida, sustento). Como nombre específico le aplicó phoenicurus, “cola roja” (del griego phoinikos: de color rojo púrpura, y oura: cola), describiendo “plumas de la cola pardo castaño en la base”.  Pero Gould no pudo terminar su trabajo con Darwin porque estaba encarando con su esposa un ambicioso proyecto: el estudio de las aves de Australia. “Debido al apuro ocasionado por su partida a Australia -una expedición de la cual la ciencia de la  ornitología obtendrá tan gran provecho— se vio obligado a dejar alguna parte de su manuscrito bastante incompleta, de modo que sin la posibilidad de comunicarme personalmente con él, me quedaron dudas en algunos puntos esenciales. El Sr. George Robert Gray, asistente ornitológico del departamento de Zoología del British Museum, se ha ocupado, de la forma más generosa de obviar esta dificultad, proporcionándome la información con respecto a algunas partes de la disposición general, e igualmente en el más complicado tema del conocimiento de qué especies ya han sido descriptas, y en el uso de los nombres genéricos adecuados” (Darwin, 1841). De tal forma Gray advirtió que el nombre Eremobius había sido previamente utilizado para un insecto ortóptero, y lo cambio por Enicornis, “ave extraña” (del griego hénikos: único, extraño, y ornis: ave). Actualmente se la ubica en el género de las bandurritas, Ochetorhynchus.

Finalmente la obra sobre las aves del viaje del “Beagle” fue publicada en 1841 con 50 láminas a color de algunas de las aves descriptas, realizadas por la esposa de Gould, Elizabeth Coxen. “Las ilustraciones adjuntas, que son 50 en total, fueron tomadas de bocetos hechos por el propio Sr. Gould, y realizadas en piedra [litográfica] por la Sra. Gould, con tan admirable éxito, como el que ha logrado en todos sus trabajos” (Darwin, 1841). Valga este reconocimiento de Darwin en el “Aviso” del libro, ya que en las láminas no figura el nombre de Elizabeth.


Retrato de Elizabeth Coxen Gould con una Cocotilla australiana (Nymphicus hollandicus)​.
Pintada por un artista desconocido tras su muerte.
Colección privada de su bisnieto Dr. Adan Edelsten.
http://nla.gov.au/nla.obj-150672913/view




ELIZABETH

Elizabeth Coxen fue educada como una típica mujer de la Inglaterra victoriana, incluyendo algún entrenamiento en dibujo, pintura, música, idiomas y botánica. Una muchacha culta, talentosa y encantadora. Tras un breve trabajo como institutriz de una niña, durante el cual parece que se aburría bastante, Elizabeth conoció a John  Gould, a través de su hermano Charles Coxen que también se dedicaba a la taxidermia y era vecino y amigo de John.  Probablemente habrán paseado por el Jardín Zoológico de la Zoological Society, en cuya sede Gould alquilaba habitaciones. En enero de 1829 se casaron, teniendo ambos 24 años.  Elizabeth, aunque muy indispuesta por un embarazo malogrado,  empezó a dibujar aves para algunos clientes de John, lo que representaba un ingreso extra para la pareja.

Gould que tenía un espíritu muy emprendedor se había dado cuenta de que la litografía era un método de impresión que permitía obtener láminas de aves con más matices y un aspecto más vital que el grabado en metal que daba un aspecto de rigidez a las aves dibujadas.  Conoció al artista y poeta Edward Lear  que dominaba esta técnica. El mismo Gould era un mediocre dibujante pero tenía capacidad para captar a las aves en la naturaleza, su actitud, su postura, detalles de coloración y de la vegetación circundante. Mediante bocetos, esquemas y notas lograba transmitir esa información a sus dibujantes.  Por ello instó a su esposa a aprender con Lear lo secretos del dibujo de aves sobre piedra litográfica, además de diseño, composición y el estilo necesario para hacer parecer a las aves vivas.  Gracias a las enseñanzas de Lear comenzó una carrera como ilustradora de aves que la llevaría a realizar más de 650 láminas entre las que se encuentran algunos de los mejores exponentes del arte pictórico ornitológico del siglo XIX.

La primer parte de “A Century of Birds from the Himalaya Mountains” se publicó casi con el nacimiento de su primer hijo. La obra se vendió por suscripción y tuvo gran éxito, lo que permitió aumentar la independencia económica de la pareja y encarar otros proyectos. Siguió “Birds of Europe”, notable por los fondos naturalísticos, en la cual Elizabeth aportó las láminas de paseriformes y Lear, el resto. Paralelamente se ocupó del mencionado trabajo con Darwin.

Criticado por ser nada más que un ornitólogo de gabinete, Gould advirtió qué escaso era el conocimiento sobre las aves de Australia, a pesar de que hacía ya 50 años que los ingleses estaban instalados allí. Entonces concibió el proyecto de viajar a la lejana isla para obtener información para una gran obra sobre sus aves. Su amigo y cuñado Charles, se había radicado en New South Wales (Australia) con su esposa, ambos interesados en las ciencias naturales, y le habían enviado centenares de especímenes que los Gould publicaron en  “Synopsis of the Birds of Australia” (1837-38). Charles y su hermano Joaquin lo estimularon a realizar el viaje.  Pero no fue fácil convencer a Elizabeth de acompañarlo, porque ya tenían cuatro hijos para criar. Con gran dolor de Elizabeth, decidieron dejar a los tres menores, Charles (quien habría de ser geólogo, viajaría por Sudamérica y moriría en Montevideo),  Eliza y Louisa (de sólo seis meses), al cuidado de la madre de Elizabeth, en Londres. Fue muy angustiante para ella dejar a sus hijos y a su madre, incluso enfermó y estuvo a punto de no viajar. Finalmente los esposos se embarcaron junto con su hijo mayor John Henry (futuro médico y ornitólogo en la India), un sobrino, John Gilbert (colector y colaborador de Gould), Mary Watson (una doncella para ayudar a Elizabeth) y un sirviente. Todos sus asuntos en Inglaterra quedaron bajo el cuidado de su devoto y sacrificado secretario Edwin Prince, quien más de una vez le reclamaba por recibir de él sólo noticias de aves y muy poco de los demás asuntos, incluyendo el estado de su esposa.

Enicornis phoenicura. Dibujo de John Gerrard Keulemans

Scott, WED & Sharpe, RB.  Reports of the Princeton University Expeditions to Patagonia, 1896-1899. Volume II—Ornithology. Part IV. Stuttgart : Princeton, N. J. The University. 1915.


Los viajeros llegaron a Hobart (Tasmania) en 1838, donde Elizabeth habría de permanecer en la casa del gobernador John Franklin, futuro y malogrado explorador del Ártico, y de su esposa Jane.

“Sin embargo, sería una falta en cortesía y gratitud, si no reconociera especialmente la cálida amistad, y los muchos actos genuinos de amabilidad que recibí de parte de mis apreciados amigos Sir John y Lady Franklin, quienes, además de facilitar de todas formas mis asuntos, tanto públicos como privados, con la mayor generosa hospitalidad me recibieron a mí y mi familia en su casa, donde la Sra. Gould y mi hijo mayor, que me acompañaban, permanecieron casi diez meses” (Gould, 1848 )

Durante el viaje en barco y su estadía en tierra, Elizabeth  no dejó de dibujar para reunir material para la obra, realizando incluso los bocetos y diseños. Además hizo dibujos a lápiz y acuarela de diversas plantas nativas, muchas de ellas del jardín botánico de la Sra. Franklin, los que habría de usar para los fondos de las láminas de aves. “Durante su ausencia estoy dibujando tantas plantas nativas como puedo, quiero decir ramas de árboles, algunas de las cuales son muy lindas” (Elizabeth Gould).

Pero además de ello durante su estadía allí llevo adelante un nuevo embarazo y el nacimiento de su hijo Franklin Tasman “un muchacho prodigioso”, con la asistencia de su ya amiga Jane. Mientras tanto, malas noticias llegaban desde Londres, Louisa, la pequeña que había quedado allí con su abuela, sufría una enfermedad consuntiva y según el médico de la familia “no se creía posible que sobreviviera”. En cada carta a su madre Elizabeth se lamentaba por sus lejanos vástagos: “Mi querida y pequeña Louisa también está justo en una edad crítica, con toda probabilidad sacando los dientes. No me olvidé del cumpleaños de mi querida. Bendigo sus queridas caritas. Como adoro recordar sus miradas en lo profundo de mi mente…”. 

Más preocupación se agregaba a la sufriente Eliza (como la llamaba Gould)  por las correrías de su marido, no exentas de peligro, ya que tres de sus colaboradores (incluyendo a Gilbert) habrían de morir a manos de los aborígenes en distintos episodios. Además de Tasmania, Gould realizó viajes de colección desde Hunter Valley, en Nueva Gales del Sur, donde su cuñado Charles poseía la finca Yarrundi. Recorrió el vecino Liverpool Range, Namoi y, en Adelaida, Mount Lofty, Murray Scrubs, y la isla Kangaroo. Finalmente fue en busca de Elizabeth y viajaron ambos a Yarrundi donde permanecieron algunos meses, acompañándola ella en algunas excursiones como a la isla Mosquito (Queensland).

En 1840 regresaron a Inglaterra. Allí Elizabeth, mientras cursaba su octavo embarazo, trabajaba intensamente en los dibujos de “The Birds of Australia”. Sin embargo no pudo terminar esta tarea pues, tras dar a luz a su hija Sarah, falleció de fiebre puerperal en agosto de 1841.  Una vida breve sometida al esfuerzo de numerosos embarazos y a un intenso trabajo de producción de dibujos para las obras de su marido. Preocupado por la salud de Elizabeth, Lear comentaba que con su cuarto hijo en tres años ella “sufrió un trabajo de parto prematuro, de una forma tan peligrosa como para no dar esperanzas sobre su vida; sigue aun estando internada, hasta antes de ayer, y aunque por supuesto con vida, todavía está en peligro inminente”.

Gould quedó muy consternado por la pérdida de su compañera y colaboradora, teniendo además que enfrentar la crianza de sus hijos. Sin embargo, hombre emprendedor, reorganizó su equipo con nuevos dibujantes y colaboradores como Henry Constantine Richter, Joseph Wolf y William Hart.

Henicornis phoenicura

Chenu, JC. Encyclopédie d'histoire naturelle. Oiseaux 3. Paris :Maresq [1851-1860].


OBRA Y RECONOCIMIENTO

Apasionado por sus proyectos Gould se concentraba tanto en su trabajo, que parecía indiferente ante la situación que travesaban sus seres más queridos y al esfuerzo a que se veía sometida su esposa. Fue criticado por el deficiente o nulo crédito que dio a Elizabeth. Edward Lear que lo consideraba, más allá de cierta bonhomía, como un hombre “áspero y violento”, opinaba que “debía todo a su excelente esposa, y a mí mismo, sin esta ayuda en los dibujos no hubiera hecho nada”.  Pero, Elizabeth calló sobre este punto y en sus cartas nunca mostró disconformidad con su esposo.

Durante su breve vida Elizabeth realizó:

-las 80 láminas de “Century of Birds from the Himalaya Mountains” (1830-32). Aparece acreditada en las mismas con una nota que dice “Dibujado del natural y en piedra por E. Gould” pero sin su firma. Vigors, que ayudó con la taxonomía de la colección  dedicó una nueva especie, el bello Suimanga, Cynniris [=Aethopyga] gouldiae, “a la Sra. Gould, que ejecutó las láminas de estas aves himalayas”.

-380 láminas de The Birds of Europe (1832-36),  obra en la cual mediante el estudio de ejemplares taxidermizados y vivos logró dotar a sus figuras de una mayor plasticidad. Los créditos expresan “Dibujado del natural y en piedra por J. & E. Gould”, dado que John reclamaba por el diseño de las láminas, aunque se han encontrado una cantidad de bocetos realizados también por su esposa. Esta obra requirió cinco años para su preparación durante los cuales Elizabeth llevó adelante cinco embarazos, dos de ellos malogrados. En el prefacio Gould decía “Quizás se me permita agregar, que no sólo la mayor cantidad por mucho de las láminas de este trabajo [el resto eran obra de Lear], sino todas las de «Century of Birds», de la «Monograph of the Trogons» y por lo menos tres cuartos de las de «Monograph of the Toucans» han sido dibujadas y litografiadas por la  Sra. Gould, a partir de bocetos y diseños hechos por mí y tomados del natural” (Gould, 1848).

-la mayor parte de las 36 láminas de “A monograph of the Trogonidae, or family of trogons” (1834-36). En las láminas dice “Dibujado del natural y en piedra por J. & E. Gould”. 

-24 láminas de “Monograph of the Ramphastidae” (1834), que en la edición alemana se adjudican a I.[ohannes ?] Gould.

-50 láminas de la obra de Darwin “Voyage of HMS Beagle” (1838), sin firma pero con el reconocimiento de Darwin que ya hemos visto.

-20 láminas para “Icones Avium” (1838), con la leyenda “Dibujado del natural y en piedra por J. & E. Gould”. 

-120 láminas for “Synopsis of the Birds of Australia and the Adjacent Islands” (1837-38), sin firma, más 18 láminas no publicadas.

-84 láminas de las más de 600 láminas de Birds of Australia (1840-1848). Aquí Elizabeth alcanzó el mejor nivel de su carrera.  Además de sus magníficos dibujos, verdaderas obras de arte, produjo muchos bocetos con diseños originales. Sus dibujos inconclusos sirvieron de base para que Henry Constantine Richter completara la parte gráfica de esta producción que se publicó en siete volúmenes. Los créditos señalan “J. & E. Gould del et lith”, es decir “Dibujado y litografiado por J[ohn] y E[lizabeth] Gould”. En el prefacio Gould escribió: “Al concluir mi «Birds of Europe», tuve el agradable deber de establecer que casi la totalidad de las láminas habían sido litografiadas por mi amable esposa.  Tendría la felicidad de hacer una afirmación similar con respecto al trabajo previo; pero ¡ay! No es el caso, habiéndole agradado al Sapientísimo Hacedor de Sucesos llevársela del mundo sublunar en el corto lapso de un año tras nuestro regreso de Australia,  habiendo hecho durante su estadía en ese país una enorme cantidad de dibujos, tanto ornitológicos como botánicos, por medio de su inimitable mano y lápiz”. 

Gould le dedicó una especie a la que lamentablemente se la asocia con él y no con Elizabeth,  es el bello Diamante de Gould (Amadina [=Chloebia] gouldiae). En la dedicatoria, con palabras que expresan con mayor énfasis su amor, su dolor y tal vez su admiración, decía: “Es por lo tanto que, con sentimientos de naturaleza nada común, me he animado a dedicar este nuevo y adorable pajarito a la memoria de aquella, que además de ser una esposa tan afectiva, durante una cantidad de años trabajó tan duro y tan celosamente me asistió con su lápiz en mis diversos trabajos, y quien, tras haber circunvalado la Tierra conmigo y enfrentado muchos peligros con un coraje sólo igualado por sus virtudes, mientras alegremente se ocupaba de ilustrar la presente obra, fue llamada por la divina voluntad de su Creador desde éste a otro mundo más brillante y mejor; y estoy seguro que al dedicar esta ave a la memoria de la Sra. Gould, tendré la completa aprobación de todos aquellos que la conocieron personalmente, así como de aquellos que sólo la conocieron como artista a través de sus delicados trabajos”.

Pero obsérvese que, a pesar de estos reconocimientos, el nombre de Elizabeth no es pronunciado, su presencia queda oculta en medio de la complicada retórica victoriana con el apelativo “Sra. Gould”. Su marido, evidente autor intelectual de las obras, se resistía a darle un lugar en la autoría de esos trabajos, que más allá de su valor científico se vendían a un alto precio especialmente por la gran belleza de sus láminas, muy apreciadas por los bibliófilos. Aún hoy en día el valor de estos libros es tan alto que en las subastas muchas veces son desmembrados para vender las láminas por separado, considerando que hay pocos candidatos para la compra de la obra completa y que se obtendrá un mejor resultado final al subastar las láminas sueltas.

                                                           ALEX MOUCHARD



LOS NOMBRES DEL PATAGON

Los pájaros pequeños no suelen recibir nombres específicos de parte de las distintas culturas que conviven con ellos. Especialmente si su plumaje, comportamiento y demás características no son destacados, como ocurre con estos furnáridos. En estos casos los nombres son "librescos", es decir dados por ornitólogos debido a la necesidad de ponerle un nombre en el idioma local.

El nombre de Patagón se refiere indudablemente a la zona geográfica donde habita, siendo prácticamente endémico de la Patagonia.

También se le ha dado el nombre de Turco (Zotta,1938) o Turca. Este parece ser una confusión con un ave chilena el Pteroptochos megapodius del que ya Darwin informaba: “es llamado por los Chilenos «El Turco». Sobre el mismo, Claudio Gay señala: “Su nombre proviene de la palabra turco, que pronuncia bastante distintamente y muchas veces de seguido”. Si bien pertenece a otra familia (Rhinocryptidae) se asemejan ambos en la forma de levantar la cola y correr velozmente por el suelo, aunque habitan ambientes diferentes.

El nombre Bandurrita Turca (Zapata, 1967) asocia el nombre anterior al de Bandurrita que  se da a varios furnáridos de los géneros Upucerthia y Ochetorhynchus, probablemente por el pico curvo de algunas de ellas que recuerda al de las bandurrias (Género Theristicus), si bien el Patagón tiene el pico recto como bien señalaba Rodulfo Philippi (An. Mus. Nac. Chile, 15, 1902): “No comprendo como el Señor Desmurs quiere confundirla [a Ochetorhynchus ruficauda] con el Eremobia phoenicurus de Gould, que tiene el pico mui derecho". 


Finalmente como nombre patrón se ha elegido Bandurrita Patagónica (Navas, 1995) y también ha recibido el de Bandurrita de Cola Negra debido al extremo negro de las timoneras.  





-Ashley, Melissa -2016- Biographical Sketch of Elizabeth Gould.    https://melissaashley.com.au/2016/06/15/biographical-sketch-of-elizabeth-gould/
-Ashley, Melissa -2013- Leaves of a diary: Searching for Elizabeth Gould in the archives of the Mitchell Library. Text 17(2). http://www.textjournal.com.au/oct13/ashley.htm
-Darwin, Charles –1983– Viaje de un naturalista alrededor del mundo. 2 vols. Madrid :Akal.
-Darwin, Charles –1841- The zoology of the voyage of H.M.S. Beagle ... during the years 1832-1836. Part III.  Birds, por John Gould. London :Smith, Elder & Co.
-https://es.wikipedia.org/
-https://www.biodiversitylibrary.org/
-Gay, Claudio –1847- Historia Física y Política de Chile. Zoología. Tomo Primero. Paris.
-Gould, John –1837- The Birds of Europe. London.
-Gould, John –[1840]-48- The birds of Australia. London.
-Lemmer, Leone & Stephens, Matthew – 2018 - Elizabeth Gould (1804-1841). https://australianmuseum.net.au/learn/collections/archives/john-gould/elizabeth-gould-1804-1841/
-Navas, J et al. –1995- Lista patrón de los nombres comunes de las aves argentinas. Asociación Ornitológica del Plata.
-Newman, Alexandra K. – 2018- Elizabeth Gould: An Accomplished Woman. https://blog.library.si.edu/blog/2018/03/29/elizabeth-gould-an-accomplished-woman/
-Tree, Isabella –1992 – The ruling Passion of John Gould. New York :Grove Weidenfeld.
-Zapata, ARP –1967– Aves de Puerto Deseado. Hornero 10: 374. Asociación Ornitológica del Plata.
-Zotta, AR -1938-Lista sistemática de las aves argentinas. Hornero 7:107. Asociación Ornitológica del Plata.

EL ASOMBROSO PATO ZAMBULLIDOR CHICO (Oxyura vittata) Y EL SABIO RODULFO PHILIPPI

"¿Qué es lo que hace Philippi? Caza moscas, las observa a través de una gruesa lente, y las dibuja en un papel. Así de extraño result...