"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas". >Michel Foucault-Las palabras y las cosas

sábado, 17 de febrero de 2018

HISTORIA DEL TAPIR O ANTA (Tapirus terrestris): LA GRAN BESTIA LATINOAMERICANA

Harmer, S. F. & Shipley, A. E.  1895-1909. The Cambridge natural history. London,Macmillan & co. Ltd
  

“Amaneció en el río y lo crucé desnudo
y chorreando la aurora en todo el monte hendí.
Y era el sabor sombrío que da el cacao crudo
cuando al mascar lo muelen los dientes del tapir”.
El viaje. Carlos Pellicer Cámara

EL TAPIR Y LOS EUROPEOS

   Hace unos años transitaba con unos compañeros de aventuras por una senda de la selva, en el Parque Provincial Uruguaí (Misiones, Argentina). Nos dirigíamos hacia un “barrero”, una depresión donde se acumula barro salado, muy apetecido por los mamíferos silvestres. De pronto aparecieron unos puntos luminosos a la luz de las linternas y enseguida pudimos observar un gran animal que se dirigía hacia nosotros por la misma senda.  Rápidamente nos tuvimos que apartar para no ser atropellados por un tapir, el mayor mamífero terrestre sudamericano.  Este animal, obviamente,  ha llamado poderosamente la atención de las distintas culturas humanas que lo conocieron en su época de esplendor. Hoy, su presencia es cada vez más esquiva, y es un habitante vulnerable de los trópicos y subtrópicos americanos que bien merece que se relate su historia.
     
      Uno de los primeros cronistas de Indias, Pedro Mártir de Anghiera en sus Décadas de Orbe Novo (1494-1530) aportó las primeras noticias sobre este animal que desconcertaba a los europeos: “Esta bestia, igual en tamaño a un buey, lleva trompa de elefante, pero no es un elefante; tiene el color de una vaca, pero no es para nada una vaca, uñas de caballo y no es un caballo, también tiene orejas de elefante, menos pendientes y más chicas, sin embargo mayores que las de otros animales”.  Del mismo modo lo calificaba el jesuita Pedro Lozano en el Chaco: “Es animal bien extraño, que siendo de una especie es semejante a muchas, o un monstruo natural compuesto de varias especies”.
     
      El cronista español, Gonzalo Fernandez de Oviedo (1555), relataba: “los pies de este animal son muy buen manjar y muy sabrosos, salvo que es menester que cuezan veinte y cuatro horas; pero pasadas éstas, es manjar para le dar a cualquiera que huelgue de comer una cosa de muy buen sabor y digestión; matan estos beoris con perros, y después que están asidos ha de socorrer el montero con mucha diligencia a alancear este animal antes que se entre en el agua, si por allí cerca la hay, porque después que se entra en el agua, se aprovecha de los perros y los mata a grandes bocados, y acaece llevar una pata con media espalda, que cercena de un bocado a un lebrel, y a otro quitarle un palmo o dos del pellejo, así como si lo desollasen; y yo he visto lo uno y lo otro, lo cual no hacen tan a su salvo fuera del agua. Hasta ahora los cueros de estos animales no los saben adobar, ni se aprovechan de ellos los cristianos, porque no los saben tratar; pero son tan gruesos o más que los del búfalo (…)  Estos animales se lamen muy a menudo las manos, como el oso, por alguna especial gusto que en ello hallan”.
     
     
      El gran naturalista Francisco Hernández (1571) describió a la “Fiera de cara redonda” aclarando que era un animal raro y que vivía hacia la zona de Honduras. “La cabeza grande como la de un toro, cara alargada, orejas anchas, dientes terribles,  cara casi humana, de donde le viene el nombre”. En efecto el nombre nahuatl Tlacaxolotl, significa “hombre animal”.  “Le gusta el cacaoatl, el tlaolli quapachtli [maíz leonado] y de oriente y devasta los diversos campos y cultivos, y cuando no los encuentra come las hojas y frutos de los árboles. Su carne es comestible y tiene un sabor como el de los cuadrúpedos o el de las aves, no tiene miedo de los hombres y no sucumbe a las flechas, tan completamente es impenetrable su cuero. Por esta razón se lo captura en una fosa excavada bajo tierra, disimulada por encima cubriéndola con ramas y hojas, similar a la que hacen en la India, para los elefantes”. Bernardino de Sahagún (1540-1585) copia mayormente a Hernández pero agrega una curiosa información: “Cuando estercola, echa los cacaos enteros, casi una carga de ellos cada vez; andan los abitadores de aquella tierra a buscar su estiércol para coger el cacao que echa”.
     
      Poco después, a medidados del siglo XVI, el monje franciscano André de Thevet  llegó a Brasil como capellán de la flota de Nicolas Durand de Villegaignon, en un intento frustrado de conquistar la colonia portuguesa para la corona francesa.  Thevet se interesó por la naturaleza de la región y obtuvo información sobre este animal, incluyendo su nombre. “Se encuentran además allí, gran cantidad de bestias, llamadas Tapihires, buscados y recomendados a causa de su deformidad. También los salvajes [de la etnia paez o caribe] los persiguen, tanto para conseguir su carne que es muy sabrosa y sana, como por su piel, de la cual hacen escudos bien grandes, que usan y llevan a la guerra, debido a que son muy duros y fuertes, ya que con gran dificultad un tiro de ballesta los puede atravesar (…) Esta bestia es del tamaño de un asno , teniendo el cuello más grueso, y la cabeza como la de un toro, los dientes cortantes y agudos, pero no por ello se hace más peligroso al ser cazado, toda su defensa no consiste más que en la huída y a buscar la retirada, en la que corre mucho más rápido que el ciervo (…) tambien los pies hendidos, y córneos, y el pelo rojizo como el de una vaca. Lo que ha hecho que muchos de nosotros, estando allí, llamáramos al Tapihire, vaca salvaje”.
     
      El bucanero inglés William Dampier no pudo ver tapires en sus viajes pero obtuvo información de sus compañeros en Honduras y el Darién. La denominaban vaca montesa y así se refería a ella: “Se encuentra siempre esta vaca en los bosques junto a algún gran río; se alimenta de una especie de hierba o musgo largo y suave, que crece en abundancia sobre la orilla de los ríos; pero ella no pasta jamás en las sabanas, ni en las pasturas donde hay buena hierba, como las otras vacas. Cuando está bien llena se acuesta a dormir junto a la orilla del rio, y al menor ruido se lanza al agua, donde se sumerge hasta el fondo, cualquiera sea la profundidad de agua que haya, y allí camina como si estuviera en tierra seca”.

     
La Vache Montagnarde
Dampier, 1723


      Desde su poderoso cargo de director de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, Joannes De Laet recopiló muchos datos sobre la naturaleza de Hispanoamérica. Así señalaba que en Verapaz (Guatemala) se encuentra el mayor de los cuadrúpedos “al que los bárbaros llaman Beori, y los españoles Dantam; animal no muy distinto a un novillo, aunque con patas más cortas (…) probóscide que sobresale péndula un palmo más alla del hueso [de la nariz], la cual, al enojarse, la levanta y abriendo la boca muestra los dientes (…) vive de pastos y hierbas silvestres; los indígenas bárbaros se alimentan de su carne, y recuerdan que el propio animal sabiamente se secciona las venas, porque cuando perciben que hay un mínimo de sangre  acumulada,  como cuando se golpean contra las rocas, se abren las venas de las patas y la sangre fluye”. 
     
     
      Posteriormente, en 1865, las poblaciones de tapires centroamericanas fueron separadas como una especie distinta: Tapirus bairdii, respecto del sudamericano (Tapirus terrestris).
     
      De Laet fue además el editor de la obra de George Marcgrave quien desde Pernambuco aportaba estos datos de un animal que los nativos de Brasil llamaban Tapiierete y los portugueses Anta: “Durante el día duerme mientras yace oculto en los bosques sombríos, durante la noche o temprano en la mañana sale para comer. Puede nadar muy bien. Se alimenta de pastos, caña de azúcar, coles, etc. Su carne se come, pero el sabor es ingrato”.
     
   
Tapiiereté
Marcgrave, 1648


     
      Hacia 1578 Jean de Léry realizó una expedición naval Brasil y describió en primer lugar los animales “buenos para comer”, comenzando por “uno que llaman Tapiroussu, la que tiene el pelo rojizo y bastante largo, y es casi del tamaño de una vaca, aunque no lleva cuernos (…) se podría decir que es mitad vaca y mitad asno”.  Refiere que los salvajes lo matan como a muchos otros, a flechazos, o lo capturan con trampas que le agarran las patas y otros aparatos que construyen con habilidad. Por lo demás estiman mucho a este animal a causa de su piel, ya que cuando lo desuellan, cortando en redondo el cuero del dorso, después que está bien seco, hacen escudos tan grandes como el fondo de un tonel mediano, los que le sirven para detener las flechas de sus enemigos cuando van a la guerra. Y de hecho esta piel así secada y utilizada, es tan dura que no creo que haya flecha por más derechamente que fuera lanzada que pueda atravesarla”.
     
      Léry llevaba dos de estos escudos a Francia como muestra, pero a causa de una hambruna que padecieron en alta mar, y una vez que se comieran los monos, loros y todo otro animal que llevaban, no le hicieron asco a los escudos asados al carbón. Con respecto a la carne de tapir, la considera tan buena como la de vaca y explica que los indios la cocinaban a la bucanera es decir sobre un fogón de palos llamado boucan. El príncipe de Wied observó en Brasil que los indígenas “comen la piel del Anta y todo el animal, dejando solo los huesos más grandes”.
     
      El jesuita Fernando Cardim (1625) indica que los Tapyretê “son las antas, de cuya piel se hacen las adargas; se parecen a las vacas y mucho más a las mulas, el rabo mide un dedo, no tienen cuernos, tienen una trompa de un palmo de largo que encoge y extiende. Nadan y sumergen mucho, mas al sumergir tocan fondo, y andando por él salen por otro lado. Hay gran cantidad de ellas en esta tierra”.



Tapir
Gervais, Paul. 1854-55. Histoire naturelle des mammifères. Paris, L. Curmer.

     
      Bernabé Cobo (1653) lo menciona para Venezuela con el nombre de Ancha: “Es de hechura de venado; susténtase en tierra y habita en el agua (…) Es de comer y tiene gusto de pescado; es muy duro de cocer; no se aparta mucho de las riberas de los ríos”.
     
      El jesuita Joseph Gumilla, explorador del Orinoco, a principios del siglo XVIII, relata cómo los achaguas cazaban a los antes: “Salen los antes del rio a comer paja tierna; los achaguas están sentados entre la misma paja, y saben remedar bien el eco del ante; al tal eco responde la anta (es lo que llamamos la gran bestia) [¿la hembra?] y ambos juntos vienen al reclamo del achagua; este dispara a cada uno su flecha de veneno llamado curare, y ambos caen muertos luego al punto”.  Atribuye a las pezuñas propiedades medicinales: “las uñas afamadas y tan apreciables, que vulgarmente se llaman las uñas de la gran bestia, por haberse experimentado admirables contra la gota coral [epilepsia], tomando de sus polvos, y colgando una de aquellas uñas al cuello de doliente”. Parece ser que estas uñas junto con las piedras bezoares se guardaban en el “ojo del boticario”, es decir con las cosas más preciadas de la botica, y se enviaban como regalo a los reyes, cardenales y nobles. Refiere también Gumilla cómo se libra el tapir del yaguareté, su principal predador en aquellos tiempos: “El tigre se esconde junto al pasto que ve trillado de los antes, salta encima del primero que pasa y le aferra con sus cuatro garras; si el paraje es limpio, perece el ante, pero si hay maleza cerca y arboleda, recae el daño sobre el tigre; porque corre furiosamente el ante, mete la cabeza por lo más escabroso de la selva con tal ímpetu y fuerza, que si el tigre no se ha desprendido antes, perece despedazado entre los palos y los abrojos”.
     
      Según este autor el bocado preferido del ante es la hierba llamada gamalote [¿camalote?], su “regalo especial”, y con respecto a su nombre dice: “En fin, ella se llama comúnmente la gran bestia. No sé por qué; tal vez será porque es un animal irregular, que viene a resultar de varias partes de otros animales, sin que el todo se parezca a alguno de ellos”. Como ya había observado Oviedo, el ante parecía defenderse bien cuando lo cazaban con perros: “Pues, ¿qué diré de sus dientes, y de la facilidad y destreza con que despelleja de alto abajo a los perros, cuando se ve rodeado y perseguido por ellos? El ante no deja su puesto por más que lo acometan, y es tal su habilidad, tenacidad de dientes y fuerza con que arroja al perro que acertó a morder, que quedándose con la mayor parte del cuero del perro, lo arroja bien lejos despellejado, y dando terribles aullidos, con lo cual huyen los otros perros, espantados de la desdicha de su compañero”.


     
Dibujo de Jan Velten. Amsterdam, ca.1700


      Aparentemente el primer tapir que se vio en Europa llegó a Amsterdam en 1704, donde se lo anunciaba como una atracción con el nombre de “Caballo marino” o “Equus aquaticus” y estaba expuesto en la posada De Witte Oliphant (El Elefante Blanco) en el Botermarkt (Mercado de la Manteca), que hoy es la plaza Rembrandt de esa ciudad. Se decía en los folletos que era bastante manso como para que el público lo tocara. El ilustrador Jan Velten fue a verlo y realizó varios dibujos interesantes.
     
Dibujo de Jan Velten. Amsterdam, ca.1700

Folleto promocionando la exhibición de un tapir

https://historiek.net/een-waterpaard-op-het-rembrandtplein-in-amsterdam-anno-1700/69256/
   
     
      Hacia mediados del siglo XVIII el conocimiento sobre esta especie se iba completando. El zoólogo Thomas Pennant afirmababa que “es un animal engañoso, con marcha vacilante y perezoso: hace una especie de ruido siseante. Estos animales son de naturaleza muy apacible, y capaces de ser muy amansados. En Guyana a veces son mantenidos y alimentados con otros animales domésticos en granjas (…) Reconocen a su dueño, que le trae la comida: toman todo lo que se les ofrece, y hurgan con su trompa por comida en los bolsillos de la gente. Su postura habitual es sentado sobre su grupa, como un perro”.
     
Le Tapir ou Mapouri
Buffon, 1782


      Dice Buffon, autor de una amplia recopilación sobre el tapir,  “el grito del macho es más agudo, más fuerte y más penetrante que el de la hembra”: es un “animal triste y tenebroso”, apegado a transitar por sus sendas habituales que no abandona por más obstáculo que se le ponga adelante. Así  un viajero le comentó que tuvo la mala suerte de colgar su hamaca atravesando la senda de un tapir: “Cerca de las nueve o diez de la noche, escuchó un gran ruido en el bosque, era un tapir que venía desde un lado, sólo tuvo tiempo de arrojarse de su hamaca y apretarse contra un árbol. El animal no se detuvo, hizo saltar la hamaca sobre las ramas y empujó al hombre contra el árbol; luego, sin apartarse de su senda, pasó por entre medio de unos pocos negros que dormían en el suelo junto a un gran fuego, sin hacerles ningún daño”.
     
Le Tapir
Buffon, 1835


      “Las hembras entran comúnmente en celo en el mes de noviembre o diciembre, cada macho sigue a una hembra, y es el único momento en que vemos dos de estos animales juntos. Cuando dos machos se encuentran detrás de la misma hembra, luchan y se hieren cruelmente. Cuando la hembra está preñada, el macho la abandona y la deja ir sola; la gestacion dura 10 a 11 meses, porque se ven crías en el mes de septiembre. Para parir, la hembra elige siempre un lugar elevado y con suelo  seco”.
     
      
Le Tapir
Buffon, 1769
     

      “Este animal está bien lejos de ser anfibio, como han dicho alghunos naturalistas, vive continuamente en tierra, y constantemente gusta refugiarse en las colinas, y en los lugares más secos. Es cierto que frecuenta los luigares pantanosos, pero es para buscar alimento, y porque ahí encuentra más hojas y hierbas que en los terrenos elevados. Como se ensucia mucho en los lugares pantanosos y ama la limpieza, todas las mañanas y todas las tardes acude a nadar en algún rio o a lavarse en alguna laguna (…) Cuando es perseguido por los perros, corre también hacia algun rio que atraviesa prontamente  para intentar sustraerse a su persecución”.  Pero a pesar de que nada y bucea “no tiene la facultad de permanecer bajo el agua más tiempo que cualquier otro animal terrestre, y así se lo ve a cada momento sacar la trompa afuera para respirar”.
     
      Aclara Buffon que “no come pescado” sino “los retoños y brotes tiernos, y sobre todo los frutos caídos de los árboles (…) Este animal muy solitario es sumamente tranquilo y hasta tímido: no hay casos de que haya buscado defenderse de los hombres; pero no es igual con los perros, de los que se defiende muy bien, sobre todo cuando está herido, y a menudo los mata, ya sea a mordiscos, o bien pisoteándolos”.

The long-nosed Tapir
William Bingley. Animal Biography. Rivington, 1824

     
      El Dr. Bajon, médico del rey en Cayena, en 1774, crió uno desde cachorro, el cual le tomó muho afecto. “Lo distinguía perfectamente entre varias personas; lo seguía como un perro sigue a su dueño, y parecía que le agradaban mucho las caricias que le hacían  y le lamía las manos; además se iba solo a pasear por la selva, a veces bastante lejos, pero no dejaba de volver todas las tardes a la misma hora. Se vio a otro igualmente domesticado pasearse por las calles de Cayena, ir al campo en total libertad y retornar cada noche; sin embargo cuando lo quisieron embarcar para llevarlo a Europa, una vez abordo no se lo pudo retener; rompió las fuertes sogas con las que lo habían atado, se lanzó al agua, ganó la orilla a nado y se metió en un manglar, a distancia bastante grande de la ciudad; se lo creyó perdido, pero esa misma noche volvió a la hora acostumbrada” (Buffon).  Pero este pobre tapir terminó mal porque nuevamente embarcado volvió a soltarse en el barco y se lanzó al mar en medio del viaje a Francia. Los dibujos de la obra de Buffon que incluimos aquí parecerían ser hechos a partir de un ejemplar “que nos enviaron de América, un tapir o maïpouri vivo, [que] soportó bien el mar y habiendo llegado a veinte leguas de Paris, de golpe se enfermó y murió”. Buffon lo envió a disecar: “El Sr. Sève, nuestro dibujante, que ve muy bien, también estuvo allí”.
     
      La clasificación correcta del tapir no resultaba fácil. Algunos autores como Pierre Barrère lo consideraban emparentado con el cerdo (Sus aquaticus multisulcus)  y de Léry, como vimos, creía que era una mezcla de vaca y asno. En 1758 Carl Linné le otorgó finalmente a este “animal dudoso” un nombre científico, Hippopotamus terrestris, creyéndolo emparentado con el gran mamífero africano, pero reconociendo con el nombre específico que pasa más tiempo en tierra que en agua. Sin embargo, como aclaraba Buffon y ya lo sospechaba Dampier, eran bien diferentes porque si bien  “algunos de sus hábitos, que tiene en común con el hipopótamo, han hecho creer a algunos naturalistas que eran del mismo género, difiere tanto por su naturaleza, como está alejado por el clima”.  Finalmente Mathurin Brisson en 1762, lo ubicó en un género propio, Tapirus.

Tapires
Cabrera A & Yepes J -1960 - Mamíferos Sud-Americanos. Buenos Aires: EDIAR.

     
      Félix de Azara conoció al mboreví (como lo denominaban los guaraníes) en Paraguay, aunque no era abundante allí: “Va solo y tal qual vez con la amada; duerme de día en las mayores espesuras, y sale de noche a comer pasto, sandías y calabazas. Cogido joven, se domestica desde el primer día; anda toda la casa casi sin salir, aún después de adulto; cualquiera le rasca y manosea, sin que por esto prefiera ni obedezca a nadie (…) No muerde, y si le incomodan da un silbido delgado no correspondiente al cuerpo (…) Come carne cruda y cocida, todo pasto, y lo que encuentra, sin excluir los trapos de lana, lienzo o seda; de forma que parece más glotón que el Puerco (…) Aseguran que algunos individuos tienen piedra bezoar con la misma virtud de las orientales; y a sus uñas, tomadas en polvo, atribuyen la virtud de curar la alferecía  [epilepsia]”.
     
      La crin del tapir entusiasmó al famoso etnólogo y explorador alemán Karl von den Steinen: “La melena corta y rígida es de muy buen aspecto, pareciéndose a la de los caballos de los dioses griegos”. Más prosaico, Isidore Geoffroy Saint-Hilaire promovía su domesticación como animal de granja: “El tapir sería útil de dos formas al hombre: su carne especialmente cuando se la mejore con la dieta apropiada, proveerá un alimento completo y a la vez agradable; y como es mucho mayor que el cerdo, el tapir será de gran utilidad como bestia de carga a los habitantes del sur de Europa, y tras un tiempo, a los de los países más fríos”. Pero ello no ocurrió y el tapir sufrió una presión de caza que lo llevó a la situación vulnerable actual.
     
      El viajero alemán Johann Rengger realizó en Paraguay algunas observaciones interesantes sobre este animal: “Es de los mamíferos que he descrito hasta ahora, el primero que, además de su alimento habitual, como ha observado Azara, disfruta de varios tipos de sal, sin duda como digestivo. Se encuentra en todas las zonas bajas de Paraguay, donde la tierra contiene carbonatos, sulfato y nitratos. En tiempo seco, estas sales a veces florecen en capas muy finas en la superficie del suelo; pero cuando caen la lluvia o el rocío, desaparecen de nuevo. El tapir busca de vez en cuando estos lugares, que se llaman en Paraguay barreros, y lame la tierra impregnada de sal (…) Hacia el invierno, los dos sexos se buscan, y luego viven en parejas durante varias semanas. En este momento, uno oye el único sonido que emiten, y que es similar a un silbido prolongado, a menudo repetido (…) Además de los humanos, el jaguar puede ser el único enemigo que un tapir adulto tiene que temer. Los individuos jóvenes, por otro lado, y los lactantes, a menudo son presa del puma y de las grandes serpientes de agua”.

Anta
Brehms Tierleben. Leipzig; Bibliographisches Institut,1890-1893.

     
      Ya a mediados del siglo XX, el naturalista Andrés Giai, aporta algunos datos sobre el tapir en Misiones (Argentina). “Donde no se la persigue el anta es el animal más confiado de los que frecuentan los arroyos. En repetidas oportunidades hemos pasado en canoa a dos o tres metros de su situación., sin que reaccionaran de otra manera más que mirándonos con curiosidad o simplemente ignorándonos (…) En cambio, las que ya conocen los efectos del plomo, son muy avisadas; al aproximárseles, si están en la barranca huyen velozmente y con gran estrépito bosque adentro”. Al decir de Lugones, “como una bala de cañón”. Menciona también Giai que tienen “la extraña costumbre de engullir piedras brillantes, por lo general cuarzo, que encuentran entre los cantos rodados de las playas y correderas; probablemente estos guijarros, como los que ingieren ciertas aves, tienen la misión de contribuir al proceso digestivo”. A pesar de la agilidad que muestra, en el Chaco se lo consideraba lerdo y pesado, y se creía “nunca se echaba porque después no podía levantarse y que por eso dormía de pie apoyando su cuerpo contra un tronco”.

Alex Mouchard

En nuestra próxima entrega veremos algunos aspectos culturales y la relación del tapir con los pueblos originarios.

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REFERENCIAS

Azara, Félix de. 1802. Apuntamientos para la Historia Natural de los Quadrúpedos del Paragüay. 2 tomos. Madrid: en la imprenta de la Viuda de Ibarra.

Barrère, Pierre, 1749. Essai sur l'histoire naturelle de la France Equinoxiale. A Paris, chez la veuve Piget.

Brisson, Mathurin-Jacques, 1762.   Regnum animale in classes IX. distributum, sive, Synopsis methodica. Lugduni Batavorum, apud Theodorum Haak.

Cardim, Fernando. 1925 (1625).  Tratado da Terra e Gente do Brasil. Rio de Janeiro: J. Leite & Cia.
 
Cobo, Bernabé. 1891 (1653).  Historia del Nuevo Mundo.  Tomo II. Sevilla: Imp. De E. Rasco.

Dampier, William & al. 1723. Nouveau voyage autour du monde. A Rouen, chez Jean-Baptiste Machuel, ruë Etoupée.

de Laet, Johannes : &  Dusent, Cornelis Claessen. 1633. Nouus orbis seu Descriptionis Indiae occidentalis libri 18. Authore Ioanne de Laet Antuerp. novis tabulis geographicis et variis animantium, plantarum fructuumque iconibus illustrati. 608 p, Antuerp: apud Elzevirios.

Fernández de Oviedo y Valdés, Gonzalo. 1851 (1555). Historia General y Natural de las Indias. Madrid: Imprenta de la Real Academia de la Historia.

Giai, Andrés G. 1976. Vida de un naturalista en Misiones. Buenos Aires: Editorial Albatros.

Gumilla, Joseph. 1745. El Orinoco ilustrado, y defendido: historia natural, civil, y geographica de este gran rio, y de sus caudalosas vertientes, Volumes 1-2. M. Aguilar.

Hernández, Francisco. 1651. Rerum Medicarum Novae Hispaniae Thesaurus. V. Mascardi. Roma.

http://www.biodiversitylibrary.org/

https://archive.org/

Leclerc, Comte de Buffon. 1769. Histoire Naturelle, Générale et Particulière avec la Description du Cabinet du Roi. Tome Onzième. A Paris, de l’Imprimerie Royale

Leclerc, Comte de Buffon. 1782. Histoire Naturelle Générale et Particulière, Supplément à l'Hiftoire des Animaux quadrupèdes, Tome Sixième. A Paris, de l’Imprimerie Royale

Léry, Jean de. 1578. Histoire d'un Voyage fait en la terre du Bresil, autrement dite Amerique. A La Rochelle, pour Antoine Chuppin.

Lozano, Pedro. 1733. Descripcion chorographica del terreno, rios arboles y animales ... del gran Chaco, Gualamba y de los ritos y costumbres de las ... naciones barbaras è infieles que le habitan. En Córdoba: en el colegio de la Asumpcion, por Joseph Santos Baibàs.


Marcgrave, George.1648. Historia Naturalis Brasiliae. Lugdun. Batavorum, apud Franciscus Hackium et Amstelodami apud Lud. Elzevirium. 

Pennant, Thomas, 1781. History of quadrupeds. 2ª ed. London: printed for B. White.

Rengerr, J. R. 1830. Naturgeschichte der Saugethiere von Paraguay. Basel, in der Schweighauserschen.

Sahagún, Bernardino de.1829 (1540-1585). Historia general de las cosas de Nueva España. México: Imprenta del ciudadano Alejandro Valdés, calle de Santo Domingo y esquina de Tacuba

Steinen, Karl von den. 1886. Durch Central-Brasilien: Expedition zur Erforschung des Schingú im J. 1884. Brockhaus, Leipzig

Thévet, André. 1575. La cosmographie universelle d'André Thevet, cosmographe du roy: illustrée de diverses figures des choses plus remarquables veues par l'auteur, & incogneuës de noz anciens & modernes. A Paris: chez Guillaume Chandiere.

Vargas Machuca, Bernardo de. 1599. Milicia y descripción de las Indias. En Madrid: en casa de Pedro Madrigal.

Winters, Ria. 2017. Un “caballo de agua” en Rembrandtplein (1700). https://historiek.net/een-waterpaard-op-het-rembrandtplein-in-amsterdam-anno-1700/69256/




 

jueves, 28 de diciembre de 2017

EL HOATZIN (Opisthocomus hoazin): LA INCLASIFICABLE AVE HEDIONDA

Serían las seis de la tarde, pasó la garza morena
cantando el alcaraván dieron su luz las espermas
se escuchaba en la cañada algarabía de chenchenas
y en el estero lejano se alzaban garzas paletas

“Leyenda del ánima de Santa Helena”
Héctor Paul Vanegas


Chenchena en Challua Cocha, Sani Lodge, Sucumbíos, Ecuador. Foto Alex Mouchard.


     Recientemente tuve la suerte de visitar la Amazonia Ecuatoriana, más precisamente Sani Lodge, un maravilloso sitio a orillas de uno de las “madre viejas” o cauces abandonados del río Napo, denominado Challua Cocha. Esta laguna, plena de vida, se encuentra rodeada por unos extraños bosques casi puros de yautia madera (Montrichardia arborescens),  una arácea de grandes hojas. Sobre estas plantas, comiendo sus frutos, es comun ver a una extraña ave mezcla de gallinácea, rapaz y  ave prehistórica con el aspecto de un enorme pirincho (Guira guira). Se trata del hoatzin o chenchena.

¿Qué habrán pensado los primeros naturalistas ante esta ave inclasificable?

En principio, su historia nace de una cadena de errores. Francisco Hernández de Toledo, un médico español del siglo XVI, quen realizó una de las primeras expediciones científicas a América, describió un ave “casi del tamaño de una gallina” que “gusta de las serpientes. Tiene una voz poderosa que parece un aullido o un gemido. Se la oye en otoño y es considerada de mal agüero por los nativos. Sus huesos calman el dolor de cualquier parte mutilada del cuerpo humano. Además el humo de sus plumas, restablece la mente de los que sufren alguna enfermedad, que se hiciera demasiado persistente. Ingerir las cenizas de sus plumas ayuda a curar admirablemente a los afectados por el Mal Francés [sífilis]. Vive en regiones cálidas, como  Yauhtepec, y se sabe que reside en las partes mayormente cubiertas de árboles junto a los ríos, donde la hemos visto y procurabamos capturarla para dibujarla.” Hernández, que trabajó en México y Centroamérica, le aplicó al ave un nombre local: “hoatzin, o ave que emite una voz semejante a este nombre”, que procede del náhuatl huactzin, apelativo onomatopéyico aplicado por los naturales al Pájaro vaquero o Macaguá (Herpetotheres cachinnans, ver nuestra entrada dedicada a esta especie).

Daubenton, Edme-Louis. 1765-1783? Planches enluminées d'histoire naturelle. Paris?


En años siguientes, los zoólogos europeos repitieron textualmente las observaciones de Hernández, creyendo que se trataba de un tipo de faisán, y no de una rapaz. Brisson, por ejemplo, le dio un nombre en latín: Crax fuscus mexicanus, suponiendo erróneamente que era una crácido o muitú proveniente de México. Buffon y su colaborador Genau de Montbelliard terminaron de redondear la confusión atribuyendo la descripción de Hernández a un ave que Daubenton, en sus famosas “Planches enluminées”, había representado con el  nombre de Faison huppé de Cayenne o Faisán crestado de Cayena, y que indudablemente es un hoatzin como lo conocemos actualmente, y que no vive en Mexico, por lo cual no podía tratarse del ave de Hernández. Jean-Baptiste-Christophe Fusée-Aublet, un botánico francés que vivió en Guayana hacia 1762-1764 informó a Buffon que este animal “se domesticaba, que se ven a veces domésticos en casa de los indios, y que los franceses les llaman ‘paons’ [pavos]; alimentan a sus crías con hormigas, gusanos y otros insectos”. Como veremos esta última afirmación es también errónea.

En 1776 Philipp Ludwig Statius Müller le dio el primer nombre de valor científico. Lo llamó Phasianus hoazin, inmortalizando para la ciencia el nombre mexicano usado por Hernández, pero adoptando la grafía afrancesada de Buffon. Además, como indica el nombre genérico, se lo seguía considerando una especie de faisán (otro error más), hasta que Johann Centurius von Hoffmannsegg lo separó en un género aparte que denominó Opisthocomus, del griego opìsthe, atrás, kome, cabellera, en referencia a su copete; y, en alemán, Schopfhuhn, o sea “Gallina crestada”. Este noble y naturalista alemán financiaba algunos colectores en Sudamérica como Francisco Gomes y Friedrich Sieber que le enviaban ejemplares desde Bahía y de Pará, respectivamente,  los que contribuyeron a que su colección fuera de las más ricas de Europa y seguramente dentro de los envíos habría ejemplares de hoatzin.

Hoazin huppé
Dibujo de Edouard Traviés, en Cuvier, G. 1828. Le règne animal distribué d'après son organisation. Vol 4. 2ª ed. 


A fines del del siglo XVIII empiezan a llegar a Europa más noticias sobre estas aves. El naturalista francés Charles Nicolas Sigisbert Sonnini de Manoncourt  tras su viaje a Guyana lo hizo conocer en Europa, distinguiéndolo del impreciso hoatzin de Hernández. Señalaba que el copete “puede levantarlo, pero no erguirlo en forma de penacho, cuando está asustado”. Lo designó con el nombre de Sassa que le daban los naturales de la Guayana Francesa y que “representa su grito, que pronuncia con voz fuerte y ronca. Se lo encuentra al borde de las aguas y en lugares inundados, y esta preferencia se debe al tipo de alimentación. Come frutas y hojas de un gran arum [arácea], llamada en ese país moucou-moucou (arum arborescens, Linn.), y que cubre grandes extensiones en las sabanas inundadas. Por donde quiera que estas plantas crecen en abundancia, es seguro encontrar a las sassas, a veces en parejas, a veces en pequeños grupos de seis u ocho. Se posan, por lo general, sobre la misma rama, uno al costado del otro y muy apretados. Son poco desconfiados, y se dejan acercar fácilmente, sin duda porque rara vez se los caza, en principio debido a lo alejado y a la naturaleza de los lugares que habitan, y además por el poco interés que se tiene en buscarlos; el fuerte olor a castoreum [secreción de las glándulas anales del castor] que exhalan no permite comerlas. Su carne no es sin embargo del todo inútil; los pescadores la cortan en trozos, y se sirven de ella como carnada para capturar grandes peces”. Louis Vieillot, confundido por las descripciones de Buffon había creado para el hoatzin la familia Ophiophages (comedora de serpientes) cometiendo según él “un grave error”, pero viendo que Sonnini había precisado correctamente que el ave era herbívora, rectificó el nombre de la familia a Dysodes (mal olor), debido a esa característica de la carne.

Entre 1835-1839 el naturalista alemán Robert Hermann Schomburgk realizó un viaje a la Guayana Británica donde pudo observar al hoatzin, que parece haberlo cautivado: “En un lugar de tanto esfuerzo y sudor, mi atención fue atraída por unos gritos y graznidos roncos y conspicuos, que sonaban desde la ribera boscosa. Cuando me acerqué cautelosamente al lugar, vi una gran bandada de grandes aves frente a mí; eran Schopfhuhner [Gallinas crestadas] (Opisthocomus cristatus Illiger), Stinkbirds [Aves hediondas] de los colonos. Aunque el nombre alemán referido a las largas plumas de la cabeza es lo suficientemente significativo, el que le dan los colonos enfatiza más correctamente una de las características más destacadas de estas aves, ya que sin verlas uno advierte su presencia ya desde bastante lejos, aunque no de la manera más agradable. El olor es tan feo que incluso los indios, independientemente de la abundancia de su carne, no comerían al ave bajo ningún precio. El rebaño sin duda era de cientos, algunos de los cuales tomaban sol, otros corrían entre los arbustos, otros volaron al suelo; parecía ser la temporada de apareamiento (…)  Conocí a esta ave, tan hermosa y orgullosa en su apariencia, solo una vez durante mi viaje de cuatro años, y en grandes cantidades en la orilla boscosa del Takutu, donde encontré varios cientos reunidos (…) que anunciaban su presencia a la distancia con fuertes gritos. Solían tomar el sol en los arbustos y en los árboles más bajos, en parte huían, persiguiéndose el uno al otro, de rama en rama, mientras que otros corrían por el suelo. El hecho de que a menudo estén en esta actividad lo demuestran las puntas desgastadas de las hermosas plumas de la larga cola en los adultos. Viven de frutas y bayas. Sin la necesidad de ver o escuchar al ave, ella señala su presencia por el desagradable olor. No pude averiguar nada sobre el tema de su reproduccion. Los Waraos le llaman Nah, los Macuxis, Zezira”.

Huevos de Opisthocomus cristatus.
Cabanis, J. 1870.  Journal für Ornithologie. 


Jean Louis Cabanis, que estudió las aves del viaje de Schomburgk, lo ubicó en la familia Musophagidae, que hoy incluye sólo especies africanas, aunque Swainson en 1837 le había creado una familia propia, Opisthocomidae. Hoy en día, pese a las avanzadas técnicas de biología molecular, su ubicación es incierta. Se lo consideró emparentado a los cucos o a las palomas, y más recientemente próximo a las Gruiformes y Charadriformes.

El geólogo canadiense Charles Barrington Brown hacia 1870, también lo encontró en Guyana: “Oimos un curioso sonido, un poco como una respiración pesada, proveniente de algunos árboles de la orilla del río, que descubrimos era producido por un ave que se denomina alegremente ‘faisán hediondo’. Es la Cecelia [Cecilia] crestada (Opisthocoums cristatus), que vive en los árboles que bordean la ribera de los ríos. Su vuelo es corto y pesado; parece ser muy torpe, cayéndose hacia adelante y aparentemente perdiendo el equilibrio cuando se posa, permaneciendo un rato con las alas extendidas. Acercando la cabeza de un ejemplar que cacé, a unas pocas pulgadas de mi nariz, inhalé el vaho de su perfume, que para mí se parece a una mezcla de mal almizcle con amoníaco”.


Joven Hoatzin
Ogilvie-Grant, W. R.1895-1897. A hand-book to the game-birds,  London :W.H. Allen & Co.


Es conocido el hecho de que los pichones del hoatzin nacen con garras en su miembros anteriores lo que les permite trepar a los árboles, si es que por algún peligro deben lanzarse al agua, de allí que Edward Brigham lo consideraba un “ave cuadrúpeda” durante esa etapa de la vida.  Como hizo notar el ornitólogo James Edmund Harting,  Marcgrave que exploró el nordeste brasileño en el siglo XVI, parece no haber descripto el ave adulta, pero dibujó un pichón con dichas características al que describió como “pollo gallináceo monstruoso”. Los ornitólogos victorianos lo consideraban un ave reptiliana, un eslabón perdido entre los reptiles y las aves, que venía como anillo al dedo para las novedosas teorías evolucionistas. El zoólogo William Kitchen Parker se entusiasmaba: “Porque el ave ha sido durante mucho tiempo para mí un Reptil transformado y, uno podría decir, glorificado, la casi imago de un reptil, que toma el lugar de una pupa activa, haciendo el pez, en la presente economía de la naturaleza, el papel de una larva”. Con igual énfasis evolucionista, el naturalista brasileño Emílio Augusto Goeldi opinaba que “es uno de los documentos filogenéticos mas interesantes, una nueva e inesperada piedra de toque para la verdad de la evolución y la transformación, por lo tanto tanbién, un justo obstáculo y perplejidad para aquellos que juzgan que la sociedad humana lucraría con la creencia en una eterna y perpetua fijeza de las especies”.

Pollo gallináceo monstruoso
Marcgrave, G.1648. Historia Naturalis Brasiliae. Lugdun. Batavorum:Franciscus Hackium et Amstelodami: Lud. Elzevirium.


Brigham decía que “el hoactzin es un ave muy peleadora (…) eleva su cresta de plumas ralas y trabajosamente aletea mientyras trata de mantener el equilibrio en su inestable percha. Lanza su cuello en contorsiones, como si se estuviera ahogando, y de una manera cómica y extraña amenaza a su congénere, que tiene la misma dificultad para mantenerse en su percha y que le responde desde la movediza hoja de una aninga vecina (el ruido de su aleteo se acompaña de siseos, gruñidos, rugidos y chillidos) (…) tal es la semejanza de sus gritos en estas ocasiones con algunos propios del jaguar, que al ser despertado por ellos he ido a buscar mi rifle”. Mientras para algunos la voz de la cigana se parece a la tos de un fumador, para el naturalista francés François Louis Nompar de Castelnau “los Ceganos hacen escuchar por todas partes sus suspiros melancólicos”

Jóvenes Hoactzines
Dibujo de Baldwin.
Knowlton, FH et al. 1909 . Birds of the world..New York, Holt. 




William Lutley Sclater, hijo del ornitólogo Philip Lutley Sclater, estuvo en Demerara (Guyana) en 1887 y observó que el hoatzin era muy abundante en el arroyo Canjé, de ahí que se lo conociera como Faisán del Canjé: “Como es bien conocido la planta arácea de la que se alimenta el Faisán del Canjé (Caladium esculentum) da a su carne un olor fuerte y desagradable, de allí el dicho en la colonia, ‘oler tan mal como un Faisán del Canjé’ ”.  Los Sclater enviaron a John Quelch, superintendente del Museo Georgetown de Demerara, a buscar los nidos del hoatzin, y éste a pesar de que las aves eran allí numerosas, no dejó de quejarse por los inconvenientes. “Hay generalmente mucha dificultad en acercarse a ellas, y también a los nidos. Los hacen en una clase de arbustos o arbolitos muy espinosos, apoyantes y extendidos que crecen en los pantanos junto al agua en una masa densa, y en los cuales es muy tedioso y difícil penetrar. Los nidos cuelgan sobre el agua, de modo que desde tierra es imposible llegar a ellos. Desde el agua, también, es un proceso muy trabajoso. Uno tiene que vadear, a menudo hasta los muslos, a través de un espeso lodo, durante la marea baja, y abrirse camino a traves del matorral espinoso; y entonces tirando de la rama para alcanzar el nido (porque no se puede trepar) hay alguna posibilidad de obtener huevos. A menudo, sin embargo, durante este procedimiento los huevos se caen; porque el nido es totalmente chato y abierto, consistente solo de unos pocos palitos laxamente reunidos”. Finalmente en una segunda expedición pudo conseguir los pichones del Hanna o Anna, como lo denominaban allí, verificando la existencia del “ave cuadrúpeda”. Quelch pudo comprobar que “pronto después de eclosionar los huevos, los pichones empiezan a arrastrarse mediante sus alas y patas, usando constantemente las bien desarrolladas garras del pulgar y el índice para sostenerse y enganchasrse en los objetos circundantes (…) Un hecho curioso observado con un pichón que al asustarse cayó al rio fue la capacidad de nadar rápidamente y sumergirse cuando es perseguido. (…) La prolongada inmersión que un pichón tolera así, instintiva y voluntariamente, o que un adulto soporta al intentar escapar, me parece muy destacable”. Aunque no pudo presenciar el momento en que alimentaban los pichones, mediante el estudio del contenido de los buches, determinó que las crías eran alimentadas con hojas tiernas trituradas. En cuanto a los adultos, sólo encontró hojas y frutos del Bundoorie (Drepanocarpus lunatus), la Courida o Mangle blanco (Avicennia nitida), o el Mucco-mucco (Montrichardia arborescens).

Latham. 1788. Gen. Syn 2 (2) pl LXIV


Quelch menciona otros nombres que le daban en Guyana: Canjé, Faisán hediondo y Pavo del Gobernador Batenberg, no sabemos si aludiendo a algún olor corporal de Abraham Jacob van Imbijze van Batenburg, gobernador durante dos períodos de Surinam. Un médico residente en Guyana, Charles Grove Young, daba en 1888 alguna pista sobre el famoso olor: “Recibe el nombre de ‘hediondo’ debido a un olor peculiar, como de bosta fresca de vaca, que proviene del buche, del estómago o de ambos, porque cuando la piel es preservada no tiene ningún olor, y el cuerpo, cuando se han quitado las vísceras, es de olor bastante agradable. Pese a la posibilidad de quitarle el olor al eviscerarlo, nunca se lo usa como alimento; por lo tanto pasa su tiempo en paz y plenitud (…) Hay grandes probabilidades que estas aves rumien”. Se refería a que en su enorme buche pueden efectuar la digestión de la celulosa de las hojas de la misma forma que los rumiantes mediante la ayuda de una flora bacteriana similar.  Agregaba Young que el hoatzin anida sobre una especie de arbusto (Dreponocarpus lunatus). “Cualquier día del año se los puede ver posados lado a lado como los love-birds [Agapornis] en las ramas de este arbusto o en los árboles bajos de atrás (…) Nunca dejan la orilla del río, y su alimento son las hojas y semillas de este arbusto y de una planta que crece en el agua, una especie gigante de aro  (Arum maculatum), llamada en casa “Caballeros y Damas”, y en este país Mucca mucca (Caladium arborescens)”.  Finalmente pudo ver las garras de los pichones que “consisten en uñas en el pulgar y en la punta del ala que actúan en forma prensil para agarrarse de las ramas”.

Hoatzin
Evans, A. H. 1900. Birds.(New York: The Macmillan Company)


Pero el hoatzin no sólo se encuentra en las Guayanas. En 1885-1886 el botánico estadounidense Henry Hurd Rusby recorrió el Beni Inferior (Bolivia) y obtuvo una pobre impresión del ave: “Es muy estúpido, y se puede matar una cierta cantidad antes que los demás intenten escapar. Su nombre nativo de ‘Loco’, o ‘Pájaro loco’ está bien justificado”.

Cigana
Goeldi, EA. 1900-1906. Álbum de Aves Amazonicas. Alves & Cie. Rio De Janeiro


En Brasil, William Bates, el explorador del Amazonas, los encontró en Vista Alegre, registrando su nombre local de ‘cigana’ y comunicando que se alimenta de frutos silvestres especialmente la agria guava o guayaba (Psidium guajava): “la carne tiene un agradable olor de almizcle combinado con cuero húmedo – un olor que los brasileños llaman catinga”. De ahí el nombre de ‘catingueiro’ que menciona Goeldi: “Cada habitante de la Amazonia conoce el pájaro bonito más imbécil, que andando generalmente en bandadas, constituye un adorno de las riberas de nuestros ríos. A causa de la alimentación, que consiste de hojas (especialmente de la Aninga [Montrichardia arborescens]), la carne de las ciganas no es comestible teniendo un aroma desagradable.” Por su parte, Eurico Santos recopiló otros nombres brasileños: Eigana, Aturiá (que es también el nombre brasileño de la planta de la cual se alimenta: Drepanocarpus lunatus), y Yacú-cigana. Pero el más usado, Cigana (gitana), se debe a que su “indumentaria resulta vistosa, como son, generalmente, los trajes de llamativos de las gitanas”. Agrega que su alimentación además del aturiá incluye al batata-rana (Vigna lutea).

Cabeza de adulto y detalle del ala del pichón de Hoatzin.
Chubb, Ch. et al. 1916-1921.   The birds of British Guiana. London :Bernard Quaritch.


En Venezuela, George Kruck Cherrie, un ingeniero mecánico estadounidense devenido en naturalista de campo y taxonomista, realizó viajes por el río  Orinoco. Allí, en Caicara, conoció a la Chenchena o Guacharaca de Agua y comprobó que aunque el ave no es cazada ni por humanos ni por predadores y rara vez se la molesta, es sin embargo muy desconfiada. “Las aves que incuban siempre dejaban el nido cuando nos poníamos a su vista, o aún antes. Los padres nunca permanecían cerca de los nidos y por sus acciones manifestaban poco interés en lo que estaba pasando”.

Hoatzin
Dibujoo de Robert Kretschmer. Brehm, AE. 1878 Merveilles de la nature. Bailliere et fils, Paris



Una de las observaciones más completas sobre la vida de las chenchenas es la del naturalista y explorador William Beebe y su esposa Mary Blair que recorrieron en 1908-1909 el rio Guarapiche (Venezuela) y el Abary (Guyana). Observaron que cuando adulta el ave no olvida totalmente sus hábitos infantiles porque, aunque “los dedos quedan ocultos muy por debajo de las grandes plumas de vuelo del ala, aún estas mismas plumas son a menudo utilizadas, a manera de dedos, para apartar las espesas enredaderas, de este modo perforando y empujando las aves se abren camino”. Además muestran una gran fidelidad a los árboles donde se posan y por eso las considera “verdaderos perezosos emplumados”. Esta actividad hace que su plumaje aparezca siempre “en una condición muy gastada y arruinada, especialmente las plumas del ala, donde las ramas y hojas frotaron y arrancaron las barbas”. Para Beebe las dificultades del ave para moverse a través del enmarañado entorno, especialmente al posarse y trepar son una muestra de “la inadaptabilidad de sus grandes pies al pequeño tamaño de las ramitas y ramas entre las que viven. Aunque parezca inexplicable, el Hoatzin – que en muchos aspectos no ha cambiado durante largos períodos – sin embargo está lejos de estar perfectamente adaptado a su ambiente actual”. En el buche de uno de los ejemplares que estudiaron encontraron restos del pequeño pez de cuatro ojos (Anableps anableps), lo cual parece puramente accidental. Finalmente, los Beebe no coinciden con lo señalado por muchos autores sobre el mal olor del ave: “uno nota un muy leve olor almizclado, no del todo desagradable, y en verdad sólo perceptible cuando uno le dirige su atención. Nuestros ejemplares eran ciertamente de los más inofensivos al respecto, y la carne de uno que cocinamos y comimos, aunque dura, era tan limpia y apetitosa como la de un paujil”. De todas maneras acotan que el olor parece provenir de la piel ya que se mantiene aún en las conservadas durante varios años en los museos.

Opisthocomus hoatzin 
Goldfuss, Georg August. 1824 -1842. Naturalist Atlas. Duesseldorf: Arnz.





LOS NOMBRES DE LA CHENCHENA

Hoatzin: Es un nombre de origen mexicano, impropio para esta ave que no vive en México, pero por razones históricas se impuso especialmente en el habla inglesa, también como Hoactzin.

Guyana: Canje Pheasant, Sasa, Zezira (macuxi); Hanna, Anna, Nah (warao), Stinkbird (ave hedionda), stinking pheasant (faisán hediondo), Governor Batenberg’s Turkey (Pavo del Gobernador Batenberg), Crested Cecilia.

Guayana Francesa: Sassa (créole), Hoazin huppé

Surinam: Stinkvogel

Colombia: Pava Hedionda, Chenchena, Hua tu ri yaj (yucuna-matapi)

Venezuela: Guacharaca de Agua, Chenchena

Ecuador: Chenchena

Brasil: Cigana, Jacú-cigano, yacú-cigana, eigana, Catingueiro, aturiá.

Perú: Shansho.

Bolivia: Serere, Pava Serere, Serere curichero (el curichi es una laguna con vegetación), Serere de agua (Serere es el Pirincho Guira guira, al cual se parece); Loco, Pájaro loco (Beni Inferior).



Viñeta de la obra de Goeldi.



LA CHENCHENA EN LA CULTURA

Pese a ser un ave tan conspicua y notable en muchos aspectos, el hoatzin, no parece haber dejado mucha impronta en los mitos de los pueblos originarios. Quizás se deba a que merecía poca atención por el olor de la carne que la hacía inapta para la caza, aunque sus huevos eventualmente eran consumidos por los indígenas del Amazonas. Su carne se usa además como carnada para pescar. Sus plumas sirven para confeccionar adornos y para la medicina popular.  Los indígenas creíanb que era ave de mal agüero y así se la considera en Venezuela porque cuando canta trae la desgracia.

Como hemos visto la chenchena no es un plato apetecido, sin embargo Temis Perea Pedroza nos trae la receta de este curioso caldo: “La chenchena es una pavita ribereña de color pajizo y olorosa a pescado seco. Se cocina en una primera agua que se cambia. En seguida se pone nuevamente a hervir con mucha cebolla, ajo y onoto. Es un plato destinado como el pichón de torcaza, para enfermos y débiles”.  

El “ave cuadrúpeda” ha sido registrada por algunos mitos brasileños. Parece ser que los primeros seres humanos al ver a los pichones de cigana aferrándose con sus manos a las ramas creyeron que eran la cruza de un ave con un mono.


En la canción popular llanera la chenchena aparece caracterizando al ambiente, como en la cita que encabeza este trabajo, y también como una damita coqueta como en esta bonita canción de Casanare (Colombia), cuyos protagonistas son el gabán (Jabiru mycteria), el zamuro (Coragyps atratus), la chenchena y el garrapatero (Crotophaga ani).

La boda de la chechena y el garrapatero

Ayyy! El gabán de Casanare es un gabán muy fiestero
Había un baile en Puerta Azul y el fue el que llegó primero
Vestido de liqui liqui con un pelo’e  guama negro
Se trataba de una fiesta de despedida ‘e soltero
Se casaba una chenchena y un pobre garrapatero
Los novios se divertian tomando licor del bueno
La boda se barajó no por falta de dinero
El culpable fue un zamuro que se les metio po’el medio
Y desbarató el matrimonio por motivo de los celos
Y el pobre chiriguarito ahí mismo levantó el vuelo
Con rumbo hacia Primavera llevaba guayabo negro

Ayyy! Mira donde fue a buscarlo para brindarle un consuelo
Una carta e’la chenchena que regresara ligero
Comedido como un señor le daba muchos consejos:
“Como creyera que cambie por ese viejo tan negro
Ademas de su color es un poco visolejo”
“Esta bien mi gabancito yo le acepto su consejo
Pero es que ella es muy coqueta y todo lo vuelve fuego”
El gaban de Casanare es un gaban consejero
Por él quedaron felices   chenchena   y garrapatero

Hoazin huppé
Gervais, FP. 1844. Atlas de Zoologie. Paris.


            Y en una onda más poética Ana Enriqueta Terán la incluye en este soneto:


Una chenchena en el Suapure río
sombría y recamada desde el vuelo
hasta el tazón de oscuro terciopelo
que devuelve la imagen del vacío.
Amontonado verde en elk bajío;
tronco vivo que aviva mir ecelo:
caimán de niebla hueca tras un velo
de indiferencia y abisal hastío.
Todo se mueve, pasa, queda afuera
de la estación, dela ño, del momento;
todo se aparta sin dañar la hora,
del alto, enamorado pensamiento.
Todo se restituye de manera
que el río pasa sin tocar el viento.


Coat of arms de la República Cooperativa de Guyana diseñado por  Alvin Bowman, Stanley Greaves y L.R. Borrows.

Sello postal de Guyana




La  República Cooperativa de Guyana ha elegido al hoatzin o Canje Pheasant como su ave nacional y además figura en el escudo del país por tratarse de un especie rara pero común allí, representando la riqueza faunística de Guyana.


 Alex Mouchard



Pareja de hoatzines y su nido.
Ogilvie-Grant, WR. 1905. Guide to the gallery of birds in the Department of Zoology of the British Museum (Natural History). London: Taylor and Francis. 



REFERENCIAS

Bates, H.W. – 1873-The Naturalist on the River Amazons.
Beebe, C. William. 1909. Ecology of the Hoatzin. Zoologica. Scientific Contributions of the New York Zoological Society.
Brigham, E. 1885. Ibis, pg118.
Brisson, Mathurin Jacques- 1760-1763- Ornithologie.
Brown, Charles Barrington. 1876. Canoe and Camp Life in British Guiana. E. Stanford.
Buffon, G.L.L. conde de.  1770 - 1785 . Histoire naturelle des oiseaux.
Cabanis, J. L. 1870. Journal für Ornithologie, pg 318.
Cherrie, George Kruck. 1916.   A contribution to the ornithology of the Orinoco region. Brooklyn, N.Y.: Pub. for the Brooklyn Museum.
Chubb, Charles et al. 1916-1921.   The birds of British Guiana. London :Bernard Quaritch.
Daubenton, Edme-Louis. 1765-1783? Planches enluminées d'histoire naturelle. Paris?
Goeldi, Emil August. 1894.   As aves do Brasil. Rio de Janeiro: Alves & C.
Goeldi, Emil August. 1895. Boletim Museum Goeldi, 1:167.
Harting, J. E. 1886. Ibis, pg 98.
Hernández, Francisco. 1651. Rerum Medicarum Novae Hispaniae Thesaurus. V. Mascardi. Roma.
http://www.biodiversitylibrary.org
https://www.youtube.com/watch?v=S2e9zvb3-44
Illiger, Johann Karl Wilhelm et al. 1811. Prodromus systematis mammalium et avium. R. Friedländer & Sohn, Berolini: Sumptibus C. Salfeld. 
Marcgrave, George.1648. Historia Naturalis Brasiliae. Lugdun. Batavorum, apud Franciscus Hackium et Amstelodami apud Lud. Elzevirium.
Parker, W. K. 1891. Transactions of the Zoological Society of London. 13:43.
Perea Pedroza, Temistocles.1993. De la tradición y el mito a la literatura llanera. Suministros Educativos.
Quelch, J. 1890. Ibis, p.327.
Santos, Eurico. 1938. Da Ema ao Beija-Flor. F. BRIGUIET & CIA.Rio de Janeiro.
Schomburgk, Richard et al.   1847-48. Reisen in Britisch-Guiana in den Jahren 1840-1844 : nebst einer Fauna und Flora Guiana's nach Vorlagen von Johannes Müller, Ehrenberg, Erichson, Klotzsch, Troschel, Cabanis und Andern. Leipzig :J. J. Weber.
Sclater, W. L. 1887. Ibis, p. 319.
Statius Müller, Philipp Ludwig. 1776. Des Ritters Carl von Linné Königlich Schwedischen Leibarztes c. c. vollstaendiges Natursystem Supplements- und Register-Band über alle sechs Theile oder Classen des Thierreichs.
Terán, Ana Enriqueta. 2013. Sonetos de todos mis tiempos. Fundación Casa Nacional de las Letras Andrés Bello.
Vieillot, L. 1819. Nouveau dictionnaire d'histoire naturelle.  XXX.

Young, Ch. G. 1888. Notes from the Leyden Museum. 10:169.