"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas". >Michel Foucault-Las palabras y las cosas

sábado, 2 de agosto de 2014

EMILIA SNETHLAGE, EXPLORADORA DEL AMAZONAS

“Para mi felicidad, mi vista está tan acostumbrada y aguzada y conozco a las aves tan bien, que ya sé casi en el mismo instante qué es lo que se posa delante de mi.”


                                                                                                          Emilia Snethlage




SELVA ENTRE DOS RIOS




Sanjad, N. Snethlage, R. M.; Junghans, M.; Oren, D. C. -2013 - Boletim do Museu Paraense Emílio Goeldi. Ciências Humanas  8 (1):195-221


Hacia principios del siglo XX existía una importante región en el estado de Pará, Brasil, aún poco explorada por la civilización occidental. Dicha región se extiende entre los ríos Tapajoz y Xingu, y más precisamente entre los ríos Iriri (afluente de la margen izquierda del Xingu) y el Jamauchim (afluente de la margen derecha del Tapajoz).

Allí se dirigió nuestra intrépida protagonista, Emilia Snethlage, con el proposito de explorarla ya obtener materiales para el Museo Parananse Emilio Goeldi donde trabajaba.


Mapa de la región explorada.
Snethlage, E. – 1912 - A travessia entre o Xingú e o Tapajoz. Boletim do Museu Goeldi 7:49-92.


Con el apoyo de la firma comercial Souza e Braga y del coronel Raymundo Brazil y otros propietarios de los seringales (explotaciones de caucho) del Tapajoz medio y del bajo Jamauchim, Emilia intentó primeramente el acceso por estos ríos, partiendo el 11 de octubre de 1908 y llegando hasta Tucunaré, ultima región habitada del Jamauchim. Más allá se le hizo imposible avanzar debido a una serie de cascadas y saltos muy importantes, apenas pasando la boca del Arury.


MUSEO EMILIO GOELDI

Frente del Museo
  http://brasil.urbansketchers.org/


Desde su fundación en 1866 el Museo Emilio Goeldi es reconocido mundialmente, como un importante centro de estudios amazónicos. Se originó en la Asociación Filomática, fundada bajo el auspicio del zoólogo suizo Louis Agassiz, quien realizó una expedición por  Brasil en los años 1865/1866. Esta Asociación  pasó a ser el Museo Paraense, gracias al trabajo de un equipo de científicos dirigidos por  Domingos Soares Penna.

El 31 de diciembre de 1900, por decreto del gobernador del estado de Pará, recibió el nombre de Museo Paraense Emílio Goeldi, “en atención a los relevantes servicios prestados por el Dr. Emilio Augusto Goeldi, Director del Museo Paraense, en la organización de este importante establecimiento”.

Plano del Museo hacia fines del siglo XIX.
     Boletim do Museu Paraense de Historia Natural e Ethnographia. II – 1897-1898.Pará.


Además de los especímenes conservados de fauna y flora, el ámbito del museo es un jardín zoo-botánico con especies nativas del Amazonas  y un lago con victoria-regias. Tiene una biblioteca especializada y una gran cantidad de material arqueológico y etnológico de las etnias amazónicas.






Emilia no se dejó vencer por este inconveniente y muy pronto estaba intentado acceder a esa región desde el río Xingú. A principios de junio de 1909 llegó en el vapor Brito a Victoria, puerta de entrada a los territorios del Xingú. Un mes más tarde partió de Forte Ambé en un igarité o canoa grande que tras cinco días de navegación la llevó hasta la primer cascada del río Iriri. Quedó sorprendida por el  espectáculo de la vegetación que rodeaba los saltos. Todas las rocas estaban cubiertas de verdaderos colchones de podostemáceas. También eran notables los palmares de babassú (Attalea speciosa) una palmera de gran importancia económica.


Attalea speciosa Mart.[Orbignya phalerata Mart.]   
Orbigny, A.D. d’, Voyage dans l’Amérique Méridionale, vol. 7(3): t. 13 (1847)


Al día siguiente llegaron a Santa Júlia, la colonia más antigua del  Iriri. De allí partieron para la boca del Curuá, para lo cual tuvieron que pasar por dos cascadas “fuertes” que obstruyen el curso medio del Iriri.  El 30 de julio arribaron a  Sao Francisco, donde por primera vez en casi un mes pudo dormir en una casa.  Luego continuaron hasta la boca del río Curuá. Aquí encontró a las tribus de los chipayas y los curuahés, que habían sido mencionadas por viajeros anteriores como el príncipe Adalberto de Prusia, Henri Coudreau y Karl von den Steinen, aunque ninguno de ellos tuvo contacto directo con estos indígenas.

Los chipaya vivían en el alto Curuá y el alto Iriri, retirados de la civilización, aunque algunos trabajaban como tripulantes del servicio  de canoas. Los curuahés que conoció le parecieron mansos y tímidos ya que vivían bajo el patriarcado de Manoelsinho, un chipaya que habitaba en los límites de la civilización. Pudo registrar los idiomas de ambas tribus, que diferían entre sí, aunque sin embargo sus vestidos, armas y ornamentos eran similares.Estos indígenas cazaban con flechas de caña con punta de madera blanca o hueso y base de plumas de mutum o muitú (Crax fasciolata). Además tenían otras flechas de punta muy fuerte y ganchuda que usaban para la guerra y cuya cola estaba hecha con rectrices de harpía o gavião real (Harpyia harpyja).

El 9 de agosto comienzan a remontar el Curuá, río de un centenar de metros de ancho, plagado de rápidos y cascadas y rodeado de selvas muy desarrolladas llenas de árboles de seringueira (Hevea brasiliensis L. ) y también de caucho (Hevea benthamiana Müll. Arg.).  Las numerosas playas de las márgenes y de las islas les proporcionaron abundante cantidad de huevos de tortuga tracajá (Podocnemis unifilis). En esos lugares eran comunes las huellas de la onça pintada, minem o yaguareté, de los cuales habían sido muertos siete ejemplares en los últimos dos años. Los indígenas gustaban de tener muchos animales domesticados que llevaban incluso en las canoas: macacos pregos o coatás (posiblemente Ateles belzebuth), araras, papagayos y periquitos de varias especies.


Finalmente el 28 de agosto partió con un grupo de indígenas curuahés, cuatro hombres y tres mujeres,  hacia el alto Jamauchim. El viaje comenzó por una zona de morros de 200m de altura que luego se transformaron en una verdadera sierra con picos de hasta 400m.


           Indios chipaya y curuahé, en la margen del río Curuá.
Snethlage, E. – 1912 - A travessia entre o Xingú e o Tapajoz. [1910].Boletim do Museu Goeldi 7:49-92.


La alimentación se basaba en lo que encontraban en el camino. Frutas, especialmente de isari o yatobá (Hymenaea), a veces castanha-do-pará (Bertholletia excelsa) y  palmito de açaí (Euterpe oleracea), que  crecía en los valles, bulbos subterráneos de hothin-á (marantácea), de sabor parecido a la batata. Otra raiz, que preparaban como gachas con miel, se llamaba hamai-pin, tenía aspecto de bulbo irregular, cáscara negra y pulpa blanca muy suculenta. También obtenían miel de abejas Melipona, de la que había dos especies abá,  pequeña, amarilla e inofensiva, que hacía sus nidos en huecos de troncos gruesos. Y la  ató, peluda y negruzca, con un nido cónico enorme en la copa de árboles altos como el monguba (Pachira aquatica Aubl.). Ambas producen una miel excelente, dulce y aromática, que los indios bebían mezclada con agua. Era frecuente que los indígenas tumbaran árboles grandes, por medio de sus primitivas herramientas, para procurarse panales o huevos y pichones de aves como el mocorro o tuyuyú (Mycteria americana).


Entre los mamíferos eran abundantes los monos como el cuxiú de nariz blanca (Chiropotes albinasus) y el coatá o mono araña de frente blanca (Ateles marginatus). Los primeros eran muy tranquilos y se paseaban por las ramas bajas sin cuidarse de las flechas. Los coatá, que andaban en grupos de 6 a 10, huían en forma explosiva con gritos rabiosos, sacudiendo las ramas y amenazando colgados de sus colas. Los guaribas o monos aulladores (Alouatta  guariba)   frecuentaban  las orillas del  Jamauchim; tambien vio macacos de prego o monos capuchinos (Cebus apella fatuellus)y los macacos de cheiro o mono ardilla (Saimiri sciureus), en grupos muy numerosos. Los Cebus parecían no tener  miedo a los hombres pero se retiran lentamente y una vez a cierta distancia huian entre las copas ruidosamente. Otra especie muy confiada y bonita era la pequeña uapussa o boca de agua (Callicebus sp.) de barriga color rojizo  que vivían aislados o en grupitos de 2-3 individuos. Los taitetú o pecaríes (Tayassu pecari) proporcionaban una buena comida cuando podían cazarlos.

Entre las aves menciona al jacamin o trompetero de alas oscuras (Psophia viridis) y el mutum pinima (Crax fasciolata), e innumerables especies de pájaros. Entre los reptiles las tortugas jaboty o jabuti (Chelonoidis denticulata) y algún yacaré pequeño.

Finalmente el 5 de septiembre llegaron al río Jamauchim. Aquí pudieron pescar lo suficiente como para mantenerse el resto del viaje: curimatá (Prochilodus scropha), bacú o pacú de vientre rojo (Piaractus brachypomus), tucunaré (Cichla)y trahira (Macrodon trahira).

En esta parte del viaje Emilia sufrió la incertidumbre del rumbo a seguir, aunque descendían el Jamauchin, porque sus acompañantes indígenas desconocían la región, y además se les estaba terminando la provisión de fariña. A pesar de haber encontrado rastros de los seringueiros a fines de septiembre, tardaron varios días más en llegar a zonas pobladas.

Allí tras proveerlos de abundante fariña despidió a sus fieles compañeros de viaje que la habían guiado durante un mes, voluntariamente, sin exigir paga alguna. Sin duda, reflexiona Emilia, podrían haberla abandonado en más de una ocasión acuciados por el hambre y el temor a las tribus de carajas, dejándola abandonada a una muerte segura. Aprendió a estimar a los indios curuahés como gente esencialmente buena, de carácter infantil y amable, dóciles, no carentes de inteligencia, y dignos de una mejor suerte. Ya que muchas tribus ya en esa época habían sido salvajemente aniquiladas “por una civilización no siempre superior desde el punto de vista moral a sus costumbres primitivas”.

El 4 de octubre pasó por los “portones”, grandes cascadas, tras las cuales el río se hace manso, llegando a Santa Helena y el 15 de octubre, a Sao Joaquim, en la boca del Jamauchim y luego a Sao Luiz,donde pudo abordar el vapor que bajaba por el Tapajoz hasta Santarem.

Para dar una idea de lo difícil que habrá sido el viaje de Emilia señalemos que además de las inclemencias del tiempo, debió soportar ataques de malaria, la falta de agua y alimentos, las nubes de mosquito y mbarigüíes y la presencia de los yaguaretés y los ofidios. Su viaje, además de proporcionar una gran cantidad de información y especímenes para el Museo, permitió demostrar que entre ambos ríos no había comunicación fluvial como se suponía ya que se interpone entre ellos, una verdadera sierra, quizás las más alta de la Amazonia.


EMILIA


                                         
                                                 EMILIA SNETHLAGE
                                                Museu Paraense Emílio Goeldi
                                                         http://chc.cienciahoje.uol.com.br/


Henriette Mathilde María Elisabeth Emilie Snethlage (1868– 1929), naturalista y ornitóloga, nació en Kraatz,  Brandenburgo, Alemania.

Con apenas siete años disfrutaba la lectura de Entdeckungsreisen in Feld und Flur [Jornadas de descubrimientos en campos y campiñas], de Hermann Wagner y, acompañada de su hermano comenzó a hacer un herbario de su región llegando a tener un gran conocimiento de la flora nativa pese a su corta edad. Asimismo empezó a realizar observaciones sobre las aves, que con el tiempo serían sus favoritas.

Tras un período de trabajo como institutriz en Inglaterra, Irlanda y Alemania, cuando tenía 31 años, y gracias a una pequeña herencia pudo cumplir su sueño de estudiar historia natural en la Universidad de Berlín, y luego en Jena y Freiburg im Breisgau donde se doctoró en filosofía natural en 1904, con un trabajo sobre entomología. Tuvo como profesores preferidos al zoólogo August Weissman y al paleontólogo Johann  Steinmann. Trabajó en el Museo de Historia Natural de Berlín como asistente del ornitólogo Anton Reichenow, quien la recomendó a Emílio Goeldi  para el Museo Paraense de Historia Natural y Etnografía de Belém. Allí llegó en 1905 y se encargó de reordenar la colección ornitológica con el asesoramiento de especialistas como Hans von Berlepsch, Carl Hellmayr y Ernst Hartert, y del mastozoólogo Olfield Thomas.

Para complementar esta actividad se vio precisada a hacer numerosos viajes de colecta de aves hasta Acre y a otras remotas regiones amazónicas. El más importante fue la travesía que reseñamos realizada entre los ríos Xingu e Tapajoz, en 1909. Era la primera vez que una persona blanca recorría ese trayecto y aún más extraño es que se trataba de una mujer, por eso los que no la conocían creían que el protagonista de ese viaje había sido en realidad un hombre. Para evitar el equívoco Emilia mantenía una apariencia bien femenina, llevaba el pelo largo, a pesar de reconocer que el pelo corto le sería mucho más cómodo para sus viajes, y sólo en éstos usaba pantalones.

Emilia contaba con la ayuda de un asistente de apenas 15 años de quien dice: “El pequeño Oscar dispara muy bien, es muy aplicado, solícito, honesto, una personita realmente simpática, con quien estoy plenamente satisfecha.” Ella misma era muy buena tiradora y preparaba de forma excelente las aves que obtenía. Más de 10.000 ejemplares de aves y mamíferos acondicionados por sus manos enriquecen los museos brasileños, alemanes y norte-americanos.

Emilia con sus ayudantes y su escopeta de caza
http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2011/10/01/entre-las-aves-de-la-selva/



Mostraba además una gran energía en estas salidas de campo cargando durante varios kilómetros su mochila llena de rocas, o  como ocurrió, cierta vez llevando un ejemplar de tamanduá durante casi una jornada entera. En una oportunidad una piraña le mordió el dedo mayor de su mano derecha, el cual apenas quedó sujeto por un poco de carne, y finalmente ella misma tuvo que amputárselo, al no haber nadie que se animara a hacerlo.

Su rutina en el campo, generalmente en sitios aislados, consistía en levantarse al amanecer, bañarse en un arroyo o una cascada, tomar su café y salir con la escopeta y la mochila a la selva. Generalmente iba sola para poder observar la fauna con más tranquilidad y registrar su comportamiento. Permanecía varias horas, sentada en un tronco, fumando su cigarro para alejar a los mosquitos.  A eso de las dos o tres de la tarde, regresaba al campamento, volvía bañarse para librarse de garrapatas, ácaros y otras plagas. Hacía un breve almuerzo y luego anotaba sus datos en un cuaderno y preparaba los animales obtenidos. A la noche seguía con sus anotaciones, la lectura de la bibliografía para aclarar algún tema, la charla con los pobladores, algún juego de solitario y sus oraciones.


Con la mascota del Museo con su cuidador.
http://www.agencia.fiocruz.br/


De 1914 a 1922 la “senhorinha doutora” fue directora del Museo Paraense Emilio Goeldi y los resultados de su trabajo se vieron plasmados en el Catálogo das Aves Amazônicas (1914) y en más de 40 artículos publicados en el Journal für Ornithologie y en el Ornithologische Monatsberichte.  Pero debido a la entrada de Brasil en la primer guerra mundial y a la crisis económica de la posguerra, el Museo Paraense entró en declinación. Emilia fue alejada durante un tiempo de la dirección por ser ciudadana de un país enemigo y más tarde fue acusada de repartir los alimentos destinados a los animales, entre los empleados más necesitados. Por ello fue exonerada de su cargo y tuvo que aceptar el trabajo de naturalista viajera que le ofreciera el Museo Nacional de Rio de Janeiro en 1922.

Durante su exoneración del Museo, Emilia se refugió en la misión franciscana de Sao Antonio do Prata, donde  pese a ser protestante era muy bien recibida por las monjas y aprovechaba para seguir observando la naturaleza.
Snethlage, E. 1917 - Nature and Man in Eastern Pará, Brasil. The Geographical Review (New York), 4(1): 41-50



Siguió allí estudiando la avifauna brasileña, siempre viajando, por Minas Gerais,  Maranhão,  Ceará,  Espírito Santo, Santa Catarina, Paraná, São Paulo, Bahía,  Paraná, Rio Grande do Sul, Argentina e Uruguay. También recorrió largamente el río Araguaia, afluente del Tocantins.

En el Museo Nacional de Rio de Janeiro, en 1926
(Fotos: Arquivo Guilherme De La Penha/MPEG)
http://www.agencia.fiocruz.br/


Emilia, incansable, a los 61 años, decidió recorrer el rio Madeira para estudiar la avifauna de la frontera con Colombia y Ecuador, pero sufrió un ataque al corazón y falleció en Porto Velho, donde se encuentra su sepultura.

Sepultura de Emilia en Rondonia.
Sanjad, N. Snethlage, R. M.; Junghans, M.; Oren, D. C. -2013 - Boletim do Museu Paraense Emílio Goeldi. Ciências Humanas  8 (1):195-22


Emilia Snethlage fue la ornitóloga que más contribuyó al conocimiento de la avifauna de Brasil desde la época de Johann Natterer, quien trabajó en Brasil entre 1817 y 1835. Describió cerca de sesenta especies y subespecies de aves.  En 1926 fue incorporada  a la Academia Brasilera de Ciencias. El gran ornitólogo Helmut Sick le dedicó su libro Ornitologia brasileira (1985) y en 2002 le fue dedicada la cotorra de Madeira Pyrrhura snethlageae.

En sus expediciones también hizo observaciones sobre los pueblos indígenas como los chipaya y los curuahé o kuruaya, casi completamente desconocidos. Sus colecciones etnográficas, además de Brasil, se encuentran en el Museo de Etnología de Berlín.

Emilia nunca se casó ni tuvo hijos, sólo vivió para la ciencia y lo hizo con gran sobriedad, pero con alegría como cuando escribía sobre las aves y los indígenas. Fue una gran amante de la naturaleza con la cual llenaba las horas de su vida: “Una nueva diversión para mí – una de las mayores que conozco – es quedarme observando las grandes araras, de las que hay un gran número. No existe nada más lindo que quedarse mirando esos bichos maravillosos con sus colores rojos y azules relucientes en las copas verdes, donde suben y bajan por las ramas con movimientos lentos y, de vez en cuando, sueltan un grito áspero. Como no pensar entonces en las horas en que  acostumbraba a quedarme soñando delante de los cuadros de araras de Brehm, ya en ese tiempo deleitándome con fantasía en las escenas que  tenía esperanza de ver algún día en vivo. Mas, ¿qué es un cuadro frente a la realidad?”.



Alex Mouchard

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REFERENCIAS

Cunha, Oswaldo R. -1989- Talento e atitude: estudos biográficos do Museu Emílio Goeldi. Belém: Museu Paraense Emílio Goeldi.

en.wikipedia.org

http://brasil.urbansketchers.org/

Junghans, Miriam -2008- Emilia Snethlage (1868–1929): uma naturalista alemã na Amazônia- História, Ciências, Saúde 15, supl.:243-255. Manguinhos, Rio de Janeiro

Lutz, Bertha. -1958-. “Emilie Snethlage (1868-1929)”. En: Museu Nacional /Universidade do Brasil. Relatório annual, 1957. Río de Janeiro, pp. 39-43.

Sanjad, Nelson; Snethlage, Rotger Michael; Junghans, Miriam; Oren, David Conway. -2013 - Emília Snethlage (1868-1929): um inédito relato  de viagem ao rio Tocantins e o obituário de Emil-Heinrich. Boletim do Museu Paraense Emílio Goeldi. Ciências Humanas  8 (1):195-221.

Snethlage, E. 1917 - Nature and Man in Eastern Pará, Brasil. The Geographical Review (New York), 4(1): 41-50

Snethlage, E. – 1912 - A travessia entre o Xingú e o Tapajoz. [1910].Boletim do Museu Goeldi 7:49-92.

www.odontovidapara.com.br/


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