"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas". >Michel Foucault-Las palabras y las cosas

domingo, 8 de diciembre de 2013

VENCEJOS: LAS AVES SIN PATAS DE D'ORBIGNY Y

D’Orbigny y el vencejo andino (Aeronautes andecolus)


Alcide Charles Victor Marie Dessalines d'Orbigny  fue uno de los más grandes naturalistas viajeros del s XIX. Su detallada prospección de la naturaleza en América del Sur meridional completó el panorama que Humboldt y Bonpland habían logrado para la parte norte del continente. Su amplia obra abarcó la historia, geografía, geología, paleontología, antropología, zoología y botánica de la región. Su Voyage dans l'Amerique Méridionale, publicado en Francia entre 1834 y 1847 es una obra monumental en once volúmenes, que nada tiene que envidiar a la del gran sabio alemán.

Natural de Coueron, Francia, cuna de otro gran naturalista, John James Audubon, que habría de maravillar con sus dibujos de aves norteamericanas, Alcides pertenecía a una familia de médicos muy afectos a las ciencias naturales.

En 1820, a sus 18 años, la familia se instaló en La Rochelle, un puerto marítimo importante, donde su padre habría de fundar el Museo de Ciencias Naturales de la ciudad. Ahí llegaban buques de todas partes del mundo cuyos capitanes narraban a un adolescente Alcides las aventuras corridas en tierras lejanas, estimulando su afición por los viajes y por la naturaleza de lugares exóticos.

Retrato de Alcide d’Orbigny
En d’Orbigny - Voyage pittoresque dans
 les deux Ameriques- Tenré- Paris-1836


A fines de 1826, cumpliendo sus sueños, llegaba a Montevideo habiendo pasado por Brasil, enviado por el Museo de Historia Natural de París, bajo los auspicios del mismo Humboldt y de Cuvier.  Alcides recorrió gran parte del litoral Argentino desde Corrientes hasta el río Negro. Además viajó por  Chile, Perú y Bolivia.

En 1830 arribó por vía marítima a Arica, donde desembarcó para dirigirse a Tacna. Desde aquí inicia el ascenso a los Andes siguiendo aproximadamente el recorrido la actual ruta  40 hacia Bolivia. Vestía chaqueta gris y sombrero de paja que solía utilizar como recipiente transitorio para guardar los insectos que capturaba. Lo impacta la aridez del país: “La primera impresión que recibe el viajero está llena de tristeza  . . . un camino horrible, una sequía desoladora, y ni un paisaje pintoresco”. Pero pronto las montañas empiezan a mostrar alguna vegetación interesante: variados cactus, flores de vivos colores rojos y amarillos. Llegados a Palca encuentra a la catita serrana grande (Bolborhynchus aymara) y al picaflor gigante (Patagona gigas). A más de 4000 m de altura es afectado por el mal de altura o soroche, lo que lo obligaba a detenerse cada 30 mts para recuperar el aliento.

Más adelante queda extasiado por la vista del volcán Tacora con sus nieves perpetuas. En esas planicies ve las primeras tropas de vicuñas: “Esos animales, antes tan numerosos. Hoy han disminuido mucho y terminarán por desaparecer del todo”. Pese a esta observación no tiene empacho en tratar de cazarlas aunque afortunadamente las vicuñas no se dejaron aproximar. Alcides parece haber sido un eximio y prolífico cazador según sus relatos. No obstante, digamos a su favor que en aquellas épocas la caza de animales y su envío a los museos era una de las únicas formas de adquirir conocimientos sobre los mismos. No había fotografías ni videos, ni grabadores de sonido. Muchos naturalistas se hacían acompañar por dibujantes y pintores para poder registrar los paisajes, animales y plantas. Pocos de ellos eran especialistas en dibujar o pintar animales de manera que las obras que dejaron dan sólo una lejana impresión de lo que eran esas especies en vida. La pérdida de ejemplares por efectos de la humedad, hongos e insectos, así como por catástrofes (lluvias, inundaciones, naufragios) era muy común y ello obligaba a recoger la mayor cantidad de material posible.

En la laguna Blanca observó numerosas aves acuáticas entre ellos los cisnes coscoroba (Coscoroba coscoroba) e incluso un pájaro carpintero especializado para vivir entre las rocas: el carpintero andino (Colaptes rupicola).

Sus padecimientos seguían: a las palpitaciones y dolores de cabeza se agregaba el sangrado de los labios debido a la sequedad del aire.  Unos meses antes un español que intentó hacer el mismo viaje falleció en el intento. Evidentemente había peligro para los extranjeros, no acostumbrados a la dureza del clima y a las enfermedades tropicales.

Al fin se presenta ante su vista la gran altiplanicie boliviana enmarcada hacia el norte por el lago Titicaca, y hacia el oriente por tres altísimos picos: el Ancohuma (“el viejo canoso”), el Huayna Potosi (“el cerro joven”) y el Illimani (“ el águila dorada”). Acercándose a La Paz pasa por Viacha donde en una lagunita ve flamencos, “que volaron al acercarnos, siempre manteniendo un orden riguroso, formando una línea continua de un hermoso color rojo”.



Valle de La Paz 
d'Orbigny,1844,Voyage dans l'Amérique Méridionale..pendant 1826-33


La noticia de su llegada a La Paz se extendió rápidamente. Todos querían ver al “gran botánico francés”. Conoció entonces al médico y botánico boliviano Dr. José María Boso o Bozo. "En toda la república de Bolivia, un solo hombre, el doctor Boso, el Dioscórides del país, cultivaba la botánica. Fui a verlo, y recorrimos juntos, durante algunos días, no sólo ciertos lugares de los alrededores, sino también los jardines de la ciudad, donde volvía a hallar la mayoría de las plantas de nuestras huertas, sobre las virtudes de cada una de las cuales, él me hacía pronunciar una larga disertación, lo que me convirtió a la fuerza en botánico. Por desgracia el doctor y yo no siempre nos entendíamos sobre el fondo de las cosas. Para él, las ciencias naturales consistían sólo en el empleo medicinal de las plantas y en el descubrimiento de metales preciosos. El resto le parecía objetos de simple curiosidad".

En efecto, Boso era un personaje excéntrico y estrafalario, se vestía a veces con sotana otras veces con poncho y lluchu (gorro), o con  ropa raída y descosida. No en vano se lo llamaba “Dr. Chullas”, algo así como “Dr. Bohemio” o “Dr. Hippy”. Tras un viaje de estudios al partido de Larecaja en 1821, había escrito una Materia Médica Boliviana que nunca se publicó.

Alcides se interesó notablemente por la geografía y la naturaleza de Bolivia, las que hizo conocer en Europa. Hoy  se lo reconoce en muchas calles y plazas de las ciudades bolivianas y el principal colegio de La Paz lleva su nombre. Nos dejó una bella reflexión sobre el país:   “Si la Tierra desapareciese quedando solamente Bolivia, todos los productos y climas de la tierra se hallarían aquí, Bolivia es el microcosmos del planeta, Por su altura, su clima, por su infinita variedad de matices geográficos. Bolivia viene a ser como la síntesis del mundo”.

Desde La Paz, Alcides, se dirige hacia Cochabamba para explorar las yungas. Atraviesa un terreno muy irregular “pasando alternativamente del lecho de los ríos a la cumbre de las montañas” visitando Yanacachi, Chulumani e Irupana. Cruzando el río Khatu, siguió ún camino que asciende en zig-zag atravesando bosques de molle (Schinus molle) hasta llegar a la cima de un cerro plano a 2800 m donde encontró la pequeña población de Inquisivi.
 
Aquí le llaman la atención unas bandaditas de aves que recorrían en vuelo muy veloz los arroyos secos del fondo de las quebradas y ascendían rápidamente para posarse en las rocas de las cimas. Los pobladores le refirieron que anidaban allí en agujeros entre las rocas. Eran los vencejos andinos. Alcides logra capturar algunos ejemplares y comprende que se trata de una especie nueva. Les aplica el apropiado nombre de “andecolus”, es decir “habitante de los Andes”.

Vencejo andino
d'Orbigny,1844,Voyage dans l'Amérique Méridionale..pendant 1826-33,p.358;Atlas,Oiseaux,pl.42,fig.2.



Pero dejémoslo un momento aquí, entusiasmado, en su viaje por las yungas bolivianas, y vayamos a Francia, siete años después. Allí, en los gabinetes del Museo de Historia Natural de Paris, D’Orbigny junto al barón Nöel Frédéric Armand André de Lafresnaye se encuentra estudiando la colección de aves obtenidas durante su viaje. Analizando los ejemplares de vencejos andinos y ante la necesidad de clasificarlos, ven que Cuvier y Vieillot, las autoridades ornitológicas del momento, afirmaban que el género Cypselus no se encontraba en América. Sin embargo notan que, de acuerdo con la forma del pico y de las  alas, la cola de 10 rectrices con una muesca en la punta, la cual era suave y no rígida, y por la  estructura de los pies, esta especie parece ser un verdadero Cypselus.

El género Cypselus había sido creado en 1811 por Johann Carl Wilhelm Illiger para separar los vencejos de las golondrinas, especialmente por tener aquellos 10 rectrices en vez de 12, y los pies muy pequeños con el pulgar dirigido hacia adelante como los otros tres dedos. Tomaba el nombre de un ave descripta por Aristóteles con el nombre griego de “kypselos”.

Illiger incluyó en su nuevo género a Hirundo apus, especie así designada por Linneo, y llamada comúnmente  vencejo común en España, por los franceses “martinet” y por los ingleses “swift”.  La palabra latina apus significa “sin pies” (del griego “a-“: sin; y “pous”: pie) y se refiere a las patas muy cortas y pequeñas, por lo cual los vencejos nunca se posan voluntariamente en el suelo y prefieren colgarse de las paredes rocosas.

Tanto Illiger como Linneo se basaban en Aristóteles, quien describía así al “kypselos”:

“Algunas aves tienen patas de poca fuerza, y por eso son llamadas Apodes [plural de apus]. Esta avecilla es poderosa en vuelo; y, como regla general, las aves que se les parecen son de patas débiles, como la golondrina y el drepanis o vencejo alpino (?);  porque todas estas aves se parecen entre sí por sus costumbres y su plumaje, y pueden confundirse fácilmente unas con otras. (El apus se puede ver en todas las estaciones, pero el drepanis sólo después de tiempo lluvioso en verano; ya que este es el momento en que se lo ve y se lo captura, aunque, por lo general, es un ave rara).
Y más adelante sigue: “Ya fue señalado que el ave sin patas, que algunos llaman cypselus, se parece a la golondrina; en realidad,  no es fácil distinguirlos, salvo por el hecho de que el cypselus tiene plumas en el tarso . . . construyen [el nido] bajo la cubierta de algun techo – bajo una roca o en una caverna – para protegerse de los animales y de los hombres”.

Cypselus (o Kypselos) fue el primer tirano de Corinto en el siglo VII A.C.h in the 7th century BC. El nombre se debería a que de niño fue ocultado en un cofre de cedro (cypsele) y confiado a las aguas como Moisés, para evitar que lo asesinaran. No pudimos hallar una relación entre esta caja sagrada y el nombre del ave, pero Kypselos, era hijo de Eetion (aietos, el águila), y estaba por lo tanto relacionado con las aves de vuelo eximio.

Illiger describió así a los vencejos: “De todas las aves, éstas son las que tienen las alas más largas en proporción a su tamaño, y el mayor poder de vuelo. . . La cortedad de sus patas, junto con el largo de las alas, les impide, cuando están en tierra, levantar vuelo, y por lo tanto pasan sus vidas, si se me permite expresarlo, en el aire, persiguiendo, en bandadas y con fuertes gritos, sus presas de insectos a través de las más altas regiones de la atmósfera. Anidan en huecos de paredes, o grietas de rocas, y trepan por las superficies más lisas con gran rapidez”.

Finalmente Ernst Hartert en 1892 creó el género Aeronautes (“el que navega por el aire”) para separar al vencejo de garganta blanca (Aeronautes saxatalis) del pájaro macuá (Panyptila cayennensis)  que difiere por la estructura del plumaje, la forma de la cola y su nido en forma de manga de hasta 1 m de largo. En este género ubicó también al vencejo andino.


LOS VENCEJOS Y LA CULTURA

Cultura nasca - Ser antropomorfo con figura de vencejo en la cola

 A Sourcebook of Nasca Ceramic Iconography: Reading a Culture Through Its Art
 D. A. Proulx University of Iowa Press - 2009 - 236 p.


Detalle del diseño del vencejo



Para la cultura Nasca la aparición de los vencejos en bandadas, cuando soplaba el viento del sudoeste,  era un indicador de la proximidad de las lluvias y por lo tanto de la crecida de los ríos, la floración de las plantas y el desarrollo de los cultivos. En efecto los vencejos suele verse así frecuentemente antes de las tormentas, siguiendo los enjambres de insectos que revolotean sobre las aguas. Por este motivo, es posible que las poblaciones Nasca asociaran al vencejo con periodos de fertilidad y los observaran para detectar fuentes de agua.  En la cerámica de esos pueblos se los representa en su forma natural, y en los tejidos, tambíén en forma estilizada. Hay figuras de un ser antropomorfo que porta armas en sus manos;  cabezas trofeo en su espalda y un vencejo en la punta de la cola..

Vasija con diseños de vencejos
The Nasca - Helaine Silverman, Donald Proulx - 2008 


En la cultura occidental el vencejo es considerado por los poetas y escritores por su relación estrecha con el ambiente aéreo y como ejemplo del movimiento permanente y la velocidad.  Una figura heráldica de la Edad Media, la merleta o martlet (derivado del nombre francés de los vencejos, martinet), representa un vencejo sin patas. Se  interpreta que el vuelo infatigable de los vencejos simboliza la constante búsqueda del saber, por lo cual es una figura utilizada en los escudos de muchos colegios tradicionales. Este mismo movimiento sin descanso representa en la herádica inglesa al cuarto hijo, quien no habiendo recibido ni dinero ni propiedades debe afanarse por subsistir y así el vencejo pasa a ser también un símbolo del trabajo duro, la perseverancia y el nomadismo.

Según se afirma que el ave puede vivir meses volando sin posarse, y que además de alimentarse, también copula y duerme en vuelo. En Europa los vencejos son migratorios y entonces su llegada estacional es un anuncio de la primavera, del buen tiempo y del eterno renovarse de la naturaleza, como los retrata Unamuno [Teresa. Rimas de un poeta desconocido -1924]:

“Han vuelto los vencejos; 

las cosas naturales vuelven siempre; 

las hojas a los árboles, 

a las cumbres las nieves. 


Han vuelto los vencejos; 

lo que no es arte vuelve; 

vuelta constante es la naturaleza 

por cima de las leyes 

 . . . . . . . . . . . . . . . . .
Han vuelto los vencejos, 

como ellos vuelven...¡siempre!: 

con su alegre chillar el aire agitan 

y el cielo, con su raudo ir y volverse, 

al caer de la tarde 

cobrar vida parece. 

No se posan ni paran, incansables; 

sus pies ¿a qué los quieren? 

les basta con las alas, 

criaturas celestes. 

Con ritmo de saeta, ritmo yámbico, 

los versos vivos de su vuelo tejen, 

chillando la alegría 

de sentirse vivientes... 


Han vuelto los vencejos; 

los del año pasado, los de siempre, 

los mismos de hace siglos, 

los del año que viene, 

los que vieron volar nuestros abuelos 

encima de sus frentes natura fuerte, 

verán también volar, negros y leves. 

Han vuelto los vencejos; 

criaturas del aire que no mueren 

¿quién muertos los ha visto? 

heraldos de la vida, amantes fieles 

del largo día de la mies dorada; 

¡han vuelto los de siempre...! 

¡Vencejos inmortales, 

alados hijos de natura fuerte 

heraldos de cosechas y vendimias, 

mensajeros celestes, 

bienvenidos seáis a nuestro cielo, 

vosotros... los de siempre!” 


Vencejos Trayectoria de movimiento + Secuencia dinámica - Giacomo Balla - 1913



Veamos como los pinta el francés René Char en su poema Le Martinet:


Vencejo de alas muy largas, que da vueltas y grita su alegría alrededor de la casa. Así es su corazón.
El reseca el trueno. Siembra en el cielo sereno. Si toca el suelo, se destruye.
La golondrina lo copia. Detesta a su parienta. ¿Qué vale el encaje de sus vueltas?
Su descanso está en las grietas más sombrías. Nadie está mejor en lo estrecho que él.
En el verano de la luz prolongada, pasará volando hacia las tinieblas, por las persianas de la medianoche.
No tiene los ojos por tenerlos. Grita, es toda su presencia. Un fusil delgado lo abatirá. Así es su corazón.

[Fureur et mystère, René Char , 1948– Traducción del autor]






Y en los versos del norteamericano David Baker, llenos de nostalgia:

Vencejo en vuelo, su nombre es velocidad, un vencejo entre 200 ó 300 girando sobre la chimenea del Correo. Primero se elevan, al caer del crepúsculo, hacia el alto cielo,
volando desde las paredes del Banco cubiertas de hiedras, unos pocos por vez, por encima de los robles del cementerio y de los fondos de las casas, luego otros más, apretándose para orbitar en un torbellino de una cuadra de ancho sobre el pueblo.
Ahora son bandada. Ya tomados de la mano. Hablamos en susurros con los nuestros,  paseando en pareja desde la heladería o yendo en grupitos en bici para ver a las aves.
Una voz interior maravillada; como  mirando abajo por un desfiladero, el alma se achica.
Los pequeños vencejos se agrandan al cantar su explosivo y agudo cheeep, su chillido.
Y su rápido aleteo de murciélago. Y el suave cielo de peltre delinea las negras vírgulas de sus cuerpos mientras se deslizan como agua por un canal. Ahora uno gira de golpe,
se precipita, como abatido o, peor aún, expulsado del cielo, sobre la boca de la chimenea. Agitándose – y luego proyectándose, mientras otro más se zambulle y la bandada invierte su giro.
Parecen hojas rotando en la tormenta, sopladas violentamente a nuestro alrededor,  somos sus testigos. Testigos de cómo terminan. El primero sólo cae por la chimenea. Luego cuatro,
cinco, en tantos segundos, despedidos del grupo, se deslizan cayendo. De repente, estamos solos. El cielo ya libre de todo salvo de la noche. Estamos de pie, confusos, adentro.


[David Baker – Swift, 2010. Traducción del autor]


Vencejo gigante > Alondra Lucía Filio Monter



Inesperadamente los vencejos tambien sobrevuelan en el joven rock del grupo El Aguijón:

Perdido en el cielo
liviano al andar
le prometió al suelo
no verlo jamás.

Ya es viejo el vencejo
lo corre la edad
la vida en el aire
lo quiere matar.

. . . . . . . . . . . . .

Y eligió pelearle al viento
a morir en la quietud
en la estática paz
de la comodidad.

Y abiertas van sus alas
cortando la luz
abrazándonos,
tapándonos.
Y el miedo no llega a su alma
muere en la intención
acechándonos,
siguiéndonos.


[El Aguijón - Fernando Pérez, Juan Martínez, Pablo Rodríguez y Sebastián Palacios- Vencejo]


LOS NOMBRES DEL VENCEJO

Vencejo proviene de oncejo, contaminado desde antiguo con vencejo, "ligadura para atar las mieses" (latín vincicilum, de vincire, "atar").

Oncejo, proviene de una voz castellana antigua, hocejo, de hoz, quizá con influencia de otra voz antigua, onceja, uña, y hace referencia a la forma de hoz de las alas.

El francés martinet, proviene hacia el siglo XVI de San Martin de Tours cuya fecha festiva es el 11 de noviembre, día en que estas aves parten de Francia hacia climas más cálidos.

Por su parte el inglés swift que tambien significa veloz, viene de la raíz indoeuropea swei: “doblar, girar” .

En lengua quechua se lo denomina sirhuana o sirwana.




Alex Mouchard



REFERENCIAS

-Aristoteles-350 a.C.-Historia Animalium.

-d'Orbigny, A. -1835-1847-Voyage dans l'Amérique méridionale... exécuté pendant les années 1826, 1827, 1828, 1829, 1830, 1831, 1832 et 1833. P. Bertrand (Paris)- 

-d'Orbigny, A. & Lafresnaye, N – 1837 -Synopsis avium.  Magasin de zoologie,series 1,7.

-Hartert, E. -1874-1898- Catalogue of the Birds in the British Museum. London.

-Illiger, J. K. W. – 1811 -  Prodromus systematis mammalium et avium. P.229. Berolini :Sumptibus C. Salfeld.

-Linnæus, C. - 1758-Systema naturæ per regna tria naturæ, secundum classes, ordines, genera, species, cum characteribus, differentiis, synonymis, locis. Ed. 10.

-Silverman, H. & Proulx,D.  - 2008 -  The Nasca.


-Yakowleff., E. – 1931 - El Vencejo (Cypselus) en el arte decorativo de Nasca . Wira Kocha (Revista Peruana de estudios antropológicos), Vol. I, Nº I.


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